Alzheimer y la muerte de mi hermana

Esta es mi hermana, Zory, como le decíamos desde que era niña hasta su muerte a los 78 años. Su nombre es Zoraida Amador Morales; la foto es para mí una imagen preciosa y fiel de lo excepcionalmente felices que fueron por más de 50 años ella y su esposo, Eddy Suárez. En verdad se amaron.

Eddy murió hace cuatro años, llevaba tiempo padeciendo de fibrosis pulmonar y enfisema. Había fumado por mucho tiempo. Se le fue haciendo más difícil respirar con los años. Murió atendido por Hospice en su hogar. Podríamos decir que mi hermana empezó a morir más rápidamente el día que él respiró por última vez. Fue lento, agónico ese padecer de Eddy. Zory murió el 3 de agosto de 2021. Sus cenizas las enterramos en la tumba junto a la que contienen las de Eddy, el 17 de agosto, tres días antes de su cumpleaños. Habían comprado las tumbas hacía años para enterrarse de cuerpo entero, pero después decidieron incinerarse.

Mi hermana padecía de demencia del tipo Alzheimer. Pero no murió de esa temible enfermedad, fue de un paro cardíaco, una muerte inesperada, repentina como un rayo. Pero sin truenos que le advirtiera ni a ella ni a nadie lo que se acercaba. Mejor así, apenas sufrió en su momento final, la muerte se la llevó en cuestión de minutos.

Acababa de desayunar, la empleada que le iba a dar las medicinas, me dijo que se veía bien, que parecía estar bien, y cuando la llevó a acostarse, la tapó y fue a recoger la mesa y hacer otras cosas antes de irse me dijo que sintió un sonido extraño que salió de la boca de Zory, no fue un grito. Excepto por su cerebro, su cuerpo gozaba de buena salud, algunas veces le subía o bajaba un poco la presión, aunque tomaba medicamentos para la hipertensión. No padecía de nada que le impidiera caminar o estar sentada. Pero por alguna razón que solo ella sabía o no sabía quiso estar acostada siempre, todo el día y la noche, se levantaba nada más que para ir al comedor y al baño. ¿Qué haría todas esas horas del día sola? Ella prohibió terminantemente que la visitara nadie, y jamás volvió a salir de su casa por casi dos años, en que empeoró su estado notablemente. Sólo iban a verla la muchacha que la atendía por la mañana y por la noche, una amiga de muchos años y algunos médicos, aunque la mayor parte de las citas se llevaban a cabo por internet. Y yo. Pero un buen día me empezó a mirar y decir cosas digamos feas, desagradables, actitud que fue intensificándose hasta que me dijo que nunca más fuera por su casa. No quería verme. Me insultaba, me humillaba, me decía cosas tan horribles que cualquiera se podía dar cuenta de que no estaba bien. Era una mujer muy enferma y yo lo sabía. He consultado con profesionales y leído estudios sobre el Alzheimer y parece ser un síntoma o rasgo común de esa enfermedad: atacar, desconfiar, ser agresiva, culpar e incluso amenazar a alguien muy cercano de su familia. A veces a quien más cercano es. Contra mí fue creciendo un odio que no lo puedo describir, lo vi en sus ojos, lo oí salir de sus labios. Una vez me gritó cuando me aparecí en su casa, como solía hacer, a la hora en que sabía que estaría allá la muchacha que la cuidaba –quería personalmente yo, sin que me lo contaran, ver si estaban dándole las pastillas bien, qué me podía decir en algún momento a solas la empleada, ver a Zory con mis propios ojos, tratar de conversar con ella un poco, sin poder nunca porque no comprendía y no podía unir sus pensamientos, y expresarlos, en fin, saber de su estado, saber de ella, verla–, ese día me dijo agitada que como volviera a su casa se iba a tirar al piso y darse golpes en la cabeza contra la pared y después iba a llamar a la policía para decirle que yo la golpeaba. Le creí. Otra vez se rió mirándome y dijo como quien sabe mucho que yo quería envenenarla (delante de otras personas que estaban allí). La última vez que la vi con vida fue cuando me botó de su casa y me amenazó: “Aquí no vuelvas más”, decidí no hacerlo. Me daba por vencida, yo no podía hacer nada por ella excepto estar al tanto y recordarle a su amiga sus citas con el médico. Y hasta eso se me prohibió, su amiga parece que por órdenes de ella, dejó de contestar mis llamadas, aunque a veces me las devolvía tarde o al otro día, cuando no estuviera con Zory. La situación era insoportable. Solo podía hablar para saber de ella con mi prima, con ella sí hablaba todos los días, a veces varias veces. Y a ella sí le contaba cosas y supe más tarde que a la muchacha que iba a darle las medicinas. Su amiga empezó a cambiar de actitud conmigo inesperadamente, desde que se hizo cargo de sus finanzas, porque Zory no podía ni le interesaba abrir el correo, mucho menos pagar cuentas, hacer nada que no fuera estar acostada. Y esos eran los tiempos que a mí más me entristecían y preocupaban. ¿Qué haría, pensaría –si pensaba–, recordaría todas esas horas? ¿Qué hacía? He leído sobre la agitación que padecen muchos enfermos de Alzheimer, ¿estaría ella en estado de agitación interna sin saber qué hacer? Pero todo era inútil, decía que primero muerta a que nadie estuviera con ella en la casa, quería estar sola encerrada siempre.

Mi hermana sufría de depresión profunda y ansiedad, algo que suelen tener las personas con Alzheimer. Y que nadie me diga otra vez que ellos no sufren porque están “ausentes”, “no piensan” “no saben nada”, etc. Me niego a creer eso. Ellas y ellos tienen momentos de lucidez fugaz. Al principio saben que algo extraño les pasa en su mente, que se olvidan de todo, aunque recuerden bien los años lejanos de sus vidas, tienen alucinaciones, mienten, intentan constantemente disimular su mal. Y sí, sufren, aunque queramos pensar que no. Y me incluyo, par mí lo más espantoso de ver o imaginar que están en una agonía, que sufren. Es más fuerte que yo, por eso creo en el tratamiento paliativo y en Hospice.

Zory empezó a mostrar síntomas de estar “mal de la cabeza” (no voy a dar ejemplos, fueron más que suficientes, variados y de sospechosa intensidad) por lo menos dos años antes que se la diagnosticara la neuróloga. Fue precisamente la razón por la que la llevé a la doctora en enero de 2020. La neuróloga le ordenó un MRI y un SCAN de cerebro, también un encefalograma y un estudio verbal largo, de preguntas y respuestas y una conversación normal con el neurosicólogo que iba anotando todo lo que ella decía o cómo reaccionaba. Recuerdo la tarde en que fuimos a saber el diagnóstico, la doctora lo dijo claramente: leyó el documento: demencia tipo Alzheimer, nos los enseñó. Zory no dijo una sola palabra. Yo tampoco. Le recetó unas pastillas para la memoria, las que se dan en estos casos. Pero la doctora fue clara conmigo estando un momento a solas: “Aquí no se puede hacer nada, esperar.” Las pastillas para la memoria no sirven para nada, que nadie se haga ilusiones. Una vez diagnosticado el temible mal, no hay esperanza, el Alzheimer lo único que hace es avanzar hasta la muerte.

Volviendo a la mañana de su muerte, me cuenta la muchacha que la cuidaba y con quien, por lo que pude apreciar se tomaron mucho afecto y confiaban la una en la otra, que al escuchar el sonido que salió de Zory, corrió a su habitación La vio muy mal, le tomó la presión 80 sobre 50, llamó al Rescue, pero cuando llegaron los paramédicos apenas tenía pulso y estaba casi sin poder respirar. La colocaron sobre el piso, me cuenta, y le dieron descargas de energía con el desfibrilador. Cuando llegaron al hospital ya casi no tenía pulso, se hizo todo lo posible. Mi hermana murió a las 10:45 de la mañana el 3 de agosto de 2021 en la sala de Emergencia del hospital. Era su hora.

La amiga de Zory, a quien de inmediato llamó la muchacha que la cuida y es testigo de lo que pasó, me dijo por teléfono que mi hermana estaba “muy malita, pero no voy a decir nada, yo no hablo más”, me alarmó mucho, no entendía. La muchacha que cuidaba a mi hermana le pidió desde hacía tiempo a la amiga de mi hermana mi teléfono para mantenerme al tanto, pero la amiga de Zory nunca se lo dio. Siendo yo la hermana, la única hermana. Bien, me llamó la amiga y me dijo que estaban tratando de resucitarla. Salí de inmediato para allá. Me abrieron el salón donde estaba. Me acerqué al cadáver, ¿el cadáver de Zory? Zory, ¿muerta? Lloré mucho sin creer lo que veía y yo sabía. Le cerré los ojos que tenía entreabiertos y le hablé al oído: “Te quiero, Zory, te quiero mi hermanita, sabes que nunca nos llevamos muy bien, pero yo te perdono todo, siempre te perdoné, perdóname tu a mí, te quiero, te quise siempre”. Le dije al oído otras cosas, lo que surgía de pronto en mi mente, que era de un dolor paralizante, que me apretaba el pecho. Dolor sí, con un inmenso amor. Lloré mucho viendo su rostro, miré sus manos, las tomé entre las mías, estaban casi transparentes, delgadas como nunca las había visto, heladas. Uno de los mayores deseos de mi vida, de toda mi vida, había sido que mi hermana me quisiera, me aceptara como yo era, nos comprendiéramos, pero nunca me quiso, y sé bien que en el fondo nunca me aceptó.

Se fue Zory. No hablaré más con ella ni la veré más ni escucharé su voz alegre y animosa cuando contestaba el teléfono. Está con Dios, se lo pido desde el fondo de mi corazón, que haya nacido de nuevo a la eternidad. Junto a nuestra Mima, y también con su esposo, Eddy. Con abuela, a quien ella quería de una forma especial, entrañable. Dios se la llevó antes de que tuviera que atravesar la última agonía del Alzheimer. Por eso le doy gracias al Creador.

Mi acto de repudio en El Versailles y otras bajezas de los cubanos trumpistas

A veces, muchas veces, me repugnan a los cubanos. Son como una cucaracha agonizante boca arriba expulsando ese líquido oscuro que sueltan dando pataletas. Pero no los veo morir. Siguen retorciéndose destilando odio. Me estoy refiriendo ahora a los cubanos del exilio que aplauden con sus patas de cucarachas al presidente Trump. Según una encuesta reciente, la mayoría lo apoya, sin importar la fecha en que salieron de Cuba: hace 60 años o hace cinco. 

Después me inspiran una inmensa compasión. Los veo como seres mutilados que cargan heridas abiertas y andan doblados por el peso, la catástrofe, la laceración punzante de saberse sin patria , por haber sufrido –muchos, no todos– sabe Dios cuántos horrores en la isla y el pueblo que maldicen, desde que se fueron. Pobres hombres y mujeres aplastados, condenados, expulsados del Paraíso.

El sábado 26 de septiembre de 2020 en horas de una tarde temprana, fui victima de un acto de repudio en el Versailles, exactamente en la cafetería que queda al lado del restaurante, donde se acude, con hambre y regocijo de compartir por unos instantes nuestra cultura culinaria e identidad. Me gritaron, me levantaron las manos y los brazos amenazantes, aunque nadie me dio un golpe físico. Era más de una docena de hombres y mujeres en un estado magníficamente delirante a toda voz, buena muestra para ser analizadas por antopólogos y psicólogos junguianos, específicamente junguianos.

“¡Comunista!”, me gritaban, otros se reían burlándose de mí y se miraban entre sí. Me odiaban cuando me gritaban, “¡Vete para Cuba!”, “¡Que se vaya!”, “¡Que se vaya!”, “¡Estúpida!”, “¡Comunista!”. Era el estribillo.

El escándalo se formó cuando me tocó el turno de pedir un cortadito y frente a mí había un señor entregándole a una empleada unos documentos, a la vez que le decía: “Ahí está todo, por quién votar y cómo hacer todo”. Yo, en voz baja, estaba muy cerca de él, le pregunté: “¿Por qué usted le indica a una ciudadana por quién votar y que le dé las instrucciones y papeles a las otras empleadas? Votar es un acto libre, es un derecho y un deber, usted parece intimidar” Y entonces me contestó fuera de sí: “¿Por qué se mete en esto? Lo hago porque me da la gana”, y le le dije sin levantar la voz, “Seguro que usted es de los de Trump”. Se puso furioso, ya otros habían escuchado y visto la expresión de rabia de aquel cubano que empezó a hablarme haciendo gestos amenazantes, en voz alta y molesta.

Ardió Troya en el Varsialles. Algunos se levantaron de las mesas, muchos se viraron hacia mí, las empleadas empezaron a gritar “¡Trump!, ¡Trump!, ¡Trump!”, pero no tres veces, muchas, muchas veces lo repetían y aplaudían. 

Se levantaron los que, con sobras de pastelitos u otra comida en la boca, la abrían escupiendo para unirse al coro y repetir frenéticamente el nombre del presidente. Era su líder, su fürer, cómo no defenderlo con todo, aunque se les saliera el café por entre los dientes.

Yo no concebía lo que mis ojos y oídos estaban viendo y escuchando. Me dio un salto el estómago y sentí el impulso de contestarles a todos, mirando a todas partes. Buscándoles sus rostros. “Fascistas, cubanos trumpistas, prepárense porque van a ganar Biden y Kamala!”. Entonces fueron más las risas, se reían con ganas. “¡Vieja comunista!”. Ya la gente ocupaba de pie el centro de la cafetería, allí estaba yo también, casi en el centro, a mi lado se hallaba mi amiga con quien había ido a tomar café allí, que es puertorriqueña, una doctora en medicina con vastos conocimientos en psiquiatría, hoy retirada. No abrió su boca, solo miraba espantada. Ella lleva muchos años viviendo en Miami, nada cubano le es ajeno. Pero esto, esto que estaba viendo, era la primera vez que lo veía, me dijo después muy impresionada. 

En un momento me fijé en un joven que tenía muy cerca, que se reía de mí en mi cara. Y le pregunté: “¡Cuándo saliste de Cuba?” me pudo escuchar a pesar de los gritos de aquellas personas fuera de sí. “Hace 10 años, pero no importa cuándo salimos. Trump es el hombre y va a ganar estas elecciones. Trump!, Trump, Trump!”. Y me miraba mientras repetía el nombre. Me dio lástima y le dije mirándolo a los ojos: “Tienes un caudillo dentro. Lo necesitas. Se llama Fidel Castro, pero gritas Trump. Un nazi, un dictador, un criminal, por ése vas a votar.” Aumentó su risa, el número de sus carcajadas. 

Dije dirigiéndome a todos, alzando la voz, sintiéndome impotente, para que me oyeran: “Además, no es Trump, es Putin a quien él obedece”. Segundo incendio troyano, mucho más fuerte en el Versailles. Incendio de risas histéricas. Incendio de ira tal y como hemos visto que son los actos de repudio en Cuba. “¡Está loca!” oí decir entre las voces. “¡Es una fidelista!”

La cajera que tenía en frente pidió como en súplica que ya, que se acabara aquella “discusión” sobre política. La miré, pagué la cuenta y nos fuimos. Atrás quedaron las risas, ls gritos, incluyendo el de las empleadas que noté nerviosas, de la cafetería del Versailles.

Regresé a casa y leí, minutos después, la noticia sobre el periódico Libre, de extrema derecha, que había estado insertándose por seis meses todas las semanas en el diario donde trabajé muchos años, El Nuevo Herald. 

Y recordé el año 2016, cuando empecé a intuir problemas crecientes en el periódico contra mí porque publicaba artículos en contra de Trump. 

Mi editor, que jamás me censuró a pesar de verse varias veces en apuros por mis columnas y enviarme emails en los que me decía lo que escuchaba en la sala de redaccion sobre mí y lo que escribía, y que debería de evitar decir ciertas cosas ofensivas sobre Trump, porque, según lo que a él le decían “es el presidente de Estados Unidos,  hay que respetarlo”. Además, “nada ha sido probado”. Andrés Hernández Alende, escritor y periodista, no se dejó intimidar, pensaba como yo, es demócrata y sabe de qué podrida madera está hecho Trump. Pero se vio presionado, era demasiado, y yo no cedía, exponiendo mis razones con hechos comprobados por los investigadores y periodistas de prestigiosos periódicos y organizaciones. Yo no escribía mentiras, todo era verdad. Mi trabajo era investigar y difundir la verdad. Fui primera en esas páginas que denunció el asunto del dossier, de la interferencia rusa en las elecciones, que seguí paso a paso, de otras cosas que, según supe, no creían en absoluto los editores y otros periodistas de Herald, derechistas trumpistas, aunque fundamenta lo dicho con fuentes de la más alta credibilidad. Ese es el trabajo muy difícil y gratificador de un buen periodista. Así lo hice durante 2015, 2016, 2017 y 2018, en que en el mes de junio la dirección –las ex directoras hoy– de El Nuevo Herald, marcadamente pro Trump decidieron que yo no escribiera más columnas de opinión en el diario. Después del vergonzoso escándalo de la inserción del periódico Libre, dirigido “por Demetrio Pérez, Jr., el ex miembro de la Junta Escolar de Miami-Dade, delincuente convicto que tiene un pasado oscuro que ha sido cubierto prominentemente por el Herald”. [Lapsos en comunicación llevaron a publicación de suplemento insertado con textos ofensivos.

Por Andrés Veglucci, 20 de septiembre de 2020, El Nuevo Herald].

Me alegro de que McClatchy, la empresa estadounidense dueña de The Miami Herad y El Nuevo Herald haya despedido de su puesto a su directora editorial, Nancy San Martin, y haya sacado también de su cargo, aunque no despedido a la publisher y executive editor de ambos diarios, The Miami Herald y El Nuevo Herald, Mindy Márquez. Su director actual es Jay Ducassy, alguien con vasta experiencia periodística y confiable.

Este es un ejemplo de lo que saió pubicado en Libre y difundido por El Nuevo Herald 

“The columnist wrote that Michelle Obama reminds him of a “black monster” in Dante’s Inferno. Other times, he wrote that Islam is “filth,” Native Americans “primitive” and Africa the “ass of the world.” On another occasion still, he called George Floyd “ugly,” a “common criminal” and the protests over his death at the hands of police “racial whoremongering.” 

And then there’s the time that he wrote, in all apparent seriousness, that Black Lives Matter protesters should summarily be put to death.” 

That’s only a small sample of the work of Roberto Luque Escalona, a Cuban exile writer whose vituperative and obscenity-laced opinion pieces ran in a thick insert named LIBRE that its publisher paid to distribute inside every Friday’s edition of el Nuevo Herald, the Miami Herald’s Spanish-language sister newspaper this year. After ending the relationship with LIBRE last week, Herald newsroom leaders said.

“El columnista escribió que Michelle Obama le recuerda a un” monstruo negro “en El Infierno de Dante. Otras veces, escribió que el Islam es “inmundicia”, los nativos americanos “primitivos” y África el “culo del mundo”. En otra ocasión aún, llamó a George Floyd “feo”, un “criminal común” y las protestas por su muerte a manos de la policía “prostitución racial”.

Y luego está el momento en que escribió, con toda aparente seriedad, que los manifestantes de Black Lives Matter deberían ser ejecutados sumariamente “.

Esa es solo una pequeña muestra del trabajo de Roberto Luque Escalona, un escritor cubano exiliado cuyas opiniones vituperadoras y llenas de obscenidad aparecían en un grueso inserto llamado LIBRE que su editor pagó para distribuir dentro de la edición de cada viernes de el Nuevo Herald. Periódico hermano en español del Miami Herald. 

Por décadas el exilio “histórico” cubano (y ahora mucho de los que siguen llegando), se ha quejado y acusado a El Nuevo Herald de ser comunista, “el Granma” de Miami. De veras que los cubanos pueden ser cerriles. Ese periódico ha estado minado de personal editorial de derecha siempre. No lo sabré yo, que trabajé en su sala de redacción por 10 años. Y como columnista por más de 25.

Así suceden las cosas significativas a las que deberíamos prestrle más atención, si de veras los cubanos quieren una Cuba democrática y donde se respeten los derechos humanos y una prensa libre en un futuro, que veo cada vez más lejano. 

El mismo sábado 20 de septiembre en que me hacían un acto de repudio por expresar mi opinión libre ciudadana en contra de Donald Trump, en respuesta a un intimidador y ser de inmediato llamada “comunista” “estúpida”, “vete para Cuba”, etc., en el restaurante cubano más famoso de este Miami revuelto y brutal, se descubría  que las directoras de El Nuevo Herald, importante diario con decenas de miles de suscriptores, estrechaba sus lazos a escondidas con un divulgador y delincuente trumpista, Demetrio Pérez, Jr., para influir en los votantes hispanos del Sur de la Florida de forma que saliera electo el actual presidente, delincuente, asesino que permitió y propagó mentiras sobre el cobid19, agente de Vladimir Putin, jefe de gobierno de un país enemigo, misógino, psicópata, mentiroso patológico, aspirante a dictador totalitario como Fidel Castro. 

Esos son los cubanos trumpistas, igualitos a los cubanos comunistas. 

doramador12@gmail.com

Algunos artículos publicados en El Nuevo Herald advirtiendo y diciendo la verdad sobre quién es Donald Trump:

Contradicciones de una elección histórica. 10 de noviembre de 2016. https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article113941058.html

La lucha por el alma de nuestra democracia

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article147142429.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article192999514.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article165226102.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article194263574.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article156442489.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article195382909.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article161283343.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article181039131.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article211359589.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article102017137.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article104943806.html

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article58478063.html

Una conversación maestra entre Bede Griffiths, Francisco Lopez-Seivane, Raimundo Panikkar, Sibila Pironti y Fernando Sánchez Dragó

Bede Griffiths —también conocido como Swami Dayananda (‘bienaventuranza de la compasión’)— fue un monje y místico benedictino que vivió en áshrams en el sur de India. En 1958 ayudó a establecer Kurisumala Áshram (Montaña de la Cruz), un monasterio de rito católico griego en Kerala. En 1968 se trasladó a Shantivanam Áshram (Bosque de la Paz) en Tamil Nadú. Aunque se mantuvo como monje católico adoptó algunas ideas hinduistas acerca de la vida monástica. Griffiths escribió doce libros sobre diálogo entre el cristianismo y el hinduismo. Explicó la doctrina hindú del Vedānta con inspiración en el cristianismo, llamada Sabiduría Cristiana.

Dirección y presentación del programa: Francisco de Oleza Le Senne Invitados: Bede Griffiths, Francisco Lopez-Seivane, Raimundo Panikkar Alemani, Sibila Pironti y Fernando Sánchez Dragó

Entrevista a Raimon Panikkar: La unidad trascendente de la espiritualidad y la mística de Oriente y Occidente

Raimon Panikkar, (Barcelona, 3 de noviembre de 1918 – 26 de agosto de 2010, Tavertet, Barcelona, desarrolló una filosofía interreligiosa e intercultural , con una nueva apertura respetuosa al diálogo con otros sujetos y tradiciones no occidentales . Su filosofía tiene como objetivo transformar nuestra civilización que está determinada por un sistema occidental impuesto como única alternativa.  

Su pensamiento es un punto de encuentro entre Oriente y Occidente. En su obra convergen múltiples realidades: la realidad humana con su múltiple origen hindú-cristiano, la realidad académica e intelectual interdisciplinar, pero también intercultural e interreligiosa. De ahí, la importancia que en su pensamiento tiene el diálogo.

Para Panikkar la realidad es siempre más rica que cualquier teorización o conceptualización de la misma. Todo concepto es una parcialización, y ésta es inevitable en la evolución de los múltiples universos culturales.

Obras del autor

  • El indeterminismo científico. Madrid: Nuevas Gráficas, 1945.
  • El sentido cristiano de la vida. Madrid: Samarán, 1945.
  • F. H. Jacobi y la filosofía del sentimiento. Buenos Aires: Sapientia, 1948
  • El concepto de naturaleza: análisis histórico y metafísico de un concepto. Madrid: Instituto Luis Vives de Filosofía, 1951.
  • La India: gente, cultura y creencias. Madrid: Rialp, 1960. ISBN 978-84-321-0137-3
  • Ontonomía de la ciencia: sobre el sentido de la ciencia y sus relaciones con la filosofía. Madrid: Gredos, 1961. ISBN 978-84-249-2087-6
  • Patriotismo y cristiandad: una investigación teológico-histórica sobre el patriotismo cristiano. Madrid: Rialp, 1961. ISBN 978-84-321-0145-8
  • Humanismo y cruz. Madrid: Rialp, 1963. ISBN 978-84-321-0336-0
  • Religión y religiones. Madrid: Gredos, 1965. ISBN 978-84-249-2119-4
  • Los dioses y el Señor. Buenos Aires: Columba, 1967.
  • Técnica y tiempo. Buenos Aires: Columba, 1967.
  • El silencio del Dios. Madrid: Guadiana, 1970. ISBN 978-84-251-0050-5
  • El Cristo desconocido del hinduismo. Madrid-Barcelona: Marova-Fontanella, 1971. ISBN 978-84-244-0256-3
  • Misterio y revelación: hinduismo y cristianismo: encuentro de dos culturas. Madrid: Marova, 1971. ISBN 978-84-269-0127-9
  • Cometas: fragmentos de un diario espiritual de la postguerra. Madrid: Euramérica, 1972. ISBN 978-84-240-0322-7
  • Culto y secularización: apuntes para una antropología litúrgica. Madrid: Marova, 1979 ISBN 84-269-0387-8
  • La Trinidad y la experiencia religiosa. Barcelona: Obelisco, 1989. ISBN 84-7720-095-5
  • Sobre el diálogo intercultural. Salamanca: San Esteban, 1990. ISBN 84-87557-12-0
  • El diálogo interreligioso: la transformación de la misión cristiana en diálogo. Madrid: Darek-Nyumba, 1992. ISBN 84-88059-02-7
  • Elogio de la sencillez: el arquetipo universal del monje. Estella: Verbo Divino, 1993. ISBN 84-7151-796-5
  • La nueva inocencia. Estella: Verbo Divino, 1993. ISBN 84-7151-797-3
  • Paz y desarme cultural. Santander: Sal Terrae, 1993. ISBN 84-293-1104-1
  • La experiencia de Dios. Madrid: PPC, 1994.
  • Pensamiento científico y pensamiento cristiano. Maliaño: Sal Terrae, 1994. ISBN 84-293-1116-5
  • Ecosofía: para una espiritualidad de la tierra. Madrid: San Pablo, 1994. ISBN 84-285-1662-6
  • El silencio del Buddha: una introducción al ateísmo religioso. Madrid: Siruela, 1996. ISBN 84-7844-321-5
  • La experiencia filosófica de la India. Madrid: Trotta, 1997. ISBN 84-8164-143-X
  • La Trinidad: una experiencia humana primordial. Madrid: Siruela, 1998. ISBN 84-7596-609-8
  • Invitación a la sabiduría. Madrid: Espasa Calpe, 1998. ISBN 84-239-7772-2
  • Iconos del misterio: la experiencia de Dios. Barcelona: Península, 1998. ISBN 84-8307-146-0
  • La plenitud del hombre: una cristofanía, Madrid: Siruela, 1999. ISBN 84-7844-476-9
  • El espíritu de la política: homo politicus. Barcelona: Península, 1999. ISBN 84-8307-191-6
  • La intuición cosmoteándrica: las tres dimensiones de la realidad. Madrid: Trotta, 1999. ISBN 84-8164-307-6
  • El mundanal silencio. Barcelona: Martínez Roca, 1999. ISBN 84-270-2490-8
  • El árbol de la vida: la naturaleza en el arte y las tradiciones de la India. Barcelona: Kairós, 2001. ISBN 84-7245-486-X
  • Iconografía del ESPACIO SAGRADO. El Vendrell: March Editor, 2002. ISBN 978-84-95608-02-2
  • El diálogo indispensable: paz entre las religiones. Barcelona: Península, 2003. ISBN 84-8307-532-6
  • Espiritualidad hindú: sanâtana dharma. Barcelona: Kairós, 2005. ISBN 84-7245-577-7
  • De la mística: experiencia plena de vida. Barcelona: Herder, 2005. ISBN 84-254-2391-0
  • Paz e interculturalidad: una reflexión filosófica. Barcelona: Herder, 2006. ISBN 84-254-2424-0
  • Mito, fe y hermenéutica. Barcelona: Herder, 2007. ISBN 978-84-254-2481-6
  • La puerta estrecha del conocimiento: sentidos, razón y fe. Barcelona: Herder, 2009. ISBN 9788425425530
  • La religión, el mundo y el cuerpo (colección de ensayos). Barcelona: Herder, 2014. ISBN 9788425430923

Bibliografía acerca del autor

De Facebook: Acontecimientos importantes

En Facebook tienen en la página principal de cada uno, llamada muro, lugares donde uno supuestamente se da a conocer: profesión, familia, estudios, hobbies, etc. Y de ahí en adelante pues se entra ya en el compartir con los amigos los eventos, las experiencias, quejas, alegrías de su vida. Es una extraordinaria red social, sin duda, con ella estamos menos solos.

Uno de esos lugares del muro está dedicado a los Acontecimientos importantes de nuestra vida. Si quieres escribes ahí lo que ha significado para ti eso, cuáles han sido esos momentos.

Yo he tenido muchos, suficientes. Bellos y horrendos. Elegí escribir solo dos, hasta el momento dos. Son los que copié abajo. Es probable que más adelante continúe añadiendo eso que llamamos acontecimientos importantes de nuestra vida, pero los escribiría aquí en mi blog. Par no escandalizar más a mis “amigos” facebookeanos de lo que ya he hecho.

Vida profesional

Periodista cubanoamericana radicada en Estados Unidos desde 1962. Fue editora y columnista del periódico El Nuevo Herald por 25 años y anteriormente jefa de redacción y editora de reportajes del Noticiero del Canal 23, Univisión, y documentalista del Canal 51, Telemundo. Tiene una Maestria en Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico. Ganó el premio Guillermo Martínez Márquez Excellence in Journalism Award por un artículo investigativo publicado en El Nuevo Herald y cuatro Emmys por tres documentales transmitidos por los canales 23 y 51. Tiene un libro publicado de 1998, La sonrisa disidente.

1 de junio de 2019

25Justo J. Sánchez, Luis Miguel Valdes y 23 personas más11 comentarios1 vez compartidoMe gustaComentarCompartir

Comentarios
  • Ana Kika Bueno, pero tienes que decir claramente quien es esta persona tan valiosa. 😌Eliminar u ocultar esto
  • Esther DelonEsther Delon Fabulosa mi amiguita. Qué maravilla 👏👏♥️♥️👏👏👏👏
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  • Marta Moreno Un “curriculum” maravilloso. Que honra ser tu amiga !!Eliminar u ocultar esto
  • Regina Coyula Pérez-Puelles Antes de saber eso, ya me caías bien. Ahora además te admiro y me pregunto una pregunta q sin dudas alguna vez te habrás hecho: cuál hubiera sido tu vida de quedarte en Cuba.Eliminar u ocultar esto
  • Dora Amador Quizá mejor, no en términos materiales, pero sí identitarios, emocionales, psicológicos. No le deseo el desarraigo infantil que crece contigo a nadie. La salida es una mutilacion, yo no lo sabría decir. Pero sí puedo con toda certeza asegurar que la sa…Ver más2
    • Regina Coyula Pérez-Puelles Gracias por el texto!
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      • Esther DelonEsther Delon Muy doloroso. Yo vi llegar a los niños solos y fue muy pero muy triste. Yo no me hubiese separado de mi hija, pero los padres hicieron lo que creyeron mejor, en aquel momento.
    • Viva 🇨🇺 Cuba libre.
      Un fuerte abrazo.1Eliminar u ocultar esto
  • Regina Coyula Pérez-Puelles Tu caso (q no fue único) forma parte del daño antropológico q hemos sufrido como.sociedad1Eliminar u ocultar esto
  • Dora Amador Si, hay miles o cientos de miles de casos que han destrozado a personas. A mí siempre me ha dado una inmensa compasión las parejas enamoradas que se tuvieron que separa y no nos más se unieron o se vieron. Tantas cosas. Me imagino por ejemplo una mucha…Ver más2Editar o eliminar esto
  • Maria Elena LarreaMaria Elena Larrea Felicidades! Todo eso y más te mereces por tu gran capacidad intelectual.Eliminar u ocultar esto
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Liberación

Hace unos minutos publiqué aquí unas palabras sobre mi vida profesional, que Facebook coloca en el muro personal con el título de Eventos Importantes. Y la ilustración que puse es un muñequito pasando trabajos para escalar en su carrera y vencer obstáculos, trabajos y zancadillas tan comunes en el mundo corporativo. Esa ardua ascensión es con el objetivo de lograr llegar al llamado “éxito”. Resulta cómico, pero no errado. Al final, cuando llega a la cima, la muñequita (se trata en este caso de mí) coloca una bandera. Llegó a la cumbre. Para reírse. El éxito no radica en títulos ni en premios ni en profesión elegida donde te haya ido bien ni en dinero ni en prestigio, nada de eso. El llamado éxito radica en amar y ser amada, en vivir con una consciencia ética basada en valores cristianos, en tener un corazón misericordioso, y last, but not least: en ser quien eres, en serle fiel a tu fibra más íntima, la que te define, la que te dio Dios al momento de crearte con todo su amor. Ese es tu verdadero yo. 
Yo sobreviví inmersa en un falso yo por largos años en mi vida profesional, social y hasta familiar. He sufrido mucho por eso, porque es como llevar una doble vida, tratando de que no te discriminen, te rechacen, te desprecien al no ser como “los otros” “normal”. No lo soy, porque la norma es ser heterosexual, yo soy homosexual, desde que nací. Mi primer amor platónico fue una niña en mi escuela, y yo no entendía mis sentimientos, pero sabía que no eran normales, eran raros, lindos, encantados, atrayentes. Nos pasa a muchas y muchos hasta que más o menos llegamos a la pubertad. 
La bandera que aparece arriba de este escrito es la del arcoíris, la bandera gay. 
Y me siento más en paz conmigo misma y con Dios desde el momento en que decidí dejar de ocultar lo inocultable, porque a fin de cuentas todo el mundo siempre lo ha sabido: es tortillera, es invertida, es del otro lado, es pata, es cachapera). Pero al ser un tema tabú en nuestra sociedad y condenable en la Iglesia católica, a la cual pertenezco (si, soy gay y católica) hasta hace relativamente poco, mi sentimiento era de vergüenza, de punzantemente distinta. Soy de una generación que está en el umbral de la muerte. Soy de la tercera edad, se podrán imaginar lo conmovida y feliz que me siento al ver las nuevas generaciones liberadas, al escuchar y ver al papa Francisco, su aceptación amorosa de las uniones civiles entre dos Mujeres o dos hombres. Al saber que tiene amigos queridos gay, que invitó a almorzar al Vaticana un transexual con su esposa. Ambos españoles. En un momento un homosexual le preguntó con lágrimas en sus mejillas: “Papa Francisco, usted cree que en el cielo habrá algún lugar para mí?” A lo que le respondió Francisco: “Claro que si, Dios te creó como eres y te ama como eres”. 
Habrá dicha mayor para un gay católico que escuchar esas palabras? Como cuando en el ue lo de Brasil a Roma un periodista le preguntó qué pensaba de los homosexuales. Y ardió Troya con la respuesta histórica de Francisco que salió en primera plana de todos los periódicos y canales de TV: “Si una persona es de buena fe, busca a Dios y es gay, quién soy yo para juzgarla?”
Amigos, estamos terminando la Pascua, llega el verano y así sigue el tiempo pasando. Qué bueno. Cada día es un regalo, un don porque dar gracias a la vida. Día a día. 
En esta red social hay de todo, y conversamos de todo. Hoy sentí la necesidad de hablar de este tema espinoso, repugnante para muchos. Quien me quiera bloquear, que lo haga de inmediato, no me interesa su amistad. Tengo muchos intereses en la vida, no los voy a extrañar.
Aunque arriba de este escrito, debajo de la bandera dice Coming out, que en español diríamos Saliendo del Closet, debo aclarar ue nunca estuve encerrada en uno, llevaba doble vida: una personal e íntima como si fuera algo condenable, y otra profesional, en la que no fui feliz, tuve enemigos poderosos que utilizaban mi “otredad”. Para hacerme daño, me he sentido discriminada hasta por amigos intelectuales cubanos a quien yo admiraba mucho. Doloroso. Pero ya pasó. Ahora lo digo contenta y colmada de paz y amor: soy gay y católica, entre otras cosas, porque una es muchas cosas, no solo somos definidos por nuestra orientación sexual.
Abrazo a tod@s l@s amig@s de esta red social.

46Liza Villarino, Luis Miguel Valdes y 44 personas más53 comentarios2 veces compartidoMe gustaComentarCompartir

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Dora Amador

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Coming Out1 de junio de 2019

Hace unos minutos publiqué aquí unas palabras sobre mi vida profesional, que Facebook coloca en el muro personal con el título de Eventos Importantes. Y la ilustración que puse es un muñequito pasando trabajos para escalar en su carrera y vencer obstáculos, trabajos y zancadillas tan comunes en el mundo corporativo. Esa ardua ascensión es con el objetivo de lograr llegar al llamado “éxito”. Resulta cómico, pero no errado. Al final, cuando llega a la cima, la muñequita (se trata en este caso de mí) coloca una bandera. Llegó a la cumbre. Para reírse. El éxito no radica en títulos ni en premios ni en profesión elegida donde te haya ido bien ni en dinero ni en prestigio, nada de eso. El llamado éxito radica en amar y ser amada, en vivir con una consciencia ética basada en valores cristianos, en tener un corazón misericordioso, y last, but not least: en ser quien eres, en serle fiel a tu fibra más íntima, la que te define, la que te dio Dios al momento de crearte con todo su amor. Ese es tu verdadero yo. 
Yo sobreviví inmersa en un falso yo por largos años en mi vida profesional, social y hasta familiar. He sufrido mucho por eso, porque es como llevar una doble vida, tratando de que no te discriminen, te rechacen, te desprecien al no ser como “los otros” “normal”. No lo soy, porque la norma es ser heterosexual, yo soy homosexual, desde que nací. Mi primer amor platónico fue una niña en mi escuela, y yo no entendía mis sentimientos, pero sabía que no eran normales, eran raros, lindos, encantados, atrayentes. Nos pasa a muchas y muchos hasta que más o menos llegamos a la pubertad. 
La bandera que aparece arriba de este escrito es la del arcoíris, la bandera gay. 
Y me siento más en paz conmigo misma y con Dios desde el momento en que decidí dejar de ocultar lo inocultable, porque a fin de cuentas todo el mundo siempre lo ha sabido: es tortillera, es invertida, es del otro lado, es pata, es cachapera). Pero al ser un tema tabú en nuestra sociedad y condenable en la Iglesia católica, a la cual pertenezco (si, soy gay y católica) hasta hace relativamente poco, mi sentimiento era de vergüenza, de punzantemente distinta. Soy de una generación que está en el umbral de la muerte. Soy de la tercera edad, se podrán imaginar lo conmovida y feliz que me siento al ver las nuevas generaciones liberadas, al escuchar y ver al papa Francisco, su aceptación amorosa de las uniones civiles entre dos Mujeres o dos hombres. Al saber que tiene amigos queridos gay, que invitó a almorzar al Vaticana un transexual con su esposa. Ambos españoles. En un momento un homosexual le preguntó con lágrimas en sus mejillas: “Papa Francisco, usted cree que en el cielo habrá algún lugar para mí?” A lo que le respondió Francisco: “Claro que si, Dios te creó como eres y te ama como eres”. 
Habrá dicha mayor para un gay católico que escuchar esas palabras? Como cuando en el ue lo de Brasil a Roma un periodista le preguntó qué pensaba de los homosexuales. Y ardió Troya con la respuesta histórica de Francisco que salió en primera plana de todos los periódicos y canales de TV: “Si una persona es de buena fe, busca a Dios y es gay, quién soy yo para juzgarla?”
Amigos, estamos terminando la Pascua, llega el verano y así sigue el tiempo pasando. Qué bueno. Cada día es un regalo, un don porque dar gracias a la vida. Día a día. 
En esta red social hay de todo, y conversamos de todo. Hoy sentí la necesidad de hablar de este tema espinoso, repugnante para muchos. Quien me quiera bloquear, que lo haga de inmediato, no me interesa su amistad. Tengo muchos intereses en la vida, no los voy a extrañar.
Aunque arriba de este escrito, debajo de la bandera dice Coming out, que en español diríamos Saliendo del Closet, debo aclarar ue nunca estuve encerrada en uno, llevaba doble vida: una personal e íntima como si fuera algo condenable, y otra profesional, en la que no fui feliz, tuve enemigos poderosos que utilizaban mi “otredad”. Para hacerme daño, me he sentido discriminada hasta por amigos intelectuales cubanos a quien yo admiraba mucho. Doloroso. Pero ya pasó. Ahora lo digo contenta y colmada de paz y amor: soy gay y católica, entre otras cosas, porque una es muchas cosas, no solo somos definidos por nuestra orientación sexual.
Abrazo a tod@s l@s amig@s de esta red social.46 Liza Villarino, Luis Miguel Valdes y 44 personas más 53 comentarios 2 veces compartido

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Dora Amador

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Lo divino que nos habita

En el alma”, dice el místico cristiano Meister Eckhart, hay “algo así como una chispa de la naturaleza divina, una luz divina, un rayo, una imagen impresa de la naturaleza divina”.. . . Pero tenemos que hacer contacto con esta chispa divina vaciándonos o soltando todo lo que nos ata. Y entonces conoceremos la unidad que ya existe”.

El maestro de origen indio Eknath Easwaran (1910-1999) lo expresa en términos similares:

“El objetivo real y más elevado de la vida. . . [es] descubrir esta chispa de lo divino que está en nuestros corazones. . . . Cuando nos damos cuenta de este objetivo, descubrimos simultáneamente que la divinidad dentro de nosotros es una y la misma en todos: todos los individuos, todas las criaturas, toda la vida”.

De búsquedas y encuentros

Aquel día todavía no había quemado todo un pasado plasmado en álbumes de fotografías, diarios, cartas y tarjetas de amor, cientos y cientos de columnas de opinión publicadas en El Nuevo Herald por diez años, cuatro Emmys que gané por varios documentales que hice para la televisión de Miami y otros objetos que guardaba como recuerdos que ya no tenían nada que ver con mi nueva vida. Para evitar que ardiera parte del patio o se propagara el fuego descontrolado a la casa, compré varios basureros grandes de aluminio y en ellos arrojé todo aquello. Rocié sobre ellos poco de gasolina y después los fósforos encendidos. Qué dicha verlo todo arder. Lo recuerdo como si fuera hoy, y de esto hace 20 años, la libertad, la redención, un nuevo yo iba surgiendo, más limpio, más puro. Otro paso más que daba rumbo al radical camino que había elegido. O que me eligió. Me sentía renacer, como una nueva creación.

El día al que me refiero en que todavía no había quemado nada fue cuando Madeline Cámara, especialista en temas de estudios cubanos, editora, escritora y profesora de literatura hispanoamericana en la Universidad del Sur de la Florida, se hallaba de visita en casa y frente a mi biblioteca iba escogiendo libros que le dije se llevara, los que quisiera. Recuerdo que ella escogió uno de María Zambrano y luego me contó que fue a partir de aquella lectura que se inició en sus estudios sobre la filósofa española. Yo estaba regalando todos los libros. Vendí muy barato o regalé todo lo que poseía: mi casa y el carro, muebles, cuadros, mi ropa, la de cama y baño, vajillas, utensilios y artefactos, tarecos que componen un hogar, pero quería salir pronto de ellos. No me interesaba el dinero sino irme de Miami para cumplir lo que consideraba un llamado de Dios: ser misionera en Cuba ingresando en la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús. Ante semejante proyecto de vida —era entonces 1998, ese año cumplí 50—, ¿qué significaban posesiones o posiciones? Ya había renunciado a mi trabajo en el periódico, que me dio fama entre algunos cubanos de ser “honesta” y “valiente”, siempre dicho como bajito por teléfono o en persona, después de haber publicado algún artículo que critica a los congresistas cubanoamericanos en Washington, o exigía el fin del embargo o incluso defendía y apoyaba –en aquellos años era peligroso, dado el terrorismo verbal de la radio miamense– a los disidentes. Entre otros (poseedores de micrófonos radiales, verdaderos muy populares) de “dialoguera” y “comunista”. Hoy lo recuerdo divertida. Pero es que jamás evadí la confrontación o la condena pública por defender mis principios, que guiaban mis posiciones políticas, mi ética periodística comprometida con la investigación seria, informar la verdad y exponerla, plasmada todas las semanas en mis artículos, y cuando el tema era Cuba: levantamiento del bloqueo, diálogo, reconciliación, no a la venganza, sí a la justicia, edificando la cultura del reencuentro entre los de acá y los de allá, transición hacia la democracia por medios pacíficos. Con desengaño aún veo que todo fue inútil. De qué sirvieron tantos años de denuncia, de lucha por la libertad, la justicia, la tolerancia aquí y allá?

Y fue así que aquella mujer agotada mental y físicamente, decepcionada, angustiada por una relación amorosa destinada al fracaso, de irse todos los años de vacaciones turísticas por Europa, y en Miami adoración al hedonismo: restaurantes, entretenimiento, actividades culturales, tertulias intelectuales, los placeres, un buen día se descubrió jubilosamente presa en una misteriosa fuerza que la empujaba hacia adentro de sí. El vacío existencial, la falta de sentido de mi vida era casi asfixiante. ¿Para qué vivía? ¿Cuál era mi razón de ser? ¿Por qué ese anhelo, ese deseo no colmado ni aun en los momentos de mayor intimidad amorosa satisfecha?

Todo convergió, no sabría decir cuándo, pero llegó la salvación, una especie de sacudida que me liberaba, me fortalecía, me dignificaba. Cayeron en mis manos la autobiografía de Thomas Merton, La montaña de los siete círculos, su sublime Nuevas semillas de contemplación y muchos otros libros que parecían destinados a mí, porque daban una respuesta a mi crisis, y caían en mis manos de forma curiosamente sincronizada. El castillo interior, de Teresa de Jesús, Las variedades de la experiencia religiosa, del fiósofo William James, algunas obras de la escritora benedictina Joan Chittister, una antología extraordinaria de experiencias personales de conversión religiosa, titulada Conversión y editada por Walter E. Conn, Spiritual Pilgrims: Carl Jung and Teresa of Avila, de John Welch, O. Carm., gran parte de la obra de Thomas Keating, Richard Rohr y más que todo, los evangelios. Primero los fui escuchando como parte de la misa y aprendía de las magistrales homilías de sacerdotes, la mayoría cubanoamericanos, y la sabiduría que habían tenido desde los primeros siglos del cristianismo, los Padres de la Iglesia, los teólogos, los hermeneutas, que prepararon la liturgia dominical y diaria ordenando la lectura de la Palabra (las Sagradas Escrituras) con una primera lectura, usualmente del Antiguo Testamento, seguida por un salmo y culminando con la lectura del evangelio.

Como tomada de una mano invisible fui guiada a adentrarme en la lectura asidua y después, algo más formada, en el estudio de la Biblia. Y fue así que acabé descubriendo la verdad, por medio del Nuevo Testamento –los evangelios –Marcos, Mateo, Lucas y Juan–, las maravillosas cartas de Pablo, los Hechos de los Apóstoles, las cartas de los los discípulos de Jesús, y el Apocalipsis–.

No dejo fuera –¡cómo hacerlo por Dios!– las lecturas que hoy forman parte de mi vida como el aire: el Antiguo Testamento: los profetas, lo salmos, los libros de la Sabiduría, los Proverbios, el Eclesiastés, el Pentateuco (los primero cinco libros de la Biblia, que viene a ser la Toráh de los judíos). Toda una vida quisiera tener solo para estudiarlos, y si algo lamento de mis estudios universitarios, es no haberlos dedicado, además de a la literatura comparada, las Sagradas Escrituras. En ellas, por cierto está la base de mucha de la gran literatura: no habría un Dostoyevski ni un Kafka sin el Libro de Job, un San Juan De la Cruz sin el Cantar de los Cantares, imposible pensar en la obra de Tolstoy, C.S. Lewis, los grandes místicos. Es muy larga, muy profunda la influencia, el fundamento cristiano que creó la civilización occidental. Pero eso es para otro articulo.

Mi ida a misa los domingos se fue convirtiendo en una necesidad mayor y así, llegó el momento en que iba todos los días, bien antes de ir para el trabajo o a la hora del almuerzo. El Nuevo Herald quedaba muy cerca de la Iglesia Jesu, de los jesuitas en el centro de Miami, y me daba tiempo de asistir y regresar después a la oficina. La participación en la Eucaristía diaria y otros sacramentos, además de la sed insaciable que se apoderó de mí, de lecturas y retiros espirituales, mis largos ratos de oración silenciosa frente al Santísimo, y sobre todo, mi lectura de la Biblia completaron el cambio radica de mi vida.

Creo que estaba atravesando lo que llaman midlife crisis. Y deseé mucho, por ejemplo, conocer el mundo que habitaba Merton, adentrarme en la vida de la gente para mí sabia que había huido del mundo hacia los desiertos o montes en busca de soledad y silencio. Me refiero a solitude, no loneliness, hay una gran diferencia.

Fui a un retiro espiritual de una semana a Getsemaní, el monasterio cisterciense —una de las órdenes más estrictas después de los cartujos y los monjes y monjas budistas en sus monasterios— en Kentucky, donde había vivido y escrito el hombre que empezó a colmar mi sed de Dios. Thomas Merton. Uno de los votos que se hacen en esa orden religiosa, además de pobreza, castidad y obediencia es estabilidad. Quiere decir, que cuando entras al monasterio jamás sales de nuevo, no te mudas a ninguna parte. Después, con los años eso cambió un poco, porque los monjes se fueron abriéndoselos más a la formación de conciencia política y social pacífica y de justicia, a crear comunidades de oración y meditación y viajaban, pero siempre regresaban a su lugar. No olvido la entrada a Getsemaní por primera vez: Arriba, tallada sobre la piedra encima de las puertas decía: “Solo Dios”. “Only God”.

Cuando emprendí ese primer y transformador retiro de silencio y soledad con los monjes, ya sabía que aquél vacío solo lo podía llenar Dios, la trascendencia a la que estamos convocados, su Presencia y su amor incondicional en mi interior. Ya para entonces había estado en la Basílica de San Marcos, en Venecia, que me condujo a una fuerte experiencia estética de esplendor religioso, anduve peregrina en Roma, días y días recorriendo lugares sagrados.

Por ejemplo, cómo olvidar la Basílica de Letrán, de cuya historia no sabía nada y resultó ser un signo de confirmación lo que experimenté al entrar en ella, cuando una tarde la visitamos e incomprensiblemente sentí que me acogía como a alguien que regresa a su casa, aquel lugar lo sentí como mi hogar. No entendí, ni lo intenté, sigue y seguirá una experiencia inefable.

En 1995 algo excepcional sucedió en mi vida. Llegó a Miami para dictar unos cursos de ética y dirigir los Ejercicios Espirituales (EE), el jesuita peruano Ricardo Antoncich, de fama internacional por sus obras, charlas y sobre todo, retiros ignacianos (es decir, de Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas y creador de los EE). Yo iba por las noches a la salida del periódico a tomar clases al SEPI (en aquellos años una extensión hispana de la Universidad Barry que ofrecía la Maestría en teología en español) y supe de este retiro que iba a dar Antoncich. Creo que no tomó ni un segundo en que decidiera asistir. El retiro duraba 30 días. Yo no conocía a Ignacio de Loyola ni los Ejercicios Espirituales pero había oído hablar de ellos y por supuesto del maestro jesuita Antoncich, con quien iba a tomar la clase de ética. Y a quien me unió después una honda amistad que duró hasta su muerte, hace poco.

Una alegría muy fuerte, una motivación que era impulsada, estoy convencida, por el Espíritu Santo, llenó todo mi ser al saber que iba hacer los ejercicios. Me dieron el permiso en el trabajo por una semana más de vacaciones a las tres que me pertenecían anualmente. La vivencia de la espiritualidad ignaciana de este retiro fue el hecho más importante o quizá el clímax de todo un proceso de conversión religiosa que estaba teniendo desde la muerte de mi madre en 1991, mi Confirmación en 1992 y mis posteriores búsquedas del sentido del vida. Esos 30 intensos e inolvidables días en que un mundo nuevo se abrió ante mis ojos sellaron mi conversión al catolicismo.

Viajé a Cuba en mayo de 1998, después que se fue de la isla Juan Pablo II. Lo había preparado todo para ir estando el papa allá en enero de ese año, pero el gobierno cubano no me permitió la entrada. Después me llamaron por teléfono y me dijeron que podía solicitar de nuevo, que entonces sí podría ir a Cuba. No entendí nada ni me interesó mucho. Yo vi todo lo que aconteció durante la visita del papa en la televisión de Miami. Muy emocionante, ¿quién iba a imaginar aquello?

Cuando por fin me dieron la entrada, visité a las Religiosas del Sagrado Corazón en La Habana. Había conversado ya varias veces con la provincial de Cuba, Carmen Comella, ya fallecida. Hablamos mucho acerca de mi fuerte deseo de unirme a ellas y su misión. Fue el Padre José Conrado Rodríguez, en una de sus visitas a Miami, el que me las recomendó cuando le hablé del incipiente proyecto que iba tomando forma en mí: regresar para siempre a Cuba como misionera.

Estando conversando con Carmen en su comunidad principal, que era un espacio detrás de la Iglesia de Rosario, en La Habana, de pronto mi corazón dio un salto cuando escuché su voz que me dijo que sí, que me mudara para Cuba, allá haría el noviciado y me quedaría para siempre con ellas. Era solo cuestión de buscar el permiso de entrada del gobierno. Me iría a Puerto Rico a hacer el postulantado, período de un año en el cual la aspirante inicia la vivencia de sororidad, amplía y fortalece la formación cristiana y la experiencia misionera que la lleve, en forma progresiva, a discernir su opción vocacional en el seguimiento de Jesucristo según la identidad o carisma de la Congregación, y hacer gradualmente la transición a la vida consagrada. Luego, en uno o dos años estaría en Cuba. En Puerto Rico, donde había vivido muchos años al salir de Cuba en la década del 60, permanecí casi un año viviendo en diferentes comunidades diseminadas por la isla. La idea era ir formándome en los avatares de esa oblación. No tengo el espacio para contar las numerosas vivencias que me fueron cambiando poco a poco o repentinamente. Experiencias de vida fuertes, que te cambian. Viví entre los más necesitados, gente que sufría, padeciendo la pobreza de ellos en barrios marginales. Mi trabajo era darles clases a los niños que les iba mal en la escuela, muchos eran hijos de drogadictos, de madres solteras hundidas en la más absoluta pobreza.

También pasé meses en la casa de las hermanas mayores, a las que tenía que cuidar, alimentar, cambiarle pañales, hacerles compañía, quererlas. La educación espiritual e intelectual fue más bien realizada en las prácticas de misericordia. Entre tanto esperaba por mi ingreso en Cuba… Era la época en que casi todos los religiosos y religiosas y gran parte del clero eran misioneros extranjeros. Y como había una cuota muy limitada, para que entrara uno en Cuba, otro tenía que irse. Por fin, cuando se venció el tiempo como postulante y debía de entrar en el noviciado, desde la congregación en Cuba llegó la orden de que me enviaran a Chile, allá haría el noviciado hasta que pudiera entrar en mi país.

¡Qué experiencia y formación académica, espiritual, religiosa, misionera, civil y política tan integral recibí en Chile! Fui a residir en Santiago, en otro barrio de la periferia de la capital. Una de las que más me impactaron fue mi trabajo con niños con graves problemas neurológicos desahuciados y abandonados por sus padres. Allá tuve que ir por diez horas diarias dos semanas. Todas las noches antes de irnos a dormir, íbamos a una preciosa capilla que teníamos en la casa. Sobre cojines o recostadas en ellos en el piso, nos colocábamos en círculo alrededor de un altarcito preparado por alguna de nosotras —a la que le tocara ese día— en el centro, con una o más velas, algunas flores o plantas, una imagen, todo colocado sobre un mantel. Era la hora del recogimiento del día, de compartir con nuestra comunidad la jornada que terminaba. Yo residía en la casa de formación con seis chilenas y una peruana. La oración o rezo nocturno consistía en compartir nuestra jornada: ¿Dónde habíamos encontrado a Dios durante ese día, en qué persona o acontecimiento se hizo presente, en que movimiento espiritual interior nuestro? ¿Cómo había sido ese día? La conversación se convertía en una experiencia maravillosa, a veces inquietante, de oración ante ellas y Dios, a veces iba acompañada con lágrimas. Sin duda, la formación religiosa es muy fuerte, transformadora, tan distinta a la vida que llevábamos en el mundo que dejábamos atrás.

El largo e inolvidable tiempo que estuve en Chile, poco antes de terminar el noviciado, fue a verme una nueva superiora de las Religiosas de Cuba. Había terminado el priorato de Carmen Comella, que había sido provincial por nueve años, y ahora era Cristina Colás la que mandaba. Fue inesperadamente dura conmigo. Se me había negado el permiso de entrada a Cuba. Lo menos que pude imaginar en aquellos días llenos de fervor era que un día la provincial cubana me diría que “mi compromiso político previo tendría repercusiones para la Sociedad del Sagrado Corazón y la Iglesia en Cuba”. Entiéndase por “compromiso político previo” haber escrito en El Nuevo Herald por años sobre la disidencia, los turbios asuntos que sucedían dentro de la misma Iglesia, como fue el cierre de la revista Vitral, dirigida por Dagoberto Valdés, hoy director de la excelente revista Convivencia, y también del Centro de Formación Convivencia, un proyecto extraordinario que sienta la hoja de ruta para el futuro de Cuba después de alcanzada la democracia.

Mi denuncia incesante de las injusticias contra hombres y mujeres que luchaban pacíficamente por la libertad, entre ellos los cientos de presos políticos, una oposición que se iba enriqueciendo con cubanos y cubanas valientes, decididos, conscientes de que era la vía pacífica y la formación ética política la que nos llevaría a una democracia sin vuelta atrás jamás a la violencia Por lo menos eso demostraron y siguen demostrando. El más peligroso de todos par el el régimen comunista era Oswaldo Payá —curioso que me lo mencionara la provincial como si fuera anatema, un peligro terrible hablar de ese hombre en la institución católica. Pero a nadie debe sorprender que la Iglesia le dio la espalda y traicionó de muchas formas el excepcional ideario de un católico como Payá que pudo quizá como nadie, llevar a la patria a la anhelada democracia. Uno de los golpes más fuerte que recibí en esa larga y ardiente lucha fue el asesinato por órdenes de Fidel Castro de Oswaldo Payá –estoy segura que fue de su boca que salió a sentencia al opositor que más probabilidades tenía de triunfar en el plebiscito que pedía en el Proyecto Varela–, pero ese es un tema del que he escrito con mucho dolor en otros momentos.

De búsquedas y encuentrAnte la actitud de Cristina Colás (estoy convencida de que si hubiera estado en su lugar Carmen Comella yo sí hubiera entrado en Cuba), decidí de inmediato dejar la congregación y regresar a Miami. Ante mi súbita decisión, las siete hermanas con las que convivía bajo el mismo techo en Santiago trataron de que no me fuera, recuerdo la reunión comunitaria que tuvimos enseguida, y las frases de ellas: “Nosotros somos también voz de Dios, no te vayas”; me conmovió enormemente. Yo no iba a Cuba con idea de unirme a la disidencia, mucho menos de ponerlas a ellas en conflicto con el gobierno, como parece que pensaba Colás, la superiora, sólo quería ir a servir en Cuba. Mi deseo eran tan sencillo: ser el Corazón de Cristo, que es amor, en el corazón de Cuba.

Llegar aquí sin nada material, sin casa ni trabajo ni auto, ¿qué me importaba? Lo devastador, lo aplastante del golpe fue ver que mi proyecto no había sido el de Dios. ¿Me había abandonado Dios? Había confundido el Sagrado Corazón de Jesús con la Sociedad del Sagrado Corazón? Las fundí en una misma espiritualidad, sin duda. La formación religiosa del noviciado es muy fuerte y en mí ardía una llama apasionada por pertenecer, por ser parte de es luz de amor que brota del corazón herido de amor de Jesús, el Cristo. En estado de conmoción, en silencio y leyendo y rezando con la Biblia, fui a vivir a casa de mi hermana por dos semanas en lo que conseguía un apartamento y un carro para empezar a buscar trabajo.

Mi decisión de abandonar súbitamente la vida religiosa fue devastadora, pero también una gracia de Dios, que me hizo experimentar la desolación más honda. Fue cuando más cerca estuve de saber lo que se sentía en un corazón roto, como el de Jesucristo crucificado cuando fue atravesado por una lanza. Acaso solo para que pasara por esa experiencia me condujo Dios a esta loca aventura. Las hermanas cubanas que conocí en Chile –había otra pasando un tiempo en Santiago, además de la superiora que fue a visitarme– fueron mi peor encuentro. Sentí como si las residentes en Cuba estaban totalmente desinteresadas en una cubana de Miami que quería, deseaba fuertemente regresar a su patria. Pero para mí fue una aventura de amor a Cristo y a Cuba. Me bastaron pocos minutos de discernimiento interior para darme cuenta que yo sólo quería servir en Cuba. La superiora me dijo algo que fue cierto. Quedaba claro: Mi vocación no era ser religiosa. Lo que yo quería era regresar para siempre a Cuba. Y regresé a Miami, al exilio del cual tanto había anhelado irme. Aquí llegué a la intemperie. Partiendo de cero, habiendo quemado las naves, pero eso era para mí lo de menos.

Con los días se me fue revelando la verdad. Es que me había equivocado, los planes de Dios eran distintos a los míos. Muy superiores, por supuesto, lo pude ver después, con el paso del tiempo, cuando me fui recobrando lentamente. A los pocos meses de regresar, empecé a trabajar en la Arquidiócesis de Miami, dirigiendo el periódico La Voz Católica, y continué escribiendo columnas de opinión para el Nuevo Herald. En 2006 decidí dedicarme de lleno a trabajar como escritora, traductora y editora free lance, por mi cuenta y me fue bien hasta que me retiré en 2012.

Aunque sigo siendo una mujer de fe de tradición católica, ha cambiado radicalmente mi espiritual. Dejé de creer en la institución de la Iglesia, el clericalismo, el machismo, la misoginia arraigada en la jerarquía católica que vi desnuda en su más absoluta crueldad. Entonces estalló el escándalo de la pedofilia. Siendo yo la directora del periódico católico de la Arquidiócesis pude vivir muy de cerca la mentira, el disfraz, la hipocresía la jerarquía. Lo que se formó cuando empezaron a salir a flote las denuncias de las víctimas fue horrendo. Pero ya todo eso pasó, han pasado muchos años de aquel 2002 en que en Estados Unidos el cardenal de Boston fue descubierto encubriendo a curas pedófilos para “proteger” a la Iglesia de escándalos, y así, miles de niños y niñas fueron violados y abusados sexualmente por curas y obispos, dejando a su paso las víctimas. Entonces, como una pandemia, se propagó por todos el mundo la misma fetidez: a pedofilia era un fenómeno cotidiano en la Iglesia católica universal.

Le doy gracias a Dios por mi liberación, que no se debió a esta infamia descubierta, sino a años de experiencia y contacto con otras tradiciones de fe –budista, hindú, ortodoxa, que me enriquecieron.

Han pasado 17 años del regreso a lo que he empezado a considerar, después de 56 años de exilio, mi país, Estados Unidos. Me he reconciliado amorosamente con Miami que es otra ciudad a la que conocí en las décadas del 80 y 90. Sigo yendo a misa y me considero cristiana, pero mucho más espiritual que religiosa, perdí la fe en la estructura y el clero. Aunque el papa Francisco ha salvado mi fe en traer de reivindicar a la Iglesia que Jesús fundó no la que hicieron de ella los cristianos. Francisco ha hecho renacer mi esperanza en que es posible una transformación radical, mucho más misericordiosa y menos jueza del cristianismo católico.

Me reencontré con Madeline Cámara, después de 20 años —la última vez que la vi fue cuando estaba ella en casa y casi llenamos el baúl de su auto con libros que eligió de la biblioteca–. Nos volvíamos a ver, con años y canas y experiencias que mostraban nuestra pertenencia ya a la tercera edad. Tiempo intensamente vivido por ambas, no hay duda. El reencuentro se dio en un restaurante de St. Petersburg, Florida, que daba por concluido un fin de semana precioso en Tampa. Habíamos recorrido la ciudad, principalmente la martiana Ybor City, una noche de celebración de Halloween digna de la peor película de terror. Pero el viaje tuvo como motivo ver una iluminadora exhibición retrospectiva de Dalí en el museo que lleva el nombre de ese único pintor surrealista que nació del movimiento creado por André Breton en Francia en la década del 20 del siglo pasado. Excepcional exposición. Mis nuevos amigos eran Carmen Díaz, Olga Lastra, y Luis Carlos Silva. Hice el viaje rodeada de científicos cubanos de merecido prestigio. Dos de ellos, Carmen y Luis Carlos, ateos. El trayecto de unas cinco horas fue para mí una inesperada fuente identitaria que necesitaba a gritos, pero no lo sabía. Lo supe por la expansión de un horizonte interno y el gozo pleno de estar allí en aquel momento de puro placer. Carmen y Luis Carlos fueron los autores del mejor de los tiempos que pasamos en la larga trayectoria de un paisaje árido, aburrido, insoportable como es el de la península floridana. De los dos teléfonos móviles de ellos, conectados a las bocinas del auto por bluetooth, salía aquella maravillosa música que me hizo vivir horas de felicidad agradecida a dos personas que, sin embargo, en otras ocasiones me hicieron sentir completamente fuera de lugar, alguien patético, ignorante porque expresé mi fe en Dios. Después intuí algo fundamentalista en ese ateismo. Pero eran encantadores, y tengo amigos agnósticos y ateos. Respeto todas las religiones y a quienes no tienen ninguna. Me gusta la cultura del encuentro, el pluralismo y la inclusión. Aquellos días de museo, música y conversaciones no hubieran motivado estas meditaciones si no fuera porque Madeline nos presentó un proyecto de publicación. Y con autoridad de editora, y también con la cercanía del afecto, me pidió que dejara correr la memoria, que contara de mi viaje hacia Dios y hacia Cuba. Recuerdo que ella llegó algo tarde al encuentro, pero qué alegría volver a verla y abrazarla. Imposible no recordar la última vez que nos habíamos visto. La biblioteca, mi desasimiento, su interés y asombro ante mis planes, y ahora esto.

A los pocos minutos nos pidió, sacando la Revista Surco Sur de su bolso, que escribiéramos para el próximo número algo sobre este viaje: amigos cubanos “de distintas tendencias”, y experiencias de vida reunidos un fin de semana en Tampa. A todos nos tomó de sorpresa el pedido, ¿qué contaría cada uno? La idea resultó interesante y estuvimos de acuerdo.

Y este es el resultado de aquella invitación de Madeline en octubre de 2018. Escribo esto final en mayo de 2020. He editado algo este recuento digamos que de un camino interior recorrido que me transformó. Hoy soy otra y la misma. Como dije me he acercado al budismo, al hinduismo y, algo muy importante, vivo en plena libertad mi orientación sexual gay. Un día muy lejano ya llegué a creer que la relación sexual homosexual era un pecado. Qué equivocada estaba, qué lejos de la verdad que hoy, guiada por los grandes teólogos, Richard Rohr, Ilia Delio y otros de gran actualidad, pero principalmente por las enseñanzas del papa Francisco y mi fe madura, educada, junto a una espiritualidad mucho más honda, seguidora del Cristo universal y de Teilhard de Chardin he alcala razón de ser que buscas creo haberlo encontrado. Me siento colmada, en paz conmigo y con el acontecer del mundo por más tenebroso que nos parezca. Hago lo que puedo. El resto está en manos de mi Dios.

Tengo 71 años, acojo feliz la vejez y la relativa pobreza en que vivo aquí en Miami, ciudad en la que se glorifica el éxito, que éste se evalúa y mide de acuerdo al dinero, el lujo de la casa (o casas) que posees, y muchos lujos materiales. La mía ha sido una vida aventurera, arriesgada, intensa, idealista y muy herida. Pero no creo que este aún al final de mi vida, me quedan años por vivir, pocos, pero quedan. He aprendido a valorar el ahora, como nos enseña Eckhard Tolle, como un tesoro. En eso estoy, aquí, ahora, llena del amor de Dios, de esperanza y de gratitud.

Versión ampliada del ensayo del mismo título publicado originalmente en la revista Surco Sur, de la Universidad de South Florida en septiembre de 2019. Vol. 9 > Iss. 12 (2019).
https://scholarcommons.usf.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1276&context=surcosur

Las tres edades de la mujer

Las tres edades de la mujer. Gustav Klimt. 1905.

Patricia Fernández Miranda
De su blog: Art. E Sin Brújula

Ella nació entre encajes y no en una sábana raída
fue única y muchos llantos a la vez
ella preguntó por qué los pájaros vuelan
y donde termina el arco iris.
Aprendió a escribir en la arena
y coloreó las nubes con pinceles de oro.
Ella descubrió el amor muy pronto.
Reservó su piel para el beso más perfecto.
Conoció la mentira en unos ojos bellos,
no le importó dejar la virginidad en el camino.
Ella se fue sin mirar atrás
en el recodo se quedó prendida de los grandes ventanales
su equipaje llenó de palabras.
En una caja de ébano guardó
todas las imágenes queridas.
Ella dibuja cuanto ha perdido en paredes de cal,
escribe en el aire una lista interminable de hallazgos
ella se fue sin que nadie lo notara
alguien cada día para ella siembra una flor.

Las tentaciones

Lecturas bíblicas y reflexión del Primer Domingo de Cuaresma
Adán y Eva. Marc Chagall, 1960

La Biblia es un conjunto de libros escritos por hombres de fe para hombres y mujeres de fe. No al cinismo, no a la burla ignorante de ateos y agnósticos carentes de un mínimo de cultura o buena voluntad. Por supuesto, que se pueden leer libros de la Biblia sin ser creyente, acercarse a ellos como prodigiosas obras de literatura que contienen casi todos los géneros literarios, o como un historiador en busca de las historias de Israel y del cristianismo, o un exégeta o hermeneuta, que se da al oficio, el afán, el placer de interpretar las Sagradas Escrituras.

Yo me sitúo en el primer y último grupos: soy una mujer de fe que además de rezar con ellas, estudia las escrituras con gran interés y amor. Eso no me impide reconocer, comprobar que la inspiración de Dios llegaba a seres humanos de una determinada época histórica, en la que vivían y practicaban la cultura de su época y que, a medida que pasaban los siglos iban cambiando, de ahí las distintas apreciaciones de un mismo Dios: guerrero, vengativo, “Dios de los ejércitos”, como leemos en tantas partes del Antiguo Testamento implicando Dios en las guerras y conquistas o derrotas del pueblo de Israel. Tenemos también o más que ninguno al Dios misericordioso, amoroso y tierno. Al Dios amante, esposo celoso, como en el maravilloso libro del profeta Oseas. Al Dios hecho carne, “que habitó entre nosotros”. Jesús de Nazaret, que vino a mostrarnos la imagen visible del Dios invisible cuando llegamos a esta era que los cristianos llamamos la culminación de los tiempos.

Los textos del Antiguo Testamento –el Génesis se escribió en el Siglo V antes de Cristo, después de muchos siglos de tradición oral de la historia de la creación del mundo, y pasada de generación en generación– no hay que interpretarlos literalmente, sería un error. Su fin es ofrecernos una gran enseñanza. ¿Cuál fue el pecado de Adán y Eva? Por desobedecer, alejarse de Dios, por querer ser como dioses. Por la soberbia.

Jesús hablaba en parábolas, y las comprendemos a la luz del Espíritu Santo que nos abre el entendimiento. Y cada parábola contiene el gran misterio del Reino de Dios. “A qué se parece el Reino De Dios?”

Además de meditar, y guardar silencio –no lo olvidemos nunca–, es en el silencio donde más nos haba Dios, rezo todos los días con las lecturas bíblicas de la Iglesia católica. Hoy escogí leer las reflexiones que sobre ellas hacen los frailes dominicos, otras veces leo a los jesuitas, o los franciscanos, me guío por personas mu preparadas para escuchar sus meditaciones sobre las lecturas de ese día. Pero no siempre. Muchos días solo leo las lecturas y me quedo reflexionando yo sobre ellas, o en silencio. Cómo me tocan el corazón, qué fue lo que más me impresionó de lo que leí? Qué me resultó particularmente importante en esa lectura? Qué frase se me quedó grabada por sobre las otras, por qué? Que me quiere decir Dios?
La Palabra es viva y eficaz, y Dios nos habla a cada uno de nosotros, personalmente. Se inserta en nuestra vida, en nuestra situación actual y nos habla, nos guía, responde, interpela.
Introducción a las lecturas:

Fray Juan Carlos González del Cerro O.P.
Real Convento de Santo Domingo (Jerez de la Frontera)


Hoy es primer domingo de Cuaresma, tiempo de abundante gracia, que nos invita a confrontar nuestra vida con el Evangelio y a examinar el ritmo de nuestro seguimiento del Señor de cara a la gran celebración de la Pascua. La Cuaresma es para tomársela en serio. La austeridad de estos días nos lleva a hacer un sincero análisis de nosotros mismos y de nuestra relación con Dios. La austeridad cuaresmal nos es propuesta como un modo de evitar la distracción y así centrarnos bien en esa toma de conciencia de nosotros mismos: de lo que somos y de cómo somos, de lo que vivimos y de cómo vivimos, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Por ello es un tiempo maravilloso donde abunda la gracia de Dios. El don de Dios, la luz de Dios, su amor misericordioso quiere colarse en los entresijos de nuestro ser, donde se cuece lo que somos, para reconstruir fracturas, curar heridas, vigorizar lo débil y volver a modelar nuestro “barro”. La clave está en la voluntad de abrir la puerta del corazón a esa Gracia que sobreabunda aunque pueda abundar el pecado. ¡Qué magnífico don! … Las lecturas de hoy nos dan un mensaje extraordinario al respecto animándonos a vivir plenamente y con alegre confianza en Dios el ejercicio cuaresmal.

Primera Lectura
Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7


El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.
Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.
La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».
La mujer contestó a la serpiente:
«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:
“No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».
La serpiente replicó a la mujer:
«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.
Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Salmo 50, 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh, Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda Lectura 
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19
Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno:
pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.
Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.
En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.
Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “He dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Comentario bíblico de Fray Miguel de Burgos Núñez, O.P.
La Cuaresma es uno de los tiempos litúrgicos más determinantes de la vida cristiana porque nos prepara para celebrar la Pascua, es decir, la muerte y la resurrección del Señor. Alguna vez hemos oído que se llama “cuaresma” porque recuerda un número simbólico en la Biblia, bien los cuarenta años del pueblo en el desierto antes de entrar en la tierra prometida y gustar definitivamente la liberación de Egipto; o bien los cuarenta días en que Jesús se nos presenta en el desierto preparándose, como el pueblo, para su gran misión.

Por lo mismo, la Iglesia, las comunidades cristianas, se preparan, en tensión, para celebrar la fiesta central del misterio cristiano. Es uno de los tiempos más importantes de la vida cristiana, ya que la Cuaresma es una unidad con la Semana Santa, con la Pascua.
 Iª Lectura: Génesis (2,7-9;3,1-7): O con Dios creador, o desnudos y sin interioridad.

I.1. La primera lectura de este domingo está tomada del conjunto de Génesis 2-3 en que se nos describe, como una catequesis de alfarero, la creación del hombre del barro de la tierra; la tradición bíblica del paraíso con sus árboles de la vida y de la ciencia del bien y del mal y el mito de la serpiente como prototipo del misterio del mal que aparece misteriosamente para cambiar el rumbo de la creación de Dios. Se atribuye este relato a una escuela catequética conocida como la “yahvista”, porque así, desde el principio, denomina a Dios. Quiere describir al hombre de forma y manera que aparezca lo finito: la materia o el polvo de la tierra, y lo infinito: el soplo de vida que Dios mete en su ser. Es una lucha, la lucha de la libertad, la lucha o pecado de querer ser como Dios y de experimentar la nada entre sus manos.

I.2. El hombre y la mujer, la humanidad entera, “que es el relato vivo de Dios”, porque ha sido creada a su “imagen y semejanza” descubren en el vacío, en el silencio… que querer ser como dioses es una ambigüedad. En ninguna “cosmogonía” antigua [conjunto de teorías míticas, religiosas, filosóficas y científicas sobre el origen del mundo, cada cultura o religión ha tenido y tiene sus propias explicaciones cosmogónicas], se ha podido afirmar como en la Biblia la grandeza del ser humano como “imagen de Dios”. Somos lo que somos, valemos lo que valemos, pero no podemos ser más de lo que somos. El teólogo de esta escuela sabe bien una cosa profundamente misteriosa: que el mal encanta, aunque deje luego a sus espaldas angustia y desolación. Es un vacío como de muerte ¿quién podrá vestir, de nuevo, al ser humano de esperanza y de alegría?I.3.

La humanidad se nos presenta en esta narración, mítica a todos los efectos, como comunidad, no puede ser de otra manera. El hombre está solo y no es quien debe ser hasta que encuentra a la mujer. Esta es la realidad de la naturaleza misma, pero que en su misterio va mucho más allá. A esa comunidad se le entrega todo como don, con la responsabilidad de desarrollar la humanidad futura y cuidar de todo, siguiendo los caminos del bien, sin desordenar el bien por el mal, porque el día que “coman de ese árbol de la ciencia del bien y del mal” (Gen. 2,17) queriendo endiosarse, habrán dejado de actuar a imagen de Dios y eso será su propia destrucción y muerte. Están hechos para la comunión. Son imagen de Dios, han de actuar según corresponde a la imagen, reflejando el actuar de Dios. Dios ha hecho todo como regalo para el ser humano. El varón es un regalo para la mujer y ella para el hombre, en igualdad de dignidad y con el mismo misterio de interioridad divina. El regalo es un signo que expresa la buena voluntad y el amor del su hacedor. Lo grande del regalo es que es un signo de la decisión libre de quien regala. Es expresión de la interioridad. Signo de comunicación que revela lo que está en lo invisible del corazón. Es la revelación del misterio. El relato no se sostiene científicamente en muchos aspectos, pero sí es psicológica y teológicamente profundo. Y eso sí es real, eso nos ocurre y sigue aconteciendo en el misterio de la vida humana. 

IIª Lectura: Romanos (5,12-19): Cristo frente a Adán; la gracia frente al pecado
II.1. Esta es una de las páginas más conocidas de la historia de las teología porque Pablo enfrenta, a su manera, a Adán y a Cristo. Desde la Patrología hasta nuestros días el tema del “pecado original”, o del “pecado de origen” como se dice hoy, no ha dejado de interesar y todavía necesita aportaciones desde muchos puntos de vista. Esta no es una cuestión cerrada, porque el “pecado original” no es simplemente una cuestión biológica de la naturaleza humana ¡de ninguna manera! Pablo se permite escribir en este caso con un género literario que se puede considerar una “sygkrisis” (comparación), reto entre dos personajes o dos realidades, con el fin de poner de manifiesto la importancia y la grandeza de uno respecto a otro.

Los Santos Padres lo hacían desde la simbología del “tipo” y el “antitipo”. El peso de la causa que se debate pretende subrayar el valor del “antitipo” Cristo frente a Adán. Claro, Pablo entiende que la humanidad procede de un solo hombre, cosa que hoy no estamos obligados a aceptar.
II.2. El interrogante que se ha dejado en el comentario al texto del Génesis, halla en este pasaje de la carta de Pablo la respuesta adecuada: a la radicalidad del pecado de Adán, de la humanidad, atañe a la radicalidad de la gracia de Cristo, del amor de Dios. Es uno de los núcleos más densos de la teología paulina en la carta más profunda del apóstol. Pablo es deudor de una mentalidad judía para explicar lo que se ha llamado el “pecado original”. En realidad esta confrontación ya la había abordado, para el tema de la muerte y la resurrección, en 1Cor 15,21-22.45-49. Pero él siempre innova y encuentra nuevas posibilidades y caminos para la esperanza: con Cristo nada está perdido. La ley no pudo enseñar, ni prever lo que Dios mismo iba a poner de manifiesto con Jesucristo. Si la humanidad vive bajo la responsabilidad del pecado en solidaridad, de todos sus pecados: guerras, injusticias… está llamada, por el contrario, a otra solidaridad poderosa: la de la gracia de Cristo.

II.3 Debemos aceptar que el destino de nuestra propia existencia nos orienta a todos los hombres y mujeres (toda la humanidad) en una situación de pecado, incluso no querida o aceptada, pero inevitable. No obstante todos participamos de una responsabilidad con nuestras vidas y así sembramos “pecado” redivivo, para el futuro, con el que nosotros mismos nos hemos encontrado. ¿No estaríamos invitados a la desesperación? ¡De ninguna manera! ¿Por qué? Porque tenemos la promesa firme de la gracia, garantizada por la entrega misma de la vida de Jesús para vencer, en nombre del Dios creador, esta “situación original” de pecado que todos encontramos al nacer.

Evangelio: Mateo (4,1-11): El Hijo de Dios vive nuestra existencia “de verdad”
III.1. Cada evangelista, en el respectivo año litúrgico, nos ofrece su versión de Jesús tentado, como Adán y Eva en el paraíso.

Los que más se parecen, a diferencia de Marcos, son los relatos de Mateo y Lucas. Éste ha cambiado el orden, por razones teológicas; pero el mensaje no puede ser muy distinto en uno y otro, aunque con matices. En el caso de Mateo se intenta poner de manifiesto la fidelidad de lo que los judíos rezan todos los días en el “shema” (Dt 6,4-5: Escucha Israel, el Señor es tu único Dios… y lo amarás con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas). No debemos asombrarnos si decimos y subrayamos que el relato va más allá de lo puntualmente “histórico”, para ser un ejemplo vivo en la comunidad de cómo hay que luchar contra lo que nos deshumaniza en razón de una falsa “divinización”. Porque la divinización es pecado cuando viene de nosotros mismos que no aceptamos nuestra vida ni la de nuestros hermanos los hombres; pero es gracia y salvación cuando viene de Dios como don de la creación y de la redención; entonces es auténtica “theoresis”, como pensaban los “padres” griegos.

III.2. Sabemos que este relato tiene una característica que los expertos le han llamado “haggada”, sobre las tentaciones del pueblo en el desierto, y actualizadas por la tradición cristiana para presentar el verdadero mesianismo de Jesús. Podemos constatar que las respuestas de Jesús están formuladas según los textos bíblicos que aluden al pueblo en esa travesía: La primera respuesta de Jesús es una cita de Dt 8,3 que, a su vez alude a Ex 16,1 ss (el maná). La respuesta a la segunda tentación es una cita de Dt 6,16 que, a su vez, alude a Ex 17,1-7 (las aguas de Massá). La tercera respuesta cita a Dt 6,13 que puede aludir tanto a Ex 32 (el becerro de oro) como a Ex 23,24 y 34,13-17 (mandato de no adorar las divinidades cananeas). Por tanto respuestas que quieren ser ejemplo “corporativo” para la comunidad, porque Jesús con su rechazo es, para Mateo, el Mesías que hace posible un nuevo pueblo hacia Dios. Pero también deberíamos ver aquí lo más personal de Jesús como hombre, como persona, igual que nosotros, que vence… con opciones personales, al ponerse en manos de Dios.

III.3. Tres pruebas, como número simbólico, cumplen de modo perfecto esa oración a Dios. Y así: 1) rechazando convertir las piedras en pan ha amado con todo el corazón; 2) al rehusar poner a Dios a prueba inútilmente, ha amado con toda al alma; 3) no aceptando los reinos que le ponen a sus pies, ha amado con toda las fuerzas. Eso es lo que no fue posible en el paraíso. El rechazo de Jesús a todo lo que se le ofrecía no es una victoria humillante; era lo único que verdaderamente le podía mantener unido a Dios y a todos los hombres. Estas fidelidades de Jesús, fidelidades que se muestran a todo lo largo de su vida, lo harán más humano y más cercano. Jesús, el Hijo de Dios, mientras está en el papel radical de la encarnación no sueña, ni siquiera, con ser Dios o tener su poder. Sería un sueño imposible que deja un gran vacío; así lo han pretendido los hombres, emperadores o no, que han querido ser adorados; pero la verdad es que nunca llegaron a ser dioses, se alejaron de los hombres, eso sí, y se quedaron solos para siempre.

III.4. En este sentido de cómo debemos ver a Jesús en lo más personal, incluso en la praxis humana como Hijo de Dios, cito estas palabras que son muy sugerentes y válidas para el conjunto del relato, aunque se centran en la primera tentación:
“La tentación consiste, pues, en el uso de Dios y de la relación privilegiada con El, como medio para alterar la condición humana en beneficio propio, eludiendo de esta manera la tarea del hombre en el mundo. Dios es visto como protector, y la relación con Él como ventaja personal frente a las fuerzas ocultas y necesidades de la vida, a las que el hombre teme cuando ha experimentado hasta qué punto pueden destrozarle y hasta qué punto está indefenso ante ellas. Así se comprende que la respuesta de Jesús sea una apelación a la condición humana. Si se hubiese tratado de interrogar a Jesús sobre su filiación divina, el redactor podía haber puesto en su boca cualquiera de los pasajes bíblicos relativos a ella que la comunidad primera aplicaba a Jesús (v. gr., Sal 2,8). Pero lo que ahora importa no es la realidad sino el significado de esa filiación divina; y la respuesta de Jesús equivale a decir: la filiación divina no elimina nada de la condición humana. Y el hombre es tal que no vive sólo de pan, sino de todo aquello que procede de Dios, es decir: de toda la realidad de la vida, en cuanto entregada a él para que la domine. Es evidente que hay que satisfacer el hambre, pero sin esperar en los milagros para ello; es evidente que hay que convertir los desiertos en pan, pero no a base de rogativas, sino por el esfuerzo humano: ésta es la condición humana y esto es aquello de lo que “vive el hombre”. Porque Dios no está con él sólo cuando tiene pan, sino también cuando no lo tiene, cuando cree estar sin Él: ya que se le manifiesta precisamente en la llamada a convertir en pan las piedras” (J. I. González Faus, La Nueva Humanidad. Ensayo de Cristología. Vol. I, Madrid, 1974, pp. 182-194).

Seréis como dioses…Todo comienza bien. El ser humano es modelado por el mismo Dios. Con ninguna criatura Dios se prodiga de esa manera, con especial laboriosidad. Ese modelar implica un empeño de Dios en la criatura que modela pues lo hace “a su imagen y semejanza”. Pero no todo queda en barro. En el “material creatural” Dios mismo insufla su propio “aliento de vida” convirtiendo a la criatura humana en “ser vivo”. Y además le coloca en un jardín, le otorga un bello y completo “contexto vital” para su existencia y subsistencia. ¡Qué bondad tan grande! El ser humano, hombre y mujer, es dotado de libertad al haber sido creado a imagen de Dios. Y Dios se ofrece como referencia para vivir bien en esa libertad.

Cuando el ser humano toma consciencia de sí mismo siente el vértigo de la libertad: la tentación. ¿Hacia dónde voy?, ¿sigo la referencia?… Entonces surge la voz del astuto tentador: “seréis como Dios…” Aquí está la raíz de la decisión errada que toma el ser humano en su libertad. Así nos habla el tentador: “¡Sé tú tu Dios! Déjate de referencias, conoce por ti mismo todo, el bien y el mal”. Pero cuando tomamos esta decisión y decidimos ser como dioses, olvidando la referencia divina que nos señala caminos seguros de libertad, terminamos sintiéndonos desnudos, desprovistos, fuera del contexto vital que Dios nos ha otorgado. Esa es la experiencia del pecado.

Al inicio de la Cuaresma recordamos esta realidad de nuestra vida para revisarla. Ante la tentación lo decisivo es no perder la referencia divina pues nos da el criterio y la seguridad para superarla. La otra opción es hacer caso al tentador y abandonarnos a nosotros mismos convirtiéndonos en nuestros propios dioses. En este caso la andadura será al final más corta y fatigosa.

Crea en mí un corazón puro… Pero todo tiene arreglo, ya lo dice el refrán: “lo que bien empieza, bien acaba”. Todo comenzó con la mano de Dios y Él se te vuelve a ofrecer. Levántate, vuelve a tomar esa mano, deja más bien que te tome y te toque de nuevo.

Salmo 50. ¡Misericordia…por tu bondad… por tu inmensa compasión lávame, límpiame, renuévame, no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu, recréame…. crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme… hazme de nuevo, fortalece mi fragilidad! Y Dios nos ha respondido. No nos ha dejado. Nos ha mostrado en Jesucristo su inmensa ternura y misericordia. Así nos ha devuelto la alegría que abre nuestros labios para su alabanza.No hay proporción entre el delito y el don…

San Pablo reflexiona hoy en su extraordinaria Carta a los Romanos sobre el alcance de la respuesta divina, en Cristo, al hombre pecador. Es la experiencia del propio Pablo. La luz que vio en el camino de Damasco le hizo comprender dos cosas: su pecado y el enorme alcance de la Gracia de Dios. Esta experiencia tumbativa, nunca mejor dicho, es la que le permitió al Apóstol llegar a esta reflexión tan hermosa que nos ofrece hoy en la Carta a los Romanos y que sin duda nos anima en el inicio de la Cuaresma. La realidad es clara: todos pecaron desde Adán y el pecado ha traído muerte, pues nos circunscribe a nosotros mismos alejándonos de la fuente de la vida que es Dios, desdibujando los contornos de nuestra verdadera dignidad en cuanto hijos amados y queridos para la comunión feliz con Él.

Pero el Dios que fue bondadoso al crearnos ha extremado su inabarcable bondad misericordiosa ofreciéndonos en su Hijo, Jesucristo, un incomparable tesoro de gracia que nos salva y nos hace volver a ser lo que fuimos. Por ello no hay proporción, efectivamente, entre el delito, nuestro pecado, y el don inefable de la gracia salvadora de Dios. Dios se ha desbordado en Cristo. Ahora hemos conocido de verdad “la entrañable misericordia de nuestro Dios”.  El ser humano se había provocado muerte y condena, Dios en Cristo le ofrece justificación y vida. Si en Adán desobediente todos nos constituimos en pecadores Dios, por medio de su Hijo obediente, nos hace de nuevo justos. La ley fue para Israel un signo de la bondad de Dios, pero faltaba la manifestación maravillosa y plena de esa bondad que habría de tener lugar en Cristo y su misterio pascual. La ley era una ayuda pedagógica, Jesús en cambio es sabiduría, justicia, santificación y redención de Dios para el ser humano. Este es el corazón del Evangelio, hacia este centro giremos nuestra vida. La Palabra: fuerza en la tentación… Jesús nos enseña ahora a superar la tentación que nos puede conducir al pecado. La clave es la confianza en Dios y la atención continua a su Palabra. Esa es nuestra fuerza. Jesús, Hijo de Dios, es verdadero hombre por el misterio de la Encarnación. Al ser en todo semejante a nosotros, “menos en el pecado”, él siente también la tentación. Jesús no nos enseña a superar la tentación con un manual sino desde su propia experiencia. Tras su bautismo el Espíritu es quien lo empuja al desierto, lugar donde se aquilata el interior. Que se lo digan al pueblo de Israel, pecador en el desierto pero a la vez objeto del amor de Dios. Israel siempre mirará al desierto cuando quiera empezar de nuevo. El desierto, lugar extremo, deja al descubierto nuestra fragilidad y así, igualmente, nuestra necesidad de Dios que nos encuentra y nos acoge. Jesús va hacer esa experiencia que fraguará su interioridad humana de cara a la misión encomendada. En el desierto Jesús ayuna y al final siente hambre. En medio de su fragilidad experimenta la tentación, como nosotros. El tentador le plantea tres tentaciones: usar su identidad de Hijo de Dios en beneficio propio, servirse de la fe para tentar al mismo Dios y sucumbir a la ambición y al poder que tanto perturba al corazón humano. El tentador toca el centro de la experiencia religiosa de Jesús. La tentación se dirige siempre ahí. El tentador quiere conmocionar nuestro centro. ¿Cómo responde Jesús? Con la Palabra de Dios como expresión de su inquebrantable fe: “No solo de pan vive el hombre”; “no tentarás al Señor tu Dios”; “a Dios solo adorarás”…

La Palabra es la fuerza de Jesús, su referencia absoluta a Dios. En cuanto Dios, Él es el Verbo, la misma Palabra; en cuanto hombre Jesús afianza su relación estrecha con el Padre desde la Palabra. La Palabra ahuyenta al tentador: “Vete”. No hay que tener miedo a la tentación, con la fe y la Palabra obtenemos la fuerza para superarla. Es la magistral enseñanza de Jesús al inicio de la Cuaresma.
Adán y Eva en el instante de la separación. Marc Chagall 1912.