Por piedad, levanten el embargo

puebloDora Amador
El Nuevo Herald – 13 de enero de 2015

Todas las naciones, excepto Israel, han votado por años en Naciones Unidas en contra del embargo de Estados Unidos contra Cuba. La mayoría de los estadounidenses (66%) está a favor de que se elimine el embargo. El pueblo cubano lo pide a gritos, lo demuestra sobre todo ahora con la enorme esperanza que se ha alojado dentro de ellos, de que se renueven las relaciones diplomáticas entre ambos países. La mayor parte de la diáspora cubana lo quiere también, lo demostró en las elecciones -votaron por Crist, no Scott, ¿recuerdan?- y quedó también comprobado en un estudio que se conoce como El FIU Cuba Poll. Este reportó que el 71 % de todos los encuestados cree que el embargo “no ha funcionado nada” o “no ha funcionado muy bien”.
Yo he escrito por años aquí que Estados Unidos no debe mantener un embargo contra Cuba, lo considero éticamente inaceptable, inmoral, cruel y además muy favorable al régimen de los Castro, que lo han utilizado para su propaganda antimperialista y culpar al “bloqueo” del desastre económico que ellos han causado en la isla, hasta llevarla a la ruina que es hoy. No comprendo por qué todavía le hacen caso los congresistas estadounidenses a los cubanoamericanos que están en el Congreso, que tienen de rehenes a toda la diáspora que opina diversa y pluralmente, no como ellos, que son una piña que busca sus propios intereses.
Si Marco Rubio quiere ser presidente, ¿qué hace yendo en contra de la mayoría de este pueblo al que – Dios no lo permita – se propone gobernar? Los americanos no quieren el embargo y la mayoría quiere tener la libertad de viajar a Cuba, algo a lo que el futuro “aspirante a presidente”, ultraderechista y dictatorial por lo que veo, se opone. No quiere que los americanos vayan a Cuba.
Hoy recibí un comunicado de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), el mayor y más poderoso grupo opositor que lucha por la libertad del país, que expresa su posición respecto a todo esto. Quiero compartir con los lectores lo que dicen ellos estando dentro de la boca del lobo, dirigidos por José Daniel Ferrer, ex preso político del grupo de los 75, que desde la cárcel decidió no irse para España, sino quedarse en Cuba para segur la lucha. Y la lucha la ha seguido valientemente.
Ferrer analiza en este comunicado – “De por qué no cambiamos de opinión sobre la nueva política de Obama hacia el régimen castrista” – la posición de la organización opositora. Algunas de las razones básicas, humanas y coherentes con su quehacer en la isla:
* No se puede presentar una opción política seria y responsable que no tiene en cuenta el sentir de la mayoría de los cubanos de a pie.
* No se puede captar la atención y solidaridad de naciones amigas culpándolas de los males que solo son producto de las acciones de generaciones de cubanos, y que sólo éstos pueden resolver, ni tampoco dando la espalda a la opinión de la gran mayoría de las naciones amigas y solidarias del mundo democrático.
* El gobierno de Estados Unidos y sus representantes políticos siguen mostrando, como siempre, solidaridad y apoyo a los defensores de los derechos humanos.
* El embargo, al ser tan sólo de EEUU, más que perjudicar a la dictadura castrista la ha favorecido.
* Nadie está más preocupado que el régimen castrista con lo que pueda suceder con el fin de la política de confrontación y las ventajas que sepamos obtener los defensores de los derechos humanos en los nuevos escenarios que surjan.
* El gran reto que enfrentamos en la sociedad civil independiente cubana no es la cuestión de si estamos a favor o en contra de las medidas de Obama. El gran reto está en la necesidad de que unamos nuestros esfuerzos para poder articular un fuerte movimiento de masas que obligue al régimen a sentarse a la mesa de diálogo o a abandonar el poder.
De acuerdo al documento firmado por Ferrer, la UNPACU está convencida de que “los principales protagonistas de la lucha por la democratización y la reconstrucción de nuestra patria debemos ser los cubanos de dentro y de la diáspora, y de que si no lo hemos conseguido es por errores y fallas propias. No podemos culpar a EEUU, ni a nadie, de lo que es responsabilidad nuestra”.
Aplaudo esta declaración y me uno a ella de corazón. Por piedad, estimados congresistas, levanten el embargo de hace más de 50 años y que prospere sobrepasando obstáculos raulistas surgidos del miedo, las relaciones diplomáticas entre ambos países.

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El comienzo

 

Se conoce como "El grito silencioso", y es la imagen real de un feto captada en el ultrasonido realizado en el momento en que se estaba haciendo un aborto. El nonato grita y hace gestos de dolor.
Se conoce como “El grito silencioso”, y es la imagen real de un feto captada en el ultrasonido realizado en el momento en que se estaba haciendo un aborto. El nonato grita y hace gestos de dolor.

Después de meditar y rezar para discernir el paso que voy a dar, estoy segura de que Dios quiere que lo diga: mi madre me quiso abortar “con todos los medios” que tuvo a su alcance, y mi padre abusó de mí sexualmente cuando yo era una adolescente. Sobreviví a ambas experiencias. Sé que parte del proceso de sanación interior requiere esta dolorosa confesión para poder sacarla de mis adentros, compartirla y acercarme a ella con una mirada y un sentir compasivo, misericordioso, perdonando a mis padres y sobre todo: que sirva de testimonio en contra del aborto y del abuso sexual de menores.

Fue sólo por la gracia de Dios que poco a poco me fui liberando de esa enorme culpa que he arrastrado primero a un nivel inconsciente, después familiarizándome con ella, hasta que la vi terrible frente a mí, acusándome de lo que era inocente: haber nacido. Poco a poco me fui despojando de la carga opresora de los pecados de mis padres. A ellos no los acuso ni condeno.

La foto que ven arriba se conoce como “El grito silencioso”, y es una imagen captada por el ultrasonido de un feto gritando y haciendo gestos de dolor por lo que le están haciendo en ese momento para abortarlo. Esta imagen le ha dado la vuelta al mundo y es una, entre muchas otras de la prueba científica de que el nonato siente dolor por lo que le hacen en el vientre materno cuando lo quieren matar. Se ha comprobado que siente mucho más de lo que se creía: dolor físico, rechazo o acogida amorosa de los padres, porque escucha desde el vientre sus voces, responde a estímulos como la música, sueña, bosteza, sabe huir hábilmente de las manos o las pinzas o tubos de succión que lo quieren destrozar en el proceso de abortar, todo esto se ha sabido gracias principalmente al ultrasonido. Las personas no creyentes pensarán que exagero y formo un gran libreto trágico donde no existe argumento. Lo trágico aquí es la ignorancia de la sacralidad de la vida. En una sociedad donde se ha perdido el sentido de lo sagrado, ¿qué más da que se maten a cientos de miles de niños y niñas diariamente?

El aborto es un crimen abominable, es un pecado muy grave.

No tengo memoria consciente de lo que se hizo para abortarme, pero parece que sí llevo grabada en algún lugar de mi cerebro en formación esa experiencia. Sí recuerdo con claridad los primeros años de mi infancia, cuando fue más obvio el rechazo que mi madre tuvo hacia mí. Hoy compendo que fue la depresión posparto, y más tratándose de mí, una niña no esperada, no querida. Toda la familia conocía los esfuerzos que Mima había hecho por no tenerme. Yo me vine a enterar ya siendo una mujer adulta. La primera noticia, a medias, que tuve de ello fue cuando mi primo Carmelo, un día me dijo: “Tú naciste de milagro”, y pude ver cuando Adolfo, su amigo, le empujó el codo para que no tocara el tema. A partir de ahí nació mi intriga. ¿Qué quiso decir él con eso? Pero no fue curiosidad sólo, mi querido primo había tocado una fibra escondida en mí que saltó, algo intuí que siempre estuvo ahí, en mi interior.

Mi madre siempre padeció, como se decía en Cuba “de los nervios”, pero hoy sabemos que es depresión o ansiedad. Parece que padecía de ambas, aunque más marcadamente, que yo recuerde, de ansiedad y ataques de pánico. Todo se hubiera resuelto hoy con pastillas anxiolíticas. Pero entonces no existían.

El cuadro era bastante duro: una mujer que se casó locamente enamorada, abandonada a los 8 años de matrimonio porque su marido no podía serle fiel, se fue con otra mujer. Mi madre, una maestra de bajo sueldo a cargo de mi hermana, mi tía abuela, que es mi madrina de bautizo, y yo. Vivíamos todas juntas. Mi madrina, Mime, quien me crió los  primeros años de mi vida y me quiso como una verdadera hija, fue quién me salvó de la falta de acogida o cariño posnatal tan tenecesaria que se sabe hoy por la ciencia que es vital para el sano desarrollo del bebé.  Se ocupaba de mí amorosamente, como una madre. Con ella dormía todas las noches –mi hermana, que fue la primogénita, y sí muy esperada con ilusión cuando nació en 1942, dormía con mi mamá en el otro cuarto–. Mime me llevaba de paseo y me compraba helados por las tardes cuando pasaba el heladero por el barrio tocando las campanas de su carrito. Planchaba mis uniformes escolares, y había que verla cuando me los ponía, con qué cuidado buscaba un despliegue. Y no se me olvida cómo me lo decía: “Tu verdadera madre soy yo”, aludiendo a lo que me cuidaba y quería.

Pero la cosa es complicada. Durante los años de mi primera infancia (ver mi artículo La maestra rural), mi madre tenía que irse al campo los lunes y regresar los viernes. Ella daba clases en un pueblo llamado Piloto, y después en otro que se llama La Malleta. La guagua que cogía en Pinar, la llevaba hasta un entronque lejano y de allí a la escuela; tenía que ir a caballo, como el viaje era tan difícil y lejos, se pasaba toda la semana allá, en una casa, me contaba, de piso de tierra donde no había luz eléctrica, se iluminaban con una llama que salía de una lata, a la cual llamaban chismosa. Una semana me llevó con ella, fueron unos día privilegiados. Qué  hermoso era el campo al amanecer, y por la noche los ruidos de las chicharras y las palmas moviéndose con el viento, parecía una suave cascada de agua. La penumbra de la casa me gustaba menos, decían que podía haber alacranes, pero tenía un encanto inolvidable. Diría más que encanto: la luna a través de la ventana, en aquel monte de silencio y alegría interior permanecieron en mí durante mucho tiempo. Ahí nació, supongo, mi amor a mi tierra.

Mima no podía pasar tanto tiempo con nosotras por el trabajo. Así que en esos días mi abuela se encargaba de mi hermana y Mime de mí. Cuando yo tenía apenas 3 años nos mudamos las cuatro para la casa de mi abuela, matriarca de la familia. Este rechazo materno a mi nacimiento y durante los primeros años en el que yo no sentí rechazo, sino más bien indiferencia, dejó una honda huella en mí, pero dio un vuelco radical en algún momento que no sé ubicar. El caso es que comenzó a crecer una relación muy linda entre mi madre y yo, de mucho amor, necesidad y comprensión, y a medida que fui creciendo, se fue haciendo más entrañable y profunda. Sobre todo cuando nos fuimos de Cuba. Le pido a Dios que me ayude a escribir esto porque sin él no puedo. Sé perfectamente lo que me ha detenido y detiene: el inculparlos a ellos, a mis padres.

Mi madre no sabía lo que estaba haciendo, no tenía idea de que estaba queriendo matar a su bebé, no tenía conciencia de que la vida comienza en el momento de la concepción. De lo que tenía conciencia era de su soledad, de su abandono por un hombre malo, mi padre, del cual estaba divorciada y se encontraba ahora súbitamente embarazada, y seguía amándolo apasionadamente. Obviamente seguían teniendo relaciones íntimas esporádicas. Todos somos débiles ante el amor. El caso es que en uno de esos encuentros sexuales estando divorciados, quedé concebida. La consecuencia fue que se tuvieron que casar otra vez, para que yo naciera dentro del matrimonio. Esta era la tercer vez que se casaban, y la última. A los dos años de haber nacido yo, se divorciaron definitivamente.

Y fue así que un día después de muchos años de haber nacido encontré en la Biblia este versículo: “Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado”. (Jeremías 1, 5) Cuando leí por primera vez estas palabras del profeta Jeremías en el Antiguo Testamento, y me fui adentrando más en los salmos y en toda la Palabra de Dios, supe por qué había nacido, Dios lo quiso y no precisamente para que me callara sobre esta experiencia de vida devastadora: fue para que hablara, y que lo gritara si fuera necesario: El aborto es un asesinato de un niño o una niña, es lo mismo que si una madre estrangulara o acuchillara, o le diera veneno a su hija o hijo de un año, dos, tres. El ser humano lo es desde la concepción, tiene un ADN único, es un ser irrepetible, amado por Dios.

La matanza de bebés en todo el mundo es el peor crimen que comete la humanidad. Se ha comparado muy acertadamente que la falta de conciencia moral que se tuvo con la esclavitud, es similar a la que se ha tenido y se tiene con el aborto. Hoy sabemos que la esclavitud es uno de los crímenes mayores que ha cometido la humanidad: el trabajo interminable e inhumano a que eran sometidos los esclavos; hombres linchados o mutilados; mujeres repetidamente violadas, convertidas en esclavas sexuales. Madres separadas de sus hijos pequeños o adultos, porque se vendían a otros esclavistas. ¿Se escandalizaba alguien del XVII, XVIII y parte del XIX en la Cuba colonial porque se tuviera esclavos? ¿Porque se les golpeara, se les humillara hasta lo indecible, se les tratara como animales en un barracón? La historia es harto conocida. Algo similar ocurre con el aborto. Por eso y por otras razones no culpo a mi madre, la defiendo, la comprendo, la quiero.

Fue mucho tiempo después, creo que unos años o meses antes de morir, que ella misma me lo dijo. “Yo hice todo lo posible por abortarte, pero no hubo forma, aunque traté por todos lo medios no salías” Me dijo esto de una manera casual, pero mirándome muy fijamente. Yo no sabía nada. Fue una conmoción dentro de mí, pero no lo interioricé hasta tiempo después. No practicaba la religión en que nací, la católica en esos tiempos, no tenía esos valores arraigados en mí. Y no consideraría la gravedad de esa confesión hasta mi conversión religiosa. Entonces empecé a ver, porque antes estaba ciega. ¿Qué hizo mi madre para abortarme, si hizo “todo lo posible”? Era Pinar del Río, Cuba, estábamos a finales del año 1947, cuando yo estaba en su vientre. Las cubanas se hacían miles y miles de abortos en todo el país. Tomaban pociones que supuestamente hacía arrojar la criatura después de muerta, se metían percheros o agujas de tejer por la vagina para destrozarlo, etc. Pero la llegada del ultrasonido sacudió las conciencias de médicos y madres, porque permitió ver al feto perfectamente, algo que antes era impensable. Sus movimientos, su crecimiento, su sexo.  Aquí podrán leer las confesiones del Dr. Bernard Nathanson, dedicado toda su vida a realizar abortos y el efecto que tuvo en él ver a través de un ultrasonido la práctica de lo que él hacia a diario.

No podría explicar o nombrar esas consecuencias de este intento de asesinato fallido contra mí, pero las hubo para ambas, ella y yo. Como dije, fue poco tiempo antes de morir que ella me hizo esa confesión. Hace poco tratando este tema con mi psicóloga se lo conté, y ella me preguntó: “¿Por qué te lo dijo?” Le comenté que yo siempre me hacía esa pregunta, sin hallar respuesta. Me dijo, vamos a hacer algo, quédate con esa pregunta como tarea y trata de contestarla para cuando nos veamos de nuevo. Pasaron las dos semanas y nos volvimos a encontrar. Le confesé que seguía sin hallar una respuesta. Entonces ella me contestó:  “¿Dora, no te has preguntado si no lo habrá hecho porque se sentía culpable?” Esta brillante visión de mi psicóloga me reveló muchas cosas de la actitud de mi madre hacia mí, de nuestra relación, siempre de un amor entrañable, pero siempre también algo extraña, como de reproche mutuo. Mi madre era un ser sublime, que sufrió mucho por el amor no correspondido por parte de mi padre y tuvo que hacerle frente a la vida sola desde que se divorciaron, siendo mi hermana y yo niñas, y él, ya rico en La Habana, donde había abierto varios negocios, no nos enviaba nada para la manutención, y si lo hacía era muy poco.

Hoy comprendo tantas cosas que antes no comprendía, su cariño inmenso por mí, sus sacrificios por mis estudios, sus dependencia de mí que se fue haciendo mayor con los años, su gozoso deseo de complacerme en todo lo que yo le pidiera: Mima era el hogar, la felicidad, la vida completa. Desde que murió mi vida se fracturó para siempre, gracias a la ayuda profesional de psicólogos y sobre todo mi fe, el acompañamiento espiritual de personas muy valiosas en la Iglesia he podido superar poco a poco el vacío y la soledad que quedó en mí cuando ella murió.

Gracias, Dios, porque me diste a esta madre maravillosa con la cual espero reunirme pronto, cuando yo vaya a tus brazos paternales, donde ella y mi madrina están ya, y ese abrazo de amor, lo sé, me une a toda la creación y estaré junto a Cristo para siempre. Seré parte del cosmos, del Cristo cósmico, una felicidad sin fin. Este es mi sueño, esta mi esperanza.

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Pueden ver el vídeo El grito silencioso aquí: https://www.youtube.com/watch?v=lpteYorVBLI

 

Estética y espiritualidad

Basílica de San Marcos, Venecia.
Basílica de San Marcos, Venecia.

El año era 1994, noviembre. Acabábamos de llegar a Venecia. Un respiro, un descanso, una terapia, otros rostros, otra arquitectura, una vida distinta a la cotidiana que nos agotaba por el exceso de trabajo que se vive en Estados Unidos. Irse, exponerse a nuevas experiencias, vivir la belleza, las horas y los días sin horario. Eso buscábamos.

No habíamos estado nunca en esa ciudad, de inmediato bajamos a caminar por los alrededores. Estábamos en la Plaza de San Marcos. La noche de densa niebla era apenas iluminada por una la luna llena que me estremeció: la más bella que he visto y veré, hundida, envuelta en la niebla que jamás he vuelto a ver.

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No vi en la hermosura de la luna ni en la neblina tangible ni en el inaudito anochecer que súbitamente se consumó con el toque de campanas que repicaban desde aquel sitio del mundo encantado, signo alguno de lo que estaba por llegar: algo que me transformaría para siempre, que cambiaría mi vida inesperadamente, que amaría deslumbrada desde que mis ojos la descubrieron por primera vez, la Basílica de San Marcos.

Podría escribir largamente sobre este encuentro con la belleza absoluta y la seducción de lo sagrado que me imantó –creía yo entonces– sólo estéticamente. Caminar lentamente, arrodillarse, sentarse a observar maravillada la magnífica iglesia construida en honor al primer evangelista, ocasionó en mí algo desconocido, una experiencia primaria que culminaría, junto a otras experiencias, en mi conversión religiosa.

Cuando algún tiempo después leí la autobiografía de Thomas Merton, cuyo centenario acabamos de celebrar el 31 de enero, La montaña de los siete círculos, validó con su voz de profeta, mi vivencia. Su conversión pasó también por la experiencia estética.

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Bien que recuerdo cierta molestia de mi compañera de viaje con mi deseo por entrar siempre a la Basílica, sin importarme nada más de Venecia, aunque después la complací y nos fuimos felices por una hoja de ruta desconocida, pero hermosa.

Esto ocurrió un día después de que asistí a la primera misa en la Basílica, una mañana temprano en que la dejé durmiendo y salí corriendo a participar en el misterio de la fe. Fue en una de las bellísimas capillas, estaba expuesto el Santísimo cuando llegué. Se tardó más de media hora para que empezara la Eucaristía, tiempo suficiente para que yo adorara a Jesús sacramentado de rodillas, sólo mirándolo. Nos envolvía el olor a incienso y un gran silencio. Miré a los demás, arrodillados, adorando la hostia sagrada, en un estado que pude percibir casi de éxtasis. Yo volví la mirada a la víctima –eso significa hostia– y me reconocí a mí misma por primera vez en el sentido más hondo y desconcertante de la palabra.

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Mucho más tarde hallaría este pensamiento de Gabriel Marcel: “Tengo que anotar aquí la importancia excepcional de Juan Sebastián Bach. Las Pasiones y Cantatas: en el fondo, la vida cristiana me ha venido a través de esto. Los encuentros han tenido un papel capital en mi vida. He conocido seres en los cuales sentía tan viva la realidad de Cristo que ya no me era lícito dudar. Nadie duda que la función espiritual de la música consiste, en el fondo, en devolver el hombre a sí mismo. Devolver el hombre a sí mismo es, en verdad, devolverlo a Dios”.

Cuando terminó la misa nos fuimos mi amiga y yo de turistas por Venecia. Yo era otra persona, ella lo notó, yo noté que me miraba a veces asombrada, algo bastante común, pero no de esa forma.

Llegamos a Roma –mi primer viaje a la Ciudad Eterna– y en ella culminó mi peregrinación interior insospechada. Cito a William James, cuya obra, Las variedades de la experiencia religiosa, fue fundamental en mi formación posterior:

Basílica de San de Letrán, Roma.
Basílica de San de Letrán, Roma.

“Regenerarse, recibir la gracia, experimentar la religión, hacerse a una seguridad antes nunca vivida, son las expresiones que identifican el proceso de conversion, repentino o gradual, en él que un yo conscientemente dividido, equivocado, infeliz o inferior, se transforma en un yo unificado, correcto, feliz y superior como consecuencia del apoyo que ha recibido de una realidad religiosa”.

Nuestro hotel en Roma estaba a unos pasos de la Basílica de San Juan de Letrán. Ya adentrada la tarde, entramos en esa iglesia, la madre de todas. Lo dire, aunque parezca una locura: fue como regresar a casa, a mi casa. Qué feliz fui en la penumbra originaria que iluminó mi vida.

San Marcos, evangelista.
San Marcos, evangelista.
San Juan, evangelista.
San Juan, evangelista.

La pobreza infantil en este país

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Dora Amador – El Nuevo Herald – 29 de enero de 2015

El Children’s Defense Fund (el Fondo para la Defensa de los Niños) dio a conocer un informe el miércoles titulado Ending Child Poverty Now (Terminar con la pobreza infantil ya). Los datos son más que impresionantes, vergonzosos e inmorales para Estados Unidos y muy destructivos para los niños estadounidenses. Los leí con cuidado, interés y con plena conciencia de que si escribía sobre esto, dando los datos imprescindibles para no quedarme en las ramas, sino ir a la raíz del problema soluble, ya que sabía que la mayoría de la gente no se leería el informe, el artículo resultaría aburrido o incomprensible para ciertas personas que no les interesa el tema controversial, pero decidí que no importaba. No se escribe solo para entretener, o gustar, hay que decir la verdad aunque resulte pesada o fastidiosa.

Lo sé, las cifras marean, casi son incomprensibles, hay que leerlas dos veces para darse cuenta de semejantes gastos, mientras millones de niños se acuestan con hambre y van a la escuela, escuela muy pobre sin duda, sin desayunar, malnutridos. ¿No sabían nuestros lectores hispanos del Sur de la Florida que la Tierra Prometida, Tierra de Libertad, tiene uno de los más altos índices de pobreza infantil en el mundo?

salami20110829150625717Quiero dejar claramente establecido que este desequilibrio oprobioso entre niños de familias multimillonarias; de la reducida clase media y de la creciente pobreza, carrusel enloquecido por el que va este país, puede equilibrarse, de acuerdo con el informe, que comienza con estas palabras:

“Es una vergüenza moral nacional que haya 14.7 millones de niños pobres y 6.5 millones de niños extremadamente pobres en Estados Unidos, país poseedor de la mayor economía del mundo. Esto es innecesario, costoso y es la mayor amenaza para nuestro futuro y la seguridad nacional, económica y militar”.

El nivel de pobreza se establece a partir de que una familia integrada por cuatro personas no reciba un salario anual mayor de $23,850. Los 14.7 millones de niños pobres en nuestro país viven en esas condiciones, y 6.5 millones catalogados como de extrema pobreza viven por debajo del 50 por ciento del nivel salarial antes mencionado. Entre los 35 países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, Estados Unidos ocupa el número 34 en pobreza infantil, por encima sólo de Rumania, cuya economía es 99 por ciento más pequeña que la nuestra.

Dice la investigación que hay formas al alcance del gobierno para terminar con la pobreza infantil, todo depende, digo yo, no el informe, de la voluntad política de nuestros legisladores y gobernantes, entre los cuales, por supuesto, no contemos con el gobernador Rick Scott, uno de los mayores causantes de la pobreza infantil en la Florida.

Algunas medidas que se podrían tomar serían financiar los $77 mil millones –el 2 por ciento del presupuesto nacional– para hacer un pago de entrada que finalice la pobreza infantil: Cerrando las lagunas fiscales que permiten a las empresas estadounidenses evitar pagar $90 mil millones en impuestos federales sobre la renta cada año, al pasar sus ganancias a sus compañías filiales que están localizadas en países que son paraísos fiscales; o eliminando las exenciones de impuestos para los ricos al gravar las ganancias de capital y dividendos en la misma proporción que los ahorros de salarios de más de $84 millones al año; o disminuyendo el 14 por ciento del año fiscal 2015, que dedica $57,800 mil millones al presupuesto militar de la nación.

Estados Unidos tiene menos del 5% de la población mundial, pero dedica el 37% de su presupuesto a los gastos militares de todo el mundo. Sería magnífico desguazar el programa de aviones de combate F-35, que, según el reporte, tiene años de retraso y está 68% por encima del presupuesto. Si se recortan los costos de casi $1.5 billones ($1.5 trillion en inglés) proyectados para este programa militar, la nación reduciría la pobreza infantil en un 60% durante 19 años.

Estos cambios de política no van a realizarse. Incluso dudo que los congresistas se lean esta importantísima investigación que da soluciones a uno de los mayores problemas nacionales. Hay mucho dinero que embolsarse sin buscarse problemas ni molestar a las grandes empresas y sus legiones de cabilderos, sus todopoderosos lobbies. A no ser que ganen en las elecciones de 2016 una buena combinación posible, ¿por qué no? Hillary Clinton presidente, y Elizabeth Warren o Bernie Sanders vicepresidente. Sólo un giro de los demócratas hacia la socialdemocracia, podría salvar a este país de la oligarquía, la plutocracia, la dictadura de los multimillonarios que dominan ya la política nacional.