Acerca de mí

La celebración de los 60 años de mi abuela, Evange-2

Atesoro esta imagen de toda mi familia, porque es la única que trajimos de Cuba. A partir de 1959 estalló la desbandada y el desastre, casi la mitad vino para el exilio, otros militaban en el Partido, otros no, pero se quedaron allá. Todos están muertos, dispersos en distintos cementerios: Tampa, Nueva York, Miami, Pinar del Río, La Habana. Estamos vivos los que aquí aparecemos niños o adolescentes, la otra generación, que ya es vieja.

Primero fue el caos de la adolescencia en el exilio, después la rebeldía y la intemperie en un Nueva York cómplice y deslumbrante, los años universitarios, mi amor y posterior endiosamiento de la literatura y los escritores, la nostalgia de la patria y el anhelo del regreso, las relaciones amorosas, el frenesí de la cama –como diría Susan Sontag, una intelectual atea que un día admiré– la política, la entrega a la lucha por la libertad de mi país. Y llegó la crisis, fue como un inmenso vacío espiritual, era la falta de sentido de la vida de la que cobré consciencia.

Abajo verán un detalle de la foto de arriba, trabajado por supuesto. Lo hice por dos razones: es la única foto en que aparecen mis padres juntos, y mi hermana y yo con ellos. Al poco tiempo, de tomada la (para mí) histórica foto se divorciaron, algo que marcó nuestra vida para siempre.  El abandono nunca nos abandonó. La otra razón es porque quería que se viera mejor el cuadro del Sagrado Corazón de Jesús colgado en la pared detrás de mí. Era un símbolo hogareño, que después fue sustituido por imágenes de Fidel Castro y el Che Guevara. No por mi abuela ni por mi tía que se quedó viviendo en nuestra casa –la “casa de abuela” como era conocida– y a quien le fusilaron al marido en 1960, sino por su hijo, mi primo querido de la infancia, que creció y como otros, se hizo marxista.

El nuestro es el típico y doloroso caso de una familia cubana dividida por la política y el exilio. Pero todo eso está superado ya, el amor familiar es más fuerte que toda posición política.

La niña del lazo soy yo, Dora Amador Morales, cargada por mi madre, Zoraida Morales Ramos. A mi lado se encuentra mi padre, Pedro Amador, delante de él, la niña que ríe, es mi hermana, Zoraida. A su derecha está mi tía abuela y madrina, Estela Ramos Miranda, a quien siempre llamé “mime” con mucho cariño, fue otra madre para mí. A su derecha está su hermana, mi abuela Evangelina Ramos Miranda, alias Villa, la matriarca venerada por sus ocho hijos y no sé cuántos nietos y biznietos. 

He cumplido 61 años, salí al exilio a los 13. No sé si regrese a Cuba, es posible que muera antes. En el momento presente –cuánto tiempo me costó saber que el presente es lo único que tenemos, que existe– estoy donde Dios quiere que esté. Y eso es lo que importa. Mis padres murieron hace ya tiempo, tengo algunos primos y mi hermana, seis años mayor que yo. Soy una especie de eremita urbana, aunque vivo en una comunidad laica franciscana en la ciudad de Hollywood, FL. Después de finalizada mi  aventura misionera en Chile con las Religiosas del Sagrado Corazón con la meta de regresar a vivir en Cuba repatriada, tener que regresar a Miami –sin trabajo, porque renuncié a mi posición en El Nuevo Herald, sin casa, sin nada porque lo vendí todo muy barato o lo regalé–, sin aquel deseo fuerte de entregar mi vida entera a una causa salvadora, redentora, desilusionada hasta el tuétano y perdido mi sentido de la vida, se me hacía casi imposible vivir en una especie de desolación casi insoportable, necesitaba una vida comunitaria de fe. La hallé. O ella me halló a mí.

Ha llegado la vejez, y la empiezo a vivir a plenitud.  Vivo libremente este don de los años centrada en Dios, el camino, la verdad y la vida. Mi patria es el Amor de Cristo, ya no sufro de desarraigo.

Mi padre, yo cargada por mi madre, mihermanita Zory, mi tía abuela, yo la llamaba
Mi padre, yo cargada por mi madre, mi hermanita Zory, mi tía abuela, yo la llamaba “Mime”, madrina de mi bautizo, y mi abuela. 1950.

Estos recuerdos los escribí hace 9 años. Qué no ha pasado desde entonces? Ya no creo en la Iglesia jerárquica, institucional, machista y misógina. Sigo siendo católica, pero en diálogo, estudio y hermandad con budistas, protestantes, judíos y musulmanes, convencida de que hay un solo Dios para todos y a todos nos ama y somos sus hijos. Voy a Cuba frecuentemente, me mudé para Miami cuando la comunidad de fe de Hollywood desapareció a la muerte de mi entrañable amiga, Adel González. Zoila Díaz, que también vivía allí, se fue a vivir con Isabelita, también de la comunidad, y la hermana Ann McDermont, residente también de Peace House, como le puso de nombre Adel a su casa-comunidad, vive en Buffalo, Nueva York, en el convento de las religiosas franciscanas. 

Mi vida ha cambiado mucho y no solo por los años, las vivencias han sido fuertes, hay huellas imborrables, pero mi fe en el Dios trinitario (Padre, Hijo y Espíritu Santo) está viva y fortalecida a medida que me he liberado de doctrinas y dogmas, he emprendido nuevos caminos sin serle falsa ni ocultar una fibra vital de mi identidad,  la fe que me salva también la he ido formando con los sacramentos, estudios, lecturas, retiros y la poderosa experiencias de su Presencia en mi existencia. 

3 comentarios en “Acerca de mí

  1. Dora Felicitaciones Por Su artículo de hoy “Si Ganara un Republicano” en El Nuevo Herald, pones la verdad, pocos se atreven a hacerlo.

  2. Dora, he leído tu comentario de hoy 2/6/2016 “Si ganara un republicano”. Creo que eres muy extremista y son verdades a medias que confunden y una católica, para darte un ejemplo solamente, no puede aceptar el aborto como los demócratas. No se puede “nadar en dos aguas”. Me parece que decir “si gana un republicano, la Corte Suprema perdería su independencia…” Es lo más absurdo que he escuchado, esta nación tiene sus tres poderes muy independientes. Reflexiona un poco sobre tus extremismos y no veas solamente una parte, o lo que quieras tu ver. Me hubiera gustado que presentaras algo positivo de los republicanos.

    1. Es preciso que responda a su comentario porque me cita mal. Lo que dije es: “Si un republicano ganara la presidencia, la Corte Suprema podría perder su independencia como uno de los tres poderes independientes de toda democracia institucional, verdadera, y pasar a ser un apéndice, como en Venezuela, del poder ejecutivo. Porque probablemente tres puestos quedarán vacantes y los nuevos jueces serán nombrados por el presidente. Claro, tendrán que ser aprobados por el Congreso, pero sabemos que cualquiera que obtenga el cargo será un peón de los republicanos”.

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