Una conversación maestra entre Bede Griffiths, Francisco Lopez-Seivane, Raimundo Panikkar, Sibila Pironti y Fernando Sánchez Dragó

Bede Griffiths —también conocido como Swami Dayananda (‘bienaventuranza de la compasión’)— fue un monje y místico benedictino que vivió en áshrams en el sur de India. En 1958 ayudó a establecer Kurisumala Áshram (Montaña de la Cruz), un monasterio de rito católico griego en Kerala. En 1968 se trasladó a Shantivanam Áshram (Bosque de la Paz) en Tamil Nadú. Aunque se mantuvo como monje católico adoptó algunas ideas hinduistas acerca de la vida monástica. Griffiths escribió doce libros sobre diálogo entre el cristianismo y el hinduismo. Explicó la doctrina hindú del Vedānta con inspiración en el cristianismo, llamada Sabiduría Cristiana.

Dirección y presentación del programa: Francisco de Oleza Le Senne Invitados: Bede Griffiths, Francisco Lopez-Seivane, Raimundo Panikkar Alemani, Sibila Pironti y Fernando Sánchez Dragó

Entrevista a Raimon Panikkar: La unidad trascendente de la espiritualidad y la mística de Oriente y Occidente

Raimon Panikkar, (Barcelona, 3 de noviembre de 1918 – 26 de agosto de 2010, Tavertet, Barcelona, desarrolló una filosofía interreligiosa e intercultural , con una nueva apertura respetuosa al diálogo con otros sujetos y tradiciones no occidentales . Su filosofía tiene como objetivo transformar nuestra civilización que está determinada por un sistema occidental impuesto como única alternativa.  

Su pensamiento es un punto de encuentro entre Oriente y Occidente. En su obra convergen múltiples realidades: la realidad humana con su múltiple origen hindú-cristiano, la realidad académica e intelectual interdisciplinar, pero también intercultural e interreligiosa. De ahí, la importancia que en su pensamiento tiene el diálogo.

Para Panikkar la realidad es siempre más rica que cualquier teorización o conceptualización de la misma. Todo concepto es una parcialización, y ésta es inevitable en la evolución de los múltiples universos culturales.

Obras del autor

  • El indeterminismo científico. Madrid: Nuevas Gráficas, 1945.
  • El sentido cristiano de la vida. Madrid: Samarán, 1945.
  • F. H. Jacobi y la filosofía del sentimiento. Buenos Aires: Sapientia, 1948
  • El concepto de naturaleza: análisis histórico y metafísico de un concepto. Madrid: Instituto Luis Vives de Filosofía, 1951.
  • La India: gente, cultura y creencias. Madrid: Rialp, 1960. ISBN 978-84-321-0137-3
  • Ontonomía de la ciencia: sobre el sentido de la ciencia y sus relaciones con la filosofía. Madrid: Gredos, 1961. ISBN 978-84-249-2087-6
  • Patriotismo y cristiandad: una investigación teológico-histórica sobre el patriotismo cristiano. Madrid: Rialp, 1961. ISBN 978-84-321-0145-8
  • Humanismo y cruz. Madrid: Rialp, 1963. ISBN 978-84-321-0336-0
  • Religión y religiones. Madrid: Gredos, 1965. ISBN 978-84-249-2119-4
  • Los dioses y el Señor. Buenos Aires: Columba, 1967.
  • Técnica y tiempo. Buenos Aires: Columba, 1967.
  • El silencio del Dios. Madrid: Guadiana, 1970. ISBN 978-84-251-0050-5
  • El Cristo desconocido del hinduismo. Madrid-Barcelona: Marova-Fontanella, 1971. ISBN 978-84-244-0256-3
  • Misterio y revelación: hinduismo y cristianismo: encuentro de dos culturas. Madrid: Marova, 1971. ISBN 978-84-269-0127-9
  • Cometas: fragmentos de un diario espiritual de la postguerra. Madrid: Euramérica, 1972. ISBN 978-84-240-0322-7
  • Culto y secularización: apuntes para una antropología litúrgica. Madrid: Marova, 1979 ISBN 84-269-0387-8
  • La Trinidad y la experiencia religiosa. Barcelona: Obelisco, 1989. ISBN 84-7720-095-5
  • Sobre el diálogo intercultural. Salamanca: San Esteban, 1990. ISBN 84-87557-12-0
  • El diálogo interreligioso: la transformación de la misión cristiana en diálogo. Madrid: Darek-Nyumba, 1992. ISBN 84-88059-02-7
  • Elogio de la sencillez: el arquetipo universal del monje. Estella: Verbo Divino, 1993. ISBN 84-7151-796-5
  • La nueva inocencia. Estella: Verbo Divino, 1993. ISBN 84-7151-797-3
  • Paz y desarme cultural. Santander: Sal Terrae, 1993. ISBN 84-293-1104-1
  • La experiencia de Dios. Madrid: PPC, 1994.
  • Pensamiento científico y pensamiento cristiano. Maliaño: Sal Terrae, 1994. ISBN 84-293-1116-5
  • Ecosofía: para una espiritualidad de la tierra. Madrid: San Pablo, 1994. ISBN 84-285-1662-6
  • El silencio del Buddha: una introducción al ateísmo religioso. Madrid: Siruela, 1996. ISBN 84-7844-321-5
  • La experiencia filosófica de la India. Madrid: Trotta, 1997. ISBN 84-8164-143-X
  • La Trinidad: una experiencia humana primordial. Madrid: Siruela, 1998. ISBN 84-7596-609-8
  • Invitación a la sabiduría. Madrid: Espasa Calpe, 1998. ISBN 84-239-7772-2
  • Iconos del misterio: la experiencia de Dios. Barcelona: Península, 1998. ISBN 84-8307-146-0
  • La plenitud del hombre: una cristofanía, Madrid: Siruela, 1999. ISBN 84-7844-476-9
  • El espíritu de la política: homo politicus. Barcelona: Península, 1999. ISBN 84-8307-191-6
  • La intuición cosmoteándrica: las tres dimensiones de la realidad. Madrid: Trotta, 1999. ISBN 84-8164-307-6
  • El mundanal silencio. Barcelona: Martínez Roca, 1999. ISBN 84-270-2490-8
  • El árbol de la vida: la naturaleza en el arte y las tradiciones de la India. Barcelona: Kairós, 2001. ISBN 84-7245-486-X
  • Iconografía del ESPACIO SAGRADO. El Vendrell: March Editor, 2002. ISBN 978-84-95608-02-2
  • El diálogo indispensable: paz entre las religiones. Barcelona: Península, 2003. ISBN 84-8307-532-6
  • Espiritualidad hindú: sanâtana dharma. Barcelona: Kairós, 2005. ISBN 84-7245-577-7
  • De la mística: experiencia plena de vida. Barcelona: Herder, 2005. ISBN 84-254-2391-0
  • Paz e interculturalidad: una reflexión filosófica. Barcelona: Herder, 2006. ISBN 84-254-2424-0
  • Mito, fe y hermenéutica. Barcelona: Herder, 2007. ISBN 978-84-254-2481-6
  • La puerta estrecha del conocimiento: sentidos, razón y fe. Barcelona: Herder, 2009. ISBN 9788425425530
  • La religión, el mundo y el cuerpo (colección de ensayos). Barcelona: Herder, 2014. ISBN 9788425430923

Bibliografía acerca del autor

De Facebook: Acontecimientos importantes

En Facebook tienen en la página principal de cada uno, llamada muro, lugares donde uno supuestamente se da a conocer: profesión, familia, estudios, hobbies, etc. Y de ahí en adelante pues se entra ya en el compartir con los amigos los eventos, las experiencias, quejas, alegrías de su vida. Es una extraordinaria red social, sin duda, con ella estamos menos solos.

Uno de esos lugares del muro está dedicado a los Acontecimientos importantes de nuestra vida. Si quieres escribes ahí lo que ha significado para ti eso, cuáles han sido esos momentos.

Yo he tenido muchos, suficientes. Bellos y horrendos. Elegí escribir solo dos, hasta el momento dos. Son los que copié abajo. Es probable que más adelante continúe añadiendo eso que llamamos acontecimientos importantes de nuestra vida, pero los escribiría aquí en mi blog. Par no escandalizar más a mis “amigos” facebookeanos de lo que ya he hecho.

Vida profesional

Periodista cubanoamericana radicada en Estados Unidos desde 1962. Fue editora y columnista del periódico El Nuevo Herald por 25 años y anteriormente jefa de redacción y editora de reportajes del Noticiero del Canal 23, Univisión, y documentalista del Canal 51, Telemundo. Tiene una Maestria en Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico. Ganó el premio Guillermo Martínez Márquez Excellence in Journalism Award por un artículo investigativo publicado en El Nuevo Herald y cuatro Emmys por tres documentales transmitidos por los canales 23 y 51. Tiene un libro publicado de 1998, La sonrisa disidente.

1 de junio de 2019

25Justo J. Sánchez, Luis Miguel Valdes y 23 personas más11 comentarios1 vez compartidoMe gustaComentarCompartir

Comentarios
  • Ana Kika Bueno, pero tienes que decir claramente quien es esta persona tan valiosa. 😌Eliminar u ocultar esto
  • Esther DelonEsther Delon Fabulosa mi amiguita. Qué maravilla 👏👏♥️♥️👏👏👏👏
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  • Marta Moreno Un “curriculum” maravilloso. Que honra ser tu amiga !!Eliminar u ocultar esto
  • Regina Coyula Pérez-Puelles Antes de saber eso, ya me caías bien. Ahora además te admiro y me pregunto una pregunta q sin dudas alguna vez te habrás hecho: cuál hubiera sido tu vida de quedarte en Cuba.Eliminar u ocultar esto
  • Dora Amador Quizá mejor, no en términos materiales, pero sí identitarios, emocionales, psicológicos. No le deseo el desarraigo infantil que crece contigo a nadie. La salida es una mutilacion, yo no lo sabría decir. Pero sí puedo con toda certeza asegurar que la sa…Ver más2
    • Regina Coyula Pérez-Puelles Gracias por el texto!
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      • Esther DelonEsther Delon Muy doloroso. Yo vi llegar a los niños solos y fue muy pero muy triste. Yo no me hubiese separado de mi hija, pero los padres hicieron lo que creyeron mejor, en aquel momento.
    • Viva 🇨🇺 Cuba libre.
      Un fuerte abrazo.1Eliminar u ocultar esto
  • Regina Coyula Pérez-Puelles Tu caso (q no fue único) forma parte del daño antropológico q hemos sufrido como.sociedad1Eliminar u ocultar esto
  • Dora Amador Si, hay miles o cientos de miles de casos que han destrozado a personas. A mí siempre me ha dado una inmensa compasión las parejas enamoradas que se tuvieron que separa y no nos más se unieron o se vieron. Tantas cosas. Me imagino por ejemplo una mucha…Ver más2Editar o eliminar esto
  • Maria Elena LarreaMaria Elena Larrea Felicidades! Todo eso y más te mereces por tu gran capacidad intelectual.Eliminar u ocultar esto
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Liberación

Hace unos minutos publiqué aquí unas palabras sobre mi vida profesional, que Facebook coloca en el muro personal con el título de Eventos Importantes. Y la ilustración que puse es un muñequito pasando trabajos para escalar en su carrera y vencer obstáculos, trabajos y zancadillas tan comunes en el mundo corporativo. Esa ardua ascensión es con el objetivo de lograr llegar al llamado “éxito”. Resulta cómico, pero no errado. Al final, cuando llega a la cima, la muñequita (se trata en este caso de mí) coloca una bandera. Llegó a la cumbre. Para reírse. El éxito no radica en títulos ni en premios ni en profesión elegida donde te haya ido bien ni en dinero ni en prestigio, nada de eso. El llamado éxito radica en amar y ser amada, en vivir con una consciencia ética basada en valores cristianos, en tener un corazón misericordioso, y last, but not least: en ser quien eres, en serle fiel a tu fibra más íntima, la que te define, la que te dio Dios al momento de crearte con todo su amor. Ese es tu verdadero yo. 
Yo sobreviví inmersa en un falso yo por largos años en mi vida profesional, social y hasta familiar. He sufrido mucho por eso, porque es como llevar una doble vida, tratando de que no te discriminen, te rechacen, te desprecien al no ser como “los otros” “normal”. No lo soy, porque la norma es ser heterosexual, yo soy homosexual, desde que nací. Mi primer amor platónico fue una niña en mi escuela, y yo no entendía mis sentimientos, pero sabía que no eran normales, eran raros, lindos, encantados, atrayentes. Nos pasa a muchas y muchos hasta que más o menos llegamos a la pubertad. 
La bandera que aparece arriba de este escrito es la del arcoíris, la bandera gay. 
Y me siento más en paz conmigo misma y con Dios desde el momento en que decidí dejar de ocultar lo inocultable, porque a fin de cuentas todo el mundo siempre lo ha sabido: es tortillera, es invertida, es del otro lado, es pata, es cachapera). Pero al ser un tema tabú en nuestra sociedad y condenable en la Iglesia católica, a la cual pertenezco (si, soy gay y católica) hasta hace relativamente poco, mi sentimiento era de vergüenza, de punzantemente distinta. Soy de una generación que está en el umbral de la muerte. Soy de la tercera edad, se podrán imaginar lo conmovida y feliz que me siento al ver las nuevas generaciones liberadas, al escuchar y ver al papa Francisco, su aceptación amorosa de las uniones civiles entre dos Mujeres o dos hombres. Al saber que tiene amigos queridos gay, que invitó a almorzar al Vaticana un transexual con su esposa. Ambos españoles. En un momento un homosexual le preguntó con lágrimas en sus mejillas: “Papa Francisco, usted cree que en el cielo habrá algún lugar para mí?” A lo que le respondió Francisco: “Claro que si, Dios te creó como eres y te ama como eres”. 
Habrá dicha mayor para un gay católico que escuchar esas palabras? Como cuando en el ue lo de Brasil a Roma un periodista le preguntó qué pensaba de los homosexuales. Y ardió Troya con la respuesta histórica de Francisco que salió en primera plana de todos los periódicos y canales de TV: “Si una persona es de buena fe, busca a Dios y es gay, quién soy yo para juzgarla?”
Amigos, estamos terminando la Pascua, llega el verano y así sigue el tiempo pasando. Qué bueno. Cada día es un regalo, un don porque dar gracias a la vida. Día a día. 
En esta red social hay de todo, y conversamos de todo. Hoy sentí la necesidad de hablar de este tema espinoso, repugnante para muchos. Quien me quiera bloquear, que lo haga de inmediato, no me interesa su amistad. Tengo muchos intereses en la vida, no los voy a extrañar.
Aunque arriba de este escrito, debajo de la bandera dice Coming out, que en español diríamos Saliendo del Closet, debo aclarar ue nunca estuve encerrada en uno, llevaba doble vida: una personal e íntima como si fuera algo condenable, y otra profesional, en la que no fui feliz, tuve enemigos poderosos que utilizaban mi “otredad”. Para hacerme daño, me he sentido discriminada hasta por amigos intelectuales cubanos a quien yo admiraba mucho. Doloroso. Pero ya pasó. Ahora lo digo contenta y colmada de paz y amor: soy gay y católica, entre otras cosas, porque una es muchas cosas, no solo somos definidos por nuestra orientación sexual.
Abrazo a tod@s l@s amig@s de esta red social.

46Liza Villarino, Luis Miguel Valdes y 44 personas más53 comentarios2 veces compartidoMe gustaComentarCompartir

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Dora Amador

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Coming Out1 de junio de 2019

Hace unos minutos publiqué aquí unas palabras sobre mi vida profesional, que Facebook coloca en el muro personal con el título de Eventos Importantes. Y la ilustración que puse es un muñequito pasando trabajos para escalar en su carrera y vencer obstáculos, trabajos y zancadillas tan comunes en el mundo corporativo. Esa ardua ascensión es con el objetivo de lograr llegar al llamado “éxito”. Resulta cómico, pero no errado. Al final, cuando llega a la cima, la muñequita (se trata en este caso de mí) coloca una bandera. Llegó a la cumbre. Para reírse. El éxito no radica en títulos ni en premios ni en profesión elegida donde te haya ido bien ni en dinero ni en prestigio, nada de eso. El llamado éxito radica en amar y ser amada, en vivir con una consciencia ética basada en valores cristianos, en tener un corazón misericordioso, y last, but not least: en ser quien eres, en serle fiel a tu fibra más íntima, la que te define, la que te dio Dios al momento de crearte con todo su amor. Ese es tu verdadero yo. 
Yo sobreviví inmersa en un falso yo por largos años en mi vida profesional, social y hasta familiar. He sufrido mucho por eso, porque es como llevar una doble vida, tratando de que no te discriminen, te rechacen, te desprecien al no ser como “los otros” “normal”. No lo soy, porque la norma es ser heterosexual, yo soy homosexual, desde que nací. Mi primer amor platónico fue una niña en mi escuela, y yo no entendía mis sentimientos, pero sabía que no eran normales, eran raros, lindos, encantados, atrayentes. Nos pasa a muchas y muchos hasta que más o menos llegamos a la pubertad. 
La bandera que aparece arriba de este escrito es la del arcoíris, la bandera gay. 
Y me siento más en paz conmigo misma y con Dios desde el momento en que decidí dejar de ocultar lo inocultable, porque a fin de cuentas todo el mundo siempre lo ha sabido: es tortillera, es invertida, es del otro lado, es pata, es cachapera). Pero al ser un tema tabú en nuestra sociedad y condenable en la Iglesia católica, a la cual pertenezco (si, soy gay y católica) hasta hace relativamente poco, mi sentimiento era de vergüenza, de punzantemente distinta. Soy de una generación que está en el umbral de la muerte. Soy de la tercera edad, se podrán imaginar lo conmovida y feliz que me siento al ver las nuevas generaciones liberadas, al escuchar y ver al papa Francisco, su aceptación amorosa de las uniones civiles entre dos Mujeres o dos hombres. Al saber que tiene amigos queridos gay, que invitó a almorzar al Vaticana un transexual con su esposa. Ambos españoles. En un momento un homosexual le preguntó con lágrimas en sus mejillas: “Papa Francisco, usted cree que en el cielo habrá algún lugar para mí?” A lo que le respondió Francisco: “Claro que si, Dios te creó como eres y te ama como eres”. 
Habrá dicha mayor para un gay católico que escuchar esas palabras? Como cuando en el ue lo de Brasil a Roma un periodista le preguntó qué pensaba de los homosexuales. Y ardió Troya con la respuesta histórica de Francisco que salió en primera plana de todos los periódicos y canales de TV: “Si una persona es de buena fe, busca a Dios y es gay, quién soy yo para juzgarla?”
Amigos, estamos terminando la Pascua, llega el verano y así sigue el tiempo pasando. Qué bueno. Cada día es un regalo, un don porque dar gracias a la vida. Día a día. 
En esta red social hay de todo, y conversamos de todo. Hoy sentí la necesidad de hablar de este tema espinoso, repugnante para muchos. Quien me quiera bloquear, que lo haga de inmediato, no me interesa su amistad. Tengo muchos intereses en la vida, no los voy a extrañar.
Aunque arriba de este escrito, debajo de la bandera dice Coming out, que en español diríamos Saliendo del Closet, debo aclarar ue nunca estuve encerrada en uno, llevaba doble vida: una personal e íntima como si fuera algo condenable, y otra profesional, en la que no fui feliz, tuve enemigos poderosos que utilizaban mi “otredad”. Para hacerme daño, me he sentido discriminada hasta por amigos intelectuales cubanos a quien yo admiraba mucho. Doloroso. Pero ya pasó. Ahora lo digo contenta y colmada de paz y amor: soy gay y católica, entre otras cosas, porque una es muchas cosas, no solo somos definidos por nuestra orientación sexual.
Abrazo a tod@s l@s amig@s de esta red social.46 Liza Villarino, Luis Miguel Valdes y 44 personas más 53 comentarios 2 veces compartido

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Lo divino que nos habita

En el alma”, dice el místico cristiano Meister Eckhart, hay “algo así como una chispa de la naturaleza divina, una luz divina, un rayo, una imagen impresa de la naturaleza divina”.. . . Pero tenemos que hacer contacto con esta chispa divina vaciándonos o soltando todo lo que nos ata. Y entonces conoceremos la unidad que ya existe”.

El maestro de origen indio Eknath Easwaran (1910-1999) lo expresa en términos similares:

“El objetivo real y más elevado de la vida. . . [es] descubrir esta chispa de lo divino que está en nuestros corazones. . . . Cuando nos damos cuenta de este objetivo, descubrimos simultáneamente que la divinidad dentro de nosotros es una y la misma en todos: todos los individuos, todas las criaturas, toda la vida”.

De búsquedas y encuentros

Aquel día todavía no había quemado todo un pasado plasmado en álbumes de fotografías, diarios, cartas y tarjetas de amor, cientos y cientos de columnas de opinión publicadas en El Nuevo Herald por diez años, cuatro Emmys que gané por varios documentales que hice para la televisión de Miami y otros objetos que guardaba como recuerdos que ya no tenían nada que ver con mi nueva vida. Para evitar que ardiera parte del patio o se propagara el fuego descontrolado a la casa, compré varios basureros grandes de aluminio y en ellos arrojé todo aquello. Rocié sobre ellos poco de gasolina y después los fósforos encendidos. Qué dicha verlo todo arder. Lo recuerdo como si fuera hoy, y de esto hace 20 años, la libertad, la redención, un nuevo yo iba surgiendo, más limpio, más puro. Otro paso más que daba rumbo al radical camino que había elegido. O que me eligió. Me sentía renacer, como una nueva creación.

El día al que me refiero en que todavía no había quemado nada fue cuando Madeline Cámara, especialista en temas de estudios cubanos, editora, escritora y profesora de literatura hispanoamericana en la Universidad del Sur de la Florida, se hallaba de visita en casa y frente a mi biblioteca iba escogiendo libros que le dije se llevara, los que quisiera. Recuerdo que ella escogió uno de María Zambrano y luego me contó que fue a partir de aquella lectura que se inició en sus estudios sobre la filósofa española. Yo estaba regalando todos los libros. Vendí muy barato o regalé todo lo que poseía: mi casa y el carro, muebles, cuadros, mi ropa, la de cama y baño, vajillas, utensilios y artefactos, tarecos que componen un hogar, pero quería salir pronto de ellos. No me interesaba el dinero sino irme de Miami para cumplir lo que consideraba un llamado de Dios: ser misionera en Cuba ingresando en la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús. Ante semejante proyecto de vida —era entonces 1998, ese año cumplí 50—, ¿qué significaban posesiones o posiciones? Ya había renunciado a mi trabajo en el periódico, que me dio fama entre algunos cubanos de ser “honesta” y “valiente”, siempre dicho como bajito por teléfono o en persona, después de haber publicado algún artículo que critica a los congresistas cubanoamericanos en Washington, o exigía el fin del embargo o incluso defendía y apoyaba –en aquellos años era peligroso, dado el terrorismo verbal de la radio miamense– a los disidentes. Entre otros (poseedores de micrófonos radiales, verdaderos muy populares) de “dialoguera” y “comunista”. Hoy lo recuerdo divertida. Pero es que jamás evadí la confrontación o la condena pública por defender mis principios, que guiaban mis posiciones políticas, mi ética periodística comprometida con la investigación seria, informar la verdad y exponerla, plasmada todas las semanas en mis artículos, y cuando el tema era Cuba: levantamiento del bloqueo, diálogo, reconciliación, no a la venganza, sí a la justicia, edificando la cultura del reencuentro entre los de acá y los de allá, transición hacia la democracia por medios pacíficos. Con desengaño aún veo que todo fue inútil. De qué sirvieron tantos años de denuncia, de lucha por la libertad, la justicia, la tolerancia aquí y allá?

Y fue así que aquella mujer agotada mental y físicamente, decepcionada, angustiada por una relación amorosa destinada al fracaso, de irse todos los años de vacaciones turísticas por Europa, y en Miami adoración al hedonismo: restaurantes, entretenimiento, actividades culturales, tertulias intelectuales, los placeres, un buen día se descubrió jubilosamente presa en una misteriosa fuerza que la empujaba hacia adentro de sí. El vacío existencial, la falta de sentido de mi vida era casi asfixiante. ¿Para qué vivía? ¿Cuál era mi razón de ser? ¿Por qué ese anhelo, ese deseo no colmado ni aun en los momentos de mayor intimidad amorosa satisfecha?

Todo convergió, no sabría decir cuándo, pero llegó la salvación, una especie de sacudida que me liberaba, me fortalecía, me dignificaba. Cayeron en mis manos la autobiografía de Thomas Merton, La montaña de los siete círculos, su sublime Nuevas semillas de contemplación y muchos otros libros que parecían destinados a mí, porque daban una respuesta a mi crisis, y caían en mis manos de forma curiosamente sincronizada. El castillo interior, de Teresa de Jesús, Las variedades de la experiencia religiosa, del fiósofo William James, algunas obras de la escritora benedictina Joan Chittister, una antología extraordinaria de experiencias personales de conversión religiosa, titulada Conversión y editada por Walter E. Conn, Spiritual Pilgrims: Carl Jung and Teresa of Avila, de John Welch, O. Carm., gran parte de la obra de Thomas Keating, Richard Rohr y más que todo, los evangelios. Primero los fui escuchando como parte de la misa y aprendía de las magistrales homilías de sacerdotes, la mayoría cubanoamericanos, y la sabiduría que habían tenido desde los primeros siglos del cristianismo, los Padres de la Iglesia, los teólogos, los hermeneutas, que prepararon la liturgia dominical y diaria ordenando la lectura de la Palabra (las Sagradas Escrituras) con una primera lectura, usualmente del Antiguo Testamento, seguida por un salmo y culminando con la lectura del evangelio.

Como tomada de una mano invisible fui guiada a adentrarme en la lectura asidua y después, algo más formada, en el estudio de la Biblia. Y fue así que acabé descubriendo la verdad, por medio del Nuevo Testamento –los evangelios –Marcos, Mateo, Lucas y Juan–, las maravillosas cartas de Pablo, los Hechos de los Apóstoles, las cartas de los los discípulos de Jesús, y el Apocalipsis–.

No dejo fuera –¡cómo hacerlo por Dios!– las lecturas que hoy forman parte de mi vida como el aire: el Antiguo Testamento: los profetas, lo salmos, los libros de la Sabiduría, los Proverbios, el Eclesiastés, el Pentateuco (los primero cinco libros de la Biblia, que viene a ser la Toráh de los judíos). Toda una vida quisiera tener solo para estudiarlos, y si algo lamento de mis estudios universitarios, es no haberlos dedicado, además de a la literatura comparada, las Sagradas Escrituras. En ellas, por cierto está la base de mucha de la gran literatura: no habría un Dostoyevski ni un Kafka sin el Libro de Job, un San Juan De la Cruz sin el Cantar de los Cantares, imposible pensar en la obra de Tolstoy, C.S. Lewis, los grandes místicos. Es muy larga, muy profunda la influencia, el fundamento cristiano que creó la civilización occidental. Pero eso es para otro articulo.

Mi ida a misa los domingos se fue convirtiendo en una necesidad mayor y así, llegó el momento en que iba todos los días, bien antes de ir para el trabajo o a la hora del almuerzo. El Nuevo Herald quedaba muy cerca de la Iglesia Jesu, de los jesuitas en el centro de Miami, y me daba tiempo de asistir y regresar después a la oficina. La participación en la Eucaristía diaria y otros sacramentos, además de la sed insaciable que se apoderó de mí, de lecturas y retiros espirituales, mis largos ratos de oración silenciosa frente al Santísimo, y sobre todo, mi lectura de la Biblia completaron el cambio radica de mi vida.

Creo que estaba atravesando lo que llaman midlife crisis. Y deseé mucho, por ejemplo, conocer el mundo que habitaba Merton, adentrarme en la vida de la gente para mí sabia que había huido del mundo hacia los desiertos o montes en busca de soledad y silencio. Me refiero a solitude, no loneliness, hay una gran diferencia.

Fui a un retiro espiritual de una semana a Getsemaní, el monasterio cisterciense —una de las órdenes más estrictas después de los cartujos y los monjes y monjas budistas en sus monasterios— en Kentucky, donde había vivido y escrito el hombre que empezó a colmar mi sed de Dios. Thomas Merton. Uno de los votos que se hacen en esa orden religiosa, además de pobreza, castidad y obediencia es estabilidad. Quiere decir, que cuando entras al monasterio jamás sales de nuevo, no te mudas a ninguna parte. Después, con los años eso cambió un poco, porque los monjes se fueron abriéndoselos más a la formación de conciencia política y social pacífica y de justicia, a crear comunidades de oración y meditación y viajaban, pero siempre regresaban a su lugar. No olvido la entrada a Getsemaní por primera vez: Arriba, tallada sobre la piedra encima de las puertas decía: “Solo Dios”. “Only God”.

Cuando emprendí ese primer y transformador retiro de silencio y soledad con los monjes, ya sabía que aquél vacío solo lo podía llenar Dios, la trascendencia a la que estamos convocados, su Presencia y su amor incondicional en mi interior. Ya para entonces había estado en la Basílica de San Marcos, en Venecia, que me condujo a una fuerte experiencia estética de esplendor religioso, anduve peregrina en Roma, días y días recorriendo lugares sagrados.

Por ejemplo, cómo olvidar la Basílica de Letrán, de cuya historia no sabía nada y resultó ser un signo de confirmación lo que experimenté al entrar en ella, cuando una tarde la visitamos e incomprensiblemente sentí que me acogía como a alguien que regresa a su casa, aquel lugar lo sentí como mi hogar. No entendí, ni lo intenté, sigue y seguirá una experiencia inefable.

En 1995 algo excepcional sucedió en mi vida. Llegó a Miami para dictar unos cursos de ética y dirigir los Ejercicios Espirituales (EE), el jesuita peruano Ricardo Antoncich, de fama internacional por sus obras, charlas y sobre todo, retiros ignacianos (es decir, de Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas y creador de los EE). Yo iba por las noches a la salida del periódico a tomar clases al SEPI (en aquellos años una extensión hispana de la Universidad Barry que ofrecía la Maestría en teología en español) y supe de este retiro que iba a dar Antoncich. Creo que no tomó ni un segundo en que decidiera asistir. El retiro duraba 30 días. Yo no conocía a Ignacio de Loyola ni los Ejercicios Espirituales pero había oído hablar de ellos y por supuesto del maestro jesuita Antoncich, con quien iba a tomar la clase de ética. Y a quien me unió después una honda amistad que duró hasta su muerte, hace poco.

Una alegría muy fuerte, una motivación que era impulsada, estoy convencida, por el Espíritu Santo, llenó todo mi ser al saber que iba hacer los ejercicios. Me dieron el permiso en el trabajo por una semana más de vacaciones a las tres que me pertenecían anualmente. La vivencia de la espiritualidad ignaciana de este retiro fue el hecho más importante o quizá el clímax de todo un proceso de conversión religiosa que estaba teniendo desde la muerte de mi madre en 1991, mi Confirmación en 1992 y mis posteriores búsquedas del sentido del vida. Esos 30 intensos e inolvidables días en que un mundo nuevo se abrió ante mis ojos sellaron mi conversión al catolicismo.

Viajé a Cuba en mayo de 1998, después que se fue de la isla Juan Pablo II. Lo había preparado todo para ir estando el papa allá en enero de ese año, pero el gobierno cubano no me permitió la entrada. Después me llamaron por teléfono y me dijeron que podía solicitar de nuevo, que entonces sí podría ir a Cuba. No entendí nada ni me interesó mucho. Yo vi todo lo que aconteció durante la visita del papa en la televisión de Miami. Muy emocionante, ¿quién iba a imaginar aquello?

Cuando por fin me dieron la entrada, visité a las Religiosas del Sagrado Corazón en La Habana. Había conversado ya varias veces con la provincial de Cuba, Carmen Comella, ya fallecida. Hablamos mucho acerca de mi fuerte deseo de unirme a ellas y su misión. Fue el Padre José Conrado Rodríguez, en una de sus visitas a Miami, el que me las recomendó cuando le hablé del incipiente proyecto que iba tomando forma en mí: regresar para siempre a Cuba como misionera.

Estando conversando con Carmen en su comunidad principal, que era un espacio detrás de la Iglesia de Rosario, en La Habana, de pronto mi corazón dio un salto cuando escuché su voz que me dijo que sí, que me mudara para Cuba, allá haría el noviciado y me quedaría para siempre con ellas. Era solo cuestión de buscar el permiso de entrada del gobierno. Me iría a Puerto Rico a hacer el postulantado, período de un año en el cual la aspirante inicia la vivencia de sororidad, amplía y fortalece la formación cristiana y la experiencia misionera que la lleve, en forma progresiva, a discernir su opción vocacional en el seguimiento de Jesucristo según la identidad o carisma de la Congregación, y hacer gradualmente la transición a la vida consagrada. Luego, en uno o dos años estaría en Cuba. En Puerto Rico, donde había vivido muchos años al salir de Cuba en la década del 60, permanecí casi un año viviendo en diferentes comunidades diseminadas por la isla. La idea era ir formándome en los avatares de esa oblación. No tengo el espacio para contar las numerosas vivencias que me fueron cambiando poco a poco o repentinamente. Experiencias de vida fuertes, que te cambian. Viví entre los más necesitados, gente que sufría, padeciendo la pobreza de ellos en barrios marginales. Mi trabajo era darles clases a los niños que les iba mal en la escuela, muchos eran hijos de drogadictos, de madres solteras hundidas en la más absoluta pobreza.

También pasé meses en la casa de las hermanas mayores, a las que tenía que cuidar, alimentar, cambiarle pañales, hacerles compañía, quererlas. La educación espiritual e intelectual fue más bien realizada en las prácticas de misericordia. Entre tanto esperaba por mi ingreso en Cuba… Era la época en que casi todos los religiosos y religiosas y gran parte del clero eran misioneros extranjeros. Y como había una cuota muy limitada, para que entrara uno en Cuba, otro tenía que irse. Por fin, cuando se venció el tiempo como postulante y debía de entrar en el noviciado, desde la congregación en Cuba llegó la orden de que me enviaran a Chile, allá haría el noviciado hasta que pudiera entrar en mi país.

¡Qué experiencia y formación académica, espiritual, religiosa, misionera, civil y política tan integral recibí en Chile! Fui a residir en Santiago, en otro barrio de la periferia de la capital. Una de las que más me impactaron fue mi trabajo con niños con graves problemas neurológicos desahuciados y abandonados por sus padres. Allá tuve que ir por diez horas diarias dos semanas. Todas las noches antes de irnos a dormir, íbamos a una preciosa capilla que teníamos en la casa. Sobre cojines o recostadas en ellos en el piso, nos colocábamos en círculo alrededor de un altarcito preparado por alguna de nosotras —a la que le tocara ese día— en el centro, con una o más velas, algunas flores o plantas, una imagen, todo colocado sobre un mantel. Era la hora del recogimiento del día, de compartir con nuestra comunidad la jornada que terminaba. Yo residía en la casa de formación con seis chilenas y una peruana. La oración o rezo nocturno consistía en compartir nuestra jornada: ¿Dónde habíamos encontrado a Dios durante ese día, en qué persona o acontecimiento se hizo presente, en que movimiento espiritual interior nuestro? ¿Cómo había sido ese día? La conversación se convertía en una experiencia maravillosa, a veces inquietante, de oración ante ellas y Dios, a veces iba acompañada con lágrimas. Sin duda, la formación religiosa es muy fuerte, transformadora, tan distinta a la vida que llevábamos en el mundo que dejábamos atrás.

El largo e inolvidable tiempo que estuve en Chile, poco antes de terminar el noviciado, fue a verme una nueva superiora de las Religiosas de Cuba. Había terminado el priorato de Carmen Comella, que había sido provincial por nueve años, y ahora era Cristina Colás la que mandaba. Fue inesperadamente dura conmigo. Se me había negado el permiso de entrada a Cuba. Lo menos que pude imaginar en aquellos días llenos de fervor era que un día la provincial cubana me diría que “mi compromiso político previo tendría repercusiones para la Sociedad del Sagrado Corazón y la Iglesia en Cuba”. Entiéndase por “compromiso político previo” haber escrito en El Nuevo Herald por años sobre la disidencia, los turbios asuntos que sucedían dentro de la misma Iglesia, como fue el cierre de la revista Vitral, dirigida por Dagoberto Valdés, hoy director de la excelente revista Convivencia, y también del Centro de Formación Convivencia, un proyecto extraordinario que sienta la hoja de ruta para el futuro de Cuba después de alcanzada la democracia.

Mi denuncia incesante de las injusticias contra hombres y mujeres que luchaban pacíficamente por la libertad, entre ellos los cientos de presos políticos, una oposición que se iba enriqueciendo con cubanos y cubanas valientes, decididos, conscientes de que era la vía pacífica y la formación ética política la que nos llevaría a una democracia sin vuelta atrás jamás a la violencia Por lo menos eso demostraron y siguen demostrando. El más peligroso de todos par el el régimen comunista era Oswaldo Payá —curioso que me lo mencionara la provincial como si fuera anatema, un peligro terrible hablar de ese hombre en la institución católica. Pero a nadie debe sorprender que la Iglesia le dio la espalda y traicionó de muchas formas el excepcional ideario de un católico como Payá que pudo quizá como nadie, llevar a la patria a la anhelada democracia. Uno de los golpes más fuerte que recibí en esa larga y ardiente lucha fue el asesinato por órdenes de Fidel Castro de Oswaldo Payá –estoy segura que fue de su boca que salió a sentencia al opositor que más probabilidades tenía de triunfar en el plebiscito que pedía en el Proyecto Varela–, pero ese es un tema del que he escrito con mucho dolor en otros momentos.

De búsquedas y encuentrAnte la actitud de Cristina Colás (estoy convencida de que si hubiera estado en su lugar Carmen Comella yo sí hubiera entrado en Cuba), decidí de inmediato dejar la congregación y regresar a Miami. Ante mi súbita decisión, las siete hermanas con las que convivía bajo el mismo techo en Santiago trataron de que no me fuera, recuerdo la reunión comunitaria que tuvimos enseguida, y las frases de ellas: “Nosotros somos también voz de Dios, no te vayas”; me conmovió enormemente. Yo no iba a Cuba con idea de unirme a la disidencia, mucho menos de ponerlas a ellas en conflicto con el gobierno, como parece que pensaba Colás, la superiora, sólo quería ir a servir en Cuba. Mi deseo eran tan sencillo: ser el Corazón de Cristo, que es amor, en el corazón de Cuba.

Llegar aquí sin nada material, sin casa ni trabajo ni auto, ¿qué me importaba? Lo devastador, lo aplastante del golpe fue ver que mi proyecto no había sido el de Dios. ¿Me había abandonado Dios? Había confundido el Sagrado Corazón de Jesús con la Sociedad del Sagrado Corazón? Las fundí en una misma espiritualidad, sin duda. La formación religiosa del noviciado es muy fuerte y en mí ardía una llama apasionada por pertenecer, por ser parte de es luz de amor que brota del corazón herido de amor de Jesús, el Cristo. En estado de conmoción, en silencio y leyendo y rezando con la Biblia, fui a vivir a casa de mi hermana por dos semanas en lo que conseguía un apartamento y un carro para empezar a buscar trabajo.

Mi decisión de abandonar súbitamente la vida religiosa fue devastadora, pero también una gracia de Dios, que me hizo experimentar la desolación más honda. Fue cuando más cerca estuve de saber lo que se sentía en un corazón roto, como el de Jesucristo crucificado cuando fue atravesado por una lanza. Acaso solo para que pasara por esa experiencia me condujo Dios a esta loca aventura. Las hermanas cubanas que conocí en Chile –había otra pasando un tiempo en Santiago, además de la superiora que fue a visitarme– fueron mi peor encuentro. Sentí como si las residentes en Cuba estaban totalmente desinteresadas en una cubana de Miami que quería, deseaba fuertemente regresar a su patria. Pero para mí fue una aventura de amor a Cristo y a Cuba. Me bastaron pocos minutos de discernimiento interior para darme cuenta que yo sólo quería servir en Cuba. La superiora me dijo algo que fue cierto. Quedaba claro: Mi vocación no era ser religiosa. Lo que yo quería era regresar para siempre a Cuba. Y regresé a Miami, al exilio del cual tanto había anhelado irme. Aquí llegué a la intemperie. Partiendo de cero, habiendo quemado las naves, pero eso era para mí lo de menos.

Con los días se me fue revelando la verdad. Es que me había equivocado, los planes de Dios eran distintos a los míos. Muy superiores, por supuesto, lo pude ver después, con el paso del tiempo, cuando me fui recobrando lentamente. A los pocos meses de regresar, empecé a trabajar en la Arquidiócesis de Miami, dirigiendo el periódico La Voz Católica, y continué escribiendo columnas de opinión para el Nuevo Herald. En 2006 decidí dedicarme de lleno a trabajar como escritora, traductora y editora free lance, por mi cuenta y me fue bien hasta que me retiré en 2012.

Aunque sigo siendo una mujer de fe de tradición católica, ha cambiado radicalmente mi espiritual. Dejé de creer en la institución de la Iglesia, el clericalismo, el machismo, la misoginia arraigada en la jerarquía católica que vi desnuda en su más absoluta crueldad. Entonces estalló el escándalo de la pedofilia. Siendo yo la directora del periódico católico de la Arquidiócesis pude vivir muy de cerca la mentira, el disfraz, la hipocresía la jerarquía. Lo que se formó cuando empezaron a salir a flote las denuncias de las víctimas fue horrendo. Pero ya todo eso pasó, han pasado muchos años de aquel 2002 en que en Estados Unidos el cardenal de Boston fue descubierto encubriendo a curas pedófilos para “proteger” a la Iglesia de escándalos, y así, miles de niños y niñas fueron violados y abusados sexualmente por curas y obispos, dejando a su paso las víctimas. Entonces, como una pandemia, se propagó por todos el mundo la misma fetidez: a pedofilia era un fenómeno cotidiano en la Iglesia católica universal.

Le doy gracias a Dios por mi liberación, que no se debió a esta infamia descubierta, sino a años de experiencia y contacto con otras tradiciones de fe –budista, hindú, ortodoxa, que me enriquecieron.

Han pasado 17 años del regreso a lo que he empezado a considerar, después de 56 años de exilio, mi país, Estados Unidos. Me he reconciliado amorosamente con Miami que es otra ciudad a la que conocí en las décadas del 80 y 90. Sigo yendo a misa y me considero cristiana, pero mucho más espiritual que religiosa, perdí la fe en la estructura y el clero. Aunque el papa Francisco ha salvado mi fe en traer de reivindicar a la Iglesia que Jesús fundó no la que hicieron de ella los cristianos. Francisco ha hecho renacer mi esperanza en que es posible una transformación radical, mucho más misericordiosa y menos jueza del cristianismo católico.

Me reencontré con Madeline Cámara, después de 20 años —la última vez que la vi fue cuando estaba ella en casa y casi llenamos el baúl de su auto con libros que eligió de la biblioteca–. Nos volvíamos a ver, con años y canas y experiencias que mostraban nuestra pertenencia ya a la tercera edad. Tiempo intensamente vivido por ambas, no hay duda. El reencuentro se dio en un restaurante de St. Petersburg, Florida, que daba por concluido un fin de semana precioso en Tampa. Habíamos recorrido la ciudad, principalmente la martiana Ybor City, una noche de celebración de Halloween digna de la peor película de terror. Pero el viaje tuvo como motivo ver una iluminadora exhibición retrospectiva de Dalí en el museo que lleva el nombre de ese único pintor surrealista que nació del movimiento creado por André Breton en Francia en la década del 20 del siglo pasado. Excepcional exposición. Mis nuevos amigos eran Carmen Díaz, Olga Lastra, y Luis Carlos Silva. Hice el viaje rodeada de científicos cubanos de merecido prestigio. Dos de ellos, Carmen y Luis Carlos, ateos. El trayecto de unas cinco horas fue para mí una inesperada fuente identitaria que necesitaba a gritos, pero no lo sabía. Lo supe por la expansión de un horizonte interno y el gozo pleno de estar allí en aquel momento de puro placer. Carmen y Luis Carlos fueron los autores del mejor de los tiempos que pasamos en la larga trayectoria de un paisaje árido, aburrido, insoportable como es el de la península floridana. De los dos teléfonos móviles de ellos, conectados a las bocinas del auto por bluetooth, salía aquella maravillosa música que me hizo vivir horas de felicidad agradecida a dos personas que, sin embargo, en otras ocasiones me hicieron sentir completamente fuera de lugar, alguien patético, ignorante porque expresé mi fe en Dios. Después intuí algo fundamentalista en ese ateismo. Pero eran encantadores, y tengo amigos agnósticos y ateos. Respeto todas las religiones y a quienes no tienen ninguna. Me gusta la cultura del encuentro, el pluralismo y la inclusión. Aquellos días de museo, música y conversaciones no hubieran motivado estas meditaciones si no fuera porque Madeline nos presentó un proyecto de publicación. Y con autoridad de editora, y también con la cercanía del afecto, me pidió que dejara correr la memoria, que contara de mi viaje hacia Dios y hacia Cuba. Recuerdo que ella llegó algo tarde al encuentro, pero qué alegría volver a verla y abrazarla. Imposible no recordar la última vez que nos habíamos visto. La biblioteca, mi desasimiento, su interés y asombro ante mis planes, y ahora esto.

A los pocos minutos nos pidió, sacando la Revista Surco Sur de su bolso, que escribiéramos para el próximo número algo sobre este viaje: amigos cubanos “de distintas tendencias”, y experiencias de vida reunidos un fin de semana en Tampa. A todos nos tomó de sorpresa el pedido, ¿qué contaría cada uno? La idea resultó interesante y estuvimos de acuerdo.

Y este es el resultado de aquella invitación de Madeline en octubre de 2018. Escribo esto final en mayo de 2020. He editado algo este recuento digamos que de un camino interior recorrido que me transformó. Hoy soy otra y la misma. Como dije me he acercado al budismo, al hinduismo y, algo muy importante, vivo en plena libertad mi orientación sexual gay. Un día muy lejano ya llegué a creer que la relación sexual homosexual era un pecado. Qué equivocada estaba, qué lejos de la verdad que hoy, guiada por los grandes teólogos, Richard Rohr, Ilia Delio y otros de gran actualidad, pero principalmente por las enseñanzas del papa Francisco y mi fe madura, educada, junto a una espiritualidad mucho más honda, seguidora del Cristo universal y de Teilhard de Chardin he alcala razón de ser que buscas creo haberlo encontrado. Me siento colmada, en paz conmigo y con el acontecer del mundo por más tenebroso que nos parezca. Hago lo que puedo. El resto está en manos de mi Dios.

Tengo 71 años, acojo feliz la vejez y la relativa pobreza en que vivo aquí en Miami, ciudad en la que se glorifica el éxito, que éste se evalúa y mide de acuerdo al dinero, el lujo de la casa (o casas) que posees, y muchos lujos materiales. La mía ha sido una vida aventurera, arriesgada, intensa, idealista y muy herida. Pero no creo que este aún al final de mi vida, me quedan años por vivir, pocos, pero quedan. He aprendido a valorar el ahora, como nos enseña Eckhard Tolle, como un tesoro. En eso estoy, aquí, ahora, llena del amor de Dios, de esperanza y de gratitud.

Versión ampliada del ensayo del mismo título publicado originalmente en la revista Surco Sur, de la Universidad de South Florida en septiembre de 2019. Vol. 9 > Iss. 12 (2019).
https://scholarcommons.usf.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1276&context=surcosur

Las tres edades de la mujer

Las tres edades de la mujer. Gustav Klimt. 1905.

Patricia Fernández Miranda
De su blog: Art. E Sin Brújula

Ella nació entre encajes y no en una sábana raída
fue única y muchos llantos a la vez
ella preguntó por qué los pájaros vuelan
y donde termina el arco iris.
Aprendió a escribir en la arena
y coloreó las nubes con pinceles de oro.
Ella descubrió el amor muy pronto.
Reservó su piel para el beso más perfecto.
Conoció la mentira en unos ojos bellos,
no le importó dejar la virginidad en el camino.
Ella se fue sin mirar atrás
en el recodo se quedó prendida de los grandes ventanales
su equipaje llenó de palabras.
En una caja de ébano guardó
todas las imágenes queridas.
Ella dibuja cuanto ha perdido en paredes de cal,
escribe en el aire una lista interminable de hallazgos
ella se fue sin que nadie lo notara
alguien cada día para ella siembra una flor.

Las tentaciones

Lecturas bíblicas y reflexión del Primer Domingo de Cuaresma
Adán y Eva. Marc Chagall, 1960

La Biblia es un conjunto de libros escritos por hombres de fe para hombres y mujeres de fe. No al cinismo, no a la burla ignorante de ateos y agnósticos carentes de un mínimo de cultura o buena voluntad. Por supuesto, que se pueden leer libros de la Biblia sin ser creyente, acercarse a ellos como prodigiosas obras de literatura que contienen casi todos los géneros literarios, o como un historiador en busca de las historias de Israel y del cristianismo, o un exégeta o hermeneuta, que se da al oficio, el afán, el placer de interpretar las Sagradas Escrituras.

Yo me sitúo en el primer y último grupos: soy una mujer de fe que además de rezar con ellas, estudia las escrituras con gran interés y amor. Eso no me impide reconocer, comprobar que la inspiración de Dios llegaba a seres humanos de una determinada época histórica, en la que vivían y practicaban la cultura de su época y que, a medida que pasaban los siglos iban cambiando, de ahí las distintas apreciaciones de un mismo Dios: guerrero, vengativo, “Dios de los ejércitos”, como leemos en tantas partes del Antiguo Testamento implicando Dios en las guerras y conquistas o derrotas del pueblo de Israel. Tenemos también o más que ninguno al Dios misericordioso, amoroso y tierno. Al Dios amante, esposo celoso, como en el maravilloso libro del profeta Oseas. Al Dios hecho carne, “que habitó entre nosotros”. Jesús de Nazaret, que vino a mostrarnos la imagen visible del Dios invisible cuando llegamos a esta era que los cristianos llamamos la culminación de los tiempos.

Los textos del Antiguo Testamento –el Génesis se escribió en el Siglo V antes de Cristo, después de muchos siglos de tradición oral de la historia de la creación del mundo, y pasada de generación en generación– no hay que interpretarlos literalmente, sería un error. Su fin es ofrecernos una gran enseñanza. ¿Cuál fue el pecado de Adán y Eva? Por desobedecer, alejarse de Dios, por querer ser como dioses. Por la soberbia.

Jesús hablaba en parábolas, y las comprendemos a la luz del Espíritu Santo que nos abre el entendimiento. Y cada parábola contiene el gran misterio del Reino de Dios. “A qué se parece el Reino De Dios?”

Además de meditar, y guardar silencio –no lo olvidemos nunca–, es en el silencio donde más nos haba Dios, rezo todos los días con las lecturas bíblicas de la Iglesia católica. Hoy escogí leer las reflexiones que sobre ellas hacen los frailes dominicos, otras veces leo a los jesuitas, o los franciscanos, me guío por personas mu preparadas para escuchar sus meditaciones sobre las lecturas de ese día. Pero no siempre. Muchos días solo leo las lecturas y me quedo reflexionando yo sobre ellas, o en silencio. Cómo me tocan el corazón, qué fue lo que más me impresionó de lo que leí? Qué me resultó particularmente importante en esa lectura? Qué frase se me quedó grabada por sobre las otras, por qué? Que me quiere decir Dios?
La Palabra es viva y eficaz, y Dios nos habla a cada uno de nosotros, personalmente. Se inserta en nuestra vida, en nuestra situación actual y nos habla, nos guía, responde, interpela.
Introducción a las lecturas:

Fray Juan Carlos González del Cerro O.P.
Real Convento de Santo Domingo (Jerez de la Frontera)


Hoy es primer domingo de Cuaresma, tiempo de abundante gracia, que nos invita a confrontar nuestra vida con el Evangelio y a examinar el ritmo de nuestro seguimiento del Señor de cara a la gran celebración de la Pascua. La Cuaresma es para tomársela en serio. La austeridad de estos días nos lleva a hacer un sincero análisis de nosotros mismos y de nuestra relación con Dios. La austeridad cuaresmal nos es propuesta como un modo de evitar la distracción y así centrarnos bien en esa toma de conciencia de nosotros mismos: de lo que somos y de cómo somos, de lo que vivimos y de cómo vivimos, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Por ello es un tiempo maravilloso donde abunda la gracia de Dios. El don de Dios, la luz de Dios, su amor misericordioso quiere colarse en los entresijos de nuestro ser, donde se cuece lo que somos, para reconstruir fracturas, curar heridas, vigorizar lo débil y volver a modelar nuestro “barro”. La clave está en la voluntad de abrir la puerta del corazón a esa Gracia que sobreabunda aunque pueda abundar el pecado. ¡Qué magnífico don! … Las lecturas de hoy nos dan un mensaje extraordinario al respecto animándonos a vivir plenamente y con alegre confianza en Dios el ejercicio cuaresmal.

Primera Lectura
Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7


El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.
Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.
La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».
La mujer contestó a la serpiente:
«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:
“No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».
La serpiente replicó a la mujer:
«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.
Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Salmo 50, 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh, Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda Lectura 
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19
Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno:
pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.
Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.
En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.
Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “He dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Comentario bíblico de Fray Miguel de Burgos Núñez, O.P.
La Cuaresma es uno de los tiempos litúrgicos más determinantes de la vida cristiana porque nos prepara para celebrar la Pascua, es decir, la muerte y la resurrección del Señor. Alguna vez hemos oído que se llama “cuaresma” porque recuerda un número simbólico en la Biblia, bien los cuarenta años del pueblo en el desierto antes de entrar en la tierra prometida y gustar definitivamente la liberación de Egipto; o bien los cuarenta días en que Jesús se nos presenta en el desierto preparándose, como el pueblo, para su gran misión.

Por lo mismo, la Iglesia, las comunidades cristianas, se preparan, en tensión, para celebrar la fiesta central del misterio cristiano. Es uno de los tiempos más importantes de la vida cristiana, ya que la Cuaresma es una unidad con la Semana Santa, con la Pascua.
 Iª Lectura: Génesis (2,7-9;3,1-7): O con Dios creador, o desnudos y sin interioridad.

I.1. La primera lectura de este domingo está tomada del conjunto de Génesis 2-3 en que se nos describe, como una catequesis de alfarero, la creación del hombre del barro de la tierra; la tradición bíblica del paraíso con sus árboles de la vida y de la ciencia del bien y del mal y el mito de la serpiente como prototipo del misterio del mal que aparece misteriosamente para cambiar el rumbo de la creación de Dios. Se atribuye este relato a una escuela catequética conocida como la “yahvista”, porque así, desde el principio, denomina a Dios. Quiere describir al hombre de forma y manera que aparezca lo finito: la materia o el polvo de la tierra, y lo infinito: el soplo de vida que Dios mete en su ser. Es una lucha, la lucha de la libertad, la lucha o pecado de querer ser como Dios y de experimentar la nada entre sus manos.

I.2. El hombre y la mujer, la humanidad entera, “que es el relato vivo de Dios”, porque ha sido creada a su “imagen y semejanza” descubren en el vacío, en el silencio… que querer ser como dioses es una ambigüedad. En ninguna “cosmogonía” antigua [conjunto de teorías míticas, religiosas, filosóficas y científicas sobre el origen del mundo, cada cultura o religión ha tenido y tiene sus propias explicaciones cosmogónicas], se ha podido afirmar como en la Biblia la grandeza del ser humano como “imagen de Dios”. Somos lo que somos, valemos lo que valemos, pero no podemos ser más de lo que somos. El teólogo de esta escuela sabe bien una cosa profundamente misteriosa: que el mal encanta, aunque deje luego a sus espaldas angustia y desolación. Es un vacío como de muerte ¿quién podrá vestir, de nuevo, al ser humano de esperanza y de alegría?I.3.

La humanidad se nos presenta en esta narración, mítica a todos los efectos, como comunidad, no puede ser de otra manera. El hombre está solo y no es quien debe ser hasta que encuentra a la mujer. Esta es la realidad de la naturaleza misma, pero que en su misterio va mucho más allá. A esa comunidad se le entrega todo como don, con la responsabilidad de desarrollar la humanidad futura y cuidar de todo, siguiendo los caminos del bien, sin desordenar el bien por el mal, porque el día que “coman de ese árbol de la ciencia del bien y del mal” (Gen. 2,17) queriendo endiosarse, habrán dejado de actuar a imagen de Dios y eso será su propia destrucción y muerte. Están hechos para la comunión. Son imagen de Dios, han de actuar según corresponde a la imagen, reflejando el actuar de Dios. Dios ha hecho todo como regalo para el ser humano. El varón es un regalo para la mujer y ella para el hombre, en igualdad de dignidad y con el mismo misterio de interioridad divina. El regalo es un signo que expresa la buena voluntad y el amor del su hacedor. Lo grande del regalo es que es un signo de la decisión libre de quien regala. Es expresión de la interioridad. Signo de comunicación que revela lo que está en lo invisible del corazón. Es la revelación del misterio. El relato no se sostiene científicamente en muchos aspectos, pero sí es psicológica y teológicamente profundo. Y eso sí es real, eso nos ocurre y sigue aconteciendo en el misterio de la vida humana. 

IIª Lectura: Romanos (5,12-19): Cristo frente a Adán; la gracia frente al pecado
II.1. Esta es una de las páginas más conocidas de la historia de las teología porque Pablo enfrenta, a su manera, a Adán y a Cristo. Desde la Patrología hasta nuestros días el tema del “pecado original”, o del “pecado de origen” como se dice hoy, no ha dejado de interesar y todavía necesita aportaciones desde muchos puntos de vista. Esta no es una cuestión cerrada, porque el “pecado original” no es simplemente una cuestión biológica de la naturaleza humana ¡de ninguna manera! Pablo se permite escribir en este caso con un género literario que se puede considerar una “sygkrisis” (comparación), reto entre dos personajes o dos realidades, con el fin de poner de manifiesto la importancia y la grandeza de uno respecto a otro.

Los Santos Padres lo hacían desde la simbología del “tipo” y el “antitipo”. El peso de la causa que se debate pretende subrayar el valor del “antitipo” Cristo frente a Adán. Claro, Pablo entiende que la humanidad procede de un solo hombre, cosa que hoy no estamos obligados a aceptar.
II.2. El interrogante que se ha dejado en el comentario al texto del Génesis, halla en este pasaje de la carta de Pablo la respuesta adecuada: a la radicalidad del pecado de Adán, de la humanidad, atañe a la radicalidad de la gracia de Cristo, del amor de Dios. Es uno de los núcleos más densos de la teología paulina en la carta más profunda del apóstol. Pablo es deudor de una mentalidad judía para explicar lo que se ha llamado el “pecado original”. En realidad esta confrontación ya la había abordado, para el tema de la muerte y la resurrección, en 1Cor 15,21-22.45-49. Pero él siempre innova y encuentra nuevas posibilidades y caminos para la esperanza: con Cristo nada está perdido. La ley no pudo enseñar, ni prever lo que Dios mismo iba a poner de manifiesto con Jesucristo. Si la humanidad vive bajo la responsabilidad del pecado en solidaridad, de todos sus pecados: guerras, injusticias… está llamada, por el contrario, a otra solidaridad poderosa: la de la gracia de Cristo.

II.3 Debemos aceptar que el destino de nuestra propia existencia nos orienta a todos los hombres y mujeres (toda la humanidad) en una situación de pecado, incluso no querida o aceptada, pero inevitable. No obstante todos participamos de una responsabilidad con nuestras vidas y así sembramos “pecado” redivivo, para el futuro, con el que nosotros mismos nos hemos encontrado. ¿No estaríamos invitados a la desesperación? ¡De ninguna manera! ¿Por qué? Porque tenemos la promesa firme de la gracia, garantizada por la entrega misma de la vida de Jesús para vencer, en nombre del Dios creador, esta “situación original” de pecado que todos encontramos al nacer.

Evangelio: Mateo (4,1-11): El Hijo de Dios vive nuestra existencia “de verdad”
III.1. Cada evangelista, en el respectivo año litúrgico, nos ofrece su versión de Jesús tentado, como Adán y Eva en el paraíso.

Los que más se parecen, a diferencia de Marcos, son los relatos de Mateo y Lucas. Éste ha cambiado el orden, por razones teológicas; pero el mensaje no puede ser muy distinto en uno y otro, aunque con matices. En el caso de Mateo se intenta poner de manifiesto la fidelidad de lo que los judíos rezan todos los días en el “shema” (Dt 6,4-5: Escucha Israel, el Señor es tu único Dios… y lo amarás con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas). No debemos asombrarnos si decimos y subrayamos que el relato va más allá de lo puntualmente “histórico”, para ser un ejemplo vivo en la comunidad de cómo hay que luchar contra lo que nos deshumaniza en razón de una falsa “divinización”. Porque la divinización es pecado cuando viene de nosotros mismos que no aceptamos nuestra vida ni la de nuestros hermanos los hombres; pero es gracia y salvación cuando viene de Dios como don de la creación y de la redención; entonces es auténtica “theoresis”, como pensaban los “padres” griegos.

III.2. Sabemos que este relato tiene una característica que los expertos le han llamado “haggada”, sobre las tentaciones del pueblo en el desierto, y actualizadas por la tradición cristiana para presentar el verdadero mesianismo de Jesús. Podemos constatar que las respuestas de Jesús están formuladas según los textos bíblicos que aluden al pueblo en esa travesía: La primera respuesta de Jesús es una cita de Dt 8,3 que, a su vez alude a Ex 16,1 ss (el maná). La respuesta a la segunda tentación es una cita de Dt 6,16 que, a su vez, alude a Ex 17,1-7 (las aguas de Massá). La tercera respuesta cita a Dt 6,13 que puede aludir tanto a Ex 32 (el becerro de oro) como a Ex 23,24 y 34,13-17 (mandato de no adorar las divinidades cananeas). Por tanto respuestas que quieren ser ejemplo “corporativo” para la comunidad, porque Jesús con su rechazo es, para Mateo, el Mesías que hace posible un nuevo pueblo hacia Dios. Pero también deberíamos ver aquí lo más personal de Jesús como hombre, como persona, igual que nosotros, que vence… con opciones personales, al ponerse en manos de Dios.

III.3. Tres pruebas, como número simbólico, cumplen de modo perfecto esa oración a Dios. Y así: 1) rechazando convertir las piedras en pan ha amado con todo el corazón; 2) al rehusar poner a Dios a prueba inútilmente, ha amado con toda al alma; 3) no aceptando los reinos que le ponen a sus pies, ha amado con toda las fuerzas. Eso es lo que no fue posible en el paraíso. El rechazo de Jesús a todo lo que se le ofrecía no es una victoria humillante; era lo único que verdaderamente le podía mantener unido a Dios y a todos los hombres. Estas fidelidades de Jesús, fidelidades que se muestran a todo lo largo de su vida, lo harán más humano y más cercano. Jesús, el Hijo de Dios, mientras está en el papel radical de la encarnación no sueña, ni siquiera, con ser Dios o tener su poder. Sería un sueño imposible que deja un gran vacío; así lo han pretendido los hombres, emperadores o no, que han querido ser adorados; pero la verdad es que nunca llegaron a ser dioses, se alejaron de los hombres, eso sí, y se quedaron solos para siempre.

III.4. En este sentido de cómo debemos ver a Jesús en lo más personal, incluso en la praxis humana como Hijo de Dios, cito estas palabras que son muy sugerentes y válidas para el conjunto del relato, aunque se centran en la primera tentación:
“La tentación consiste, pues, en el uso de Dios y de la relación privilegiada con El, como medio para alterar la condición humana en beneficio propio, eludiendo de esta manera la tarea del hombre en el mundo. Dios es visto como protector, y la relación con Él como ventaja personal frente a las fuerzas ocultas y necesidades de la vida, a las que el hombre teme cuando ha experimentado hasta qué punto pueden destrozarle y hasta qué punto está indefenso ante ellas. Así se comprende que la respuesta de Jesús sea una apelación a la condición humana. Si se hubiese tratado de interrogar a Jesús sobre su filiación divina, el redactor podía haber puesto en su boca cualquiera de los pasajes bíblicos relativos a ella que la comunidad primera aplicaba a Jesús (v. gr., Sal 2,8). Pero lo que ahora importa no es la realidad sino el significado de esa filiación divina; y la respuesta de Jesús equivale a decir: la filiación divina no elimina nada de la condición humana. Y el hombre es tal que no vive sólo de pan, sino de todo aquello que procede de Dios, es decir: de toda la realidad de la vida, en cuanto entregada a él para que la domine. Es evidente que hay que satisfacer el hambre, pero sin esperar en los milagros para ello; es evidente que hay que convertir los desiertos en pan, pero no a base de rogativas, sino por el esfuerzo humano: ésta es la condición humana y esto es aquello de lo que “vive el hombre”. Porque Dios no está con él sólo cuando tiene pan, sino también cuando no lo tiene, cuando cree estar sin Él: ya que se le manifiesta precisamente en la llamada a convertir en pan las piedras” (J. I. González Faus, La Nueva Humanidad. Ensayo de Cristología. Vol. I, Madrid, 1974, pp. 182-194).

Seréis como dioses…Todo comienza bien. El ser humano es modelado por el mismo Dios. Con ninguna criatura Dios se prodiga de esa manera, con especial laboriosidad. Ese modelar implica un empeño de Dios en la criatura que modela pues lo hace “a su imagen y semejanza”. Pero no todo queda en barro. En el “material creatural” Dios mismo insufla su propio “aliento de vida” convirtiendo a la criatura humana en “ser vivo”. Y además le coloca en un jardín, le otorga un bello y completo “contexto vital” para su existencia y subsistencia. ¡Qué bondad tan grande! El ser humano, hombre y mujer, es dotado de libertad al haber sido creado a imagen de Dios. Y Dios se ofrece como referencia para vivir bien en esa libertad.

Cuando el ser humano toma consciencia de sí mismo siente el vértigo de la libertad: la tentación. ¿Hacia dónde voy?, ¿sigo la referencia?… Entonces surge la voz del astuto tentador: “seréis como Dios…” Aquí está la raíz de la decisión errada que toma el ser humano en su libertad. Así nos habla el tentador: “¡Sé tú tu Dios! Déjate de referencias, conoce por ti mismo todo, el bien y el mal”. Pero cuando tomamos esta decisión y decidimos ser como dioses, olvidando la referencia divina que nos señala caminos seguros de libertad, terminamos sintiéndonos desnudos, desprovistos, fuera del contexto vital que Dios nos ha otorgado. Esa es la experiencia del pecado.

Al inicio de la Cuaresma recordamos esta realidad de nuestra vida para revisarla. Ante la tentación lo decisivo es no perder la referencia divina pues nos da el criterio y la seguridad para superarla. La otra opción es hacer caso al tentador y abandonarnos a nosotros mismos convirtiéndonos en nuestros propios dioses. En este caso la andadura será al final más corta y fatigosa.

Crea en mí un corazón puro… Pero todo tiene arreglo, ya lo dice el refrán: “lo que bien empieza, bien acaba”. Todo comenzó con la mano de Dios y Él se te vuelve a ofrecer. Levántate, vuelve a tomar esa mano, deja más bien que te tome y te toque de nuevo.

Salmo 50. ¡Misericordia…por tu bondad… por tu inmensa compasión lávame, límpiame, renuévame, no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu, recréame…. crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme… hazme de nuevo, fortalece mi fragilidad! Y Dios nos ha respondido. No nos ha dejado. Nos ha mostrado en Jesucristo su inmensa ternura y misericordia. Así nos ha devuelto la alegría que abre nuestros labios para su alabanza.No hay proporción entre el delito y el don…

San Pablo reflexiona hoy en su extraordinaria Carta a los Romanos sobre el alcance de la respuesta divina, en Cristo, al hombre pecador. Es la experiencia del propio Pablo. La luz que vio en el camino de Damasco le hizo comprender dos cosas: su pecado y el enorme alcance de la Gracia de Dios. Esta experiencia tumbativa, nunca mejor dicho, es la que le permitió al Apóstol llegar a esta reflexión tan hermosa que nos ofrece hoy en la Carta a los Romanos y que sin duda nos anima en el inicio de la Cuaresma. La realidad es clara: todos pecaron desde Adán y el pecado ha traído muerte, pues nos circunscribe a nosotros mismos alejándonos de la fuente de la vida que es Dios, desdibujando los contornos de nuestra verdadera dignidad en cuanto hijos amados y queridos para la comunión feliz con Él.

Pero el Dios que fue bondadoso al crearnos ha extremado su inabarcable bondad misericordiosa ofreciéndonos en su Hijo, Jesucristo, un incomparable tesoro de gracia que nos salva y nos hace volver a ser lo que fuimos. Por ello no hay proporción, efectivamente, entre el delito, nuestro pecado, y el don inefable de la gracia salvadora de Dios. Dios se ha desbordado en Cristo. Ahora hemos conocido de verdad “la entrañable misericordia de nuestro Dios”.  El ser humano se había provocado muerte y condena, Dios en Cristo le ofrece justificación y vida. Si en Adán desobediente todos nos constituimos en pecadores Dios, por medio de su Hijo obediente, nos hace de nuevo justos. La ley fue para Israel un signo de la bondad de Dios, pero faltaba la manifestación maravillosa y plena de esa bondad que habría de tener lugar en Cristo y su misterio pascual. La ley era una ayuda pedagógica, Jesús en cambio es sabiduría, justicia, santificación y redención de Dios para el ser humano. Este es el corazón del Evangelio, hacia este centro giremos nuestra vida. La Palabra: fuerza en la tentación… Jesús nos enseña ahora a superar la tentación que nos puede conducir al pecado. La clave es la confianza en Dios y la atención continua a su Palabra. Esa es nuestra fuerza. Jesús, Hijo de Dios, es verdadero hombre por el misterio de la Encarnación. Al ser en todo semejante a nosotros, “menos en el pecado”, él siente también la tentación. Jesús no nos enseña a superar la tentación con un manual sino desde su propia experiencia. Tras su bautismo el Espíritu es quien lo empuja al desierto, lugar donde se aquilata el interior. Que se lo digan al pueblo de Israel, pecador en el desierto pero a la vez objeto del amor de Dios. Israel siempre mirará al desierto cuando quiera empezar de nuevo. El desierto, lugar extremo, deja al descubierto nuestra fragilidad y así, igualmente, nuestra necesidad de Dios que nos encuentra y nos acoge. Jesús va hacer esa experiencia que fraguará su interioridad humana de cara a la misión encomendada. En el desierto Jesús ayuna y al final siente hambre. En medio de su fragilidad experimenta la tentación, como nosotros. El tentador le plantea tres tentaciones: usar su identidad de Hijo de Dios en beneficio propio, servirse de la fe para tentar al mismo Dios y sucumbir a la ambición y al poder que tanto perturba al corazón humano. El tentador toca el centro de la experiencia religiosa de Jesús. La tentación se dirige siempre ahí. El tentador quiere conmocionar nuestro centro. ¿Cómo responde Jesús? Con la Palabra de Dios como expresión de su inquebrantable fe: “No solo de pan vive el hombre”; “no tentarás al Señor tu Dios”; “a Dios solo adorarás”…

La Palabra es la fuerza de Jesús, su referencia absoluta a Dios. En cuanto Dios, Él es el Verbo, la misma Palabra; en cuanto hombre Jesús afianza su relación estrecha con el Padre desde la Palabra. La Palabra ahuyenta al tentador: “Vete”. No hay que tener miedo a la tentación, con la fe y la Palabra obtenemos la fuerza para superarla. Es la magistral enseñanza de Jesús al inicio de la Cuaresma.
Adán y Eva en el instante de la separación. Marc Chagall 1912.

El mejor candidato es Bernie Sanders, y mi voto es para él.

Todo comenzó con el movimiento “Somos el 99%”, y la primera protesta que recibió atención internacional, fue en Wall Street en el parque Zuccotti de la ciudad de Nueva York. Comenzó el 17 de septiembre de 2011 y para el 9 de octubre, las protestas habían tenido lugar o estaban en curso en más de 600 comunidades en Estados Unidos.

Miles de protestantes se mudaron prácticamente para el área que rodea todo Wall Street y los edificios de la bolsa en el downtown de Manhattan, y allí elevaron carpas para dormir, mientras que durante el día las marchas de protestas y las sentadas con pancartas y quejas a toda voz no cesaban acerca del 1%, de los estadounidenses, las personas más ricas de la sociedad que tienen una parte desproporcionada del capital, la influencia política y un poder inmenso en la sociedad, cada año más empobrecida.

Sin duda fue un movimiento sociopolítico progresivo que expresó su oposición a la desigualdad social y económica y a la percepción de falta de “democracia real” no ya en Estados Unidos sino en todo el mundo –donde se le llamó, propagó globalmente como “Occupy” en todo el mundo. Su objetivo principal era promover la justicia social y económica y las nuevas formas de democracia. Las manifestaciones fueron directamente contra las grandes corporaciones (y el sistema financiero global) que controlan el mundo de una manera que beneficia desproporcionadamente a una minoría, socava la democracia y causa inestabilidad.

El movimiento “Somos el 99%” fue disgregregándose a medida que la fuerza policial hizo ilegal las protestas frente a Wall Street y todo el área del downtown de Manhattan, las cárceles se llenaron de activistas. Pero la llama que clama por la justicia seguía viva en el corazón de millones de personas en Estados Unidos. Muchos veces las ideas tienen que madurar, prender, hasta que llega su momento. Y el momento de ese movimiento ha llegado en 2020.

El senado demócrata Bernie Sanders –que se define como socialdemócrata–, aspira a la presidencia de Estados Unidos, el movimiento que le precedió y ahora él nos han hecho conscientes de la trágica situación en que se encuentra este país que habitamos, dizque el más rico y poderoso del mundo. 

La tragedia radica en la inmensa desigualdad económica entre los ciudadanos. Conste, esta es solo una de las situaciones nefastas que atravesamos, hay otras muy fuertes y apremiantes, pero esas las dejamos para otro artículo que lo amerita con urgencia. 

Me preocupa hondamente la realidad de Estados Unidos, que se ha ido deteriorando ante nuestros ojos sin apenas notarlo hasta alcanzar el actual estado de miseria humana, política, social y económica. Tal estado de cosas me mueve a ayudar a elevar la conciencia ciudadana para intentar hallar una solución sin violencia en la que podamos alcanzar el bien común de nuestra sociedad hecha girones por corruptos y autócratas que han alcanzado el poder en estos lamentables momentos de que somos testigos.

Pero si queremos la paz hay que trabajar por la justicia, con determinación, sin miedo, dándole el frente al mal que nos ronda y hiere en más de una forma.

La injusticia nos hace indignos, nos deshumaniza y todo nos hace creer que aparentemente somos impotentes. 

Muy brevemente me refiero al 1 por ciento de la población que domina al país y lo ha transformado en una oligarquía o plutocracia muy difícil de vencer. La democracia de la república ha ido muriendo desde la década del 70, dando paso a un poder casi ilimitado que hoy ostentan y utilizan a su antojo y conveniencia los multimillonarios que nos gobiernan.

La compañía Amazon tuvo en 2018 una ganancia de $11 mil millones de dólares ($11 billions), por la que no pagó ni un centavo en impuestos federales. Y gracias a la ley que permite recortar el pago de impuesto a los ricos, implantada por Donald Trump, Amazon recibió además un reembolso de impuestos de $129 millones del gobierno federal. 

Jeff Bezos, el fundador, dueño y presidente de Amazon, obtuvo un salario en 2018 de $275 millones al día, es decir, ganó $11.5 millones de dólares la hora. El salario promedio de un empleado de Amazon es de $28,000 anuales. Jeff Bezos hace más que eso en 10 segundos, según la publicación Money y otras. Aunque su fortuna no se puede calcular, porque aumenta por hora, la última cifra a la que tenemos acceso indica que en febrero de 2020 esta asciende a $123.9 mil millones de dólares ($123,900 billions).

La compañía Walmart’s obtiene un promedio de ganancias de $14.7 mil millones al año, es decir, recibe $40 millones de ganancias al día.

La familia Walton, dueña de Walmart’s, gana $70,000 por minuto, $4 millones la hora, $100 millones al día.

Un empleado típico de Walmart gana en un año $22,137.

Para algunos críticos, tales cifras son evidencia de que el capitalismo necesita ser reparado. La desigualdad y otras formas de injusticia rampante se han convertido en un tema político aglutinado, y no cabe duda de que este año de elecciones el tema ocupa un lugar prioritario en los votantes que ven en Bernie Sanders a alguien firmemente comprometido con, por ejemplo, un seguro médico universal para toda la población, Medicare for All; la eliminación de la asfixiante deuda de cientos de miles de estudiantes graduados; estudios gratis para todos en los Colleges y Universidades públicas del país. Y claro, un cambio profundo en el injusto sistema de inequidad que vive el país. 

Mucho hablan y dicen preocuparse los políticos,  economistas y sociólogos por la clase media, admiten que un alto número de jefes de familia se han visto en la necesidad de tener más de un trabajo para poder sobrevivir.

Todo esto es tristemente cierto, sin embargo, quiero detenerme en un clase que apenas se menciona, como si fuera un tabú, como si no existiera. Pero existe y crece y se propaga como un mal ante el cual aparentemente no podemos hacer nada. Me refiero a los pobres, esa palabra que tanto molesta. Los indigentes de la población estadounidense, pasmosamente numerosa. 

La tasa oficial de pobreza en 2017 fue del 12.3 por ciento, según los estimados de la Oficina del Censo. Ese año, se estima que 39.7 millones de estadounidenses vivían en la pobreza según la medida oficial.

Pero primero aclaremos qué es ser pobre en Estados Unidos, de acuerdo a la medida oficial que nos da el gobierno. 

Estas cifras muestran lo que debe ganar una persona o una familia para que caiga en el nivel de pobreza:  

                Entrada anual

Una persona que vive sola $ 12,784

Dos personas en un hogar $ 16,274

Una familia de tres personas $ 19,985

Una familia de cuatro personas. $ 25,701

Una familia de cinco personas $ 30,459

Una familia de seis personas $ 34,533

Alguien me puede decir qué familia integrada por tres personas vive con $19,985 al año? Una persona que vive sola, puede sobrevivir con $12,784? Esta cifra es prácticamente $1,000 al mes. Cómo paga el alquiler, el teléfono, la electricidad, la comida, el transporte, los medicamentos, en fin las necesidades básicas de una persona para no morir de hambre o vivir en la calle? 

Estos son los hechos: Más de 39 millones de ciudadanos viven con esa entrada económica, en qué estado de salud física, mental, emocional sobrevive una persona o padres de familia sabiendo que no les alcanza el dinero para llevar comida a la mesa o para confrontar una emergencia de sus hijos? Se ha comprobado que una familia promedio no puede hacerle frente a un asunto económico imponderable que ascienda a $450. No tiene el dinero. Punto.

Según la Oficina del Censo, 18.5 millones de personas reportaron pobreza extrema en 2017. Esto significa un ingreso familiar por debajo del 50 por ciento de la cifra de pobreza de 2017. O sea, si para una familia de cuatro personas, dos adultos y dos niños, digamos, es de $25,701, estos ciudadanos de extrema pobreza ganaron $12,850. No creo necesario imaginar la vida cotidiana de esa familia. Digamos ahora que es un anciano en extrema pobreza (la cifra de este sector de la población es abrumadora), ganaría $6,400 más o menos. Imagina esa vida, cómo es el día a día de ese anciano o anciana? Ya sabemos que muchos de ellos no toman los medicamentos para poder comer algo, o viceversa. Y cada vez se ven más ancianos en refugios, o durmiendo en las calles, a medida que los alquileres en Miami siguen subiendo.

Por tanto, tenemos a 40 millones de pobres, según los índices de pobreza del gobierno, y 19 millones que viven muy por debajo de ese nivel, en extrema pobreza. Eso nos da un total de 59 millones de estadounidenses que subsisten en la pobreza y el sufrimiento absolutos. 

Pero basta de heladas estadísticas, ellas no hacen más que reflejar a seres humanos con rostro y nombre, y sentimientos y familia, y necesidades, como usted y como yo. Por supuesto, las he destacado aquí para tener una idea de la situación en la que estamos. Se podría escribir un artículo sobre el índice de suicidios a nivel nacional, o la cantidad de personas que padecen de enfermedades mentales, muchas debidas a la angustia y la depresión que confrontan en su vida. Tantas cosas se podrían pensar, tantas almas desoladas. Mencionamos a las personas que carecen de seguro médico? A las que otras millones que se quedarán sin él dadas las medidas del presidente Trump? No. No vamos a mencionarlas ahora.

Como el tema es la desigualdad criminal, inhumana que agobia a la nación, termino citando un estudio llevado a cabo por la BBC, basado en datos del Credit Suisse –una compañía de servicios financieros internacional– y Oxfam – un movimiento mundial de personas que trabajan juntas para acabar con la injusticia de la pobreza–. 

El estudio se aplica a todo el mundo, pero tengamos en cuenta que Estados Unidos ocupa un lugar alto en la lista de los países con mayor inequidad:

De acuerdo con el informe, el 1% más rico de la población mundial ahora tiene tanta riqueza como el resto del mundo combinado. 

Oxfam calculó que las 62 personas más ricas del mundo tienen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial.

El 1 por ciento de la población estadounidense está formado por ejecutivos, médicos, abogados y políticos y hombres y mujeres que heredaron una fortuna. Dentro de este grupo de personas hay un subconjunto aún más pequeño y rico, el 1 por ciento de la parte superior, o sea el .01 por ciento de toda la nación. Esas personas tienen ingresos de más de $27 millones anuales, sin contar los bonos de muchos millones más que les regalan sus corporaciones. Contando con el salario nada más, eso significa aproximadamente 540 veces el ingreso promedio nacional.

En total, el 1 por ciento superior de la población controla el 43 por ciento de la riqueza de la nación; el siguiente 4 por ciento controla un 29 por ciento adicional.

La plataforma política de Bernie Sanders es la única que me anima y enciende la esperanza, confieso que hasta ahora ya casi inexistente ante la maldad y el cinismo, la corrupción y la brutal desigualdad que horrorizada veo en Estados Unidos. Es Sanders, el socialdemócrata, el único candidato que puede levantar la nación del pantano en que la ha hundido Donald Trump. Y estoy convencida de que es también el único que lo pude derrotar del poder dictatorial en el que se ha instalado.

Y es que Bernie Sanders habla la verdad, no miente, es consecuente con sus brillantes y compasivas ideas. Es, en suma, el único que verazmente está comprometido con los intereses ciudadanos de clase media y pobres de esta gran nación.

Soy cubanoamericana, llevo 57 años viviendo en Estados Unidos y jamás he estado más avergonzada de mis compatriotas cubanos de lo que estoy ante los que apoyan a Donald Trump. He pensado muchas cosas: lo siguen porque creen que va a acabar con el régimen comunista; porque quieren y les interesa más la política de Cuba que la de este país donde; porque son fanáticos siempre en busca de un caudillo; porque son torpes, no ven el peligro tan inmenso que representa este dictador nazi, este corrupto, canalla y cínico que ha ido socavando, minando las instituciones democráticas del país. No sé que más pensar, incluso justificar en ellos.

Ya no pierdo tiempo ni energía en eso. Cumplo con mi consciencia. Y ni Bernie Sanders es comunista ni yo tampoco.

El discípulo amado

Hoy, 27 de diciembre, la Iglesia celebra la vida y la obra de San Juan, evangelista y apóstol. Aunque todos son necesarios, testimonios verídicos de la vida de Jesús, el evangelio de San Juan es mi favorito. Y por eso no dejo pasar este día sin hacerle un pequeño homenaje al hombre que se llamó a sí mismo “el discípulo amado” del Señor, y lo era, el que ponía su cabeza en el pecho de Jesús, el que se sabía especial, el más querido de todos los apóstoles. Juan redactó el evangelio más espiritual de todos, con un lenguaje sencillo pero altamente teológico, mientras los otros tres evangelios, llamados sinópticos por su parecido en contenido, importantísimos testimonios de la vida de Jesús de Nazaret, el de Juan se centra en el carácter divino de Jesús mucho más que en el humano. Juan da testimonio de Cristo, la tercera persona de la Trinidad, que existía antes de todo, junto a Dios y el Espíritu Santo. Jesús es el nombre de Cristo o sea la Palabra hecha carne, que vino y habitó entre nosotros para mostraros el rostro de Dios, para salvarnos con el mensaje que Dios Padre nos envía con su Hijo. Quien ve a Jesús ve a Dios. Por eso los cuatro evangelios, las cartas de Pablo y ls otras apostólicas, los Hechos de los Apóstoles, el Apocalipsis son textos que nos deben acompañar siempre, leerlos, meditarlos. Ahí está toda la Palabra de Dios.

Abajo he puesto dos de las lecturas bíblicas del día de hoy, ambas bellísimas. Y al final una breve reflexión sobre ellas. Es un testimonio directo de lo que vio, vivió, escuchó, tocó Juan al lado de Jesús durante sus tres años de vida itinerante de predicación de la buena noticia, el Reino De Dios.

Juan fue el único de los discípulos que junto a las mujeres, tuvo la valentía y el amor apasionado que nada detiene de estar al lado de la Cruz cuando Jesús fue crucificado. Fue a quien Jesús –desde la cruz– le encargó a su madre, María, que se fue a vivir con él en Efeso. Me estremece siempre pensar que Jesús lo dio todo por amor, su propia vida e incluso nos dio a su madre para que fuera madre nuestra. Así lo dejó saber desde la cruz, en el evangelio de Juan es la vida de Cristo hecho carne en Jesús, pero la figura que emerge es Cristo, el eterno. Jesús muere, resucita Cristo.



Primera carta del apóstol San Juan 1, 1-4

Queridos hermanos:
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida; pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo.

Evangelio de Juan 20, 2-8


El primer día de la semana, María la Magdalena echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Breve reflexión sobre las lecturas de San Juan

“Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos…”Juan fue de los afortunados que Jesús eligió como apóstol. Durante tres amplios años convivió con Jesús y vivió muy de cerca todo lo que Jesús hizo y todo lo que les comunicó. Por eso, ahora puede decir “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestro propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de Vida… nosotros la hemos visto, os damos testimonio”. Mejor testigo de Jesús imposible. Y nos lo quiere comunicar para que gocemos de la vida y vida en abundancia que Jesús vino a regalarnos.

Nosotros, cristianos del siglo XXI, hemos recibido ese testimonio de Juan sobre Jesús. Pero también a cada uno de nosotros, el mismo Jesús ha salido a nuestro encuentro y nos ha mostrado su cercanía, su amistad, la verdad y el gozo de su menaje, y ha llenado nuestro corazón de vida, de sentido, de esperanza.A nosotros nos queda hacer lo mismo que el evangelista Juan. Comunicar a los demás nuestra experiencia de Jesús, para que también le descubran como el camino verdadero para vivir con ilusión sus días y sus noches.

“Vio y creyó”Acabamos de hablar de la suerte de Juan y los otros apóstoles por tener la experiencia directa de convivir con Jesús. Pero su experiencia se topaba todos los días con Jesús, al que de entrada no veían más que como hombre. Es verdad, poco a poco, fueron descubriendo que era un hombre especial.Jesús no hablaba como los demás hombres. Sus palabras tenían un sonido especial, que superaba los sonidos humanos. Realizaba signos especiales, curaciones que daban a indicar que iba más allá del poder humano. Pero todos los días convivían con el hombre Jesús. Jesús les iba instruyendo para que diesen el paso de verle como hombre y también como Dios, el Hijo de Dios. Un golpe fuerte fue la muerte de Jesús. Juan fue el único apóstol que le acompañó, junto a María y otras mujeres, a lo alto del Calvario y allí lo vio morir. Es fácil sospechar que de no haber resucitado Jesús todo lo suyo se habría derrumbado. Pero Jesús, es la enseñanza del evangelio de hoy, resucitó, y Pedro y Juan, al ver el sepulcro vacío creyeron en él y en todo lo que les había dicho. También en su resurrección y en la que ofrecía a todos sus seguidores. En esta fiesta del apóstol Juan, el “que vio y creyó”, podemos pedir a Jesús que aumente nuestra fe, que le reconozcamos como hombre y Dios verdadero, que nos haga creer y experimentar que resucitó, que nos va  a resucitar y que su camino es el mejor camino para vivir la vida humana.

Fray Manuel Santos Sánchez, OP
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Vida y obra de San Juan

Veinte años tendría escasamente San Juan cuando Jesús le llamó. Fue, sin duda, el más joven de los discípulos y menor que el Maestro en una buena docena de años.

(Mercaba.org)- Ribereño del lago de Tiberíades, ni su género de vida como pescador, ni aquella fogosidad juvenil que le mereció el título de Boanerges (“hijo del trueno”), compartido con su hermano Santiago el Mayor; ni su actividad apostólica en los tiempos heroicos de la primitiva Iglesia palestinense; ni su longevidad casi centenaria, la cual supone una constitución somática vigorosa; ni la intrepidez con que defendió, frente a herejes gnósticos—llamándoles “anticristos”—, la verdadera fe en Jesús Dios-hombre; ni la densidad sublime de su teología y de su mística, basadas, sin embargo, en la realidad histórica: nada de esto autoriza esa figura de jovencito blandengue—casi femenil, si no enfermizo—, tantas veces representada por un arte iconográfico que parece ignorar los datos bíblicos.

Si Juan fue “el discípulo a quien amaba Jesús” y el más joven de los apóstoles, fue también el pescador robusto y vigoroso, el mozo equilibrado y sereno que respetuosamente sabe quedarse en segundo lugar cuando acompaña a Pedro; el hombre varonil a quien Jesús confía de por vida su propia Madre como herencia; el teólogo que, sin perder el contacto con la tierra, sabe elevarse a tales cumbres teológicas como ningún otro escritor neotestamentario, ni siquiera San Pablo. Todo ello supone una personalidad riquisima en cualidades humanas y una entrega interna y externa, total y decisiva, al amor y al servicio del Maestro.

Dos etapas conócense de su vida, separadas por un largo silencio de casi medio siglo. Los detalles de la primera quedaron consignados en los libros sagrados del Nuevo Testamento; los de la segunda, en la más estricta y depurada tradición contemporánea. Entre ambas, la carencia de datos durante ese prolongado silencio.

Respecto de la primera etapa sabemos que Juan era de Betsaida, a orillas del lago, patria también de Pedro. Sus padres fueron Zebedeo y Salomé (¿hermana de San José?). Los hijos de este matrimonio, Santiago y Juan, fueron pescadores, como su padre, pero no de condición precaria, puesto que tenían a su servicio jornaleros, poseían barca propia, pescaban al copo con amplia red barredera, y su madre era una de aquellas piadosas mujeres que con sus bienes sufragaban las necesidades materiales del Maestro.

Juan, su hermano Santiago y su amigo Pedro formaban el grupo predilecto de Jesús, Los tres fueron testigos directos de la resurrección de la hija de Jairo, de la transfiguración de Jesús en el Tabor, de su agonía en Getsemaní. Jesús tuvo tal predilección por Juan que éste se señalaba a sí mismo como “el discípulo a quien amaba Jesús”. En la noche de la cena reclinó su cabeza sobre el costado del Maestro y fue el único discípulo que estuvo al pie de la cruz, a quien Jesús agonizante dejó encomendada su divina Madre.

Su amistad con Pedro fue de siempre. Paisano suyo y compañero de pesca, ellos dos fueron los encargados por Jesús de preparar la ultima cena pascual. También fue Juan, seguramente, el que introdujo a Pedro en la casa del sumo sacerdote durante la noche de la pasión. Y en la mañana de la resurrección ambos comprueban juntos que el sepulcro está vacío. Juntos aparecen también en la curación del paralítico por Pedro, en la detención y en el juicio sufrido ante el Sanedrín, y en Samaria, adonde van en nombre de los Doce, para invocar allí, sobre los ya creyentes, al Espíritu Santo. Y cuando San Pablo, allá por el año 49, vuelve a Jerusalén al final de su primera expedición misionera, encuentra allí a Pedro y a Juan, a quienes califica de “columnas” de la Iglesia.

La segunda etapa de su vida coincide con el último decenio del primer siglo de nuestra era poco más o menos. Juan es ahora el oráculo de los cristianos de la provincia romana de Asia, es decir, del litoral egeo y parte de tierra adentro de la actual Turquía. El centro de su actividad apostólica es siempre Efeso. Él mismo nos dice en el Apocalipsis que estuvo desterrado en Palmos por haber dado testimonio de Jesús. Esto debió de acontecer durante la persecución de Domiciano (años 81-96 d. C.). Su sucesor, el benigno y ya casi anciano Nerva (a. 96-98), concedió una amnistía general, en virtud de la cual pudo Juan volver a Efeso.

El Apocalipsis y las tres cartas de Juan atestiguan igualmente que su autor vive en Asia y que goza allí de extraordinaria autoridad. Y no es para menos. En ninguna otra parte del mundo civilizado, ni siquiera en Roma, quedaban ya apóstoles supervivientes. Y sería de ver la veneración que sentirían los cristianos de fines del primer siglo por aquel anciano que había oído hablar al Señor Jesús, y le habia visto con sus propios ojos, y le habia tocado con sus manos, y le había contemplado en su vida terrena y ya resucitado, y había presenciado su ascensión a los cielos.

Por eso el valor de sus enseñanzas y el peso de sus afirmaciones por fuerza había de ser excepcional y único. Y en este anciano, que al parecer jamás iba a morir—eso anhelaban y, en parte, creían los buenos hijos espirituales del apóstol viendo su longevidad—, encontraban aquellas comunidades cristianas un manantial inagotable de vida en Cristo. De él dependen, en su doctrina, en su espiritualidad y en la suave unción cristocéntrica de sus escritos, los Santos Padres de aquella primera generación postapostólica que le trataron personalmente o se formaron en la fe cristiana con los que habian vivido con él, como San Papias de Hierápolis, San Policarpo de Esmirna, San Ignacio de Antioquía y San Ireneo de Lyón. Y son éstos precisamente las fuentes de donde dimanan las mejores noticias que la tradición nos transmitió acerca de esta última etapa de la vida del apóstol.

A las persecuciones más o menos individuales de Nerón siguióse, bajo Domiciano, una persecución en toda regla. El inmenso poder del divinizado cesar romano se propone aniquilar la inerme Esposa de Cristo. La Bestia contra el Cordero. Y, para colmo, el cúmulo de herejías que entraña el movimiento religioso gnóstico, nacido y propagado fuera y dentro de la Iglesia, intenta corroer la esencia misma del cristianismo. Triste situación la de este nonagenario sobre cuyos hombros pesa ahora, por ser el único superviviente de los que convivieron con el Maestro, el sostenimiento de la fe cristiana. Pero Dios le concedió, providencialmente, tan largos años de vida para que fuera el pilar básico de su Iglesia en aquella hora terrible.

Con su predicación y sus escritos quedaba asegurado el porvenir glorioso de la Iglesia, entrevisto por él en sus visiones de Patmos y cantado luego en el Apocalipsis. Cumplida su obra, el santo evangelista murió ya casi centenario, sin que sepamos la fecha exacta. Fue al final del primer siglo o muy a principios del segundo, en tiempos de Trajano (a. 98-117). Entre estas dos etapas de la actividad apostólica de San Juan existe la gran laguna de un silencio prolongado. Desde el año 49, cuando San Pablo le encuentra todavía en Jerusalén, siendo allí “columna’ de la Iglesia palestinense, hasta cerca del año 90, cuando fue desterrado a Patmos, nada se sabe de él. ¿Dónde estuvo? ¿Qué iglesias evangelizó?

Quizá los hechos hayan de explicarse así: entre el año 66 y el 68 sucedieron muchas cosas que pudieron motivar la marcha de San Juan a Efeso. Por de pronto, la Santísima Virgen, encomendada a los cuidados filiales de Juan, había volado ya en cuerpo y alma a los cielos. Por otra parte, comenzaba en el 66 la espantosa guerra judía que terminaría con la destrucción de Jerusalén por el ejército romano, y, en conformidad con el aviso previo de Jesús, los cristianos de la Ciudad Santa se dispersaron de antemano y se situaron en otras regiones. Ya no era, pues, necesaria la presencia de Juan en Palestina.

Además, hacia el año 67, Pablo, el gran evangelizador del mundo greco-romano, que había permanecido en Efeso más tiempo que en ninguna otra ciudad del Imperio, había sido decapitado en Roma. ¿Cómo dejar abandonada a sí misma la región de Asia, que por su situación, su cultura helenistica y por el estado florecientisimo de sus comunidades, amenazadas de las nuevas corrientes heréticas, podía considerarse como el centro vital de irradiación cristiana? Las circunstancias de Efeso reclamaban la presencia de un apóstol que, como Juan, continuara en Asia la siembra de Pablo y fecundara su desarrollo doctrinal. Para tal obra nadie más a propósito—y quizá ya el único disponible— como aquel animoso Boanerges, el cual, por otra parte, había calado tan hondamente en la comprensión del “misterio” de Jesús.

Estos hechos motivaron seguramente el traslado de Juan a Efeso para ejercer allí su actividad misionera, plasmada luego en sus escritos. Pero el Juan misionero queda como empequeñecido por el Juan escritor. Si con su palabra hablada fue el oráculo del Asia durante muchos años, con sus escritos es y seguirá siendo, a través de los siglos, el “teólogo” y el “místico” por excelencia, el “águila” de los 

evangelistas, la antorcha que ilumina con claridades celestiales el futuro terrestre y eterno de la Iglesia.

Tres son la obras salidas de su pluma incluidas en el canon del Nuevo Testamento: el cuarto evangelio, el Apocalipsis y las tres cartas que llevan su nombre. Los escritos de San Juan son ya el final de los libros sagrados, el último estadio del fieri de la Iglesia naciente, la madurez definitiva de la revelación. Con media docena escasa de ideas, pero cargadas de una densidad teológica inagotable, Juan desarrolla el tema central y aun único de sus escritos: enseñarnos quién es y qué es Jesús: Dios-hombre, luz, vida, verdad y amor.

Los escritos de San Juan son, esencialmente cristocéntricos. Su finalidad es revelarnos las riquezas que se encierran en la persona de Jesús. Su tema central es Jesús, quien, por ser tan realmente hombre y tan realmente Dios, es el revelador del Padre, y es por eso la luz del mundo, y la vida de los hombres, y la clave del universo, que en Él encuentra la razón de su existencia y de su destino.

Juan es, por último, el evangelista de la universal misión maternal de María. Aun prescindiendo de la parte que él pudo tener en transmitir las noticias recogidas en San Lucas sobre la infancia de Jesús, el evangelista San Juan, que tanto simbolismo sabe descubrir en los 

San Juan con la Virgen María.

principales milagros de Jesús, coloca a la Santísima Virgen en el milagro de Caná y al pie de la cruz—principio y fin de la vida pública de Jesús—, como para indicar la presencia permanente de María en la obra de su Hijo y su solícita colaboración maternal con Él.

Hay anécdotas simpáticas, aunque históricamente no del todo seguras, que confirman la amabilidad de este santo anciano, junto con su natural viveza de carácter y el amor en Cristo que a todos profesaba. Cuentan de él que, como descanso para su espíritu, le gustaba entretenerse en acariciar a una tortolilla domesticada que tenía. Buen precedente para San Francisco de Asís… En cierta ocasión—narra San Ireneo—, habiendo ido el bienaventurado apóstol a bañarse en los baños públicos de Efeso, vió que en ellos estaba el hereje Cerinto; e inmediatamente, sin haberse bañado, salióse fuera diciendo: “Huyamos de aquí; no vaya a hundirse el edificio por estar dentro tan gran enemigo de la verdad”. En cambio habiendo sabido que un joven cristiano, educado con miras al sacerdocio, dió luego tan malos pasos que acabó en jefe de bandoleros, hízose llevar el Santo hasta el monte que al ladrón servia de guarida, y, corriendo tras él y llamándole a grandes voces: “¡Hijo mío, hijo mío!”, logró rescatarle para Cristo.

Algunos autores de los primeros siglos cuentan que San Juan resucitó en cierta ocasión a un muerto. Pero el milagro principal fue el sucedido en su propia persona. Refiere Tertuliano que, llevado el apóstol a Roma poco antes de su destierro a Palmos, fue sumergido en una tinaja de aceite hirviendo, de la que salió totalmente ileso y pletórico de renovada juventud, Hay quien pone en duda la historicidad de este hecho, porque ni consta que San Juan estuviera alguna vez en Roma ni de tal milagro se hacen eco los escritores que le conocieron, mientras que Tertuliano, de la iglesia de Africa, difícilmente podía tener información segura. Con todo, la Iglesia romana celebra esta fiesta en su liturgia bajo el título de “San Juan ante portam Latinam”.

Una leyenda curiosa recogió San Agustín. En el sepulcro del santo apóstol—dice—se ve moverse la tierra sobre la parte correspondiente al pecho, como si el cuerpo allí sepultado respirara todavía o palpitara aún su corazón. Simple leyenda desde luego. Pero lo que no es leyenda sino realidad, es que el corazón del santo evangelista sigue palpitando en sus escritos, y que esas palpitaciones son de amor, de admiración, de arrobamiento ante la persona de Jesús, que fue para él la gran revelación de su vida y el centro de su vivir. Y Juan quería que lo fuera también para todos los hombres. Porque Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; Él es la Luz, y la Verdad, y la Vida, y el Amor.

El juicio del presidente

Nancy Pelosi, presidente de la Cámara
de Representantes
Debajo: Charles Schumer, líder de la
minoría del Senado
Debajo: el Presidente Donald Trump y el Presidente del Senado, Mitch McConnell.

Los hombres se dividen en dos bandos, dijo José Martí, los que aman y fundan, los que odian y deshacen. Esta verdad dicha como muchas otras por nuestro liberador y poeta cubano, la recordé observando la violenta turbulencia que estamos atravesando. La comparo a un avión cuando está en medio de una tormenta anunciada para que nos abrochemos los cinturones, y no deja de dar saltos súbitos hacia arriba y hacia abajo en cuestión de segundos, miras a tu alrededor, ves los ojos cerrados y la expresión de horror de los pasajeros, y ya das por seguro que la nave se va a estrellar, a hundir en el mar.

No encuentro mejor símil, porque es una experiencia que conozco y me da  pánico, como el que ahora siento ante el futuro inmediato de Estados Unidos. ¿Caerá la nación en el precipicio o se salvará? Contrario a un accidente aéreo, depende de quienes ganen la batalla decisiva. Los que aman y fundan o los que odian y deshacen.

William Webster, presidente del Consejo Asesor del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, exdirector del FBI (1978-1987) y de la CIA (1987-1991) y el exjuez federal que logró acabar con la mafia de Nueva York bajo el gobierno de Jimmy Carter, escribió una columna de opinión el lunes 16 de diciembre en The New York Times titulada: “Dirigí el FBI y la CIA: Hay una amenaza urgente al país que amo”. En ella el respetado conocedor de eso que se llama peligro, el experimentado y alto dirigente de nuestra Inteligencia nos lo advierte: hay que sacar a Donald Trump de la presidencia, estamos al borde de caer en una dictadura bajo el mando de un monarca, déspota o tirano.

Webster es uno entre más de mil profesionales, funcionarios y distinguidos servidores públicos en varias ramas del saber y del gobierno, que han lanzado la voz de alarma desde hace tiempo. Más de 550 abogados firmaron una carta pidiendo que se destituya al presidente; cientos de psiquiatras y psicólogos hicieron público un documento en el que afirman que Donald Trump padece de trastornos mentales serios. El mismo lunes más de 700 profesores de historia publicaron un documento firmado en el que exponen sus razones por las cuales el presidente debe ser sacado de su cargo.

Los periódicos de la nación cuyos editoriales piden el impeachment aumentan casi a diario. Solo en esta última semana los siguientes rotativos han publicado la visión de su junta editorial: The New York TimesWashington PostUSA TodayLos Angeles TimesSaltLake TribuneTampa Bay TimesOrlando SentinelBoston GlobeNew York Daily NewsChicago Sun-TimesPhiladelphia InquirerSan Francisco Chronicle. Y se sumarán otros. Ni The Miami Herald ni El Nuevo Herald han publicado un editorial, como era de esperar en Miami. Los voceros cubanoamericanos trumpistas están entre comisionados de la ciudad, otros son intimidados en las ondas radiales y la prensa en general se deja intimidar aun cuando el caso es tan grave para conservar la democracia de Estados Unidos. Pero ese tema merece un artículo aparte.

La OTAN, la Unión Europea y organizaciones nacionales importantes han expresado su preocupación con la presente administración. Entre ellos casi todo el Pentágono, que ha ido alarmándose ante las decisiones de Trump y ha denunciado públicamente varias veces la errada política exterior del presidente, que en muchas ocasiones favorecen a Rusia en lugar de a Estados Unidos. Digamos que la gota que colmó la copa y que incluso provocó la renuncia de altos mandos del ejército fue la orden sin consulta previa al Congreso de retirar las tropas estadounidenses de Siria. Ese repudiable acto le dejó a Turquía libre la frontera, densamente poblada por los kurdos. Ni un minuto perdieron los turcos en comenzar la matanza de kurdos, cuyo territorio, Kurdistán, tiene fronteras con Turquía, Irán, Irak y Siria. El vacío dejado por las tropas de EE. UU. les dio luz verde a las tropas turcas, pero no sólo eso, favoreció en alto grado a Putin y lo peor quizá, ha hecho posible el resurgimiento de los terroristas islamistas.

Trump traicionó a los kurdos, y se ha dado crédito, como suele hacer, de la eliminación de los terroristas. Pero la verdad es que sin la guerra sin cuartel de los kurdos los terroristas no habrían sido tan debilitados y el Califato Islámico todavía tendría territorios en el Medio Oriente. Súmesele a esto que fueron los kurdos los que localizaron e hicieron posible el asesinato del líder máximo de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi. 

El magistral Informe Mueller, en el que se evidencia la obstrucción de la justicia y la confabulación de la campaña presidencial de Trump con Rusia para que este ganara las elecciones, dio como resultado la acusación, condena y encarcelamiento de los hombres más ligados a su campaña presidencial y a su presidencia. Todos acusados de crímenes graves, incluyendo a los que están libres todavía, pero que han sido condenados y esperan sentencia. Evito escribir los nombres de todos los implicados el capítulo de esta saga criminal, porque son muchos los delincuentes con estrechos vínculos con el presidente Trump. Lo haré cuando sea estrictamente necesario.

Existen decenas de motivos por los cuales hace tiempo el Congreso, como rama del gobierno con poder de destituir y enjuiciar a un presidente, pudo haber iniciado un proceso contra él. Se esperó a que estuviera listo el Informe Mueller. Sabemos que después del despido de varios miembros de alto rango del FBI, como su exdirector, James Comey, del ex fiscal general Jeff Sessions (porque se había excluido de la investigación de la trama rusa, algo que molestó al presidente, porque confiaba que Sessions le sería leal a él y no a la verdad, Trump nombró como fiscal general, al frente del Departamento de Justicia, la tercera rama del poder del Estado, a William Barr, y este sí sigue las órdenes del presidente ignorando su deber al jurar por la defensa de la democracia y la Constitución y no al presidente, Barr es un cómplice y lacayo de Trump.

En suma, el Informe Mueller evidencia, y así lo corroboró el mismo Mueller ante la audiencia del Congreso cuando fue llamado a testificar, que hubo abuso de poder, obstrucción de la justicia y conspiración entre la campaña presidencial y los rusos.

La Inteligencia y otros expertos en política exterior han escrito o aparecido en televisión diciendo por las claras que el presidente Donald Trump es el peligro mayor que confronta la seguridad nacional.

Fue el quid pro quo que intentó llevar a cabo Trump con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, lo que finalmente le dio al Comité Judicial de la Cámara dos causas para la destitución del presidente: abuso de poder y obstrucción del Congreso, considerados crímenes graves en el Artículo II de la Constitución, donde se indica que es motivo para el impeachment del presidente. Ha quedado ampliamente evidenciado por los testimonios de los implicados directa o indirectamente el intento de soborno y extorsión cometido por el presidente Trump. Para aclarar: Ucrania fue y sigue siendo invadida por Rusia para anexarla a su territorio como hizo con Crimea. Zelensky necesitaba la ayuda económica de Estados Unidos con urgencia, ayuda que ya había sido aprobada por el Congreso para comprar armamentos para la defensa del país. Trump la detuvo y condicionó esa ayuda a cambio de que Zelensky investigara e hiciera públicos elementos dañinos sobre Joseph Biden y su hijo, Hunter. Es decir, negociaba la política exterior del país a cambio de sacar ventajas personales para su campaña presidencial. Eso se llama abuso de poder, pero lo que es peor, es que más tarde se descubrió que había un plan maestro ideado por Putin y promulgado aquí por Trump, que había sido Ucrania y no Rusia la que había intervenido en las elecciones de Estados Unidos en 2016. Trump, en uno de sus impulsos incontenibles, dijo que era verdad, porque “Putin me lo dijo”.

¿A quién conviene que Ucrania no esté armada? ¿A quién le conviene que se crea que fue Ucrania la que intervino en las elecciones? A Vladimir Putin, y Donald Trump es su lacayo.

El estudioso de la Constitución, Noah Feldman dijo ante el Comité que “sin la destitución (incluida en la Constitución), el presidente hubiese sido un monarca electo, con la destitución es un presidente que no está por encima de la ley”.

Ya la Cámara de Representantes votó a favor de la destitución. En enero se celebrará el juicio en el Senado, donde si gana el voto a favor, Trump deja de ser presidente de inmediato.

Pero eso, como sabemos, es difícil que suceda. Porque el aliado más importante que tiene el presidente para poder permanecer en el poder hasta las elecciones de 2020 es el presidente del Senado, Mitch McConnell, que presidirá también el juicio. Este hombre de probados actos de corrupción dijo públicamente lo siguiente: “No hay diferencia entre la posición del presidente y nuestra posición (los republicanos) en cuanto a cómo manejar esto. No existe la posibilidad de que el Senado vote a favor de condenar al presidente”.

Por un instante mediten en esas palabras: quien preside el jurado senatorial anuncia antes del juicio que no va a ser imparcial, lo admitió públicamente llamándole a este proceso un juicio político iniciado por los demócratas.

Pero ese ha sido un error grave del camaján político Mitch McConnell, porque la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, al terminar la votación en la Cámara donde se destituyó por mayoría a Trump el miércoles 18 de diciembre, dio una conferencia de prensa. Y ahí cambió de súbito las reglas del simulacro que iban a llevar a cabo los republicanos liderados por McConnell.

Como ha quedado en manos de la Cámara de Representantes defender la Constitución y la República, y lo hace, con creces, al argumento republicano de que no hay suficiente evidencia de que Trump cometió abuso de poder y obstrucción del Congreso, el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, ha pedido formalmente que vayan a testificar al juicio algunos de los altos funcionarios de la Casa Blanca, testigos directos, oculares, presentes en el crimen. Estos son: Mick Mulvaney, jefe de Gabinete de la Casa Blanca; John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional; Robert Blair, jefe de personal de la Casa Blanca y Michael Duffey, jefe de presupuesto para la seguridad nacional. Mike Pompeo, secretario de Estado, John Bolton, ex asesor de seguridad nacional y otros. Pero el presidente les ha prohibido testificar. Ahí radica la obstrucción del Congreso, en que en todo momento Trump ha impedido que testifiquen algunas personas citadas por la Cámara, ha intimidado a los que han tenido el valor de ir, y los ha descalificado y calumniado por medio de tuits.

McConnell también se niega a que haya testigos en el juicio, ni que se presenten documentos que están en el poder de Trump altamente incriminatorios, no quiere emails, grabaciones, fotos, no quiere nada. Un juicio rápido y que exonere de toda culpa al presidente. ¿No se da cuenta el senador de Kentucky que tiene que jurar antes de comenzar el juicio y en ese juramento aparecen como sagradas las palabras que dicen que será imparcial al ejercer su función? Sería un perjurio, que se paga con cárcel. Es tan torpe lo que hacen los republicanos que no tienen argumentos para defender a Trump que a la vez que se quejan de que no hay pruebas de su culpabilidad, impiden a testigos de primera que asistan al juicio. Es transparente el juicio fraudulento, el delito que están dispuestos a cometer con tal de defender a Donald Trump de todos los desmanes y crímenes que ha cometido y sigue cometiendo siendo presidente.

¿Cómo entender lo que ha sucedido con el Partido Republicano? ¿Qué les ha pasado? Algún día sabremos si fue uno de esos raros fenómenos de culto a la personalidad que a veces aqueja a un pueblo o un partido por el carisma de su líder. Pero, ¿tiene carisma Trump? No lo tiene, pero se ha convertido en  el símbolo de todo lo que han ansiado y ansían la mayoría de los republicanos y la sociedad de consumo, convertida ya en una plutocracia: símbolo poderoso del dinero, poder, codicia, desprecio por las clases pobres, a quienes ocupan por su pobreza (recomiendo el libro Not a Crime to Be Poor. The Criminalization of Poverty in America, de Peter Edelman. El autor es abogado, estudioso y asesor de políticas públicas y profesor de Derecho en el Centro de Leyes de la Universidad de Georgetown. Se especializa en los campos de la pobreza, asistencia pública, justicia juvenil y ley constitucional).

En esta lucha sin precedentes en la historia de esta nación, se ha entrado en un período de estancamiento, de tregua que durará hasta enero, cuando regresen los congresistas de las vacaciones de estos días de fiesta y año nuevo. Se fijará entonces la fecha del juicio. Pero las circunstancias serán muy diferentes. Porque Pelosi decidió retener en la Cámara de Representantes los documentos-artículos de la destitución del presidente hasta no tener la garantía por parte de Mitch McConnell de que se presentarán algunos de los testigos clave que ellos –Pelosi y Schummer–piden: Bolton, Mulvaney, Pompeo, por ejemplo, y todos los documentos pertinentes. Si Trump o McConnell quieren añadir testigos, los demócratas, que han cumplido con su deber ciudadano y de servidores públicos al cumplir con el mandato de la Constitución, no se opondrán.

¿Por qué si el presidente es inocente no quiere que sus asistentes más cercanos, implicados cada uno –hay evidencias y hasta la confesión pública de Mulvaney de que sí hubo soborno y fraude en el caso de Ucrania–, testifiquen en su juicio?

¿Por qué no quieren Mitch McConnell ni Donald Trump que estos cómplices del crimen testifiquen bajo juramento en el juicio contra el presidente?

Porque sería destituido de inmediato. Al fin los ciudadanos sabrían que se hizo justicia: Donald J. Trump saldría de la Casa Blanca al terminar el juicio.

Nota:

Esta es mi primera columna en el periódico online los7dias.com, con el que estaré colaborando, como otros periodistas que los hacían para El Nuevo Herald que ahora han fundado este medio, los7dias.com., Trabajé muchos años en ENH, pero fue decayendo en calidad, credibilidad y ética periodística. El último año, 2017, en que publique ahí todos los viernes, fue difícil. Tuve la suerte, el don de contar con un editor magnifico, Andrés Hernández Alende, director de la sección Perspectiva, Pero aunque no hablábamos de esto, bien sabía yo que la sala de redacción y la dirección del periódico eran republicanos trumpistas, yo empecé a ser una espina muy incómoda en esa publicación. Nunca fui censurada, y se lo debo y agradezco al director de la sección de Opiniones, Hernández Alende, que renunció al Herald al poco tiempo de yo dejarlo y ahora trabaja en los7dias.com, cómo otros buenos columnistas, entre ellos, Otto Rodríguez. Hace mucho tiempo que otros columnista se fueron del Herald a otros medios. 
Pensar que recortaron a una pagina la sección de Opiniones y destacaban a todo dar los horóscopos de Walter Mercado, que en los momentos que atraviesa Estados Unidos, los titulares sobre las investigaciones, evidencias de la intervención de Rusia en las elecciones de 2016 a favor de Trump ocupaban y siguen ocupando un titular mínimo en el quinto o sexto lugar de la noticias. Mientras predominaba la superficialidad y los titulares de primera sobre el noticias mucho menos importantes, el chisme farandulero y evitar por todos los medios actuar como un diario serio sobre lo que es asunto de primera plana en todos los medios estadounidenses y del mundo. No así en El Nuevo Herald. Se prueba la falta de rigor periodístico que tuvo. Una verdadera pena. Pero todo termina y todo comienza. El silencio, la desinformación u ocultamiento de lo que en verdad está sucediendo en este país ahora sigue siendo noticia carente de la importancia que urge para mantener informada a la comunidad hispana. Es una vergüenza para la prensa hispana, El Nuevo Herald se comporta igual a los trumpistas, ya no los voy a llamar republicanos, porque Trump destruyó a ese partido. Se ha convertido en el partido de Trump, como se han quejado varios republicanos que saben y tienen la conciencia de que ellos hicieron un juramento a la Constitución no a un presidente. Los trumpistas que escriben en opiniones, editores y la directiva de El Nuevo Herald, son astutos y oportunistas, insisten en esconder con los malabarismos de otras”noticias”, la grave, gravísima situación que atraviesa Estados Unidos y los crímenes más que comprobados del presidente Donald Trump. Ahí tenemos el Informe Mueller, los testimonios, los documentos, emails, grabaciones y ahora la destitución por parte del Comité Judicial de la Cámara, cuyas audiencias fueron evidencias constantes de que Trump violó la Constitución, es un delincuente que abusó del poder y obstruyó al Congreso. 
Hoy, domingo, The New York Times publica la noticia de que salieron a la luz unos email donde se ordena por parte de Trump la detención de la ayuda a Ucrania, esto sucede a solo 90 minutos de que Trump hablara con el presidente de Ucrania. El artículo se titula: Officials Discussed Hold on Ukraine Aid After Trump Spoke With Country’s Leader. Sabemos que tenía planeado no darle la ayuda a Ucrania hasta que el presidente no investigara y dijera en público todo lo “sucio” que tenían en Ucrania Joseph Biden y su hijo. En otras palabras, detener la ayuda urgente que necesita Ucrania par defenderse de la invasión de Rusia a cambio de ganancia política personal. En todo siempre, ayudando a Putin,se sospecha, de hecho, que trabaja para el monarca ruso.