¡Ha resucitado!

 

La Resurrección de Cristo. Jacopo Tintoretto.
La Resurrección de Cristo. Jacopo Tintoretto.

 

La resurrección de Jesús

Evangelio según San Mateo (Mateo 28, 1-7)
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. El Angel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán». Esto es lo que tenía que decirles».
EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS La Biblia (Traducción argentina) 1990

Evangelio según San Marcos (Marcos 16, 1-8)
Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro. Y decían entre ellas: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?» Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande. Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas. pero él les dijo: «No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho». Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.
EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS La Biblia (Traducción argentina) 1990

Evangelio según San Lucas (Lucas 24, 1-12)
El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea: «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día». Y las mujeres recordaron sus palabras. Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles, pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron. Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por que había sucedido.
EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS La Biblia (Traducción argentina) 1990

Evangelio según San Juan (Juan 20, 1-18)
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. Los discípulos regresaron entonces a su casa. María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!». Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: «Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes». María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.
EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS La Biblia (Traducción argentina) 1990
En los Hechos de los apóstoles

La presentación más antigua de la resurrecciónse encuentra en los discursos de Pedro de los Hechos de los apóstoles. En el segundo capítulo de los Hechos, Pedro habla de Pentecostés, un fenómeno interno de la comunidad de los apóstoles que se ha manifestado al pueblo con el rumor del trueno y a través de su capacidad para hablar distintas lenguas.
Pedro explica que los apóstoles no están borrachos sino que el Espíritu ha descendido sobre ellos, como había predicho el profeta Joel.
El gran día de Dios ha llegado gracias al Jesús Nazareno que vosotros habéis crucificado pero que Dios ha hecho resucitar rescatándolo de la muerte, como David había predicho en el salmo 16. De hecho, el salmo no habla del mismo David, pues él murió, fue sepultado y su sepulcro todavía sigue entre nostro ; sino que David prevé la resurrección de Cristo el cual fue elevado a la derecha de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo ha derramado sobre nosotros, como vosotros véis y escucháis. La conclusión del discurso de Pedro es clara: “Sepa, pues, con certeza todo Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a ese Jesús a quien vostro habéis crucificado” (Hch 2, 36).
Detengámonos en los puntos esenciales de este discurso y de otros que le siguen.
El hecho central anunciado es la resurrección de Jesús, del Crucificado que la gente conocía bien. De este hecho los apóstoles son testino ante Israel. La venida del Espíritu es consecuencia de la resurrección.
Dios ha cumplido las promesas antiguas resucitando a Jesús, que es Señor y Cristo, el Mesías.
Los tiempos futuros ya han comenzado.
El anuncio es estrictamente teocéntrico: es Dios quien ha despertado o levantado a Jesús de la muerte. La cristología es arcaica: Jesús es siervo de Dios, el siervo fiel descrito por el profeta Isaías ; pero la fe es ya segura: Jesús es llamado Mesías, Señor, es decir, Dios.
El anuncio consiste en el hecho de que Dios ha resucitado a Jesús. Se añade sólo que, con esto, Dios ha realizado su plan de salvación como había prometido. En esto se ve la reflexión de los apóstoles a la luz de las Escrituras.
El discurso de Pedro a Cornelio, en el capítulo décimo de los Hechos, precisa los detalles que se encuentran en la tradición primitiva: Jesús ha resucitado al tercer día, durante algunos días se ha manifestado a testigos escogidos, les ha dado la orden de predicar al pueblo para que se arrepienta y crea.

En los Evangelios

Se cree que el evangelio de Marcos se escribió entre los años 67 y 70, el de Lucas entre el 75 y el 80, el de Mateo entre el 85 y el 90 y el de Juan hacia finales del primer siglo. Los exégetas adamite una fuente escrita común para Mateo y Lucas, anterior a Marcos.

Leyendo paralelamente los relatos de la resurrección podemos destacar algunas apreciaciones.
Lo esencial para Marcos,es el ángel que anuncia, en nombre de Dios, que Jesús ha resucitado. A diferencia del resto de los evangelios, las mujeres –por miedono dicen a nadie lo que han visto.
Para Lucastodas las apariciones se producen el día de la resurrección, en Jerusalén.
Lucas insiste en el hecho de que Jesús explica las Escrituras a los apóstoles y les abre los ojos para que comprendan que “estas son las cosas que el Mesías debía sufrir para entrar en su gloria”, porque “así está escrito: el Mesías deberá padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará a todas las gentes la conversión y el perdón de los pecados, empezando por Jerusalén”. Además, los discípulos de Emaús lo reconocen rientra parte el pan. Palabra y Eucaristía dan a conocer a Cristo resucitado.
En Mateo resuena el eco de la polémica con los judios: El hecho de que la tumba se hubiera encontrado vacía era indiscutible, pero los judíos corrieron la voz de que habían sido los apóstoles quiete habían robado el cuerpo de Jesús.
Entre los hechos narrados sólo por Juan tenemos: el episodio de Pedro que corre al sepulcro con otro discípulo (sólo reflejado en el evangelio de Lucas), la aparición a Tomás y la pesca milagrosa tras la cual Pedro recibe el mandato de apacentar las ovejas de Jesús.
El evangelista Juan desarrolla una reflexión teológica más avanzada sobre los hechos que narra. Esto se aprecia en las apariciones a la Magdalena y a Tomás. Jesús es la misma persona que han conocido y sin embargo no lo reconocen. La Magdalena cuando ve a Jesús piensa que era el jardinero. Sabe que Jesús ha muerto y por eso busca a dónde lo han llevado, porque en el sepulcro no está. El texto de Juan repite dos veces el término “se volvió – vuelta”. A muchos exégetas no les gusta esta repetición. ¿Se trata de un añadido o de dos versiones del relato unidas? Sin embargo aquí está el centro del relato. El evangelista hace que María se vuelva a Jesús, en dos ocasiones, porque tiene que reconocerlo dos veces ; primero, como idéntico al Maestro que murió y fue sepultado ; luego, como el Resucitado. Es decir, como el mismo y como distinto.
El Crucificado está vivo. La Magdalena lo entiende cuando oye que le llama por su nombre: “¡María !”. Está vivo en su cuerpo pero su existencia ya no es terrenal y la relación con él será distinta: “No me
toques”. “No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis” (Jn 14, 18-19) había prometido Jesús antes de marchar. Y, efectivamente, Jesús ha vuelto, resucitado, para estar con los discípulos aunque de forma distinta a como era antes: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn 14, 23). En el episodio de Tomás, la frase de Jesús: “Dichosos los que no han visto y han creído” (Jn 20,29) vale para nosotros, como valía también para los cristianos a los que escribía Juan. Tomás no debería haber tenido la necesidad de ver por sí mismo al Resucitado sino que debería haber creído a los discípulos que, habiéndolo visto, se lo habían anunciado.

 

En las cartas de Pablo

La reflexión sobre la resurrección de Jesús sigue y se desarrolla en las cartas de Pablo. Una reflexión que estuvo estimulada en Pablo, principalmente, por dos razones claras:
: la resurrección es el contenido esencial de la fe cristiana;
sin la resurrección la fe está vacía y no puede salvar.

Hemos visto cómo los mismos discípulos no creyeron rápidamente. Algunos cristianos de Corinto tuvieron dificultades en aceptar que los muertos pudieran resucitar con su cuerpo.
El siglo pasado, la resurreción de Jesús se consideraba como una fábula de estudiosos, llamados a sí mismos liberales, que profesaban poder admitir sólo aquéllo que fuera controlable por el hombre. Pero la resurrección de Jesús, como la más grande de las acciones de Dios en la historia humana, no puede ser controlada por el hombre.
Es anti-histórico negar la resurrección sólo porque no puede ser verificada por la ciencia, y es imposible dar pruebas, de las que se dicen “científicas”, de la resurrección en cuanto que la fe en la resurrección no será jamás el resultado de pruebas humanas.

Como escribió el entonces cardenal Ratzinger en 1985: “El Resucitado no se puede ver como un trozo de madera o de piedra. Lo ve sólo aquél a quien él se revela. Y se revela sólo a aquél que puede ser enviado. No se revela a la curios

Misioneros franciscanos al servicio de Tierra Santa. El Santo Sepulcro, Jerusalén

 

king-of-kings

 

Poema de Thomas Merton compartido por Mercedes Scopetta a sus amigos de Luxdivina, grupo de oración online.

 

He has risen,

he is not here…

he is going before you to Galilee.

(Mark 16:6-7)

 

Christ is risen. Christ lives.

Christ is Lord

of the living and the dead.

He is the Lord of history.

 

Christ is the Lord

of a history that moves.

He not only holds

the beginning and the end

in his hands,

but he is in history with us,

walking ahead of us

to where we are going.

He is not always

in the same place.

 

He is walking ahead of us

to where we are going.

 

The cult of the Holy Sepulcher

is Christian only in so far

as it is the cult of the place

where Christ is no longer found.

But such a cult

can be valid

only on one condition:

that we are willing to move on,

to follow him

to where we are not yet,

to seek him

where he goes before us–

“to Galilee.”

Viernes Santo

 

cristo6

Ya te habían coronado con espinas y con estacas te golpeaban la corona para que se clavara más en tu cabeza. Con qué crueldad te hicieron gritar de dolor mientras reían por tu coronación. Estremece el simbolismo de este acto: una coronación de espinas a Dios. Ya te habían escupido el rostro y las risas e insultos, las burlas sonaban más alto que el chasquido de los escupitajos; ya te habían desnudado, Amor, se habían rifado tu ropa, te habían empujado para verte caer y te flagelaron hasta arrancarte la carne. Carne amada que ahora consumo enamorada. Ya habías cargado tu pesada cruz camino al Gólgota: un Vía Crucis que quedó grabado en la historia y recorremos desde entonces alabándote, adorándote. Tu rostro se fue haciendo irreconocible, del hombre más bello del mundo al rostro desfigurado con un aspecto que no parecía humano, siervo humillado al máximo, sin dignidad ante nadie, a quien no se le quiere mirar, demasiado repugnante y horrenda es su presencia.

“Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Tus primeras palabras ya colgando de la Cruz redentora. Dios, ¿de verdad no sabían lo que hacían? Sí lo sabían, como saben los soldados y la Guardia Nacional de Venezuela cuando golpean y torturan y asesinan a estudiantes inocentes. Saben lo que hacen, pero obedecen órdenes y no se rebelan ante la injusticia, colaboran con ella, cobran su sueldo y nada les importa. En cada estudiante muerto, herido, golpeado está el rostro de Cristo crucificado.

“Yo te aseguro que hoy estarás en el Paraíso” (Lc 23, 43). Tu segunda palabra, Jesús de ternura infinita. La palabra paraíso procede del griego paradeisos (en latín paradisus), para aludir al Jardín del Edén. Y se lo prometes a un ladrón, el buen ladrón crucificado a tu lado que creyó en ti. En tu inmensa agonía hay espacio para la agonía de los otros. Te compadeces y lo perdonas y lo purificas. Y un criminal será el primer hombre que entrará contigo en el Paraíso. Jesús de los misterios, qué maravilloso eres y qué incomprensible.

Yo te pido perdón por todo lo que he hecho o he dejado de hacer, mis pecados de omisión, tan terribles como los actos llevados a cabo sabiendo que me alejan de ti, dolor insufrible cuando cobro conciencia. “Contra ti, contra ti solo pequé”. Con fe, con humildad, con todo el amor que brota de mi corazón, yo te pido mi Dios y mi todo: acuérdate de mí cuando estés en tu Reino.

“Mujer, ahí tienes a tu hijo, hijo, ahí tienes a tu Madre” (Jn 19, 26) Tercera Palabra.

¡Ay, Jesús Nazareno! Cómo agradecerte que nos hayas dado a tu Madre cuyo corazón atravesó una espada, como le anunció Simeón en el templo, cuando te llevaba en brazos, siendo un bebé para ofrecerte al Padre. Qué sabía la joven madre lo que le esperaba, solo la guiaba la fe en Dios, que tuvo desde el instante glorioso en que le dijo al ángel “Sí”. Y el Espíritu Santo la cubrió y penetró toda, y te parió y te tuvimos entre nosotros, Dios de las Alturas que elegiste hacerte hombre, igual a nosotros menos en el pecado. ¡Dios se hizo hombre¡ No hay grandeza mayor que la Encarnación. Soy hija de ella. Y por eso le imploro, llena de confianza, como a la terrenal madre que se tiene y se le habla, sabiendo que nuestras palabras las guarda en su corazón.

Madre Santa a ti te pido, sana a Adel, mi amiga del alma, ¿quién, que yo conozca, vive un calvario como el de ella, dando frutos de bondad, dando amor como un torrente desde sus dolores físicos? Sánala.

Madre amada, que Cuba se libere del poder maligno que la destroza, que los cubanos, que también son hijos tuyos, vivamos la democracia, la justicia, la paz.

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46).

Séptima y última Palabra. Es la muerte a la que te llevó tu Padre, y de esa forma lo hiciste nuestro Padre, porque a eso viniste: a enseñarnos que somos hijos de un mismo Padre, somos hermanos. ¡Y no lo hemos entendido todavía, Cristo! El inconmensurable regalo que nos diste: dejarnos ver a Dios en ti, el que rige el universo. Padre nuestro que nos ama incondicionalmente, y te envió no para condenarnos, sino para salvarnos.

Después de estas últimas palabras un soldado te clavó una lanza el corazón y en ese instante brotó sangre y agua que nos dieron tu Divina Misericordia, el Bautismo y la Eucaristía.

No hay momento más triste, más desolador y aterrante que hoy, Viernes Santo a las tres de la tarde, cuando expiraste y cuando hoy todos los sagrarios del mundo se quedan vacíos, sin tu cuerpo y tu sangre, y me estremezco, porque siento que moriste. Que no te tenemos. ¡Dios no está en ninguna parte!

Aguarda alma mía, que resucitará al tercer día.

 

Lecturas para meditar

Dios y los ángeles visitan a Abrahám.  Arent de Gelder. Museo Boijmans Van Beuningen, Rotterdam.
Dios y los ángeles visitan a Abrahám.
Arent de Gelder. Museo Boijmans Van Beuningen, Rotterdam.
Las he leído muchas veces, pero hoy estas lecturas bíblicas han tenido un efecto mayor en mí. Suele suceder que inesperadamente comprobamos que el Señor nos quiere hablar directamente a cada uno de nosotros, implicado en nuestras circunstancias, en nuestro “hoy” para indicarnos algo, para abrir nuestros ojos ante lo que no podemos ver sin su ayuda.. La Palabra, como dice las Sagradas Escrituras, es viva y eficaz, no muere jamás, vive en la vida de cada uno que la lee con fe. Es mi caso en este día. Después de leer, por ejemplo, los versículos 3 al 9 del capítulo 17 de Génesis, la primera lectura de la Iglesia hoy, jueves previo a la Semana Santa, volví sobre la lectura, pero esta vez mis ojos fueron un poco hacia arriba, el versículo 1, donde comienza el capítulo, y dice esto:”Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: «Yo soy el Dios Todopoderoso. Camina en mi presencia y sé irreprochable.Yo haré una alianza contigo, y te daré una descendencia muy numerosa”.Pensé de inmediato, 99 años y Dios le dice a Abram que lo hará “extraordinariamente fecundo”, en otras versión, la de la Biblia Latinoamericana que me gusta más dice “Yo te haré fecundo sin medida”. Para Dios no hay tiempo ni edad, la productividad, la fertilidad –entiéndase ésta en el más amplio sentido de la palabra– se pueden ofrendar después de muy pasada la juventud. Dios elige y sus designios son muy misteriosos.

Lo que me trae a al memoria el primer llamado de Dios a Abrám para que saliera de su tierra, dejara todo atrás y emprendiera un nuevo camino, tenía entonces Abrám 78 años. Sin duda un hombre cansado de trabajar, con una mujer anciana también que no le había dado hijos, Sara. Ya más que listos para el retiro y disfrutar algo de la vejez que tenían después de una ardua vida de trabajo, incertidumbres propias del vivir y en su caso, la tristeza de saberse sin descendencia. Pero llega el Señor de las sorpresas:

“El Señor dijo a Abram: «Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré.
Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra».Abram partió, como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él. Cuando salió de Jarán, Abram tenía setenta y cinco años”.

Ahora los dejo con estas lecturas, las propias de hoy, a ver si sus apalabras les dicen algo a ustedes, incluyendo, o sobre todo, el evangelio de Juan, que nos da para meditar todo un día, rezando con él al leerlo, adentrándonos en su sentido y qué nos podrá estar diciendo Jesús a nosotros.
Jueves de la quinta semana de Cuaresma

Libro de Génesis 17,3-9. 
Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo:
“Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones.
Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones.
Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes.
Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el de tus descendientes.
Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios”.
Después, Dios dijo a Abraham: “Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones.”

Salmo 105(104),4-5.6-7.8-9. 
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.

El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac.

Evangelio según San Juan 8,51-59. 
Jesús dijo a los judíos:
“Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás”.
Los judíos le dijeron: “Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: ‘El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás’.
¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?”.
Jesús respondió: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman ‘nuestro Dios’,
y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: ‘No lo conozco’, sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra.
Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría”.
Los judíos le dijeron: “Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?”.
Jesús respondió: “Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”.
Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.