De búsquedas y encuentros

Aquel día todavía no había quemado todo un pasado plasmado en álbumes de fotografías, diarios, cartas y tarjetas de amor, cientos y cientos de columnas de opinión publicadas en El Nuevo Herald por diez años, cuatro Emmys que gané por varios documentales que hice para la televisión de Miami y otros objetos que guardaba como recuerdos que ya no tenían nada que ver con mi nueva vida. Para evitar que ardiera parte del patio o se propagara el fuego descontrolado a la casa, compré varios basureros grandes de aluminio y en ellos arrojé todo aquello. Rocié sobre ellos poco de gasolina y después los fósforos encendidos. Qué dicha verlo todo arder. Lo recuerdo como si fuera hoy, y de esto hace 20 años, la libertad, la redención, un nuevo yo iba surgiendo, más limpio, más puro. Otro paso más que daba rumbo al radical camino que había elegido. O que me eligió. Me sentía renacer, como una nueva creación.

El día al que me refiero en que todavía no había quemado nada fue cuando Madeline Cámara, especialista en temas de estudios cubanos, editora, escritora y profesora de literatura hispanoamericana en la Universidad del Sur de la Florida, se hallaba de visita en casa y frente a mi biblioteca iba escogiendo libros que le dije se llevara, los que quisiera. Recuerdo que ella escogió uno de María Zambrano y luego me contó que fue a partir de aquella lectura que se inició en sus estudios sobre la filósofa española. Los estaba regalando todos. Vendí muy barato o regalé todo lo que poseía: la casa y el carro, muebles, cuadros, mi ropa, la de cama y baño, vajillas, utensilios y artefactos, tarecos que componen un hogar, pero quería salir pronto de ellos. No me interesaba el dinero sino irme de Miami para cumplir lo que consideraba un llamado de Dios: ser misionera en Cuba ingresando en la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús. Ante semejante proyecto de vida —era entonces 1998, ese año cumplí 50—, ¿qué significaban posesiones o posiciones? Ya había renunciado a mi trabajo en el periódico, que me dio fama entre algunos cubanos de ser “honesta” y “valiente”, siempre dicho en persona y sobre lo bajito, y entre otros (poseedores de micrófonos radiales, verdaderos terroristas verbales muy populares) de “dialoguera” y “comunista”. Hoy lo recuerdo divertida. Pero es que jamás evadí la confrontación o la condena pública por defender mis principios, que guiaban mis posiciones políticas, mi ética periodística comprometida con la investigación seria, informar la verdad y exponerla, plasmada todas las semanas en mis artículos, y cuando el tema era Cuba: levantamiento del bloqueo, diálogo, reconciliación, no a la venganza, sí a la justicia, edificando la cultura del reencuentro entre los de acá y los de allá, transición hacia la democracia por medios pacíficos.

Y fue así que aquella mujer agotada mental y físicamente, decepcionada, angustiada por una relación amorosa destinada al fracaso, de irse todos los años de vacaciones turísticas por Europa, y en Miami adoración al hedonismo: restaurantes, entretenimiento, actividades culturales, tertulias intelectuales, los placeres de la vida, un buen día se descubrió jubilosamente presa en una misteriosa fuerza que la empujaba hacia adentro de sí. El vacío existencial, la falta de sentido de mi vida era casi asfixiante. ¿Para qué vivía? ¿Cuál era mi razón de ser? ¿Por qué ese anhelo, ese deseo no colmado ni aun en los momentos de mayor intimidad amorosa satisfecha?

Todo convergió, no sabría decir cuándo, pero llegó la salvación, una especie de redención que me liberaba, me fortalecía, me dignificaba. Cayeron en mis manos la autobiografía de Thomas Merton, La montaña de los siete círculos, su sublime Nuevas semillas de contemplación y muchos otros libros que parecían destinados a mí, porque daban una respuesta a mi crisis, y caían en mis manos de forma curiosamente sincronizada. El castillo interior, de Teresa de Jesús, Las variedades de la experiencia religiosa, del fiósofo William James, algunas obras de la escritora benedictina Joan Chittister, una antología extraordinaria de experiencias personales de conversión religiosa, titulada Conversión y editada por Walter E. Conn, Espiritual Pilgrims: Carl Jung and Teresa of Avila, de John Welch, O. Carm., gran parte de la obra de Thomas Keating, y más que todo, los evangelios. Primero los fui escuchando como parte de la misa y aprendía de las buenas homilías de buenos sacerdotes sobre ellos y la sabiduría que habían tenido desde siglos los padres De la Iglesia De la Iglesia y os teólogos y hermeneutas que prepararon la liturgia dominica y diaria de revelar en la primera lectura, usualmente del Antiguo Testamento, seguido por un salmo y la culminación de las lecturas bíblicas de la misa (el pan de la Palabra, como conocemos esa primera parte de la celebración, seguido de la transubstanciación del pan y del vino en cuerpo y sangre de Cristo en la segunda y final parte del sacramento de la eucaristía. Como tomada de una mano invisible fui guiada a adentrarme en la lectura asidua y después, algo más formada, en el estudio de la Biblia. Y fue así que acabe descubriendo la verdad, por medio del Nuevo Testamento –los evangelios –Marcos, Mateo, Lucas y Juan–, las maravillosas cartas de Pablo, los Hechos de los Apóstoles, las cartas de los los discípulos de Jesús, y el Apocalipsis–.

No dejo fuera, cómo hacerlo por Dios, las lecturas que hoy forman parte de mi vida como el aire: el Antiguo Testamento: los profetas, lo salmos, los libros de la Sabiduría, los Proverbios, el Eclesiastés, el Pentateuco (los primero cinco libros de la Biblia, que viene a ser la Toráh de los judíos). Toda una vida quisiera tener solo para estudiarlos, y si algo lamento de mis estudios universitarios, es no haberlos dedicado, además de a la literatura comparada, a las Sagradas Escrituras, en ellas, por cierto está la base de tanta literatura: no habría un Dostoyevski ni un Kafka sin el Libro de Job, un San Juan De la Cruz sin el Cantar de los Cantares. Es muy larga, muy profunda la influencia, el fundamento cristiano que creó la civilización occidental. Pero eso es para otro articulo.

Mi ida a misa dominical se fue convirtiendo en una necesidad mayor y así, llegó el momento en que iba todos los días, bien antes de ir para el trabajo o a la hora del almuerzo. El Nuevo Herald quedaba muy cerca de la Iglesia Jesu, de los jesuitas en el centro de Miami, y me daba tiempo de asistir y regresar después a la oficina. La participación en la Eucaristía diaria y otros sacramentos, además de la sed insaciable que se apoderó de mí, de lecturas y retiros espirituales, mis largos ratos de oración silenciosa frente al Santísimo, y sobre todo, mi lectura de las Sagradas Escrituras completaron el cambio radical de mi vida.

Creo que estaba atravesando lo que llaman midlife crisis. Y deseé mucho, por ejemplo, conocer el mundo que habitaba Merton, adentrarme en la vida de la gente para mí sabia que había huido del mundo hacia los desiertos o montes en busca de soledad y silencio. Me refiero a solitude, no loneliness, hay una gran diferencia.

Fui a un retiro espiritual de una semana a Getsemaní, el monasterio cisterciense —una de las órdenes más estrictas después de los cartujos y los monjes y monjas budistas en sus monasterios— en Kentucky, donde había vivido y escrito el hombre que empezó a colmar mi sed de Dios. Thomas Merton. Uno de los votos que se hacen en esa orden religiosa, además de pobreza, castidad y obediencia es estabilidad. Quiere decir, que cuando entras al monasterio jamás sales de nuevo, no te mudas a ninguna parte. Después, con los años eso cambió un poco, porque los monjes se fueron abriéndoselos más a la formación de conciencia pacífica y de justicia, a crear comunidades de oraci´øn y meditación y viajaban, pero siempre regresaban a su lugar. No olvido la entrada de Getsemaní. Arriba, tallada sobre la piedra encima de las puertas decía: “Solo Dios”. “Only God”.

Cuando emprendí ese primer y transformador retiro de silencio y soledad con los monjes, ya sabía que aquél vacío solo lo podía llenar Dios, la trascendencia a la que estamos convocados, su Presencia y su amor incondicional en mi interior. Ya para entonces había estado en la Basílica de San Marcos, en Venecia, que me condujo a una fuerte experiencia estética de esplendor religioso, anduve peregrina en Roma, días y días recorriendo lugares sagrados.

Por ejemplo, cómo olvidar la Basílica de Letrán, de cuya historia no sabía nada y resultó ser un signo de confirmación lo que experimenté al entrar en ella, cuando una tarde la visitamos e incomprensiblemente sentí que me acogía como a alguien que regresa a su casa, aquel lugar lo sentí como mi hogar. No entendí, ni lo intenté, sigue y seguirá siendo lo inefable.

En 1995 algo excepcional sucedió en mi vida. llegó a Miami para dictar unos cursos de ética y dirigir los Ejercicios Espirituales (EE), el jesuita peruano Ricardo Antoncich. Yo iba por las noches a la salida del periódico a tomar clases al SEPI (en táquelos años una extensión hispana de la Universidad Barry que ofrecía la Maestría en teología en español) y me supe de este retiro que iba a dar Antoncich. Creo que no tomó ni un segundo en que decidiera asistir. El retiro duraba 30 días. Yo no conocía a Ignacio de Loyola ni os Ejercicios Espirituales pero había oído hablar de ellos y por supuesto del maestro jesuita Antoncich, con quien iba a tomar la clase de ética.

Una alegría muy fuerte, una motivación que casi era impulsada por alguna fuerza fuera de mí llenó todo mi ser al saber que iba hacer los EE. Me dieron el permiso en el trabajo por una semana más de vacaciones a las tres que me pertenecían anualmente. La experiencia de la espiritualidad ignaciana de este retiro fue el hecho más importante o quizá el clímax de todo un proceso de conversión religiosa que estaba teniendo desde la muerte de mi madre en 1991, mi Confirmación en 1992 y mis posteriores búsquedas del sentido del vida. Esos 30 intensos e inolvidables días en que un mundo nuevo se abrió ante mis ojos sellaron mi conversión al catolicismo.

Viajé a Cuba en mayo de 1998, después que se fue Juan Pablo II. Lo había preparado todo para ir estando el papa alláa en enero de ese año, pero el gobierno cubano no me permitió la entrada. Después e llamaron por teléfono y me dijeron que podía soiicitar de nuevo que entonces sí podrâ ir a Cuba. No entendí nada ni me interesó mucho. Yo vi todo lo que aconteció durante la visita del papa en la televisión de Miami. Muy emocionante, quién iba a imaginar aquello?

Cuando por fin me dieron la entrada en, visité a las Religiosas del Sagrado Corazón en La Habana. Había conversado ya varias veces. con la provincial de Cuba, Carmen Comella, ya fallecida. Hablamos mucho acerca de mi fuerte deseo de unirme a ellas y su misión. Fue el Padre José Conrado Rodríguez, en una de sus visitas a Miami, el que me las recomendó cuando le hablé del incipiente proyecto que iba tomando forma en mí: regresar para siempre a Cuba como misionera.

Estando conversando con Carmen en su comunidad principal, que era un espacio detrás de la Iglesia de Rosario, de pronto mi corazón dio un salto cuando escuché su voz cuando me dijo que sí, que me mudara para Cuba, allá haría el noviciado y me quedaría para siempre con ellas. Era solo cuestión de buscar el permiso de entrada del gobierno. Me iría a Puerto Rico a hacer el postulantado, período de un año en el cual la aspirante inicia la vivencia de sororidd, amplía y fortalece la formación cristiana y la experiencia misionera que la lleve, en forma progresiva, a discernir su opción vocacional en el seguimiento de Jesucristo según la identidad o carisma de la Congregación y hacer gradualmente la transición a la vida consagrada. Luego, en uno o dos años estaría en Cuba. En Puerto Rico, donde había vivido muchos años al salir de Cuba en la década del 60, permanecí casi un año viviendo en diferentes comunidades diseminadas por la isla. La idea era ir formándome en los avatares de esa oblación. No tengo el espacio para contar las numerosas vivencias que me fueron cambiando poco a poco o repentinamente. Experiencias de vida fuertes, que te cambian. Viví entre los más necesitados, gente que sufría, padeciendo la pobreza de ellos en barrios marginales. Mi trabajo era darles clases a los niños que les iba mal en la escuela cuando terminaban en la escuela, muchos eran hijos de drogadictos, de madres solteras hundidas en la más absoluta pobreza. También pasé meses en la casa de las hermanas mayores, a las que tenía que cuidar, alimentar, cambiarle pañales, hacerles compañía, quererlas. La educación espiritual e intelectual fue más bien realizada en las prácticas de misericordia. Entre tanto esperaba por mi ingreso en Cuba… Era la época en que casi todos los religiosos y religiosas y gran parte del clero eran misioneros extranjeros. Y como había una cuota muy limitada, para que entrara uno en Cuba, otro tenía que irse. Por fin, cuando se venció el tiempo como postulante y debía de entrar en el noviciado, desde la congregación en Cuba llegó la orden de que me enviaran a Chile, allá haría el noviciado hasta que pudiera entrar en mi país.

¡Qué experiencia y formación académica, espiritual, religiosa, misionera, civil y política tan integral recibí en Chile! Fui a residir en Santiago, en otro barrio de la periferia de la capital. Una de las que más me impactaron fue mi trabajo con niños con graves problemas neurológicos desahuciados y abandonados por sus padres. Allá tuve que ir por diez horas diarias dos semanas. Todas las noches antes de irnos a dormir, íbamos a una preciosa capilla que teníamos en la casa. Sobre cojines o recostadas en ellos en el piso, nos colocábamos en círculo alrededor de un altarcito preparado por alguna de nosotras —a la que le tocara ese día— en el centro, con una o más velas, algunas flores o plantas, una imagen, todo colocado sobre un mantel. Era la hora del recogimiento del día, de compartir con nuestra comunidad la jornada que terminaba. ¿Dónde habíamos encontrado a Dios durante ese día, en qué persona o acontecimiento se hizo presente, en que movimiento espiritual interior nuestro? Cómo había sido ese día? El compartir se convertía en una experiencia maravillosa, a veces inquietante, de oración ante ellas y Dios, la conversación de cada una a veces iba acompañada con lágrimas. Sin duda, la formación religiosa es muy fuerte, transformadora, tan distinta a la vida que llevábamos en el mundo que dejábamos atrás. A los casi tres años de estar en Chile, poco antes de terminar el noviciado, fue a verme una nueva superiora de las Religiosas del Sagrado Corazón de Cuba. Había terminado el tiempo de Carmen Comella, que había sido provincial por nueve años, y ahora era Cristina Colás la que mandaba. Fue inesperadamente dura conmigo. Se me había negado el permiso de entrada a Cuba. Lo menos que pude imaginar en aquellos días llenos de fervor era que un día la provincial cubana me diría que “mi compromiso político previo tendría repercusiones para la Sociedad del Sagrado Corazón y la Iglesia en Cuba”. Entiéndase por compromiso político previo haber escrito en El Nuevo Herald por años sobre la disidencia, los turbios asuntos que sucedían dentro de la misma Iglesia, como fue el cierre de la revista Vitral, dirigida por Dagoberto Valdés, hoy director de la excelente revista Convivencia, y también del Centro de Formación Convivencia, un proyecto extraordinario que sienta la hoja de ruta para el futuro de Cuba después de alcanzada la democracia.

Mi denuncia incesante de las injusticias contra hombres y mujeres que luchaban pacíficamente por la libertad, entre ellos los cientos de presos políticos, una oposición que se iba enriqueciendo con cubanos valientes, decididos, conscientes de que era la vía pacífica y a formación ética política la que nos llevaría a una democracia sin vuelta atrás jamás a la violencia Por lo. menos eso demostraron y siguen demostrando. El más peligroso de todos par el el régimen comunista era Oswaldo Payá, —curioso que me lo la provincial lo mencionara a él como si fuera anatema, un peligro terrible hablar de ese hombre en la institución católica. Pero a nadie debe sorprender que la Iglesia le dio la espalda y traicionó de muchas formas el excepcional ideario de un católico como Payá que pudo quizá como nadie, con su Proyecto Varela llevar a la patria a la anhelada democracia. Uno de los golpes más fuerte que recibí en esa larga y ardiente lucha por la libertad de Cuba fue el asesinato por órdenes de Fidel Castro en 2012 de Oswaldo Payá, pero ese es un tema que necesito escribir, relatar en otro momento.

Ante la actitud de Cristina Colás (estoy convencida de que si hubiera estado en su lugar Carmen Comella yo sí hubiera entrado en Cuba, lo sé), decidí de inmediato dejar la congregación y regresar a Miami. Ante mi súbita decisión, las siete hermanas con las que vivía en Santiago trataron de que no me fuera, recuerdo la reunión comunitaria que tuvimos enseguida, y las frases de ellas: “Nosotros somos también voz de Dios, no te vayas”; me conmovió enormemente. Yo no iba a Cuba con idea de unirme a la disidencia, mucho menos de ponerlas a ellas en conflicto con el gobierno, sólo quería ir a servir en Cuba. Mi deseo eran tan sencillo: ser el Corazón de Dios, que es amor, en el corazón de Cuba. Sí, mi decisión de irme fue devastadora, pero también una gracia de Dios, que me hizo experimentar la desolación más honda. Fue cuando más cerca estuve de experimentar el corazón traspasado por una lanza de Jesucristo crucificado. Acaso solo para que pasara por esa experiencia me condujo Dios a esta loca aventura. Fue una aventura de amor a Cristo y a Cuba. Me bastaron pocos minutos de discernimiento interior para darme cuenta que yo sólo quería servir en Cuba. Estaba claro: Mi vocación no era ser monja. Y regresé a Miami para intentar rehacer mi vida a la intemperie. Partiendo de cero, habiendo quemado las naves era para mí lo de menos. Llegar aquí sin nada material, ni casa ni trabajo, qué me importaba. Lo devastador, lo aplastante del golpe fue ver que mi proyecto no había coincidido con el de Dios. ¿Me había abandonado Dios? Había confundido el Sagrado Corazón de Jesús con la Sociedad del Sagrado Corazón? Las fundí en una misma espiritualidad, sin duda. La formación religiosa del noviciado es muy fuerte y enmienda ardía una llama apasionada por pertenecer, por ser parte de es llama de amor que brota del corazón herido de amor de Jesús, el Cristo. En estado de conmoción, en silencio y leyendo la Biblia casi todo el día, fui a vivir a casa de mi hermana por dos semanas en lo que conseguía un apartamento y un carro para empezar a buscar trabajo.

Con los días se me fue revelando la verdad. Es que me había equivocado, los planes de Dios eran distintos a los míos. Muy superiores, por supuesto, lo pude ver después, con el paso del tiempo, cuando me fui recobrando lentamente. A los pocos eses de regresar, empecé a trabajar en la Arquidiócesis de Miami, dirigiendo el periódico La Voz Católica, y continué escribiendo columnas de opinión para el Nuevo Herald. En 2006 decidí dedicarme de lleno a trabajar como escritora, traductora y editora free lance, por mi cuenta y me fue bien hasta que me retiré en 2012.

Yo era otra mujer. En 2001 me fui a vivir en una comunidad franciscana, a la casa de Adele González, que llamábamos Peace House, fueron 14 años maravillosos. De paz, de compartir con las hermanas laicas franciscanas a las que me integré. En la casa vivíamos tres mujeres de fe. Me sentí muy feliz y todo se lo agradezco a Adele, a quien conocí cuando empecé a trabajar en el periódico de la Arquidiócesis, ella codirigía la Pastoral laica, e hicimos una amistad entrañable. En 2015 murió y la casa se vendió, Zoila Martínez, que vivía allí se mudó con una amiga, también franciscana de nuestra comunidad. Yo me fui a vivir sola, donde me encuentro ahora, mayo de 2020.

Aunque sigo siendo una mujer de fe, y católica he cambiado radicalmente mi peregrinar espiritual. Dejé de creer en la institución de la Iglesia, el clericalismo, el machismo, la misoginia arraigada en la jerarquía católica llamó vi desnuda en su más absoluta crueldad. Después estalló el escándalo de la pederastia. Siendo yo la directora del periódico católico de la Arquidiócesis pude vivir muy de cerca la mentira, el disfraz, el corre-corre que se formó cuando empezaron a salir a flote las denuncias de las víctimas. Pero ya todo eso pasó, han pasado muchos años de aquel 2002 en que en Estados Unidos el cardenal de Boston fue descubierto encubriendo a curas pederastas para “proteger” a la Iglesia de escándalos, y así, miles de niños y niñas fueron violados y abusados sexualmente por curas y obispos, dejando a su paso las víctimas y apareciendo que, gracias a Dios, fueron cobrando coraje y revelando sus experiencias poco a poco. Entonces, como una pandemia, se propagó por todos el mundo la misma fetidez: a pedofilia era un fenómeno cotidiano en la Iglesia católica universal.

Le doy gracias a Dios por mi liberación. Han pasado 17 años del regreso a lo que he empezado a considerar, después de 56 años de exilio, mi país, Estados Unidos. Me he reconciliado amorosamente con Miami que es otro al que yo conocí en las décadas del 80 y 90. Sigo yendo a misa y me considero católica, pero mucho más espiritual que religiosa, perdí la fe en la estructura del Vaticano y el clero. Aunque el papa Francisco ha salvado por completo mi fe en la Iglesia y ha hecho renacer mi esperanza en que es posible una transformación radical del cristianismo católico.

Me reencontré con Madeline Cámara, después de 20 años —la última vez que la vi fue cuando estaba ella en casa y casi llenamos el baúl de su auto con libros que eligió de la biblioteca–. Nos volvíamos a ver, con años y canas y experiencias que mostraban nuestra pertenencia ya a la tercera edad. Tiempo intensamente vivido por ambas, no hay duda. El reencuentro se dio en un restaurante de St. Petersburg, Florida, que daba por concluido un fin de semana precioso en Tampa. Habíamos recorrido la ciudad, principalmente la martiana Ybor City, una noche de celebración de Halloween digna de la peor película de terror. Pero el viaje tuvo como motivo ver una iluminadora exhibición retrospectiva de Dalí en el museo que lleva el nombre de ese único pintor surrealista que nació del movimiento creado por André Breton en Francia en la década del 20 del siglo pasado. Excepcional exposición. Mis nuevos amigos eran Carmen Díaz, Olga Lastra, y Luis Carlos Silva. Hice el viaje rodeada de científicos cubanos de merecido prestigio. Dos de ellos, Carmen y Luis Carlos, ateos. El trayecto de unas cinco horas fue para mí una inesperada fuente identitaria que necesitaba a gritos, pero no lo sabía. Lo supe por la expansión de un horizonte interno y el gozo pleno de estar allí en aquel momento de puro placer. Carmen y Luis Carlos fueron los autores del mejor de los tiempos que pasamos en la larga trayectoria de un paisaje árido, aburrido, insoportable como es el de la península floridana. De los dos teléfonos móviles de ellos, conectados a las bocinas del auto por bluetooth, salía aquella maravillosa música que me hizo vivir horas de felicidad agradecida a dos personas que, sin embargo, en otras ocasiones me hicieron sentir completamente fuera de lugar, alguien patético, ignorante porque expresé mi fe en Dios. Después intuí algo fundamentalista en ese ateismo. Pero eran encantadores, y tengo amigos agnósticos y ateos. Respeto todas las religiones y a quienes no tienen ninguna. Me gusta la cultura del encuentro, el pluralismo y la inclusión. Aquellos días de museo, música y conversaciones no hubieran motivado estas meditaciones si no fuera porque Madeline nos presentó un proyecto de publicación. Y con autoridad de editora, y también con la cercanía del afecto, me pidió que dejara correr la memoria, que contara de mi viaje hacia Dios y hacia Cuba. Recuerdo que ella llegó algo tarde al encuentro, pero qué alegría volver a verla y abrazarla. Imposible no recordar la última vez que nos habíamos visto. La biblioteca, mi desasimiento, su interés y asombro ante mis planes, y ahora esto. A los pocos minutos nos pidió, sacando la Revista Surco Sur de su bolso, que escribiéramos para el próximo número algo sobre este viaje: amigos cubanos “de distintas tendencias”, y experiencias de vida reunidos un fin de semana en Tampa. A todos nos tomó de sorpresa el pedido, ¿qué contaría cada uno? La idea resultó interesante y estuvimos de acuerdo.

Y este es el resultado de aquella invitación de Madeline en octubre de 2018. Escribo este final en mayo de 2020. He editado algo este recuento digamos que de un camino interior recorrido que me transformó. Hoy soy otra y la misma. Me he acercado al budismo, al hinduismo y, algo muy importante, vivo en pena libertad mi orientación sexual gay. Un día muy lejano ya llegué a creer que la relación sexual homosexual era un pecado. Qué equivocada estaba, qué lejos de la verdad que hoy, guiada por los grandes teólogos, Richard Rohr, Ilia Delio y otros de gran actualidad, pero principalmente por las enseñanzas del papa Francisco y mi fe madura, educada, junto a una espiritualidad mucho más universal, seguidora de Cristo universal y de Teilhard de Chardin he alcanzado la cima y el profundo fondo que buscaba. Tengo 71 años, acojo la vejez y la muerte, el paso a la otra vida, la verdadera, con paz y gratitud.

Las tres edades de la mujer

Las tres edades de la mujer. Gustav Klimt. 1905.

Patricia Fernández Miranda
De su blog: Art. E Sin Brújula

Ella nació entre encajes y no en una sábana raída
fue única y muchos llantos a la vez
ella preguntó por qué los pájaros vuelan
y donde termina el arco iris.
Aprendió a escribir en la arena
y coloreó las nubes con pinceles de oro.
Ella descubrió el amor muy pronto.
Reservó su piel para el beso más perfecto.
Conoció la mentira en unos ojos bellos,
no le importó dejar la virginidad en el camino.
Ella se fue sin mirar atrás
en el recodo se quedó prendida de los grandes ventanales
su equipaje llenó de palabras.
En una caja de ébano guardó
todas las imágenes queridas.
Ella dibuja cuanto ha perdido en paredes de cal,
escribe en el aire una lista interminable de hallazgos
ella se fue sin que nadie lo notara
alguien cada día para ella siembra una flor.

Las tentaciones

Lecturas bíblicas y reflexión del Primer Domingo de Cuaresma
Adán y Eva. Marc Chagall, 1960

La Biblia es un conjunto de libros escritos por hombres de fe para hombres y mujeres de fe. No al cinismo, no a la burla ignorante de ateos y agnósticos carentes de un mínimo de cultura o buena voluntad. Por supuesto, que se pueden leer libros de la Biblia sin ser creyente, acercarse a ellos como prodigiosas obras de literatura que contienen casi todos los géneros literarios, o como un historiador en busca de las historias de Israel y del cristianismo, o un exégeta o hermeneuta, que se da al oficio, el afán, el placer de interpretar las Sagradas Escrituras.

Yo me sitúo en el primer y último grupos: soy una mujer de fe que además de rezar con ellas, estudia las escrituras con gran interés y amor. Eso no me impide reconocer, comprobar que la inspiración de Dios llegaba a seres humanos de una determinada época histórica, en la que vivían y practicaban la cultura de su época y que, a medida que pasaban los siglos iban cambiando, de ahí las distintas apreciaciones de un mismo Dios: guerrero, vengativo, “Dios de los ejércitos”, como leemos en tantas partes del Antiguo Testamento implicando Dios en las guerras y conquistas o derrotas del pueblo de Israel. Tenemos también o más que ninguno al Dios misericordioso, amoroso y tierno. Al Dios amante, esposo celoso, como en el maravilloso libro del profeta Oseas. Al Dios hecho carne, “que habitó entre nosotros”. Jesús de Nazaret, que vino a mostrarnos la imagen visible del Dios invisible cuando llegamos a esta era que los cristianos llamamos la culminación de los tiempos.

Los textos del Antiguo Testamento –el Génesis se escribió en el Siglo V antes de Cristo, después de muchos siglos de tradición oral de la historia de la creación del mundo, y pasada de generación en generación– no hay que interpretarlos literalmente, sería un error. Su fin es ofrecernos una gran enseñanza. ¿Cuál fue el pecado de Adán y Eva? Por desobedecer, alejarse de Dios, por querer ser como dioses. Por la soberbia.

Jesús hablaba en parábolas, y las comprendemos a la luz del Espíritu Santo que nos abre el entendimiento. Y cada parábola contiene el gran misterio del Reino de Dios. “A qué se parece el Reino De Dios?”

Además de meditar, y guardar silencio –no lo olvidemos nunca–, es en el silencio donde más nos haba Dios, rezo todos los días con las lecturas bíblicas de la Iglesia católica. Hoy escogí leer las reflexiones que sobre ellas hacen los frailes dominicos, otras veces leo a los jesuitas, o los franciscanos, me guío por personas mu preparadas para escuchar sus meditaciones sobre las lecturas de ese día. Pero no siempre. Muchos días solo leo las lecturas y me quedo reflexionando yo sobre ellas, o en silencio. Cómo me tocan el corazón, qué fue lo que más me impresionó de lo que leí? Qué me resultó particularmente importante en esa lectura? Qué frase se me quedó grabada por sobre las otras, por qué? Que me quiere decir Dios?
La Palabra es viva y eficaz, y Dios nos habla a cada uno de nosotros, personalmente. Se inserta en nuestra vida, en nuestra situación actual y nos habla, nos guía, responde, interpela.
Introducción a las lecturas:

Fray Juan Carlos González del Cerro O.P.
Real Convento de Santo Domingo (Jerez de la Frontera)


Hoy es primer domingo de Cuaresma, tiempo de abundante gracia, que nos invita a confrontar nuestra vida con el Evangelio y a examinar el ritmo de nuestro seguimiento del Señor de cara a la gran celebración de la Pascua. La Cuaresma es para tomársela en serio. La austeridad de estos días nos lleva a hacer un sincero análisis de nosotros mismos y de nuestra relación con Dios. La austeridad cuaresmal nos es propuesta como un modo de evitar la distracción y así centrarnos bien en esa toma de conciencia de nosotros mismos: de lo que somos y de cómo somos, de lo que vivimos y de cómo vivimos, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Por ello es un tiempo maravilloso donde abunda la gracia de Dios. El don de Dios, la luz de Dios, su amor misericordioso quiere colarse en los entresijos de nuestro ser, donde se cuece lo que somos, para reconstruir fracturas, curar heridas, vigorizar lo débil y volver a modelar nuestro “barro”. La clave está en la voluntad de abrir la puerta del corazón a esa Gracia que sobreabunda aunque pueda abundar el pecado. ¡Qué magnífico don! … Las lecturas de hoy nos dan un mensaje extraordinario al respecto animándonos a vivir plenamente y con alegre confianza en Dios el ejercicio cuaresmal.

Primera Lectura
Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7


El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.
Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.
La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».
La mujer contestó a la serpiente:
«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:
“No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».
La serpiente replicó a la mujer:
«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.
Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Salmo 50, 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh, Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda Lectura 
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19
Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno:
pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.
Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.
En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.
Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “He dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Comentario bíblico de Fray Miguel de Burgos Núñez, O.P.
La Cuaresma es uno de los tiempos litúrgicos más determinantes de la vida cristiana porque nos prepara para celebrar la Pascua, es decir, la muerte y la resurrección del Señor. Alguna vez hemos oído que se llama “cuaresma” porque recuerda un número simbólico en la Biblia, bien los cuarenta años del pueblo en el desierto antes de entrar en la tierra prometida y gustar definitivamente la liberación de Egipto; o bien los cuarenta días en que Jesús se nos presenta en el desierto preparándose, como el pueblo, para su gran misión.

Por lo mismo, la Iglesia, las comunidades cristianas, se preparan, en tensión, para celebrar la fiesta central del misterio cristiano. Es uno de los tiempos más importantes de la vida cristiana, ya que la Cuaresma es una unidad con la Semana Santa, con la Pascua.
 Iª Lectura: Génesis (2,7-9;3,1-7): O con Dios creador, o desnudos y sin interioridad.

I.1. La primera lectura de este domingo está tomada del conjunto de Génesis 2-3 en que se nos describe, como una catequesis de alfarero, la creación del hombre del barro de la tierra; la tradición bíblica del paraíso con sus árboles de la vida y de la ciencia del bien y del mal y el mito de la serpiente como prototipo del misterio del mal que aparece misteriosamente para cambiar el rumbo de la creación de Dios. Se atribuye este relato a una escuela catequética conocida como la “yahvista”, porque así, desde el principio, denomina a Dios. Quiere describir al hombre de forma y manera que aparezca lo finito: la materia o el polvo de la tierra, y lo infinito: el soplo de vida que Dios mete en su ser. Es una lucha, la lucha de la libertad, la lucha o pecado de querer ser como Dios y de experimentar la nada entre sus manos.

I.2. El hombre y la mujer, la humanidad entera, “que es el relato vivo de Dios”, porque ha sido creada a su “imagen y semejanza” descubren en el vacío, en el silencio… que querer ser como dioses es una ambigüedad. En ninguna “cosmogonía” antigua [conjunto de teorías míticas, religiosas, filosóficas y científicas sobre el origen del mundo, cada cultura o religión ha tenido y tiene sus propias explicaciones cosmogónicas], se ha podido afirmar como en la Biblia la grandeza del ser humano como “imagen de Dios”. Somos lo que somos, valemos lo que valemos, pero no podemos ser más de lo que somos. El teólogo de esta escuela sabe bien una cosa profundamente misteriosa: que el mal encanta, aunque deje luego a sus espaldas angustia y desolación. Es un vacío como de muerte ¿quién podrá vestir, de nuevo, al ser humano de esperanza y de alegría?I.3.

La humanidad se nos presenta en esta narración, mítica a todos los efectos, como comunidad, no puede ser de otra manera. El hombre está solo y no es quien debe ser hasta que encuentra a la mujer. Esta es la realidad de la naturaleza misma, pero que en su misterio va mucho más allá. A esa comunidad se le entrega todo como don, con la responsabilidad de desarrollar la humanidad futura y cuidar de todo, siguiendo los caminos del bien, sin desordenar el bien por el mal, porque el día que “coman de ese árbol de la ciencia del bien y del mal” (Gen. 2,17) queriendo endiosarse, habrán dejado de actuar a imagen de Dios y eso será su propia destrucción y muerte. Están hechos para la comunión. Son imagen de Dios, han de actuar según corresponde a la imagen, reflejando el actuar de Dios. Dios ha hecho todo como regalo para el ser humano. El varón es un regalo para la mujer y ella para el hombre, en igualdad de dignidad y con el mismo misterio de interioridad divina. El regalo es un signo que expresa la buena voluntad y el amor del su hacedor. Lo grande del regalo es que es un signo de la decisión libre de quien regala. Es expresión de la interioridad. Signo de comunicación que revela lo que está en lo invisible del corazón. Es la revelación del misterio. El relato no se sostiene científicamente en muchos aspectos, pero sí es psicológica y teológicamente profundo. Y eso sí es real, eso nos ocurre y sigue aconteciendo en el misterio de la vida humana. 

IIª Lectura: Romanos (5,12-19): Cristo frente a Adán; la gracia frente al pecado
II.1. Esta es una de las páginas más conocidas de la historia de las teología porque Pablo enfrenta, a su manera, a Adán y a Cristo. Desde la Patrología hasta nuestros días el tema del “pecado original”, o del “pecado de origen” como se dice hoy, no ha dejado de interesar y todavía necesita aportaciones desde muchos puntos de vista. Esta no es una cuestión cerrada, porque el “pecado original” no es simplemente una cuestión biológica de la naturaleza humana ¡de ninguna manera! Pablo se permite escribir en este caso con un género literario que se puede considerar una “sygkrisis” (comparación), reto entre dos personajes o dos realidades, con el fin de poner de manifiesto la importancia y la grandeza de uno respecto a otro.

Los Santos Padres lo hacían desde la simbología del “tipo” y el “antitipo”. El peso de la causa que se debate pretende subrayar el valor del “antitipo” Cristo frente a Adán. Claro, Pablo entiende que la humanidad procede de un solo hombre, cosa que hoy no estamos obligados a aceptar.
II.2. El interrogante que se ha dejado en el comentario al texto del Génesis, halla en este pasaje de la carta de Pablo la respuesta adecuada: a la radicalidad del pecado de Adán, de la humanidad, atañe a la radicalidad de la gracia de Cristo, del amor de Dios. Es uno de los núcleos más densos de la teología paulina en la carta más profunda del apóstol. Pablo es deudor de una mentalidad judía para explicar lo que se ha llamado el “pecado original”. En realidad esta confrontación ya la había abordado, para el tema de la muerte y la resurrección, en 1Cor 15,21-22.45-49. Pero él siempre innova y encuentra nuevas posibilidades y caminos para la esperanza: con Cristo nada está perdido. La ley no pudo enseñar, ni prever lo que Dios mismo iba a poner de manifiesto con Jesucristo. Si la humanidad vive bajo la responsabilidad del pecado en solidaridad, de todos sus pecados: guerras, injusticias… está llamada, por el contrario, a otra solidaridad poderosa: la de la gracia de Cristo.

II.3 Debemos aceptar que el destino de nuestra propia existencia nos orienta a todos los hombres y mujeres (toda la humanidad) en una situación de pecado, incluso no querida o aceptada, pero inevitable. No obstante todos participamos de una responsabilidad con nuestras vidas y así sembramos “pecado” redivivo, para el futuro, con el que nosotros mismos nos hemos encontrado. ¿No estaríamos invitados a la desesperación? ¡De ninguna manera! ¿Por qué? Porque tenemos la promesa firme de la gracia, garantizada por la entrega misma de la vida de Jesús para vencer, en nombre del Dios creador, esta “situación original” de pecado que todos encontramos al nacer.

Evangelio: Mateo (4,1-11): El Hijo de Dios vive nuestra existencia “de verdad”
III.1. Cada evangelista, en el respectivo año litúrgico, nos ofrece su versión de Jesús tentado, como Adán y Eva en el paraíso.

Los que más se parecen, a diferencia de Marcos, son los relatos de Mateo y Lucas. Éste ha cambiado el orden, por razones teológicas; pero el mensaje no puede ser muy distinto en uno y otro, aunque con matices. En el caso de Mateo se intenta poner de manifiesto la fidelidad de lo que los judíos rezan todos los días en el “shema” (Dt 6,4-5: Escucha Israel, el Señor es tu único Dios… y lo amarás con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas). No debemos asombrarnos si decimos y subrayamos que el relato va más allá de lo puntualmente “histórico”, para ser un ejemplo vivo en la comunidad de cómo hay que luchar contra lo que nos deshumaniza en razón de una falsa “divinización”. Porque la divinización es pecado cuando viene de nosotros mismos que no aceptamos nuestra vida ni la de nuestros hermanos los hombres; pero es gracia y salvación cuando viene de Dios como don de la creación y de la redención; entonces es auténtica “theoresis”, como pensaban los “padres” griegos.

III.2. Sabemos que este relato tiene una característica que los expertos le han llamado “haggada”, sobre las tentaciones del pueblo en el desierto, y actualizadas por la tradición cristiana para presentar el verdadero mesianismo de Jesús. Podemos constatar que las respuestas de Jesús están formuladas según los textos bíblicos que aluden al pueblo en esa travesía: La primera respuesta de Jesús es una cita de Dt 8,3 que, a su vez alude a Ex 16,1 ss (el maná). La respuesta a la segunda tentación es una cita de Dt 6,16 que, a su vez, alude a Ex 17,1-7 (las aguas de Massá). La tercera respuesta cita a Dt 6,13 que puede aludir tanto a Ex 32 (el becerro de oro) como a Ex 23,24 y 34,13-17 (mandato de no adorar las divinidades cananeas). Por tanto respuestas que quieren ser ejemplo “corporativo” para la comunidad, porque Jesús con su rechazo es, para Mateo, el Mesías que hace posible un nuevo pueblo hacia Dios. Pero también deberíamos ver aquí lo más personal de Jesús como hombre, como persona, igual que nosotros, que vence… con opciones personales, al ponerse en manos de Dios.

III.3. Tres pruebas, como número simbólico, cumplen de modo perfecto esa oración a Dios. Y así: 1) rechazando convertir las piedras en pan ha amado con todo el corazón; 2) al rehusar poner a Dios a prueba inútilmente, ha amado con toda al alma; 3) no aceptando los reinos que le ponen a sus pies, ha amado con toda las fuerzas. Eso es lo que no fue posible en el paraíso. El rechazo de Jesús a todo lo que se le ofrecía no es una victoria humillante; era lo único que verdaderamente le podía mantener unido a Dios y a todos los hombres. Estas fidelidades de Jesús, fidelidades que se muestran a todo lo largo de su vida, lo harán más humano y más cercano. Jesús, el Hijo de Dios, mientras está en el papel radical de la encarnación no sueña, ni siquiera, con ser Dios o tener su poder. Sería un sueño imposible que deja un gran vacío; así lo han pretendido los hombres, emperadores o no, que han querido ser adorados; pero la verdad es que nunca llegaron a ser dioses, se alejaron de los hombres, eso sí, y se quedaron solos para siempre.

III.4. En este sentido de cómo debemos ver a Jesús en lo más personal, incluso en la praxis humana como Hijo de Dios, cito estas palabras que son muy sugerentes y válidas para el conjunto del relato, aunque se centran en la primera tentación:
“La tentación consiste, pues, en el uso de Dios y de la relación privilegiada con El, como medio para alterar la condición humana en beneficio propio, eludiendo de esta manera la tarea del hombre en el mundo. Dios es visto como protector, y la relación con Él como ventaja personal frente a las fuerzas ocultas y necesidades de la vida, a las que el hombre teme cuando ha experimentado hasta qué punto pueden destrozarle y hasta qué punto está indefenso ante ellas. Así se comprende que la respuesta de Jesús sea una apelación a la condición humana. Si se hubiese tratado de interrogar a Jesús sobre su filiación divina, el redactor podía haber puesto en su boca cualquiera de los pasajes bíblicos relativos a ella que la comunidad primera aplicaba a Jesús (v. gr., Sal 2,8). Pero lo que ahora importa no es la realidad sino el significado de esa filiación divina; y la respuesta de Jesús equivale a decir: la filiación divina no elimina nada de la condición humana. Y el hombre es tal que no vive sólo de pan, sino de todo aquello que procede de Dios, es decir: de toda la realidad de la vida, en cuanto entregada a él para que la domine. Es evidente que hay que satisfacer el hambre, pero sin esperar en los milagros para ello; es evidente que hay que convertir los desiertos en pan, pero no a base de rogativas, sino por el esfuerzo humano: ésta es la condición humana y esto es aquello de lo que “vive el hombre”. Porque Dios no está con él sólo cuando tiene pan, sino también cuando no lo tiene, cuando cree estar sin Él: ya que se le manifiesta precisamente en la llamada a convertir en pan las piedras” (J. I. González Faus, La Nueva Humanidad. Ensayo de Cristología. Vol. I, Madrid, 1974, pp. 182-194).

Seréis como dioses…Todo comienza bien. El ser humano es modelado por el mismo Dios. Con ninguna criatura Dios se prodiga de esa manera, con especial laboriosidad. Ese modelar implica un empeño de Dios en la criatura que modela pues lo hace “a su imagen y semejanza”. Pero no todo queda en barro. En el “material creatural” Dios mismo insufla su propio “aliento de vida” convirtiendo a la criatura humana en “ser vivo”. Y además le coloca en un jardín, le otorga un bello y completo “contexto vital” para su existencia y subsistencia. ¡Qué bondad tan grande! El ser humano, hombre y mujer, es dotado de libertad al haber sido creado a imagen de Dios. Y Dios se ofrece como referencia para vivir bien en esa libertad.

Cuando el ser humano toma consciencia de sí mismo siente el vértigo de la libertad: la tentación. ¿Hacia dónde voy?, ¿sigo la referencia?… Entonces surge la voz del astuto tentador: “seréis como Dios…” Aquí está la raíz de la decisión errada que toma el ser humano en su libertad. Así nos habla el tentador: “¡Sé tú tu Dios! Déjate de referencias, conoce por ti mismo todo, el bien y el mal”. Pero cuando tomamos esta decisión y decidimos ser como dioses, olvidando la referencia divina que nos señala caminos seguros de libertad, terminamos sintiéndonos desnudos, desprovistos, fuera del contexto vital que Dios nos ha otorgado. Esa es la experiencia del pecado.

Al inicio de la Cuaresma recordamos esta realidad de nuestra vida para revisarla. Ante la tentación lo decisivo es no perder la referencia divina pues nos da el criterio y la seguridad para superarla. La otra opción es hacer caso al tentador y abandonarnos a nosotros mismos convirtiéndonos en nuestros propios dioses. En este caso la andadura será al final más corta y fatigosa.

Crea en mí un corazón puro… Pero todo tiene arreglo, ya lo dice el refrán: “lo que bien empieza, bien acaba”. Todo comenzó con la mano de Dios y Él se te vuelve a ofrecer. Levántate, vuelve a tomar esa mano, deja más bien que te tome y te toque de nuevo.

Salmo 50. ¡Misericordia…por tu bondad… por tu inmensa compasión lávame, límpiame, renuévame, no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu, recréame…. crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme… hazme de nuevo, fortalece mi fragilidad! Y Dios nos ha respondido. No nos ha dejado. Nos ha mostrado en Jesucristo su inmensa ternura y misericordia. Así nos ha devuelto la alegría que abre nuestros labios para su alabanza.No hay proporción entre el delito y el don…

San Pablo reflexiona hoy en su extraordinaria Carta a los Romanos sobre el alcance de la respuesta divina, en Cristo, al hombre pecador. Es la experiencia del propio Pablo. La luz que vio en el camino de Damasco le hizo comprender dos cosas: su pecado y el enorme alcance de la Gracia de Dios. Esta experiencia tumbativa, nunca mejor dicho, es la que le permitió al Apóstol llegar a esta reflexión tan hermosa que nos ofrece hoy en la Carta a los Romanos y que sin duda nos anima en el inicio de la Cuaresma. La realidad es clara: todos pecaron desde Adán y el pecado ha traído muerte, pues nos circunscribe a nosotros mismos alejándonos de la fuente de la vida que es Dios, desdibujando los contornos de nuestra verdadera dignidad en cuanto hijos amados y queridos para la comunión feliz con Él.

Pero el Dios que fue bondadoso al crearnos ha extremado su inabarcable bondad misericordiosa ofreciéndonos en su Hijo, Jesucristo, un incomparable tesoro de gracia que nos salva y nos hace volver a ser lo que fuimos. Por ello no hay proporción, efectivamente, entre el delito, nuestro pecado, y el don inefable de la gracia salvadora de Dios. Dios se ha desbordado en Cristo. Ahora hemos conocido de verdad “la entrañable misericordia de nuestro Dios”.  El ser humano se había provocado muerte y condena, Dios en Cristo le ofrece justificación y vida. Si en Adán desobediente todos nos constituimos en pecadores Dios, por medio de su Hijo obediente, nos hace de nuevo justos. La ley fue para Israel un signo de la bondad de Dios, pero faltaba la manifestación maravillosa y plena de esa bondad que habría de tener lugar en Cristo y su misterio pascual. La ley era una ayuda pedagógica, Jesús en cambio es sabiduría, justicia, santificación y redención de Dios para el ser humano. Este es el corazón del Evangelio, hacia este centro giremos nuestra vida. La Palabra: fuerza en la tentación… Jesús nos enseña ahora a superar la tentación que nos puede conducir al pecado. La clave es la confianza en Dios y la atención continua a su Palabra. Esa es nuestra fuerza. Jesús, Hijo de Dios, es verdadero hombre por el misterio de la Encarnación. Al ser en todo semejante a nosotros, “menos en el pecado”, él siente también la tentación. Jesús no nos enseña a superar la tentación con un manual sino desde su propia experiencia. Tras su bautismo el Espíritu es quien lo empuja al desierto, lugar donde se aquilata el interior. Que se lo digan al pueblo de Israel, pecador en el desierto pero a la vez objeto del amor de Dios. Israel siempre mirará al desierto cuando quiera empezar de nuevo. El desierto, lugar extremo, deja al descubierto nuestra fragilidad y así, igualmente, nuestra necesidad de Dios que nos encuentra y nos acoge. Jesús va hacer esa experiencia que fraguará su interioridad humana de cara a la misión encomendada. En el desierto Jesús ayuna y al final siente hambre. En medio de su fragilidad experimenta la tentación, como nosotros. El tentador le plantea tres tentaciones: usar su identidad de Hijo de Dios en beneficio propio, servirse de la fe para tentar al mismo Dios y sucumbir a la ambición y al poder que tanto perturba al corazón humano. El tentador toca el centro de la experiencia religiosa de Jesús. La tentación se dirige siempre ahí. El tentador quiere conmocionar nuestro centro. ¿Cómo responde Jesús? Con la Palabra de Dios como expresión de su inquebrantable fe: “No solo de pan vive el hombre”; “no tentarás al Señor tu Dios”; “a Dios solo adorarás”…

La Palabra es la fuerza de Jesús, su referencia absoluta a Dios. En cuanto Dios, Él es el Verbo, la misma Palabra; en cuanto hombre Jesús afianza su relación estrecha con el Padre desde la Palabra. La Palabra ahuyenta al tentador: “Vete”. No hay que tener miedo a la tentación, con la fe y la Palabra obtenemos la fuerza para superarla. Es la magistral enseñanza de Jesús al inicio de la Cuaresma.
Adán y Eva en el instante de la separación. Marc Chagall 1912.

El mejor candidato es Bernie Sanders, y mi voto es para él.

Todo comenzó con el movimiento “Somos el 99%”, y la primera protesta que recibió atención internacional, fue en Wall Street en el parque Zuccotti de la ciudad de Nueva York. Comenzó el 17 de septiembre de 2011 y para el 9 de octubre, las protestas habían tenido lugar o estaban en curso en más de 600 comunidades en Estados Unidos.

Miles de protestantes se mudaron prácticamente para el área que rodea todo Wall Street y los edificios de la bolsa en el downtown de Manhattan, y allí elevaron carpas para dormir, mientras que durante el día las marchas de protestas y las sentadas con pancartas y quejas a toda voz no cesaban acerca del 1%, de los estadounidenses, las personas más ricas de la sociedad que tienen una parte desproporcionada del capital, la influencia política y un poder inmenso en la sociedad, cada año más empobrecida.

Sin duda fue un movimiento sociopolítico progresivo que expresó su oposición a la desigualdad social y económica y a la percepción de falta de “democracia real” no ya en Estados Unidos sino en todo el mundo –donde se le llamó, propagó globalmente como “Occupy” en todo el mundo. Su objetivo principal era promover la justicia social y económica y las nuevas formas de democracia. Las manifestaciones fueron directamente contra las grandes corporaciones (y el sistema financiero global) que controlan el mundo de una manera que beneficia desproporcionadamente a una minoría, socava la democracia y causa inestabilidad.

El movimiento “Somos el 99%” fue disgregregándose a medida que la fuerza policial hizo ilegal las protestas frente a Wall Street y todo el área del downtown de Manhattan, las cárceles se llenaron de activistas. Pero la llama que clama por la justicia seguía viva en el corazón de millones de personas en Estados Unidos. Muchos veces las ideas tienen que madurar, prender, hasta que llega su momento. Y el momento de ese movimiento ha llegado en 2020.

El senado demócrata Bernie Sanders –que se define como socialdemócrata–, aspira a la presidencia de Estados Unidos, el movimiento que le precedió y ahora él nos han hecho conscientes de la trágica situación en que se encuentra este país que habitamos, dizque el más rico y poderoso del mundo. 

La tragedia radica en la inmensa desigualdad económica entre los ciudadanos. Conste, esta es solo una de las situaciones nefastas que atravesamos, hay otras muy fuertes y apremiantes, pero esas las dejamos para otro artículo que lo amerita con urgencia. 

Me preocupa hondamente la realidad de Estados Unidos, que se ha ido deteriorando ante nuestros ojos sin apenas notarlo hasta alcanzar el actual estado de miseria humana, política, social y económica. Tal estado de cosas me mueve a ayudar a elevar la conciencia ciudadana para intentar hallar una solución sin violencia en la que podamos alcanzar el bien común de nuestra sociedad hecha girones por corruptos y autócratas que han alcanzado el poder en estos lamentables momentos de que somos testigos.

Pero si queremos la paz hay que trabajar por la justicia, con determinación, sin miedo, dándole el frente al mal que nos ronda y hiere en más de una forma.

La injusticia nos hace indignos, nos deshumaniza y todo nos hace creer que aparentemente somos impotentes. 

Muy brevemente me refiero al 1 por ciento de la población que domina al país y lo ha transformado en una oligarquía o plutocracia muy difícil de vencer. La democracia de la república ha ido muriendo desde la década del 70, dando paso a un poder casi ilimitado que hoy ostentan y utilizan a su antojo y conveniencia los multimillonarios que nos gobiernan.

La compañía Amazon tuvo en 2018 una ganancia de $11 mil millones de dólares ($11 billions), por la que no pagó ni un centavo en impuestos federales. Y gracias a la ley que permite recortar el pago de impuesto a los ricos, implantada por Donald Trump, Amazon recibió además un reembolso de impuestos de $129 millones del gobierno federal. 

Jeff Bezos, el fundador, dueño y presidente de Amazon, obtuvo un salario en 2018 de $275 millones al día, es decir, ganó $11.5 millones de dólares la hora. El salario promedio de un empleado de Amazon es de $28,000 anuales. Jeff Bezos hace más que eso en 10 segundos, según la publicación Money y otras. Aunque su fortuna no se puede calcular, porque aumenta por hora, la última cifra a la que tenemos acceso indica que en febrero de 2020 esta asciende a $123.9 mil millones de dólares ($123,900 billions).

La compañía Walmart’s obtiene un promedio de ganancias de $14.7 mil millones al año, es decir, recibe $40 millones de ganancias al día.

La familia Walton, dueña de Walmart’s, gana $70,000 por minuto, $4 millones la hora, $100 millones al día.

Un empleado típico de Walmart gana en un año $22,137.

Para algunos críticos, tales cifras son evidencia de que el capitalismo necesita ser reparado. La desigualdad y otras formas de injusticia rampante se han convertido en un tema político aglutinado, y no cabe duda de que este año de elecciones el tema ocupa un lugar prioritario en los votantes que ven en Bernie Sanders a alguien firmemente comprometido con, por ejemplo, un seguro médico universal para toda la población, Medicare for All; la eliminación de la asfixiante deuda de cientos de miles de estudiantes graduados; estudios gratis para todos en los Colleges y Universidades públicas del país. Y claro, un cambio profundo en el injusto sistema de inequidad que vive el país. 

Mucho hablan y dicen preocuparse los políticos,  economistas y sociólogos por la clase media, admiten que un alto número de jefes de familia se han visto en la necesidad de tener más de un trabajo para poder sobrevivir.

Todo esto es tristemente cierto, sin embargo, quiero detenerme en un clase que apenas se menciona, como si fuera un tabú, como si no existiera. Pero existe y crece y se propaga como un mal ante el cual aparentemente no podemos hacer nada. Me refiero a los pobres, esa palabra que tanto molesta. Los indigentes de la población estadounidense, pasmosamente numerosa. 

La tasa oficial de pobreza en 2017 fue del 12.3 por ciento, según los estimados de la Oficina del Censo. Ese año, se estima que 39.7 millones de estadounidenses vivían en la pobreza según la medida oficial.

Pero primero aclaremos qué es ser pobre en Estados Unidos, de acuerdo a la medida oficial que nos da el gobierno. 

Estas cifras muestran lo que debe ganar una persona o una familia para que caiga en el nivel de pobreza:  

                Entrada anual

Una persona que vive sola $ 12,784

Dos personas en un hogar $ 16,274

Una familia de tres personas $ 19,985

Una familia de cuatro personas. $ 25,701

Una familia de cinco personas $ 30,459

Una familia de seis personas $ 34,533

Alguien me puede decir qué familia integrada por tres personas vive con $19,985 al año? Una persona que vive sola, puede sobrevivir con $12,784? Esta cifra es prácticamente $1,000 al mes. Cómo paga el alquiler, el teléfono, la electricidad, la comida, el transporte, los medicamentos, en fin las necesidades básicas de una persona para no morir de hambre o vivir en la calle? 

Estos son los hechos: Más de 39 millones de ciudadanos viven con esa entrada económica, en qué estado de salud física, mental, emocional sobrevive una persona o padres de familia sabiendo que no les alcanza el dinero para llevar comida a la mesa o para confrontar una emergencia de sus hijos? Se ha comprobado que una familia promedio no puede hacerle frente a un asunto económico imponderable que ascienda a $450. No tiene el dinero. Punto.

Según la Oficina del Censo, 18.5 millones de personas reportaron pobreza extrema en 2017. Esto significa un ingreso familiar por debajo del 50 por ciento de la cifra de pobreza de 2017. O sea, si para una familia de cuatro personas, dos adultos y dos niños, digamos, es de $25,701, estos ciudadanos de extrema pobreza ganaron $12,850. No creo necesario imaginar la vida cotidiana de esa familia. Digamos ahora que es un anciano en extrema pobreza (la cifra de este sector de la población es abrumadora), ganaría $6,400 más o menos. Imagina esa vida, cómo es el día a día de ese anciano o anciana? Ya sabemos que muchos de ellos no toman los medicamentos para poder comer algo, o viceversa. Y cada vez se ven más ancianos en refugios, o durmiendo en las calles, a medida que los alquileres en Miami siguen subiendo.

Por tanto, tenemos a 40 millones de pobres, según los índices de pobreza del gobierno, y 19 millones que viven muy por debajo de ese nivel, en extrema pobreza. Eso nos da un total de 59 millones de estadounidenses que subsisten en la pobreza y el sufrimiento absolutos. 

Pero basta de heladas estadísticas, ellas no hacen más que reflejar a seres humanos con rostro y nombre, y sentimientos y familia, y necesidades, como usted y como yo. Por supuesto, las he destacado aquí para tener una idea de la situación en la que estamos. Se podría escribir un artículo sobre el índice de suicidios a nivel nacional, o la cantidad de personas que padecen de enfermedades mentales, muchas debidas a la angustia y la depresión que confrontan en su vida. Tantas cosas se podrían pensar, tantas almas desoladas. Mencionamos a las personas que carecen de seguro médico? A las que otras millones que se quedarán sin él dadas las medidas del presidente Trump? No. No vamos a mencionarlas ahora.

Como el tema es la desigualdad criminal, inhumana que agobia a la nación, termino citando un estudio llevado a cabo por la BBC, basado en datos del Credit Suisse –una compañía de servicios financieros internacional– y Oxfam – un movimiento mundial de personas que trabajan juntas para acabar con la injusticia de la pobreza–. 

El estudio se aplica a todo el mundo, pero tengamos en cuenta que Estados Unidos ocupa un lugar alto en la lista de los países con mayor inequidad:

De acuerdo con el informe, el 1% más rico de la población mundial ahora tiene tanta riqueza como el resto del mundo combinado. 

Oxfam calculó que las 62 personas más ricas del mundo tienen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial.

El 1 por ciento de la población estadounidense está formado por ejecutivos, médicos, abogados y políticos y hombres y mujeres que heredaron una fortuna. Dentro de este grupo de personas hay un subconjunto aún más pequeño y rico, el 1 por ciento de la parte superior, o sea el .01 por ciento de toda la nación. Esas personas tienen ingresos de más de $27 millones anuales, sin contar los bonos de muchos millones más que les regalan sus corporaciones. Contando con el salario nada más, eso significa aproximadamente 540 veces el ingreso promedio nacional.

En total, el 1 por ciento superior de la población controla el 43 por ciento de la riqueza de la nación; el siguiente 4 por ciento controla un 29 por ciento adicional.

La plataforma política de Bernie Sanders es la única que me anima y enciende la esperanza, confieso que hasta ahora ya casi inexistente ante la maldad y el cinismo, la corrupción y la brutal desigualdad que horrorizada veo en Estados Unidos. Es Sanders, el socialdemócrata, el único candidato que puede levantar la nación del pantano en que la ha hundido Donald Trump. Y estoy convencida de que es también el único que lo pude derrotar del poder dictatorial en el que se ha instalado.

Y es que Bernie Sanders habla la verdad, no miente, es consecuente con sus brillantes y compasivas ideas. Es, en suma, el único que verazmente está comprometido con los intereses ciudadanos de clase media y pobres de esta gran nación.

Soy cubanoamericana, llevo 57 años viviendo en Estados Unidos y jamás he estado más avergonzada de mis compatriotas cubanos de lo que estoy ante los que apoyan a Donald Trump. He pensado muchas cosas: lo siguen porque creen que va a acabar con el régimen comunista; porque quieren y les interesa más la política de Cuba que la de este país donde; porque son fanáticos siempre en busca de un caudillo; porque son torpes, no ven el peligro tan inmenso que representa este dictador nazi, este corrupto, canalla y cínico que ha ido socavando, minando las instituciones democráticas del país. No sé que más pensar, incluso justificar en ellos.

Ya no pierdo tiempo ni energía en eso. Cumplo con mi consciencia. Y ni Bernie Sanders es comunista ni yo tampoco.

El discípulo amado

Hoy, 27 de diciembre, la Iglesia celebra la vida y la obra de San Juan, evangelista y apóstol. Aunque todos son necesarios, testimonios verídicos de la vida de Jesús, el evangelio de San Juan es mi favorito. Y por eso no dejo pasar este día sin hacerle un pequeño homenaje al hombre que se llamó a sí mismo “el discípulo amado” del Señor, y lo era, el que ponía su cabeza en el pecho de Jesús, el que se sabía especial, el más querido de todos los apóstoles. Juan redactó el evangelio más espiritual de todos, con un lenguaje sencillo pero altamente teológico, mientras los otros tres evangelios, llamados sinópticos por su parecido en contenido, importantísimos testimonios de la vida de Jesús de Nazaret, el de Juan se centra en el carácter divino de Jesús mucho más que en el humano. Juan da testimonio de Cristo, la tercera persona de la Trinidad, que existía antes de todo, junto a Dios y el Espíritu Santo. Jesús es el nombre de Cristo o sea la Palabra hecha carne, que vino y habitó entre nosotros para mostraros el rostro de Dios, para salvarnos con el mensaje que Dios Padre nos envía con su Hijo. Quien ve a Jesús ve a Dios. Por eso los cuatro evangelios, las cartas de Pablo y ls otras apostólicas, los Hechos de los Apóstoles, el Apocalipsis son textos que nos deben acompañar siempre, leerlos, meditarlos. Ahí está toda la Palabra de Dios.

Abajo he puesto dos de las lecturas bíblicas del día de hoy, ambas bellísimas. Y al final una breve reflexión sobre ellas. Es un testimonio directo de lo que vio, vivió, escuchó, tocó Juan al lado de Jesús durante sus tres años de vida itinerante de predicación de la buena noticia, el Reino De Dios.

Juan fue el único de los discípulos que junto a las mujeres, tuvo la valentía y el amor apasionado que nada detiene de estar al lado de la Cruz cuando Jesús fue crucificado. Fue a quien Jesús –desde la cruz– le encargó a su madre, María, que se fue a vivir con él en Efeso. Me estremece siempre pensar que Jesús lo dio todo por amor, su propia vida e incluso nos dio a su madre para que fuera madre nuestra. Así lo dejó saber desde la cruz, en el evangelio de Juan es la vida de Cristo hecho carne en Jesús, pero la figura que emerge es Cristo, el eterno. Jesús muere, resucita Cristo.



Primera carta del apóstol San Juan 1, 1-4

Queridos hermanos:
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida; pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo.

Evangelio de Juan 20, 2-8


El primer día de la semana, María la Magdalena echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Breve reflexión sobre las lecturas de San Juan

“Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos…”Juan fue de los afortunados que Jesús eligió como apóstol. Durante tres amplios años convivió con Jesús y vivió muy de cerca todo lo que Jesús hizo y todo lo que les comunicó. Por eso, ahora puede decir “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestro propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de Vida… nosotros la hemos visto, os damos testimonio”. Mejor testigo de Jesús imposible. Y nos lo quiere comunicar para que gocemos de la vida y vida en abundancia que Jesús vino a regalarnos.

Nosotros, cristianos del siglo XXI, hemos recibido ese testimonio de Juan sobre Jesús. Pero también a cada uno de nosotros, el mismo Jesús ha salido a nuestro encuentro y nos ha mostrado su cercanía, su amistad, la verdad y el gozo de su menaje, y ha llenado nuestro corazón de vida, de sentido, de esperanza.A nosotros nos queda hacer lo mismo que el evangelista Juan. Comunicar a los demás nuestra experiencia de Jesús, para que también le descubran como el camino verdadero para vivir con ilusión sus días y sus noches.

“Vio y creyó”Acabamos de hablar de la suerte de Juan y los otros apóstoles por tener la experiencia directa de convivir con Jesús. Pero su experiencia se topaba todos los días con Jesús, al que de entrada no veían más que como hombre. Es verdad, poco a poco, fueron descubriendo que era un hombre especial.Jesús no hablaba como los demás hombres. Sus palabras tenían un sonido especial, que superaba los sonidos humanos. Realizaba signos especiales, curaciones que daban a indicar que iba más allá del poder humano. Pero todos los días convivían con el hombre Jesús. Jesús les iba instruyendo para que diesen el paso de verle como hombre y también como Dios, el Hijo de Dios. Un golpe fuerte fue la muerte de Jesús. Juan fue el único apóstol que le acompañó, junto a María y otras mujeres, a lo alto del Calvario y allí lo vio morir. Es fácil sospechar que de no haber resucitado Jesús todo lo suyo se habría derrumbado. Pero Jesús, es la enseñanza del evangelio de hoy, resucitó, y Pedro y Juan, al ver el sepulcro vacío creyeron en él y en todo lo que les había dicho. También en su resurrección y en la que ofrecía a todos sus seguidores. En esta fiesta del apóstol Juan, el “que vio y creyó”, podemos pedir a Jesús que aumente nuestra fe, que le reconozcamos como hombre y Dios verdadero, que nos haga creer y experimentar que resucitó, que nos va  a resucitar y que su camino es el mejor camino para vivir la vida humana.

Fray Manuel Santos Sánchez, OP
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Vida y obra de San Juan

Veinte años tendría escasamente San Juan cuando Jesús le llamó. Fue, sin duda, el más joven de los discípulos y menor que el Maestro en una buena docena de años.

(Mercaba.org)- Ribereño del lago de Tiberíades, ni su género de vida como pescador, ni aquella fogosidad juvenil que le mereció el título de Boanerges (“hijo del trueno”), compartido con su hermano Santiago el Mayor; ni su actividad apostólica en los tiempos heroicos de la primitiva Iglesia palestinense; ni su longevidad casi centenaria, la cual supone una constitución somática vigorosa; ni la intrepidez con que defendió, frente a herejes gnósticos—llamándoles “anticristos”—, la verdadera fe en Jesús Dios-hombre; ni la densidad sublime de su teología y de su mística, basadas, sin embargo, en la realidad histórica: nada de esto autoriza esa figura de jovencito blandengue—casi femenil, si no enfermizo—, tantas veces representada por un arte iconográfico que parece ignorar los datos bíblicos.

Si Juan fue “el discípulo a quien amaba Jesús” y el más joven de los apóstoles, fue también el pescador robusto y vigoroso, el mozo equilibrado y sereno que respetuosamente sabe quedarse en segundo lugar cuando acompaña a Pedro; el hombre varonil a quien Jesús confía de por vida su propia Madre como herencia; el teólogo que, sin perder el contacto con la tierra, sabe elevarse a tales cumbres teológicas como ningún otro escritor neotestamentario, ni siquiera San Pablo. Todo ello supone una personalidad riquisima en cualidades humanas y una entrega interna y externa, total y decisiva, al amor y al servicio del Maestro.

Dos etapas conócense de su vida, separadas por un largo silencio de casi medio siglo. Los detalles de la primera quedaron consignados en los libros sagrados del Nuevo Testamento; los de la segunda, en la más estricta y depurada tradición contemporánea. Entre ambas, la carencia de datos durante ese prolongado silencio.

Respecto de la primera etapa sabemos que Juan era de Betsaida, a orillas del lago, patria también de Pedro. Sus padres fueron Zebedeo y Salomé (¿hermana de San José?). Los hijos de este matrimonio, Santiago y Juan, fueron pescadores, como su padre, pero no de condición precaria, puesto que tenían a su servicio jornaleros, poseían barca propia, pescaban al copo con amplia red barredera, y su madre era una de aquellas piadosas mujeres que con sus bienes sufragaban las necesidades materiales del Maestro.

Juan, su hermano Santiago y su amigo Pedro formaban el grupo predilecto de Jesús, Los tres fueron testigos directos de la resurrección de la hija de Jairo, de la transfiguración de Jesús en el Tabor, de su agonía en Getsemaní. Jesús tuvo tal predilección por Juan que éste se señalaba a sí mismo como “el discípulo a quien amaba Jesús”. En la noche de la cena reclinó su cabeza sobre el costado del Maestro y fue el único discípulo que estuvo al pie de la cruz, a quien Jesús agonizante dejó encomendada su divina Madre.

Su amistad con Pedro fue de siempre. Paisano suyo y compañero de pesca, ellos dos fueron los encargados por Jesús de preparar la ultima cena pascual. También fue Juan, seguramente, el que introdujo a Pedro en la casa del sumo sacerdote durante la noche de la pasión. Y en la mañana de la resurrección ambos comprueban juntos que el sepulcro está vacío. Juntos aparecen también en la curación del paralítico por Pedro, en la detención y en el juicio sufrido ante el Sanedrín, y en Samaria, adonde van en nombre de los Doce, para invocar allí, sobre los ya creyentes, al Espíritu Santo. Y cuando San Pablo, allá por el año 49, vuelve a Jerusalén al final de su primera expedición misionera, encuentra allí a Pedro y a Juan, a quienes califica de “columnas” de la Iglesia.

La segunda etapa de su vida coincide con el último decenio del primer siglo de nuestra era poco más o menos. Juan es ahora el oráculo de los cristianos de la provincia romana de Asia, es decir, del litoral egeo y parte de tierra adentro de la actual Turquía. El centro de su actividad apostólica es siempre Efeso. Él mismo nos dice en el Apocalipsis que estuvo desterrado en Palmos por haber dado testimonio de Jesús. Esto debió de acontecer durante la persecución de Domiciano (años 81-96 d. C.). Su sucesor, el benigno y ya casi anciano Nerva (a. 96-98), concedió una amnistía general, en virtud de la cual pudo Juan volver a Efeso.

El Apocalipsis y las tres cartas de Juan atestiguan igualmente que su autor vive en Asia y que goza allí de extraordinaria autoridad. Y no es para menos. En ninguna otra parte del mundo civilizado, ni siquiera en Roma, quedaban ya apóstoles supervivientes. Y sería de ver la veneración que sentirían los cristianos de fines del primer siglo por aquel anciano que había oído hablar al Señor Jesús, y le habia visto con sus propios ojos, y le habia tocado con sus manos, y le había contemplado en su vida terrena y ya resucitado, y había presenciado su ascensión a los cielos.

Por eso el valor de sus enseñanzas y el peso de sus afirmaciones por fuerza había de ser excepcional y único. Y en este anciano, que al parecer jamás iba a morir—eso anhelaban y, en parte, creían los buenos hijos espirituales del apóstol viendo su longevidad—, encontraban aquellas comunidades cristianas un manantial inagotable de vida en Cristo. De él dependen, en su doctrina, en su espiritualidad y en la suave unción cristocéntrica de sus escritos, los Santos Padres de aquella primera generación postapostólica que le trataron personalmente o se formaron en la fe cristiana con los que habian vivido con él, como San Papias de Hierápolis, San Policarpo de Esmirna, San Ignacio de Antioquía y San Ireneo de Lyón. Y son éstos precisamente las fuentes de donde dimanan las mejores noticias que la tradición nos transmitió acerca de esta última etapa de la vida del apóstol.

A las persecuciones más o menos individuales de Nerón siguióse, bajo Domiciano, una persecución en toda regla. El inmenso poder del divinizado cesar romano se propone aniquilar la inerme Esposa de Cristo. La Bestia contra el Cordero. Y, para colmo, el cúmulo de herejías que entraña el movimiento religioso gnóstico, nacido y propagado fuera y dentro de la Iglesia, intenta corroer la esencia misma del cristianismo. Triste situación la de este nonagenario sobre cuyos hombros pesa ahora, por ser el único superviviente de los que convivieron con el Maestro, el sostenimiento de la fe cristiana. Pero Dios le concedió, providencialmente, tan largos años de vida para que fuera el pilar básico de su Iglesia en aquella hora terrible.

Con su predicación y sus escritos quedaba asegurado el porvenir glorioso de la Iglesia, entrevisto por él en sus visiones de Patmos y cantado luego en el Apocalipsis. Cumplida su obra, el santo evangelista murió ya casi centenario, sin que sepamos la fecha exacta. Fue al final del primer siglo o muy a principios del segundo, en tiempos de Trajano (a. 98-117). Entre estas dos etapas de la actividad apostólica de San Juan existe la gran laguna de un silencio prolongado. Desde el año 49, cuando San Pablo le encuentra todavía en Jerusalén, siendo allí “columna’ de la Iglesia palestinense, hasta cerca del año 90, cuando fue desterrado a Patmos, nada se sabe de él. ¿Dónde estuvo? ¿Qué iglesias evangelizó?

Quizá los hechos hayan de explicarse así: entre el año 66 y el 68 sucedieron muchas cosas que pudieron motivar la marcha de San Juan a Efeso. Por de pronto, la Santísima Virgen, encomendada a los cuidados filiales de Juan, había volado ya en cuerpo y alma a los cielos. Por otra parte, comenzaba en el 66 la espantosa guerra judía que terminaría con la destrucción de Jerusalén por el ejército romano, y, en conformidad con el aviso previo de Jesús, los cristianos de la Ciudad Santa se dispersaron de antemano y se situaron en otras regiones. Ya no era, pues, necesaria la presencia de Juan en Palestina.

Además, hacia el año 67, Pablo, el gran evangelizador del mundo greco-romano, que había permanecido en Efeso más tiempo que en ninguna otra ciudad del Imperio, había sido decapitado en Roma. ¿Cómo dejar abandonada a sí misma la región de Asia, que por su situación, su cultura helenistica y por el estado florecientisimo de sus comunidades, amenazadas de las nuevas corrientes heréticas, podía considerarse como el centro vital de irradiación cristiana? Las circunstancias de Efeso reclamaban la presencia de un apóstol que, como Juan, continuara en Asia la siembra de Pablo y fecundara su desarrollo doctrinal. Para tal obra nadie más a propósito—y quizá ya el único disponible— como aquel animoso Boanerges, el cual, por otra parte, había calado tan hondamente en la comprensión del “misterio” de Jesús.

Estos hechos motivaron seguramente el traslado de Juan a Efeso para ejercer allí su actividad misionera, plasmada luego en sus escritos. Pero el Juan misionero queda como empequeñecido por el Juan escritor. Si con su palabra hablada fue el oráculo del Asia durante muchos años, con sus escritos es y seguirá siendo, a través de los siglos, el “teólogo” y el “místico” por excelencia, el “águila” de los 

evangelistas, la antorcha que ilumina con claridades celestiales el futuro terrestre y eterno de la Iglesia.

Tres son la obras salidas de su pluma incluidas en el canon del Nuevo Testamento: el cuarto evangelio, el Apocalipsis y las tres cartas que llevan su nombre. Los escritos de San Juan son ya el final de los libros sagrados, el último estadio del fieri de la Iglesia naciente, la madurez definitiva de la revelación. Con media docena escasa de ideas, pero cargadas de una densidad teológica inagotable, Juan desarrolla el tema central y aun único de sus escritos: enseñarnos quién es y qué es Jesús: Dios-hombre, luz, vida, verdad y amor.

Los escritos de San Juan son, esencialmente cristocéntricos. Su finalidad es revelarnos las riquezas que se encierran en la persona de Jesús. Su tema central es Jesús, quien, por ser tan realmente hombre y tan realmente Dios, es el revelador del Padre, y es por eso la luz del mundo, y la vida de los hombres, y la clave del universo, que en Él encuentra la razón de su existencia y de su destino.

Juan es, por último, el evangelista de la universal misión maternal de María. Aun prescindiendo de la parte que él pudo tener en transmitir las noticias recogidas en San Lucas sobre la infancia de Jesús, el evangelista San Juan, que tanto simbolismo sabe descubrir en los 

San Juan con la Virgen María.

principales milagros de Jesús, coloca a la Santísima Virgen en el milagro de Caná y al pie de la cruz—principio y fin de la vida pública de Jesús—, como para indicar la presencia permanente de María en la obra de su Hijo y su solícita colaboración maternal con Él.

Hay anécdotas simpáticas, aunque históricamente no del todo seguras, que confirman la amabilidad de este santo anciano, junto con su natural viveza de carácter y el amor en Cristo que a todos profesaba. Cuentan de él que, como descanso para su espíritu, le gustaba entretenerse en acariciar a una tortolilla domesticada que tenía. Buen precedente para San Francisco de Asís… En cierta ocasión—narra San Ireneo—, habiendo ido el bienaventurado apóstol a bañarse en los baños públicos de Efeso, vió que en ellos estaba el hereje Cerinto; e inmediatamente, sin haberse bañado, salióse fuera diciendo: “Huyamos de aquí; no vaya a hundirse el edificio por estar dentro tan gran enemigo de la verdad”. En cambio habiendo sabido que un joven cristiano, educado con miras al sacerdocio, dió luego tan malos pasos que acabó en jefe de bandoleros, hízose llevar el Santo hasta el monte que al ladrón servia de guarida, y, corriendo tras él y llamándole a grandes voces: “¡Hijo mío, hijo mío!”, logró rescatarle para Cristo.

Algunos autores de los primeros siglos cuentan que San Juan resucitó en cierta ocasión a un muerto. Pero el milagro principal fue el sucedido en su propia persona. Refiere Tertuliano que, llevado el apóstol a Roma poco antes de su destierro a Palmos, fue sumergido en una tinaja de aceite hirviendo, de la que salió totalmente ileso y pletórico de renovada juventud, Hay quien pone en duda la historicidad de este hecho, porque ni consta que San Juan estuviera alguna vez en Roma ni de tal milagro se hacen eco los escritores que le conocieron, mientras que Tertuliano, de la iglesia de Africa, difícilmente podía tener información segura. Con todo, la Iglesia romana celebra esta fiesta en su liturgia bajo el título de “San Juan ante portam Latinam”.

Una leyenda curiosa recogió San Agustín. En el sepulcro del santo apóstol—dice—se ve moverse la tierra sobre la parte correspondiente al pecho, como si el cuerpo allí sepultado respirara todavía o palpitara aún su corazón. Simple leyenda desde luego. Pero lo que no es leyenda sino realidad, es que el corazón del santo evangelista sigue palpitando en sus escritos, y que esas palpitaciones son de amor, de admiración, de arrobamiento ante la persona de Jesús, que fue para él la gran revelación de su vida y el centro de su vivir. Y Juan quería que lo fuera también para todos los hombres. Porque Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; Él es la Luz, y la Verdad, y la Vida, y el Amor.

El juicio del presidente

Nancy Pelosi, presidente de la Cámara
de Representantes
Debajo: Charles Schumer, líder de la
minoría del Senado
Debajo: el Presidente Donald Trump y el Presidente del Senado, Mitch McConnell.

Los hombres se dividen en dos bandos, dijo José Martí, los que aman y fundan, los que odian y deshacen. Esta verdad dicha como muchas otras por nuestro liberador y poeta cubano, la recordé observando la violenta turbulencia que estamos atravesando. La comparo a un avión cuando está en medio de una tormenta anunciada para que nos abrochemos los cinturones, y no deja de dar saltos súbitos hacia arriba y hacia abajo en cuestión de segundos, miras a tu alrededor, ves los ojos cerrados y la expresión de horror de los pasajeros, y ya das por seguro que la nave se va a estrellar, a hundir en el mar.

No encuentro mejor símil, porque es una experiencia que conozco y me da  pánico, como el que ahora siento ante el futuro inmediato de Estados Unidos. ¿Caerá la nación en el precipicio o se salvará? Contrario a un accidente aéreo, depende de quienes ganen la batalla decisiva. Los que aman y fundan o los que odian y deshacen.

William Webster, presidente del Consejo Asesor del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, exdirector del FBI (1978-1987) y de la CIA (1987-1991) y el exjuez federal que logró acabar con la mafia de Nueva York bajo el gobierno de Jimmy Carter, escribió una columna de opinión el lunes 16 de diciembre en The New York Times titulada: “Dirigí el FBI y la CIA: Hay una amenaza urgente al país que amo”. En ella el respetado conocedor de eso que se llama peligro, el experimentado y alto dirigente de nuestra Inteligencia nos lo advierte: hay que sacar a Donald Trump de la presidencia, estamos al borde de caer en una dictadura bajo el mando de un monarca, déspota o tirano.

Webster es uno entre más de mil profesionales, funcionarios y distinguidos servidores públicos en varias ramas del saber y del gobierno, que han lanzado la voz de alarma desde hace tiempo. Más de 550 abogados firmaron una carta pidiendo que se destituya al presidente; cientos de psiquiatras y psicólogos hicieron público un documento en el que afirman que Donald Trump padece de trastornos mentales serios. El mismo lunes más de 700 profesores de historia publicaron un documento firmado en el que exponen sus razones por las cuales el presidente debe ser sacado de su cargo.

Los periódicos de la nación cuyos editoriales piden el impeachment aumentan casi a diario. Solo en esta última semana los siguientes rotativos han publicado la visión de su junta editorial: The New York TimesWashington PostUSA TodayLos Angeles TimesSaltLake TribuneTampa Bay TimesOrlando SentinelBoston GlobeNew York Daily NewsChicago Sun-TimesPhiladelphia InquirerSan Francisco Chronicle. Y se sumarán otros. Ni The Miami Herald ni El Nuevo Herald han publicado un editorial, como era de esperar en Miami. Los voceros cubanoamericanos trumpistas están entre comisionados de la ciudad, otros son intimidados en las ondas radiales y la prensa en general se deja intimidar aun cuando el caso es tan grave para conservar la democracia de Estados Unidos. Pero ese tema merece un artículo aparte.

La OTAN, la Unión Europea y organizaciones nacionales importantes han expresado su preocupación con la presente administración. Entre ellos casi todo el Pentágono, que ha ido alarmándose ante las decisiones de Trump y ha denunciado públicamente varias veces la errada política exterior del presidente, que en muchas ocasiones favorecen a Rusia en lugar de a Estados Unidos. Digamos que la gota que colmó la copa y que incluso provocó la renuncia de altos mandos del ejército fue la orden sin consulta previa al Congreso de retirar las tropas estadounidenses de Siria. Ese repudiable acto le dejó a Turquía libre la frontera, densamente poblada por los kurdos. Ni un minuto perdieron los turcos en comenzar la matanza de kurdos, cuyo territorio, Kurdistán, tiene fronteras con Turquía, Irán, Irak y Siria. El vacío dejado por las tropas de EE. UU. les dio luz verde a las tropas turcas, pero no sólo eso, favoreció en alto grado a Putin y lo peor quizá, ha hecho posible el resurgimiento de los terroristas islamistas.

Trump traicionó a los kurdos, y se ha dado crédito, como suele hacer, de la eliminación de los terroristas. Pero la verdad es que sin la guerra sin cuartel de los kurdos los terroristas no habrían sido tan debilitados y el Califato Islámico todavía tendría territorios en el Medio Oriente. Súmesele a esto que fueron los kurdos los que localizaron e hicieron posible el asesinato del líder máximo de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi. 

El magistral Informe Mueller, en el que se evidencia la obstrucción de la justicia y la confabulación de la campaña presidencial de Trump con Rusia para que este ganara las elecciones, dio como resultado la acusación, condena y encarcelamiento de los hombres más ligados a su campaña presidencial y a su presidencia. Todos acusados de crímenes graves, incluyendo a los que están libres todavía, pero que han sido condenados y esperan sentencia. Evito escribir los nombres de todos los implicados el capítulo de esta saga criminal, porque son muchos los delincuentes con estrechos vínculos con el presidente Trump. Lo haré cuando sea estrictamente necesario.

Existen decenas de motivos por los cuales hace tiempo el Congreso, como rama del gobierno con poder de destituir y enjuiciar a un presidente, pudo haber iniciado un proceso contra él. Se esperó a que estuviera listo el Informe Mueller. Sabemos que después del despido de varios miembros de alto rango del FBI, como su exdirector, James Comey, del ex fiscal general Jeff Sessions (porque se había excluido de la investigación de la trama rusa, algo que molestó al presidente, porque confiaba que Sessions le sería leal a él y no a la verdad, Trump nombró como fiscal general, al frente del Departamento de Justicia, la tercera rama del poder del Estado, a William Barr, y este sí sigue las órdenes del presidente ignorando su deber al jurar por la defensa de la democracia y la Constitución y no al presidente, Barr es un cómplice y lacayo de Trump.

En suma, el Informe Mueller evidencia, y así lo corroboró el mismo Mueller ante la audiencia del Congreso cuando fue llamado a testificar, que hubo abuso de poder, obstrucción de la justicia y conspiración entre la campaña presidencial y los rusos.

La Inteligencia y otros expertos en política exterior han escrito o aparecido en televisión diciendo por las claras que el presidente Donald Trump es el peligro mayor que confronta la seguridad nacional.

Fue el quid pro quo que intentó llevar a cabo Trump con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, lo que finalmente le dio al Comité Judicial de la Cámara dos causas para la destitución del presidente: abuso de poder y obstrucción del Congreso, considerados crímenes graves en el Artículo II de la Constitución, donde se indica que es motivo para el impeachment del presidente. Ha quedado ampliamente evidenciado por los testimonios de los implicados directa o indirectamente el intento de soborno y extorsión cometido por el presidente Trump. Para aclarar: Ucrania fue y sigue siendo invadida por Rusia para anexarla a su territorio como hizo con Crimea. Zelensky necesitaba la ayuda económica de Estados Unidos con urgencia, ayuda que ya había sido aprobada por el Congreso para comprar armamentos para la defensa del país. Trump la detuvo y condicionó esa ayuda a cambio de que Zelensky investigara e hiciera públicos elementos dañinos sobre Joseph Biden y su hijo, Hunter. Es decir, negociaba la política exterior del país a cambio de sacar ventajas personales para su campaña presidencial. Eso se llama abuso de poder, pero lo que es peor, es que más tarde se descubrió que había un plan maestro ideado por Putin y promulgado aquí por Trump, que había sido Ucrania y no Rusia la que había intervenido en las elecciones de Estados Unidos en 2016. Trump, en uno de sus impulsos incontenibles, dijo que era verdad, porque “Putin me lo dijo”.

¿A quién conviene que Ucrania no esté armada? ¿A quién le conviene que se crea que fue Ucrania la que intervino en las elecciones? A Vladimir Putin, y Donald Trump es su lacayo.

El estudioso de la Constitución, Noah Feldman dijo ante el Comité que “sin la destitución (incluida en la Constitución), el presidente hubiese sido un monarca electo, con la destitución es un presidente que no está por encima de la ley”.

Ya la Cámara de Representantes votó a favor de la destitución. En enero se celebrará el juicio en el Senado, donde si gana el voto a favor, Trump deja de ser presidente de inmediato.

Pero eso, como sabemos, es difícil que suceda. Porque el aliado más importante que tiene el presidente para poder permanecer en el poder hasta las elecciones de 2020 es el presidente del Senado, Mitch McConnell, que presidirá también el juicio. Este hombre de probados actos de corrupción dijo públicamente lo siguiente: “No hay diferencia entre la posición del presidente y nuestra posición (los republicanos) en cuanto a cómo manejar esto. No existe la posibilidad de que el Senado vote a favor de condenar al presidente”.

Por un instante mediten en esas palabras: quien preside el jurado senatorial anuncia antes del juicio que no va a ser imparcial, lo admitió públicamente llamándole a este proceso un juicio político iniciado por los demócratas.

Pero ese ha sido un error grave del camaján político Mitch McConnell, porque la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, al terminar la votación en la Cámara donde se destituyó por mayoría a Trump el miércoles 18 de diciembre, dio una conferencia de prensa. Y ahí cambió de súbito las reglas del simulacro que iban a llevar a cabo los republicanos liderados por McConnell.

Como ha quedado en manos de la Cámara de Representantes defender la Constitución y la República, y lo hace, con creces, al argumento republicano de que no hay suficiente evidencia de que Trump cometió abuso de poder y obstrucción del Congreso, el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, ha pedido formalmente que vayan a testificar al juicio algunos de los altos funcionarios de la Casa Blanca, testigos directos, oculares, presentes en el crimen. Estos son: Mick Mulvaney, jefe de Gabinete de la Casa Blanca; John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional; Robert Blair, jefe de personal de la Casa Blanca y Michael Duffey, jefe de presupuesto para la seguridad nacional. Mike Pompeo, secretario de Estado, John Bolton, ex asesor de seguridad nacional y otros. Pero el presidente les ha prohibido testificar. Ahí radica la obstrucción del Congreso, en que en todo momento Trump ha impedido que testifiquen algunas personas citadas por la Cámara, ha intimidado a los que han tenido el valor de ir, y los ha descalificado y calumniado por medio de tuits.

McConnell también se niega a que haya testigos en el juicio, ni que se presenten documentos que están en el poder de Trump altamente incriminatorios, no quiere emails, grabaciones, fotos, no quiere nada. Un juicio rápido y que exonere de toda culpa al presidente. ¿No se da cuenta el senador de Kentucky que tiene que jurar antes de comenzar el juicio y en ese juramento aparecen como sagradas las palabras que dicen que será imparcial al ejercer su función? Sería un perjurio, que se paga con cárcel. Es tan torpe lo que hacen los republicanos que no tienen argumentos para defender a Trump que a la vez que se quejan de que no hay pruebas de su culpabilidad, impiden a testigos de primera que asistan al juicio. Es transparente el juicio fraudulento, el delito que están dispuestos a cometer con tal de defender a Donald Trump de todos los desmanes y crímenes que ha cometido y sigue cometiendo siendo presidente.

¿Cómo entender lo que ha sucedido con el Partido Republicano? ¿Qué les ha pasado? Algún día sabremos si fue uno de esos raros fenómenos de culto a la personalidad que a veces aqueja a un pueblo o un partido por el carisma de su líder. Pero, ¿tiene carisma Trump? No lo tiene, pero se ha convertido en  el símbolo de todo lo que han ansiado y ansían la mayoría de los republicanos y la sociedad de consumo, convertida ya en una plutocracia: símbolo poderoso del dinero, poder, codicia, desprecio por las clases pobres, a quienes ocupan por su pobreza (recomiendo el libro Not a Crime to Be Poor. The Criminalization of Poverty in America, de Peter Edelman. El autor es abogado, estudioso y asesor de políticas públicas y profesor de Derecho en el Centro de Leyes de la Universidad de Georgetown. Se especializa en los campos de la pobreza, asistencia pública, justicia juvenil y ley constitucional).

En esta lucha sin precedentes en la historia de esta nación, se ha entrado en un período de estancamiento, de tregua que durará hasta enero, cuando regresen los congresistas de las vacaciones de estos días de fiesta y año nuevo. Se fijará entonces la fecha del juicio. Pero las circunstancias serán muy diferentes. Porque Pelosi decidió retener en la Cámara de Representantes los documentos-artículos de la destitución del presidente hasta no tener la garantía por parte de Mitch McConnell de que se presentarán algunos de los testigos clave que ellos –Pelosi y Schummer–piden: Bolton, Mulvaney, Pompeo, por ejemplo, y todos los documentos pertinentes. Si Trump o McConnell quieren añadir testigos, los demócratas, que han cumplido con su deber ciudadano y de servidores públicos al cumplir con el mandato de la Constitución, no se opondrán.

¿Por qué si el presidente es inocente no quiere que sus asistentes más cercanos, implicados cada uno –hay evidencias y hasta la confesión pública de Mulvaney de que sí hubo soborno y fraude en el caso de Ucrania–, testifiquen en su juicio?

¿Por qué no quieren Mitch McConnell ni Donald Trump que estos cómplices del crimen testifiquen bajo juramento en el juicio contra el presidente?

Porque sería destituido de inmediato. Al fin los ciudadanos sabrían que se hizo justicia: Donald J. Trump saldría de la Casa Blanca al terminar el juicio.

Nota:

Esta es mi primera columna en el periódico online los7dias.com, con el que estaré colaborando, como otros periodistas que los hacían para El Nuevo Herald que ahora han fundado este medio, los7dias.com., Trabajé muchos años en ENH, pero fue decayendo en calidad, credibilidad y ética periodística. El último año, 2017, en que publique ahí todos los viernes, fue difícil. Tuve la suerte, el don de contar con un editor magnifico, Andrés Hernández Alende, director de la sección Perspectiva, Pero aunque no hablábamos de esto, bien sabía yo que la sala de redacción y la dirección del periódico eran republicanos trumpistas, yo empecé a ser una espina muy incómoda en esa publicación. Nunca fui censurada, y se lo debo y agradezco al director de la sección de Opiniones, Hernández Alende, que renunció al Herald al poco tiempo de yo dejarlo y ahora trabaja en los7dias.com, cómo otros buenos columnistas, entre ellos, Otto Rodríguez. Hace mucho tiempo que otros columnista se fueron del Herald a otros medios. 
Pensar que recortaron a una pagina la sección de Opiniones y destacaban a todo dar los horóscopos de Walter Mercado, que en los momentos que atraviesa Estados Unidos, los titulares sobre las investigaciones, evidencias de la intervención de Rusia en las elecciones de 2016 a favor de Trump ocupaban y siguen ocupando un titular mínimo en el quinto o sexto lugar de la noticias. Mientras predominaba la superficialidad y los titulares de primera sobre el noticias mucho menos importantes, el chisme farandulero y evitar por todos los medios actuar como un diario serio sobre lo que es asunto de primera plana en todos los medios estadounidenses y del mundo. No así en El Nuevo Herald. Se prueba la falta de rigor periodístico que tuvo. Una verdadera pena. Pero todo termina y todo comienza. El silencio, la desinformación u ocultamiento de lo que en verdad está sucediendo en este país ahora sigue siendo noticia carente de la importancia que urge para mantener informada a la comunidad hispana. Es una vergüenza para la prensa hispana, El Nuevo Herald se comporta igual a los trumpistas, ya no los voy a llamar republicanos, porque Trump destruyó a ese partido. Se ha convertido en el partido de Trump, como se han quejado varios republicanos que saben y tienen la conciencia de que ellos hicieron un juramento a la Constitución no a un presidente. Los trumpistas que escriben en opiniones, editores y la directiva de El Nuevo Herald, son astutos y oportunistas, insisten en esconder con los malabarismos de otras”noticias”, la grave, gravísima situación que atraviesa Estados Unidos y los crímenes más que comprobados del presidente Donald Trump. Ahí tenemos el Informe Mueller, los testimonios, los documentos, emails, grabaciones y ahora la destitución por parte del Comité Judicial de la Cámara, cuyas audiencias fueron evidencias constantes de que Trump violó la Constitución, es un delincuente que abusó del poder y obstruyó al Congreso. 
Hoy, domingo, The New York Times publica la noticia de que salieron a la luz unos email donde se ordena por parte de Trump la detención de la ayuda a Ucrania, esto sucede a solo 90 minutos de que Trump hablara con el presidente de Ucrania. El artículo se titula: Officials Discussed Hold on Ukraine Aid After Trump Spoke With Country’s Leader. Sabemos que tenía planeado no darle la ayuda a Ucrania hasta que el presidente no investigara y dijera en público todo lo “sucio” que tenían en Ucrania Joseph Biden y su hijo. En otras palabras, detener la ayuda urgente que necesita Ucrania par defenderse de la invasión de Rusia a cambio de ganancia política personal. En todo siempre, ayudando a Putin,se sospecha, de hecho, que trabaja para el monarca ruso.

Ven

La noche es buena. En el desvelo de la madrugada sin haber dormido un minuto se aprecia mejor la presencia de la noche, tan distinta al día. El silencio y la soledad me acompañan en esta vigilia inesperada que acojo con asombro y gozo. Hay cierto encanto en el entorno, está en penumbra todo y se ilumina u oscurece al compás de la llama que tengo encendida en mi pequeño altar. La desolación se ha ido, no está. Me habita la espera sosegada de alguien que está por revelarse o por llegar. Siento la cercanía del que trae la alegría y una paz como ninguna. Qué belleza la de este misterio que lo ha ido envolviendo todo y no intento descifrar. Es misterio para vivirse, no para indagar. No podría, es sagrado. Y se va revelando en la experiencia, no en la visión ni el entendimiento. Solo se siente, se vive y sin apenas notarlo te va transformando. Seré dichosa? Cómo no serlo si me ha elegido a mí, a mí, mínima mujer de heridas que renace. Soy una nueva creación.

Es el Amor el que se acerca, es la bondad, la belleza, la fidelidad, la ternura, todas ellas en una. Pero además trae la fuerza y el poder para protegerme. Nada ni nadie me hará más daño, me va a amparar, es mi refugio seguro contra toda intemperie o pérdida de rumbo. Me va a cuidar, me cuida mucho ya y me quiere. Me quiere tanto que le duele. Y aunque esta noche es todo gozo por su llegada sé que, además de dolerle su amor, va a morir por mí. No existe amor así. Y me lo está dando constantemente a mi. Yo no esperé nunca esto que me estremece, me sacude por dentro, me colma hasta llegar a una felicidad –es esa la palabra?– nunca conocida. Noche bendita que me advierte que habrá que inventar un lenguaje nuevo, el encuentro es inefable.

Va a estar a mi lado siempre, infinitamente. Nunca me abandonará. Y cuando me lo dice le creo: La fugacidad ha muerto y las despedidas, como lo perecedero. He entrado en la eternidad porque creo. 

El amor con que llega es incondicional, todo me lo da, se lo doy todo. Y mi amor se fundirá en el suyo formando con los otros un cosmos ardiente que avanza inconmensurable hacia el bien. El mal será aniquilado, no existirá.

La alegría de mi alma se halla muy dentro de mí, entre latido y latido de mi corazón. Ahí radica la esperanza que no defrauda, la que me abraza esta noche de vigilia.

Y quién es el que viene, cómo se llama ese que llamo Amor? ? Es Jesús, la imagen visible del Dios invisible, para eso fue la Encarnación, para que conociera a Dios, mi Padre. El principal mensaje que nos envió con su Hijo, el que en el pasado no quisieron obedecer ni escuchar a través de la ley y los profetas: que me ama, que él es el camino, la verdad y la vida, y quién crea en él no perecerá. 

Me vino a decir algo extraordinario, y es el mensaje en que se fundamenta el Reino: tengo vida eterna. La muerte ha sido abolida. Cristo resucitó, yo también resucitaré. 

El viene para liberarme y darme la dignidad que nadie puede quitarme, me la dio antes de yo nacer, desde que estaba en el seno materno. Nací con ella y con una búsqueda ardiente en el pecho. Comprendo lo que está por pasar? No del todo, me sobrepasa en esta noche de vigilia a la espera de ese que llega. Y estoy contenta, y porque estoy contenta sé que mi espíritu está lleno de gratitud. 

Porque llega el que me salva, me celebra, me canta, me bendice. Llega para que tenga vida abundante y ría de alegría. No es maravilloso? Ese que llena todos los sinsentidos, los vacíos de la vida, el que una vez llamé desde el fondo de un precipicio a gritos y plegarias presintiéndolo. Desde entonces, cuando lo encontré, Cristo vive en mí y únicamente por eso permanezco viva, a pesar de los golpes, las caídas, las noches oscuras de alma. 

Casi estamos en Navidad. Es el motivo de mi dicha, inmensa palabra que significa lo que solo Cristo me da.

Una nueva teología

La visión y la teología de El Cristo universal, el último libro del fraile franciscano Richard Rohr, ha influido mucho en mí, es una obra liberadora y transformadora, como fue La danza divina. La Trinidad y tu transformación, que precedió a este último. 

Lo que han leído arriba es la narración de una experiencia real que tuve esta semana. Fue el martes por la noche que no pude dormir. Cuando me sucede eso, pocas veces, no trato de quedare dormida luchando contra lo imposible. Me levanto y hago algo: escribo, leo, oigo música, limpio, hasta que me rindo. 

Esa noche no fue distinta. Me puse a escribir. Lo hice en primera persona, adueñándome del universo, puedo, soy parte de él. 
Quiero compartir con los lectores la reseña que acabo de encontrar de esa obra. Richard tiene 76 años, llevo muchos leyéndolo, como 10. Recibo por correo sus meditaciones diarias, que son parte de mi oración de la mañana, escucho algunas de sus conferencias ya sea en un webinar que él dé, o conferencias transmitidas por Youtube, uno de sus podcasts, etc., y claro, leo sus libros. 

‘El Cristo universal’, un libro del franciscano Richard Rohr

Escrito por Redaccion de iviva, el 2 de abril, 2019

¡Que bueno que en la Iglesia Católica surjan nuevas teologías (intellectum quaerens fidem, Modelos para explicar hoy la fe) y nadie las intente sofocar! El nuevo libro de Richard Rohr‘El Cristo universal’, parece que es una importante aportación a esta reavivación de una fe paulina cósmica y global hoy en día. Traducimos aquí lo que sobre él  escribe Cathleen Falsani, en National Catholic Reporter. IV.

ALBUQUERQUE, N.M. – A lo largo de un tranquilo tramo de Five Points Road en el barrio más antiguo de la ciudad más grande de Nuevo México, a una cuadra de la clínica de metadona y de una casa que los Trabajadores Católicos comparten con gente sin hogar, vive uno de los místicos modernos más famosos del mundo –un fraile franciscano contagioso, jovial y con franela, con un gozo infantil por decirle al mundo que Jesucristo ama a todo el mundo y está en todo.

Es una idea simple, aunque radical. Y una que algunos críticos de Richard Rohr, el franciscano de 76 años que fundó el Centro de Acción y Contemplación en Albuquerque hace 32 años, han descrito como “peligrosa” e incluso “herética”.

Rohr, uno de los contemplativos cristianos más influyentes del siglo pasado, no se asusta ante tales críticas de lo que él cree que es el fundamento teológico para una “reforma de la fe cristiana”. Desembala esta idea, defendiéndola teológica, histórica y bíblicamente, en su nuevo libro, “El Cristo Universal”: Cómo una realidad olvidada puede cambiar todo lo que vemos, esperamos y creemos”.

“Esto no es herejía, universalismo o una versión barata del unitarianismo”, escribe Rohr. “Este es el Cristo Cósmico, que siempre fue, que se encarnó en el tiempo, y que todavía está siendo revelado.”

Mientras que el Cristo Cósmico o Universal puede ser una idea nueva para muchos cristianos contemporáneos, Rohr insiste en que es antigua– parte de la “tradición perenne”, que enseña que toda la sabiduría y el conocimiento en las religiones y filosofías mundiales están enraizadas en la misma fuente universal.

La tradición perenne “te entrena para conectar los puntos y ver qué temas se repiten” en la Escritura, dijo.

Antiguo o nuevo, peligroso o revolucionario, “El Cristo Universal” ha encontrado un público entusiasta. Lanzado a principios de marzo, el libro debutó recientemente en el No. 12 de la lista de best-sellers de no ficción del New York Times.

Un autor prolífico con más de 30 libros impresos, Rohr dice que “El Cristo Universal” es la culminación de todo lo demás que ha escrito, enseñado y predicado en una vida de ministerio y práctica contemplativa. Es su obra maestra, por así decirlo.

También espera que sea su último libro.

Mientras que por todas las apariencias Rohr parece enérgico e incluso robusto, hace 15 meses sufrió un ataque al corazón, que fue consecuencia de una batalla exitosa con el cáncer de próstata en 2015.

Recientemente, sin embargo, el cáncer retrocedió, aunque sigue el tratamiento.

“Tomo cuatro píldoras de caballo cada día que equivalen a quimioterapia oral”, dijo Rohr a Religion News Service en una mañana fría mientras paseaba por los terrenos del CAC a finales de marzo. “¿Cómo es que puedo tener dos cosas que normalmente serían fatales y seguir sentado aquí? No, estoy más que agradecido por el milagro de la medicina moderna”.

Mientras dice alegremente que nunca esperó vivir hasta los 76 años, Rohr asegura a su visitante que su muerte no es inminente.

“No tengo ese presentimiento, gracias a Dios”, dijo. “Sólo sé que, si soy realista, estoy en la última etapa de mi vida, sea lo que sea que eso signifique”.

Aunque dice que “El Cristo Universal” es su última gran obra impresa, Rohr espera escribir un breve tomo, una monografía, sobre la comprensión del pecado de San Pablo.

Rohr comenzó a escribir “El Cristo Universal” hace dos años.

“Fue el libro más difícil que he escrito. … Sabía que tenía que decir esto y no tengo nada que perder a mi edad”, dijo, deteniéndose para saludar a varios miembros de su personal de cuatro docenas de personas, la oficina de CAC llena de actividad en preparación para la conferencia de Cristo Universal en el Centro de Convenciones de Albuquerque.

La conferencia, que comenzó el jueves (28 de marzo), es el evento más grande de la historia del centro, con un participación de 2,200 personas inscritas.

A lo largo de los siglos, gran parte del cristianismo ha perdido la pista de la parte “Cristo” de Jesucristo, argumenta Rohr en “El Cristo Universal”.

Según la teología de la Trinidad –Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo– Jesús era plenamente humano y divino. No mitad y mitad. Completamente ambos. Al minimizar o ignorar la identidad de Jesús como el Cristo, cree Rohr, el cristianismo ha perdido un mensaje central del evangelio: que a través de Jesucristo, Dios ama y redime “cada uno” y “cada cosa”.

“Si todo esto es cierto”, escribe, “tenemos una base teológica para una religión muy natural que incluye a todos. El problema se resolvió desde el principio. ¡Quita tu cabeza cristiana, sacúdela salvajemente y vuelve a ponértela!”

Basándose en Escrituras tales como Colosenses 3:11 – “Sólo existe Cristo. Él es todo y está en todo” – y Colosenses 1:19-20 – “Por medio de él todas las cosas son reconciliadas, todo lo que está en el cielo y todo lo que está en la tierra” – Rohr cree que “todo, sin excepción, es la efusión de Dios”.

Una ballena jorobada. El zumbido de una lavadora. Un soldado lejos de casa. La Nebulosa Carina y el Telescopio Espacial Hubble. Una mujer marchando en las calles por sus derechos civiles. Una familia de solicitantes de asilo separados en la frontera. Café. Oreos. Una puesta de sol. La risa.

O el amado perro labrador negro de Rohr, Venus –su compañero constante durante 15 años, fallecido hace dos años– a quien dedicó “El Cristo Universal”.

“Sin ninguna disculpa, teología ligera, o miedo a la herejía, puedo decir apropiadamente que Venus también fue Cristo para mí,” escribió.

De vuelta en su oficina en CAC, mientras sostenía una fotografía enmarcada de Venus, explicó: “Todo lo que te evoca el flujo de amor está operando como Cristo para ti”.

Todo el mundo y todo.

Mientras caminaba desde las oficinas de CAC, que se encuentran en un edificio de adobe de más de 100 años de antigüedad, hasta el centro de visitantes a una décima de milla de distancia, es obvio que Rohr se deleita en su entorno, ya sea natural o hecho por el hombre. Destaca las flores blancas de un peral y los edificios –algunos de ellos centenarios – comunes a la comunidad Barelas de Albuquerque, establecida formalmente en 1662 y donde ha vivido desde 1986.

Se detiene cerca de un estrecho acueducto que discurre entre las propiedades del CAC para explicar un poco la historia y la función de estas “acequias”.

Las acequias, que son administradas por las comunidades individuales a través de las cuales fluyen, tienen compuertas que controlan los niveles del agua que proviene del Río Grande para ayudar a irrigar las tierras de cultivo. El sistema de acequias, que probablemente fue excavado por los nativos americanos, se expandió durante el período colonial español en los siglos XVII y XVIII.

En su libro “Acequia de Cultura“, el historiador José Rivera describe cómo los acueductos juegan un importante papel cultural e incluso espiritual en Nuevo México, donde las bendiciones anuales de las acequias a menudo combinan elementos católicos y paganos.

“La cultura de la acequia también demuestra un gran arraigo al lugar – como el agua, la cultura se extiende profundamente en la tierra”, escribió Rivera.

Las acequias de Barelas siguen en uso hasta el día de hoy.

“¿No son encantadorea?” Rohr dijo, claramente cautivado por toda la empresa.

Nacido en Topeka, Kansas, Rohr ingresó a los franciscanos en 1961 cuando tenía apenas 18 años, comenzando sus estudios teológicos en serio justo cuando el Concilio Vaticano II se reunía en Roma.

“Fueron los maravillosos años 60”, recordó, riéndose entre dientes. “El momento perfecto para ser educados, para que se les dé una mente crítica, pero luego se les dé buena filosofía y teología para saber cómo procesarla –toda la negatividad por la que nuestro país pasó entonces y que ha vuelto a ser 10 veces peor”.

Rohr fue ordenado sacerdote católico en 1970 y obtuvo una maestría en teología de la Universidad de Dayton ese mismo año. En 1971, fundó la Comunidad de la Nueva Jerusalén (una comunidad intencional que, al menos por un tiempo, logró combinar los movimientos carismático y de justicia social) en Cincinnati, donde vivió y trabajó durante 15 años antes de trasladarse a Nuevo México.

Conecta los puntos a través de su vida de activismo contemplativo, místico y de justicia social –llevado por “el flujo del Amor Divino”– de regreso a su primera “experiencia impresionante” con Dios en la granja de sus primos en el oeste de Kansas cuando tenía 13 años de edad.

“Estoy tumbado en la hierba aterciopelada, mirando a todas las estrellas”, recordó Rohr. “Tengo la sensación personal de que el universo era un lugar seguro, un buen lugar, y que yo era parte de él.”

Poco después, decidió ir al seminario.

“Desde entonces lo he llamado mi “lugar hermoso””, dijo, y agregó que siempre que regresa a Kansas, trata de visitar el lugar. “Todavía me gustaría volver allí otra vez.”

La visión inicial que experimentó cuando era un niño yaciendo en un campo de Kansas todavía inspira a Rohr hoy en día.

Él cree que el tema predominante que corre a través de la Escritura y la tradición es la gracia, que Rohr describe como una especie de compuesto divino de espaciamiento que Dios usa para llenar los vacíos entre todo en toda la creación.

“Si algo viene hacia ti con gracia y puede pasar a través de ti y hacia otros con gracia, puedes confiar en él como la voz de Dios”, dijo. “Renuncia a todo excepto al Dios que es la gracia misma, el que llena los huecos.”

El que viene

La gran tentación es la desesperanza, concluir que todo está perdido, nada qué hacer. Y no hacer nada. Ya cedí a ella en el caso de Cuba, la di por ahogada, triturada y tragada por los tiburones totalitarios, y se me fue apagando la hoguera que siempre estuvo ardiendo en mi corazón. Estas páginas son testigos de ese amor inexplicable por un país del que salí hace muchos años, depositario de denuncias apasionadas e inútiles por más de 20 años con el ilusorio fin de ayudar a difundir las injusticias, la miseria y el crimen que el comunismo había llevado al país donde nací. En vano todo.

Y ahora el hielo insiste en esparcirse dentro de mi alma al ver con ojos llenos de tristeza y desengaño en lo que se ha convertido Estados Unidos. Mi segundo país se ha convertido en una cloaca capitalista, oligarquía del obsceno 0.1 por ciento de la población, que domina el Congreso, Wall Street, la venta industrial de armas, la esclavitud de millones de hombres y mujeres que trabajan para las compañías americanas establecidas en sus países. ¿Cómo no ceder a la desolación y la amarga corroboración diaria del triunfo de la codicia, la apetencia de poder y el cinismo?

Dice San Ignacio de Loyola –maestro en desolaciones y consolaciones–, fundador de la Compañía de Jesús –los jesuitas– en el siglo XVI, en lo que se conoce como el Principio y Fundamento, base para practicar los Ejercicios Espirituales:

“1. El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, consistiendo en esto la realización de su persona.

2. Y las otras cosas que están sobre la tierra, son creadas para el hombre, para que le ayuden a conseguir el fin para el que es creado.

3. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas cuando le ayuden para su fin, y tanto las ha de dejar cuanto para ese fin le impiden.

4. Por lo tanto, es necesario hacernos libres (indiferentes) ante todo, de tal manera que no queramos, de nuestra parte, más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y así en todo lo demás.

5. Solamente deseando y eligiendo lo que más me conduce para llegar al fin para el que somos creados” (lo que Dios quiere de mí).

Son muy fuertes estos fundamentos, difíciles de vivirlos fielmente, porque exigen un cambio radical de vida, una conversión tan profunda que no me cabe duda: solo la gracia de Dios la puede impulsar y sostener. Los hombres y mujeres de fe somos seres elegidos –nos llamó Dios desde el vientre materno, nuestro nombre está escrito allá arriba, en el Libro de la Vida (Apocalipsis 20; 12,15. Ap. 21; 27. Daniel 12;1-2. Filipenses 4; 2-3. Lucas; 10, 20)–, lo que no impide el sufrimiento y las lágrimas, es una de los grandes enigmas con que Dios nos envuelve la vida.

Así fue con María, la joven judía de la ciudad de Nazaret, en Galilea, a quien un día se le apareció el ángel Gabriel y le dijo aquello: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” y le anunció que tendría un hijo a quien le pondría por nombre Jesús. “¿Cómo será eso, si no he conocido varón?”, preguntó ella. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Ya el ángel le había dicho, cuando María se asustó con su llegada y sus primeras palabras, “No temas, María”. Y así fue como llena de gracia y de fe, María asintió al gran misterio: “Sí”, dijo, “que se haga en mí según la Palabra del Señor”. Y así aconteció la Encarnación.

Así, como con María, debe ser con nosotros, los cristianos, la fe y la gracia nos deben llevar a no ceder a la tentación de la desesperanza, la depresión paralizante de no hacer nada por cambiar este mundo, para lo mejor, siguiendo a Jesús.

¿Era mejor la situación social, política, económica que les tocó vivir a María y a Jesús? ¿Había paz, justicia, no existían dictadores ni asesinos, no se mentían y mataban los hombres? ¿No había ambición de poder y dinero? Era, igual que ahora, un mundo podrido.

Entonces, ¿cómo no prepararnos para la llegada de Cristo? Porque eso es lo que estamos anticipando, la celebración del nacimiento de Jesús. Es Adviento. Y el que viene nos da la fortaleza.

Ayúdanos, Dios nuestro, a enseñar el mensaje de la Encarnación para que nosotros, los portadores de la imagen de Dios hagamos más visible el amor en la tierra.

El nombre y el rostro del Mal

El hombre es malvado, mucho más de lo que hemos podido comprobar hasta ahora. Como evidencia, baste citar las siguientes medidas que han sido ordenadas por él: más de 100,000 niños inmigrantes permanecen en centros de detención en todo el país después de haber sido separados de sus padres en la frontera, según un estudio de Naciones Unidas dado a conocer el martes 19 de noviembre de 2019; otros miles de inmigrantes adultos continúan asinados en casas de campañas y en jaulas como animales; la privatización de las cárceles y centros de detención ha aumentado como nunca antes, por tanto, a más presos y detenidos, más ganancia económica para los dueños las cárceles, casi todos seguidores de Trump; se ha tolerado y promovido el activismo criminal de los supremacistas nacionalistas y de los nazis; el equipo de campaña presidencial, dirigido tras bastidores por Trump, conspiró con una potencia extranjera enemiga, en este caso Rusia, para obtener información sucia sobre la opositora Hillary Clinton y así, lograr que Donad Trump, el favorito de Putin, ganara las elecciones; intentó sobornar y extorsionar el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, reteniendo la ayuda económica y militar que necesitaba con urgencia para defenderse de la intervención militar rusa hasta que no investigara y le suministrara información dañina del candidato a la presidencia, Joe Biden y su hijo, Hunter, razón esta por la que el presidente está siendo investigado por el Comité Judicial de la Cámara de Representantes para destituirlo de su cargo, es un crimen constitucional; ha lavado millones de dólares de la droga vendiendo apartamentos del Trump Tower de Panamá; ha cometido el crimen constitucional de obstrucción de justicia al despedir de sus cargos al exdirector del FBI, James Comey y otros conocedores de sus intenciones de impedir que se investigara la trama rusa; ha abusado, violado y acosado sexualmente a más de 14 mujeres que han dado sus testimonios creíbles de lo que fueron víctimas; se retiró del Acuerdo de París, lo cual demuestra que no leinteresa el calentamiento global  ni la terrible crisis medioambiental que nos acecha, aunque el gobierno cuenta con amplia evidencia científica de que el peligro inminente que corre el planeta es causado por el ser humano; intentó por todos los medios enemistarse con los grandes aliados de Estados Unidos que forman  la OTAN, para complacer a Vladimir Putin, su héroe y para quien se sospecha que trabaja como agente; utilizó millones de dólares de la Fundación Trump, una organización caritativa creada por él, a la que personas y entidades privadas donaban su dinero, pero que Trump lo utilizaba para pagar cuentas personales, mandarse a hacer retratos al óleo;  no ha pagado impuestos sobre los ingresos por años; desfalcó a cientos de estudiantes que se matricularon en una farsa llamada Universidad Trump; no le ha pagado el salario  a cientos de empleados en sus casinos y hoteles. Por varios de estos escándalos financieros ha sido demandado ante cortes judiciales y hay casos están pendientes, pero por algunos en que fue hallado cupable,  ha tenido que pagar millones de dólares, como es el caso de la universidad falsa y de los salarios de los empleados de los casinos.

Creo que podría continuar añadiendo crímenes cometidos por el actual presidente de Estados Unidos –antes y después de ocupar el cargo–-,  pero se ha hecho larga la lista y quiero detenerme en los que ha llevado a cabo en las últimas semanas. Son de una crueldad tan inmensa que puedo citar con absoluta certeza la frase del papa Juan Pablo II –”El Mal siempre tiene un nombre y un rostro”– que encarna a la perfección Donald Trump. Porque el Mal, así, con mayúscula, que proviene del Maligno, no es una abstracción que no sabemos bien cómo definir o si en realidad existe. Sí, existe, y en este, como en muchos otros casos en la historia, vive dentro de un hombre o una mujer que se dedica a hacer daño, mucho daño,  a herir, a destruir, a  que sucumbamos ante la indignidad.

Uno de los actos más miserables cometidos por el presidente fue traicionar –algo que hace con prácticamente todo el mundo, aun los spuestos amigos– a los kurdos, que fueron los mejores y más efectivos aliados de Estados Undos en la epopéyica lucha por derrotar a los terroristas de ISIS, cuyo poder invasor y actos de terror, incluyendo la masacre de miles de personas, fue de tal magnitud que llegaon a fundar el Califato Islámico. En su máxima expansión territorial controló gran parte de Irak y Siria, y ciudades tan importantes históricamente como Mosul. 

Sin el arriesgado, arduo e incesante combate militar de los kurdos, que formaban parte vital de las Fuerzas de Liberación de Siria, el Califato quizá no habría sido desmembrado todavía y los terroristas de ISIS probablemente no habrían sido derrotados.

Lo que ha hecho el presidente no es solo un acto de traición, es poner en alto peligro la seguridad nacional. De acuerdo con un informe del Pentágono de este martes 19 de noviembre, la orden de Trump de retirar las tropas estadounidenses de Siria en octubre proporcionó al Estado Islámico (ISIS) una oportunidad para reconstruirse, dándole al grupo terrorista “tiempo y espacio” para atacar a Occidente.

La Agencia de Inteligencia de Defensa le dijo al inspector general del Pentágono que ISIS ha aprovechado la retirada de Estados Unidos y la posterior incursión de Turquía en Siria. La decisión de Trump provocó fuertes críticas bipartidistas por eliminar la presión militar sobre el Estado Islámico y abandonar a las fuerzas kurdas que habían trabajado con las tropas estadounidenses para revertir las ganancias logradas por los terroristas. Hoy la población kurda que vivía en la parte de su país que tiene frontera con Turquía, desapareció y está siendo asesinada mientras intentan huir adentrándose en otras partes de su territorio.

El informe detalla las consecuencias de la decisión de Trump del 6 de octubre cuando permitió que las fuerzas turcas y los grupos paramilitares ocuparan partes de Siria que habían sido patrulladas conjuntamente por las fuerzas estadounidenses y las fuerzas democráticas sirias dominadas por los kurdos. Turquía quería con la invasión a Siria eliminar  a la población kurda. Punto.  El presidente estadounidense, gran admirador de algunos dictadores enemigos de EE. UU., le dejó el campo abierto a los turcos para la invasión y la matanza de kurdos, después de que, como dije, fueron los que además de derribar el Califato,  apresar cientos de terrorisas islámicos, eliminar a la inmensa mayoría de los teroristas, y algo sumamente importante: darle las pistas a los bombarderos estadounidenses para que localizaran y pudieran matar al líder máximo de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi hace tres semanas. 

Esta traición abominable de Trump tiene consecuencias devastadoras. “ISIS explotó la incursión turca y la posterior retirada de las tropas estadounidenses para reconstituir capacidades y recursos dentro de Siria y fortalecer su capacidad para planificar ataques en el extranjero”, dijo el inspector general del Pentágono en el informe dado a conocer.

La semana pasada, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, estuvo en la Casa Blanca para una reunión con Trump. Turquía, bajo su gobierno dictatorial, es uno de los países más corruptos del Medio Oriente, no es de extrañar que Trump le rinda pleitesia admirado, ese es el tipo de gobernante que él ha querido ser desde que asumió la presidencia, pero aunque casi lo logra, no pudo. Los republicanos se han hecho cómplices de Trump, la mayoría por dinero, por supuesto, un magnífico ejemplo es el líder del Senado, Mitch McConnell, difícil hallar un reptil tan venenoso como él en el Congreso. Su fortuna ha aumentado en más de $30 mllones en pocos años y es defensor de las causas más inmundas que se legislan en ese lugar que se supone sea el segundo poder de los tres poderes separados, pilaes de la democracia: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. El Partido Republicano se convirtió en el Partido de Trump, de ahí que podemos confirmar que ese segundo poder ya está bajo el total dominio del aspirante a autócrata que ocupa la Casa Blanca.

El Poder Judicial, que dirige el otro corrupto y vendido al presidente, William Barr, fiscal general de Estados Unidos, también está subordinado al Poder Ejecutivo. Ha mentido al presentar el informe preparado por el investigador especial Robert Mueller, sobre la intervención rusa en las elecciones, en su mentirosa confesión de que no sabía nada de la trama de Ucrania, etc. En otras palabras la separación de poderes de una república democrática que llama a contar a alguno de los otros poderes por desmanes, delitos por cometer o cometidos, no lo ha hecho, pero sí se han convertido en astutos cómplices los tres, lo apoyan y mienten sin temor alguno, al creerse con poderes casi omnímodos.

Pero en ese Poder Legislativo se encuentran los demócratas, y estos han actuado como corresponde: son servidores públicos que juraron por la Constitución defender a esta nación no a un presidente, que se cree por encima de la ley. Los republicanos juraron, pero defienden sus bolsillos y sus intereses propios.

Así las cosas, entonces todavía tenemos esperanza de salvar esta democracia (lo que queda de ella, pues se ha ido convirtiendo en una deshumanizante plutocracia desde la década de los 70) gracias a la brillante y gigantesca obra que han llevado a cabo los demócratas en el Congreso, dirigidos por Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, y Adam Schiff, presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representntes,  que está dirigiendo el proceso de investigación para la destitución del presidente. Y aunque desde hace años han recibido amenazas e intimidaciones del mismo presidente o llamadas advertencias de republicanos trumpistas, no se han dejado amedrentar. Aplaudo con orgullo de ciudadana que ama esta nación, que lucha por la justicia y la paz y la libertad, a los demócratas del Congreso que no descansan en su esfuerzo titánico por salvar a Estados Unidos y la democracia.

Pero un aparte de trascendencia inédita hay que hacer en esta convulsa era que nos ha tocado vvir, para mencionar –merece un artículo aparte que me comprometo con gusto a escribir en los próximos días– a la excepcional obra que ha llevado a cabo la prensa estadounidense. Me atrevo a decir que gracias a los periodistas que han estado investigado a fondo,  revelado sin o con miedo por sus vidas los horrores de este gobierno no sé si ya no hubiésemos caído bajo una dictadura por primera vez, organizada y dirigida por Vladimir Putin a través de su marioneta, Donald Trump.

Pero pasemos a otra decisión de política exterior tan detestable como peligrosa para la seguridad nacional que acaba de anunciar el secretario de Estado, Mike Pompeo, por órdenes del presidente Trump.

El secretario de Estado anunció el lunes que Estados Unidos ya no consideraría los asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada como “incompatibles con el derecho internacional”. Esto marca una clara desviación de décadas de las políticas de las administraciones anteriores y una propuesta legal del Departamento de Estado de 1978 emitida bajo la administración del ex presidente Jimmy Carter. Los asentamientos israelíes se encuentran entre los temas más candentes en asuntos exteriores, y este cambio podría descarrilar cualquier esperanza de paz y la solución al conflicto entre Palestina e Israel y la creación de dos estados, lo que queremos todos, menos la ultraderecha judía liderada por Benjamín Netanyahu.

Y hoy, miércoles 20 de noviembre, se acaba de saber que el secretario de Defensa, Mike Pompeo, va a renunciar a su puesto “porque el presidente está dañando mi reputación”, dijo. Y me pregunto, cómo verá el mundo lo que está sucediendo en Estados Unidos en estos precisos momentos?

Nos hallamos al borde de un abismo. Lo único que nos puede salvar es la destitución del presidente lo antes posible, antes que siga implementando medidas con la única intención de destruir a este país y si puede, al mundo. Que saquen al mentiroso patológico, al hombre que da fuertes indicios de padecer algún tipo de demencia, además de una maldad incalculable. Y que sea antes de las elecciones en noviembre del 2020, porque lo que más me ha asombrado de este país, lo que me ha dado un pavor inusitado es la cantidad de ciudadanos republicanos que todavía creen y siguen al actual presidente y confiesan que votarán por él. Cómo pueden? Qué habita en su cerebro?

Cierto, no debería sorprenderme, ahí tenemos el casos de la culta Alemania: la mayoría de la población admiró y respaldó a Adolfo Hitler hasta la II Guerra Mundial.

Cierto también que los demócratas están ganando en todas las elecciones a la gobernación de varios estados y a puestos legislativos estatales que se han estado realizando. Y todas las encuestas indican que la mayoría de la población en estos momentos votará demócrata. Pero esos eran los resultados de las encuestas en las eleccones de 2016. Hillary Clinton sería la presidenta. En cuestión de una hora o quizá menos, la nación tuvo un inesperado cambio, una convulsión, una conmoción. Todo cambió súbitamente de rumbo y aquí estamos en esta tragedia nacional.

El Califato Islámico en el momento de su mayor expansión en febrero de 2015.

Miami o La Habana?

Miami.

Regresé a Miami el 20 de octubre, vuelvo a La Habana dentro de unos meses cuando me recupere de una operación de la rodilla programada para enero de 2020, no puede ser antes. Tenía muy pocos deseos de venir. La Habana me secuestró el corazón, me enamoré de ella. Algo que nunca he sentido por Miami, aunque me gusta la ciudad y la he llegado a querer. Qué dos situaciones existenciales tan diferentes. Me he estado preguntando en cuál de las dos me quedaría a vivir para siempre, es decir, hasta mi muerte. El tiempo se acaba, estoy vieja. Pero me siento bien a pesar de los dolores y cierta fragilidad normales de mi edad. Sin embargo, cuento con energías internas, salud, ánimo y deseos fuertes de vivir los años que me queden dándome a la experiencia de cada día prestándole atención, conciencia del valor del momento presente. Los momentos son todo lo que tengo, el futuro es ahora y estoy implicada (a estas alturas todavía) en una tarea fuerte pero fecunda, porque voy viendo resultados: que el pasado interfiera lo menos posible en el presente. Bastante daño me ha hecho. El pasado hay que dejarlo ir y seguir el camino día a día sin mirar atrás. Es muy peligroso, se corre el riesto de morir convertida en una estatua de sal, como le pasó a la mujer de Lot, o perder el Reino de Dios, como nos advirtió Jesús: “Quien toma el arado y mira hacia atrás no es digno del Reino de los Cielos”.

Tan grave y peligroso es vivir aferrada a un pasado, lejano por nostalgia o cercano por algo que ha terminado, se ha ido, ha muerto, digamos una relación amorosa. Dejar ir las horas como si no tuvieran fin, como si esta corta vida fuera eterna, malgastando el ahora en recuerdos dolorosos o hermosos, que no vuelven por más que queramos. Nada vuelve. Todo pasa. Lo descubrí tarde, ha sido una desgracia vivir de nostalgia en nostalgia, se achicaba una se agrandaba otra, la evocación, la angustia casi perennes. Cierto, la muerte de los familiares y amigos más amados, que tu existencia sea la de una desterrada, lo digo con el peso de la palabra, fuera de tu tierra, que no hayas crecido, estudiado, hecho tu vida, vivir dentro de tu cultura, tu patria, en la que te sientes a plenitud con tu identidad; un amor no correspondido, otra relación que termina, las decepciones en la vida profesional, los momentos felices que se terminan y lo sabes mientras los estás viviendo, y ahora darle la cara y el alma a la vejez, a la disminución, a la invisibilidad. Todo esto es ineludible, acuden a la memoria súbitos flashbacks o un recuerdo que nace espontáneamente por algo que lo trae a la mente, una melodía, una fragancia, tantas cosas. Cómo borrarlo? No se puede, pero sí se puede con voluntad, disciplina y sobre todo la oración, irlos dejando atrás, hasta dejarlos ir. Let go.

Nunca es del todo tarde si contamos con la gracia de Dios. Compruebo que voy logrando vivir el aquí y el ahora sin mirar atrás por largas horas y aun días. En lograr esa victoria contra lo que fue es también vital lo poderosas que pueden ser las experiencias que se van teniendo. Como por ejemplo, mi descubrimiento de La Habana en estos meses de septiembre y octubre. Fue una epifanía que no acababa, un milagro que me hizo renacer porque todo me hablala de mi pertenencia identitaria a esa ciudad, que me sedujo de tal manera que no hubo espacio ni tiempo en mi corazón, mis ojos, mis sentimientos para recuerdos ni nostalgias. Nostalgia de qué, si estaba allí? De pronto el entorno completo se volvió presente en una maravillosa sensación de identidad y ser recuperados. Un renacer a la verdadera persona que soy, que fui, que seré. No hay vuelta atrás. Y no voy a hablar ahora de la belleza de la ciudad. He viajado, he visto muchas, La Habana es la más bella de todas.

El dilema no es grave. Porque la política ha dejado de importarme, en ese aspecto me da igual vivir aquí o allá. Dejé de ser solidaria con el sufrimiento y la lucha de los opositores al comunismo? A la plutocracia y la enorme desigualdad que es la otra cara de la moneda materialista: comunismo-neoliberalismo? No dejé de serlo, me siento hermanada con los que sufren el abuso despiadado de ambos sistemas, pero ahí me quedo. Rezo por ellos y por la justicia y la paz. La oración tiene fuerza, mucha fuerza, yo sola no, yo no puedo hacer nada para cambiar el mundo. Ay!, dirán alarmados algunos. Sí, cada uno de nosotros puede hacer algo para cambiar este mundo en política, el calentamiento global, la pobreza, el abuso de menores, de mujeres, racismo, corrupción, etcétera. Cierto, cada uno puede y debe hacer algo y si todos lo hacemos se cambia. Pero para mí, ya es tarde, no por edad, sino por cansancio y decepción. Digamos que en ese campo existencial estoy casi vencida. Estudiemos un poco la historia de la humanidad. Hemos adelantado en el sentido plenamente humano? Somos mejores? Más generosos, solidarios, servidores, ayudamos a los viejos solos, a los niños abandonados, a los que sufren, los presos, los rechazados por la sociedad? En todo caso, somos peores que antes, pero no es el tema de hoy, es tema de otro artículo.

Durante décadas viví entregada en cuerpo y alma al periodismo serio, con un compromiso ético con la verdad y mis principios inviolable, aunque me costara el puesto de trabajo, y estuve en peligro varias veces de perderlo en documentales que sacudieron por su cruda verdad al exilio retrógrado en su tiempo y en El Nuevo Herald, el diario donde más tiempo trabajé y más audaz fui, sobran los ejemplos que no daré aquí de más de 25 años escribiendo columnas de opinión semanales.

Le di demasiada energía y tiempo, sueños y horas a una lucha inútil, creyendo que escribir, denunciar, acusar, condenar, defender, difundir, solidarizarse ayudarían a cambiar las cosas, y pasó el tiempo. La democracia murió, no existe. El comunismo murió, no existe. Las dictaduras de las plutocracias, el repugnante neoliberalismo, la corrupción y la mentira son las que dominan ambos universos, el de Cuba y el de Estados Unidos.

Algo pasó. Vi con toda claridad que el amor está por encima de la política, el amor a Dios y a la familia, el amor dado y recibido en una relación romántica, el amor a la vida, que está hecha de tiempo y este se va como agua entre los dedos.

Dije que el dilema no era grave, porque no me detendría en mi decisión de mudarme a La Habana para siempre vivir bajo el gobierno actual, puedo hacerlo con tranquilidad, aunque carezca, viva en relativa pobreza (económicamente nunca más que en Miami, por cierto, aunque tenga mi retiro de Seguro Social y una buena pensión del periódico, porque Miami se ha convertido en una de las ciudades más caras de Estados Unidos), no exista la democracia como la creemos conocer aquí o en Francia, o España, Suiza, Finlandia etc. Aunque no se respeten los derechos humanos tal como están plasmados magníficamente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos firmada por Naciones Unidas en 1948. Aunque prácticamente no tenga familia en Cuba, porque han muerto muchos y los primos y primas que quedan son de mi edad, más o menos. Ya varios han muerto también. Me mudaría para La Habana sin pensarlo, porque mucho lo he pensado y he viajado por cinco años seguidos a Cuba. Nunca fui con la idea de explorar terreno, con mi sentir bastaba, pero inevitablemente se vive en el terreno, sin duda minado. Y qué?

En cuando a Miami, qué decir? Mi residencia ha sido esta por 38 años, mi tiempo en la diáspora, 57, ha sido en varias ciudades de Puerto Rico, Nueva York, Boston, Madrid, Santiago de Chile. Si me preguntan dónde he sido más feliz fuera de Cuba respondo que en Puerto Rico y Nueva York. En Miami es otra historia, es la vida amorosa también, la plenamente profesional, de viajes y peregrinaciones, de conversión religiosa, de lucha sin tregua por un ideal, una utopía, de alejarme de la institución y la estructura religiosa y los dogmas, aunque siga siendo católica. La política de Estados Unidos me es casi indiferente, pero vivo aquí, y voto por derecho y deber ciudadanos. Es decir, todavía creo que es posible de alguna lejana manera algún cambio a favor del bien común.

Miami o La Habana? me preguntaba. Pero es que no había decidido y estaba logrando vivir el momento presente, que solo es el ahora? No existe semejante dilema. Y me siento enteramente feliz, como una pluma en el aire llevada suavemente por el viento, que sopla dónde quiere, pero no sabemos ni adónde va ni de donde viene. Pero, Oh, misterio! Ha surgido algo imprevisto que ha abierto de par en par la posibilidad de que se cumpla en el momento presente un deseo que ha ido cobrando fuerza con los años, y que no está ni en Miami ni en La Habana.