Marisela memorable

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  • “Todo amor y toda amistad no son más que un justo vaivén de la aproximación y de la distancia”.

 Jorge Luis Borges

Esa frase de Borges la descubrí en Twitter. Eso fue hace días. Esta tarde tuve el  fuerte deseo de escribir sobre la amistad, y en medio de eso, como suele ocurrir en el multitasking voy a FaceBook y busco la página de una de mis más entrañables amigas de todos los tiempos: Marisela Verena. Pinareña, como yo, enamorada de la Cuba que dejó de niña, como yo.

Nos conocimos en 1972, año en que regresé de Nueva York a San Juan de Puerto Rico. La conocí una noche de bohemia en Isla Verde cuando visité con unos amigos un lugar para mí desconocido donde ella cantaba esa noche con su inolvidable guitarra canciones nuevas para mí, que me hechizaron.  A partir de ese momento la quise mucho, y la sentí en lo más hondo de mi corazón como una amiga verdadera, como alguien a quien se admira, se quiere, se confía en ella. Y así fue, química mutua por muchos años. Pero la vida da vueltas y más vueltas, en 1981 vine para Miami (debo decir alguien me impulsó a irme de Puerto Rico, para separarnos, nuestra amistad era muy cercana en aquellos tiempos–, separándome así también de lo más querido, fuera de Cuba, que había hallado en el itinerario del exiliado, Puerto Rico. –Nueva York me fascinó siempre, pero lo que es querer, no, Nueva York no me inspira cariño–, San Juan fue como una segunda patria y mis grandes amigos, mi vida universitaria,  la vida loca y divina que duró algunos años, me formaron.

Pero algo me llamó aquí. Y aquí me quedé, mi madre se mudaría para Miami también con su esposo en 1982. Nos reencontramos Marisela y yo en diciembre de 1984. Intenté volver a vivir allá.  Tres años en este ciudad, el Miami congelado en el tiempo, era más de lo que podía aguantar. Y lo hice. Me invitó a vivir con ella en su casona detrás del teatro Tapia en el Viejo San Juan. Tiempos hermosos aquellos. Pero regresé a Miami en julio de 1985. No pude con Puerto Rico tampoco. Ya mi vida había cambiado. Supe que Marisela se disgustó mucho con mi mudada a un apartamento en la avenida Taft, en San Juan, sola.  Se negó a hablarme, lo cual ella sabía que me hacía daño. Mi inmensa, eterna, gran amiga, Rosa Prats me sostuvo emocionalmente, como lo ha hecho en mis momentos de fragilidad desde que nos conocimos allá, en el mismo Puerto Rico en 1965. Eso es una larga amistad.

Volví a ver a Marisela una noche muy linda en que se apareció  a mi apartamento en Coral Gables. La recuerdo entrar con una botella de vino en una mano y un ramo de rosas en la otra. Mi madre había muerto hacía poco. Se lo agradecí  y agradeceré siempre, su presencia esa noche. No nos volvimos a ver hasta hace relativamente poco, en el teatro Artime.

Hoy pienso en ella con gran ternura y gratitud, con mucho respeto ante semejante talento. La cantautora que siempre querré. Este Padre Nuestro en arameo, que conocía, pero solo en la versión que nos dan los evangelios los comparto aquí esta noche. Gracias a ella, que lo puso en su página.

Marisela. Ambas buscamos el nirvana una tarde de risas, notas y juegos. Son muchos los momentos inolvidables que he compartido con ella. Dios quiera que se reanude esta amistad quebrada por no sé qué. Aunque las dos creemos que sigue sólida, con algunas grietas curables, estoy convencida. Hemos sido –nos lo dijimos esa noche en el Artime– muy importante la una en la vida de la otra. A través de FaceBook la voy descubriendo de nuevo, juguetona, olímpico sentido del humor, culta, buena, bella.

Han pasado muchas cosas en nuestros caminos divergentes, muy distintas experiencias y tantos años. Pero seguimos iguales, por dentro, claro, y ahí nos vemos. Mari, te quiero.

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Estados de ánimo, estado del alma

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Le pedí a mi psiquiatra que me cambiara el diagnóstico de bipolar, porque yo jamás había estado hospitalizada en un hospital psiquiátrico ni experimentado esas depresiones profundas ni los estados de manía que describen todos los libros y artículos médicos sobre los rasgos distintivos de esta enfermedad. Para ello me pidió que nos viéramos todos los meses para conversar un rato más largo y ver cómo me iba. Yo no he tomado las medicinas que al principio me recetaron para las personas bipolares desde hace mucho tiempo, me hacen mal. Lo que tomo es Effexor y Clonazepam, porque no hay duda de que soy ansiosa y melancólica, ha sido así toda la vida. Pero nada de temer, hace años que no me da un ataque de pánico.

Bueno, pues esta semana, me he sentido irascible de nuevo, triste, preocupada quizá más de la cuenta por lo que pasa en el mundo –hoy escribí en El Herald una columna sobre la terrible situación que se está viviendo en el Medio Oriente. (La matanza en escalada). Y no me quedo indiferente, tengo un compromiso muy serio con la justicia, la paz, el bien común. Mi periodismo se ha centrado en esos temas, con pasión, con ilusión, pero me doy cuenta tristemente que ha sido inútil.

Mi estado de ánimo no me engaña, ni yo me quiero engañar más a mí misma, asumo el estigma, si le pedí eso a la psiquiatra, aunque las razones que di son todas verdaderas –he funcionado perfectamente en la vida profesional y estudiantil siempre, no así en la experiencias amorosas, en la que la felicidad ha sido fugaz y la separación eterna–, yo padezco de bipolaridad, de una forma leve supongo, pero lo soy.
Aquí les dejo un buen artículo sobre escritores bipolares, vamos, que estoy en buena compañía, todos perturbados y muchos suicidas. A mí me salva Cristo, mi fe en él, y no quiero ni puedo suicidarme, Dios me dio la vida, un precioso don, ¿cómo me la voy a quitar?

La toma de conciencia plena de mi enfermedad, este vaivén, esta fluctuación de estado de ánimo, que en mi caso se demora a veces semanas o meses, incluso años, en muy pocas ocasiones las he sentido en un mismo día, me sirve de aviso, me mueve a la precaución, a alejarme de situaciones estresantes. ¡Y he vivido por 13 años seguidos con alguien a quien quiero con toda mi alma, y sigo queriendo, y está muy enferma! Ahí, en esa fragilidad, en esa impotencia total ante lo que se avecina yace mi temor mayor. ¿Pero sé yo acaso lo que se avecina?

No. Puedo morir esta noche de un infarto, de lo que sea, y ella vivir por otros años más. Ignoramos por completo los planes de Dios. Pero le pido siempre que se haga su voluntad en mí, en ella. Porque siempre permaneceremos unidas en el corazón de Cristo, en su Amor.

Considero algo diletante –y lo digo en sentido peyorativo– protegerme o querer unirme en mi padecimiento a gente famosa, a escritores de un talento que yo jamás tendré, músicos, pintores, en fin, el mundo del arte, que es cierto, me fascina. Estudié literatura comparada y mis años universitarios posiblemente sean los más felices. Aprender, ¡que maravilla me parecía! Leía todo el tiempo, con una intensidad voraz. La Biblia la leí en clases de literatura, sin una gota de fe. Sin Job no existiría Dostoyevski, ni Kafka. Qué distinto ahora, Dios mío, leer con fe la Palabra. Saber que está viva, que es eficaz, que nos habla a cada uno de nosotros cada día, algo nos dice, nos guía.

Descubro muchas cosas en este tiempo, valoro más el ahora, sin querer retenerlo. Que pasen las horas y los días, que pasen, y yo con ellos, sutilmente

Otros enlaces útiles:
Trastorno bipolar de animo

Librópatas

El trastorno bipolar es gobernable

La vida de Adele en mí

 

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Acabo de ver La vida de Adele (La Vie d’Adèle). Supe de ella cuando se ganó la Palma de Oro, primer galardón del Festival de Cine de Cannes de 2013. Pensé ir a verla originalmente cuando la estrenaron en Miami en muy pocos cines, pero decidí que no la vería, a pesar de la crítica tan favorable que recibió, además de otros premios después del de Cannes, y por lo atractiva que fue la enorme publicidad internacional que recibió, no por el tema, porque nunca me han interesado las películas gays, las pocas que he visto son muy malas.  Ésta fue una excepción. ¡Y qué excepción! Felicito al director, Abdellatif Kechiche.

Ayer por la tarde, algo aburrida, me suscribí de nuevo a Netflix, y como siempre, lo primero que hago es ver lo que tienen en películas extranjeras. Hollywood ya no puede ser peor. Fue una sorpresa encontrarla en el primer lugar, tan rápido, pensé, si tiene menos de un año de estrenada. Por supuesto, la vi completa. Al terminar, sin comprender del todo lo que sentía, tuve la necesidad de ponerla en mi blog pero no para hacer una crítica de ella, sino para compartirla con otros e intentar explicarme cómo me tocó la fibra más profunda de mi ser, un ser que hoy rechazo. Busqué y la encontré en Youtube en francés con subtítulos en español, completa.

Sin escandalizarse por favor. Están advertidos. El filme tiene escenas de gran contenido erótico, pero no es en lo absoluto pornografía, son escenas sublimes de dos muchachas que se entregan apasionadamente a su amor.

lavidadeadeleLa vi con mucho interés, y me iba reconociendo en mis años de juventud y adultez, porque así se desarrolla la vida homosexual: primero inocencia, después amor apasionado de entrega a tu pareja con los conceptos de una vida normal, tradicional (amor, fidelidad, compromiso… ), pero no es así. La subcultura gay, que me repugna hoy, está llena de promiscuidad, infidelidades, y el eros se erige como algo tan poderoso que te destroza, ése fue mi caso. Ése es el caso de estas dos muchachas.

No sé si me explico. Al decir que me identifico con los dos personajes, la maestra y la pintora, es porque fui ambas en mi vida pasada. No voy a contar más nada, la/os dejo con la película magistral, ojalá entiendan porqué he dicho esto, que es poco, podría adentrarme mucho más en la psicología de las dos, pero no puedo ahora, me ha afectado esta relación tan hermosa que culmina en un  fracaso.

Las críticas de la película abundan. Prefiero que la vean y juzguen. Es maravillosa, pero como muchas obras de verdadero arte, te interpela, te cuestiona, y en este caso, me abrió más los ojos de los que ya los tenía ante el sufrimiento de las relaciones intensamente amorosas, y la separación. ¿Habrá algo más punzante, más letal al corazón que la separación? Como ellas, sufrí e hice sufrir. Sin quererlo de esa manera, fue la vida, digamos.

Y para la/os cubana/os que se cuestionan cómo se hace “T” (“tortilla”, en inglés hay algo vulgar similar cuando se dice “the l word” for lesbian), bien, aquí tienen la tortilla, insuperable.

 

Quitaron la película de aquí. Búsquenla en Youtube. “La vida de Adele” con subtítulos en español.

 

Este es el trailer:

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Mi reconstrucción

 

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Al fin comienzo hoy el programa para ponerme en forma con Healthways Silver Sneakers, ejercicios de varios tipos diseñados para personas mayores –es gratis para todos los que pasan de 65 años– que fortalecen los músculos y se pierde peso. Lo de perder peso ya lo tengo arreglado con algo más drástico que dietas y aeróbicos, máqinas de todo tipo, etc., eso lo he probado varias veces y de nada ha servido porque no he sido constante, principalmente por mi estado de ansiedad que me llevó por un período de tres a cuatro años a ganar una cantidad de peso absolutamente escandalosa, comiendo a deshoras helados, galleticas y todo lo prohibido. Pienso que derivé cierto placer en desfigurarme, hoy peso 220 libras con 5’2″ de altura, ya se podrán imaginar. Algo muy deprimente delante de un espejo y haciéndome presente ante la gente. Sé que eso no debería de importarme –cómo la gente me ve de gorda–, y no me importa en exceso, pero me hace sentir muy mal, tan mal que ya no lo soporto (talla 20 de pantalones 2X de blusas). El asunto grave es la salud. Me hicieron ultrasonidos por todas partes. Tengo el hígado y el páncreas con grasa, estoy en el borderline de la diabetes, padezco de apnea del sueño, y en cualquier momento me puede dar un infarto. De hecho en dos electros (EKG/s) aparece que ya me dio uno, pero mi cardiólogo me realizó los consecuentes estrés tests y ecocardiograma y no tengo nada. Me dijo que no me había dado nunca un  ataque al corazón.

Bien pues el método más drástico, y del cual ya escribí hace como un año es que me voy a hacer la cirugía bariátrica ahora a finales de agosto. Me he demorado tanto porque le cogí pavor a la operación después de haber ido al cirujano y de haber escuchado la conferencia inicial que comienza el largo proceso que culmina con la operación, en el que te muestran un vídeo de distintos tipos de cirugías para perder peso. Lo fui dejando por miedo, pero se acabó el miedo. Más debo temer las consecuencias de esta obesidad mórbida que ya de por sí está catalogada como una enfermedad peligrosa.

Así pues, queridos amigos, a finales de agosto me opero y los ejercicios para la piel sobrante, que luce horrible, porque bajas de peso, ¿pero y la piel?, los empiezo desde hoy y continúo después de la extracción del 80% de mi estómago y una pequeña parte del intestino que absorbe lo que engorda. Ahora, bicicleta, aeróbicos, pesas, Tai-Chi-, Yoga, caminar y el clásico Silver Sneakers que se extiende por una hora, sudas y no hay duda que es muy efectivo.

Es un buen día por todo lo dicho y porque mi brújula interior de supervivencia de dijo que me apartara de toda ocasión de peligro, y tomé la decisión –que llevaré a cabo con disciplina, espero– de cortar por lo sano con la persona que me atrae poderosamente y con la cual no puede haber ninguna relación posible, aunque ella, que ha de estar más loca que yo, ha dado muestras muy claras de sentir algo por mí. Porque estoy consciente de que no le puedo gustar a nadie. Pero parece que me equivoqué, a lo mejor vio más allá de mi cuerpo físico. Bueno, digamos que no soy fea, conservo algo de mi atractivo juvenil, pero estoy obesa. ¿Qué vería o ve en mí? Ni idea.

Celebrando a Pablo Neruda en su 110 aniversario

 

 

Pablo Neruda
Pablo Neruda

Hoy se celebran los 110 años del nacimiento de Pablo Neruda, uno de los más grandes poetas de América Latina. En Chile hay fiesta por todas partes, y yo, que estuve en su casa de Isla Negra, imponente, misteriosa, que sentí como un lugar donde no se podría vivir tranquila jamás por su decoración extrema, sobrecogedoras colecciones de múltiples objetos tan abrumadoramente masculinos, lo celebro también. Era un hombre siempre enamorado, pura pasión. Perdonen, qué casa aquella, no la percibí como un hogar, sino como el ego del autor-macho desplazado, aplastante, apabullante. Pero cuando salí de ella, amé la costa brava de un mar herido y salvaje que golpeaba las enormes y elevadas rocas que impedían que ese océano arrastrara la casa. Todo era pasión en aquel lugar, me dio algo de miedo, lo recuerdo.

Ayer escribí aquí Cae la tarde, y lo ilustré con una pintura titulada Precipicio. Hoy me doy cuenta de que aunque inconsciente –la ilustración la elegí por su belleza, es arte abstracto, no le presté atención a su título– la elección fue un sobreaviso que no vi. Ahora sí, cuando elegí de entre muchos, este poema muy popular de Neruda para recordarlo en su aniversario.

 

“ Soneto XLIX “ – (De Cien Sonetos de Amor)

Es hoy: todo el ayer se fue cayendo
entre dedos de luz y ojos de sueño,
mañana llegará con pasos verdes:
nadie detiene el río de la aurora.
Nadie detiene el río de tus manos,
los ojos de tu sueño, bienamada,
eres temblor del tiempo que transcurre
entre luz vertical y sol sombrío,
y el cielo cierra sobre ti sus alas
llevándote y trayéndote a mis brazos
con puntual, misteriosa cortesía:
Por eso canto al día y a la luna,
al mar, al tiempo, a todos los planetas,
a tu voz diurna y a tu piel nocturna.

Pablo Neruda

 

 

Carta a una sicóloga

 

Una de las láminas a interpretar del test de Rorschach
Una de las láminas a interpretar del test de Rorschach

 

Esta semana salió una columna mía en El Nuevo Herald dedicada a Carmen Comella, rscj. En ella hago memoria de algunos importantes momentos de mi intención de entrar en la vida religiosa, pero dejé algunos fuera. Por supuesto, era cuestión de espacio y de que no venían al caso. Pero me siento incómoda, porque la verdad de por qué abandoné ese “sueño”, ese “llamado de Dios”, que no sé a estas alturas si discerní mal o es que todo estaba planificado tal y como salió, un fracaso (tiendo a pensar que fue este el fin último, pero ignoro los motivos divinos) no está dicha. Y hoy quiero contarla.

Además de todo lo que dije en la columna, que es verdad, hubo otras razones: mi homosexualidad confesada honestamente a todas las acompañantes espirituales que tuve durante el proceso: Rosemary Bearss, rscj (Miami) e Isabel García, rscj (Chile). Más tarde se lo informaría a Carmen Margarita Fagot, rscj (Puerto Rico), y a Cristina Colás, rscj (Cuba), que por cierto, me resultó algo cómico su gesto con la mano como diciendo, eso no tiene importancia, esto fue en Chile. A Cristina lo que le interesaba era mi posición política. Ninguna, repito, ninguna de estas mujeres en nuestras largas conversaciones consideró que ser gay era un obstáculo para que yo entrara en la vida religiosa. Y diré aquí una verdad como un templo: una de mis mayores sorpresas de la experiencia conventual fue descubrir la cantidad de lesbianas que son monjas. Se le veía a leguas de distancia, o lo dejaban saber (en mi caso me lo dejaban saber de alguna forma, aunque jamás me di por enterada).

Supongo que llevarían una vida célibe, con un flirt por aquí y otro por allá, pero de ahí no pasaba. Lo mismo con los curas homosexuales, muchísimos. Aquí en la Arquidiócesis de Miami los hay que tienen sus parejas gay y relaciones sexuales, y llevan a cabo su sacerdocio sin conflicto alguno. En el Vaticano ya sabemos lo que incluso el papa Francisco admitió: que había un lobby gay. Yo no estoy juzgando a nadie, ojo. Pero digo esto para que se sepa. “La verdad os hará libres”.

Otra cosa que a última hora salió a relucir que suponía un obstáculo en mi entrada en la RSCJ fue un test sicológico que me hicieron a toda carrera unos días antes de que llegara la provincial cubana –Cristina Colás– a Santiago. El test, el diagnóstico y mi reacción está en esta carta que le escribí a la sicóloga un mes después de llegar a Miami:

Aquí comienza la carta. He omitido los nombres de las religiosas y de la psicóloga. Se la envié por correo con algunas fotocopias en colores de arte cubano que resultaron ser muy significativo en lo que yo vi en los dibujos que debía interpretar.

Carta a la sicóloga:

21 de enero de 2001

Primero que nada recibe un abrazo y mis felicitaciones por este nuevo año que empieza, que el Señor de la misericordia te acompañe en tu caminar. ¿Qué mejor cosa te puedo desear? Eres creyente, me dijiste con el bisturí de la sicología clínica en la mano, por tanto sé que valoras y acoges este deseo sincero de alguien que, como tú, quiso ser monja un día, tan intenso fue el deseo de ambas de consagrar nuestra vida a Dios. Pero descubrimos que ese deseo no cesa ni mengua al ser laicas: estamos llamadas a la santidad por el bautizo, y de eso se trata: la vida como vocación.

Te escribo porque necesito compartir contigo algunas cosas que considero importantes. Ha pasado ya algún tiempo de mi regreso a Miami, y he tenido oportunidad de reflexionar con paz y cierta perspectiva que da el tiempo y la distancia, sobre nuestro último encuentro, tan perturbador para mí. Por favor ten en cuenta que lo que sigue es una expresión de dolor, una búsqueda de respuesta que no hallo, una queja profunda que va dirigida fraternalmente a ti como sicóloga hermana en la fe. En realidad creo que la carta va dirigida a la vida misma, acaso al mismo Dios. La relectura de Job me va ayudando en estos días.

Sé que un elemento clave de tu diagnóstico acerca mi personalidad fue el resultado del test Rorschach. Dos cosas noté que te llamaron la atención: que haya visto en el último dibujo en colores lo que me pareció ser una honda de esas que los niños usan para tirar piedras (así te la describí) y yo, algo divertida, le puse “la honda de David”. También vi allí, en esa última tarjeta de la serie de manchas, un mar azul con pequeños peces y otros animalitos acuáticos en el fondo, como los que se ven en la tele en un programa de viaje submarino. Veía también las costas de Miami a un lado y las de Cuba al otro. Pues bien, hojeando el otro día un libro de arte cubano de reciente publicación, hallé estas pinturas, esculturas e instalaciones artísticas que me asombraron por la similitud conceptual que tiene con lo que yo vi en ese último dibujo del Rorschach. Así pues, decidí enviarte estas reproducciones de artistas cubanos jóvenes, porque tienen una significativa relación con lo que vi ese día.

Como ves, hay mucho mar en nuestro arte, mucha agua, muchas balsas, olas, botes, remos y ahogados, mucha cosa que flota ilógicamente: como el tren que viaja sobre el mar, o la muchacha que tiene mar en sus pupilas y de ahí sale una lágrima, o el hombre que por brazos tiene remos, etc. Todo esto tiene una explicación dolorosamente histórica, y el arte sabemos que en más de un sentido es precisamente un símbolo o una interpretación de la historia y la realidad de un pueblo: el pueblo cubano lleva más de 40 años huyendo de su país. Si vivieras en Miami o Cuba sabrías de la presencia constante del mar Caribe en nuestro imaginario mental, puerta anhelada de salida para los de allá; y para los que vivimos en Miami, una angustiosa e incesante llegada de balsas que arriban con seres humanos deshidratados, quemados, cuando no llegan las balsas vacías, porque los navegantes han sido devorados por las aguas o los tiburones. Las imágenes son ineludiblemente cotidianas en los noticieros televisivos.

Te estoy enviando también una estampita de la Virgen de la Caridad del Cobre. ¿Conoces otro país cuya patrona lo sea por haberse aparecido en el mar a tres náufragos? Ya ves lo profundas que son las raíces histórico-culturales y religiosas que se hunden en nuestra memoria nacional, y que tiene que ver con mar, naufragio, salvación. Entonces, ¿es tan extraño que haya visto el Mar Caribe en el Rorschach? Es cierto que también vi algún órgano sexual, pero parece, por lo que he leído que eso es normal, algo común en las interpretaciones de otras personas. Debo confesarte que sentí un alivio agradable cuando me vi reconocida, reafirmada, en tanto artista que pintó y pinta lo que yo, más o menos, vi en un test sicológico que se me hacía para evaluar mi sanidad mental.

Te envío también dos breves textos, uno de José Marti, nuestro héroe de la independencia patria, y el otro de un autor joven, de cuyo libro se hace la reseña en la revista literaria Encuentro de la red que son las páginas que te mando. En ambos escritos, uno del siglo pasado y otro actual, se menciona la honda de David, una metáfora muy recurrente en la literatura cubana; quien primero la usó fue Martí para referirse al Goliat que para él era Estados Unidos en aquellos cruentos años de lucha emancipadora. Pero esa imagen sigue viva, muy viva hoy en nuestra cultura, ahora para referirse a otro Goliat. Te pregunto: ¿es tan sicológicamente sospechoso que yo haya visto una honda en ese dibujo Rorschach, y que me viniera a la mente la honda de David? Podría enviarte muchos otros textos donde se hace referencia a esa metáfora, pero no quiero cansarte.

Todo esto me lleva a hacer otras preguntas: ¿Qué papel desempeña el inconsciente colectivo de una nación en la psiquis de alguien que interpreta el Rorschach? Si la sicóloga es de otra cultura, y por supuesto es la que emite el juicio sobre esa interpretación de la paciente, ¿cuán válido es ese juicio? Hablamos aquí de lo que Unamuno llamó “la intrahistoria” de un pueblo. ¿Tienes algún paciente mapuche, le has hecho el test del muy alemán señor Rorschach a un indígena de la Araucanía, a ver qué ve él o ella en esas tarjetas? Esto de las culturas me cuestiona ante un test de esta naturaleza, tan radical y aparentemente infalible al emitir un diagnóstico.

Pero tengo otras preguntas acaso más importantes, importantes para mí, claro, después de intentar imaginarme varias veces qué debe ver una persona normal en esas manchas grises que culminan con un dibujo a colores. Es para mí una gran incógnita, te confieso.

¿Es alguien que quiere entrar en la vida religiosa normal? ¿Qué dice la psiquis de alguien que quiere estar en el mundo sin ser del mundo (evangelios)? ¿Cómo debe ser examinado alguien que opta radicalmente por la pobreza, la castidad, la obediencia en un mundo como el que vivimos? ¿No debe padecer ya de entrada algún trastorno serio? ¿Qué resultados habría arrojado el test Rorschach de Juana de Arco? ¿No sería histriónica la chiquilla que empuñó la espada y derrotó al ejército inglés para salvar a Francia? ¿Y el resultado de un test hecho a Margarita María Alacoque, que vio en llamas el Corazón de Jesús y conversaba con el Señor amorosamente? ¿Cuál sería el diagnóstico sicológico de un Francisco de Asís, desnudo en medio de una plaza pública, tirando por la borda la riqueza de su padre? ¿Y cuál el de Teresa de Jesús levitando en estado de éxtasis, o San Juan de la Cruz en sus poesías donde se mezclan el erotismo y el misticismo, como en el Cantar de los Cantares, o Ignacio de Loyola en La Storta? ¿Qué habría visto en las tarjetas el voluptuoso San Agustín?

Mucho me temo que no habrían santos ni místicos en la Iglesia Católica si hubiesen sido examinados con el implacable y nada espiritual Rorschach, y de ello hubiese dependido su entrada o no en la vida religiosa. Pienso ahora en Santa Rosa Filipina Duchesne, rscj que siendo de la aristocracia lo dejó todo en Francia para atravesar el Atlántico rumbo a Estados Unidos a los 48 años. Quería evangelizar indios. Le dio por eso. ¿Qué vería ella en el Rorschach? No logro imaginarme a Santa Magdalena Sofía Barat sometiendo a Rosa Filipina o cualquier otra religiosa a exámenes sicológicos, quizá es una de las razones por las que habían más vocaciones: se daba por sentado la llamada de Dios a esa vida, que se comprobaba con la convivencia, en la comunidad, en la vida de oración, de apostolado, etc.

Si eres creyente y yo creo que lo eres, ¿crees o no en la conversión? En ese cambio radical del corazón que te mueve a hacer locuras, maravillosas locuras, como dejarlo todo para seguir al Señor. ¿O es que eso se debe leer solo en los evangelios, pero a la hora de hacerlo de verdad, la persona es juzgada “demasiado apasionada”, que “no mide las consecuencias de sus actos”. ¿Midió las consecuencias de sus actos la pecadora que vertió el frasco de perfume sobre los pies de Jesús, se los secaba con sus cabellos y lo besaba apasionadamente delante de fariseos y letrados? ¿Midió sus actos Pedro, Juan, Pablo? ¿Por qué entonces me preguntabas asombrada si no tenía “un plan B”? No, te dije, no tengo plan B.

Pero hasta el despojo de mi deseo de ser religiosa ha sido bueno. ¿Sabes? Las primeras semanas de mi salida de la congregación me sentía en mi desgracia (la palabra es clara: des-gracia) como despojada del amor de Dios, y es que en mi dolor grande y hondo, llegué a confundir ese amor infinito y misericordioso del Corazón de Jesús con la Sociedad del Sagrado Corazón. La relectura de las bienaventuranzas, la convicción profunda que renace como una luz o una brisa en mi corazón de que por algo Jesús prefiere a los excluidos, a los rechazados, a los que sufren, eso, la Eucaristía diaria me devuelven la alegría y la certeza del amor de Dios que por un momento terrible sentí vacilar. Es tan grande el desencanto, la caída tan súbita. Dos años y medio de convicción de una vocación, de un caminar en acompañamiento espiritual fecundo, de una vida comunitaria y apostólica que confirmaba ese llamado, fueron tirados al piso de un manotazo en menos de 24 horas. No fuiste tú la que dio el manotazo, tampoco fue la superiora cubana, fue Dios, que tiene sus formas de acercarnos a su Hijo, de hacernos crecer en la fe, y para eso nada tan sabio, en su inmensa sabiduría, como experimentar el dolor, la humillación, la injusticia.

Respecto a las cosas de mi vida pasada [relaciones amorosas y sexuales] que compartí en nuestras dos conversaciones y que también fueron importantes en tu opinión de que no debería entrar en la congregación, ¿qué puedo decir? Fue un error de mi parte no precisamente contarlo con honestidad, como lo hice, sin ocultar nada, sino creer que no sería obstáculo. Nunca lo fue, eso me lo dejaron saber muy claramente mi primera directora espiritual, Religiosa del Sagrado Corazón aquí en Miami ni mi directora chilena. Pero súbitamente, sí lo era. Pero ante esto también pregunto ¿Habría rechazado Jesús a la samaritana; o a María Magdalena? ¿Habríamos sido educados en la Iglesia Católica por el maravilloso San Agustín si se le hubiese juzgado por su pasado cargado de erotismo y turbulentos devaneos, tan vivamente narrado en Las Confesiones?

Pero todo es providencia divina; todo, obra de Dios, así asumo lo que ha sucedido. Eso no impide, sin embargo, que sienta la necesidad de compartir contigo estos pensamientos. Me niego a aceptar el método Rorschach, tan poco seguro y desacreditado entre muchos sicólogos. He hecho investigaciones. Pero además, quiero preguntar: ¿por qué a algunas novicias se les hace ese test y a otras no? Por supuesto que no tienes que responder a ninguna de estas preguntas, sólo, repito, necesito conversar contigo, la sicóloga que quiso un día ser monja. Y ahora analiza a monjas.

Te agradezco tu escucha atenta, tus palabras, tu honestidad. Comparaste mi padecimiento sicológico con el de grandes escritores, gracias, pero no lo soy. Soy, o era, una periodista de relativo éxito que se enamoró de Jesús, y como el hombre que halla un tesoro y lo vende todo para obtener el terreno donde enterró ese tesoro, corrí enamorada tras el Señor, sin plan B, como hicieron los discípulos. Ahora recompongo las piezas de todo esto tan extraño que ha sucedido, reubicándome en el mundo laico, que sin duda disfruto y valoro como nunca antes, completamente abandonada en las manos de Dios.

Hasta hace poco me asombraba que no hubieran vocaciones, que hubiera la crisis que hay en la vida religiosa. Ya no. Hay buenas razones. El Espíritu sabe donde sopla, nosotros no.

Recibe mi agradecimiento grande: estoy donde debo estar, bendito sea Dios, que Él te bendiga.

 

Aquí termina la carta. En futuros posts describiré los diagnósticos variados que han dado los psiquiatras acerca de mí. Es sumamente interesante el loco estado de la psiquiatría. En cuanto a la orientación sexual, fue una verdadera sorpresa y una alegría descubrir que una de mis hermanas de comunidad en Chile, Quena Valdés forma parte de la Pastoral de la Diversidad Sexual, algo nuevo que no existía cuando yo estaba allá. Recomiendo este artículo publicado en el diario El Mercurio, en una de sus revistas dominicales, Paula, donde aparece Quena y una buena explicación sobre ser homosexual y católico: La pastoral de la diversidad sexual, escrito por Sofía Aldea.

Me alegro de haber tenido la valentía o la imprudencia bendita de escribir esto. Sigo siendo la de siempre, ahora, enamorada, algo que no me sucedía en muchos, muchos, años. Una relación con ella resulta imposible, aunque la deseo ardientemente.

Esa soy yo, católica y gay. Pero para acabar de decir toda la verdad, y esto sí que es duro de aceptar para mí, me considero bisexual, porque me he sentido muy atraída sexualmente a algunos hombres. Conste, nunca me he enamorado de uno, creo que por mis experiencias de abuso sexual y mi violación a los 16 años. Pero de que me atraen, me atraen. Hace más de 25 años que no tengo relaciones con el sexo opuesto, ni la pienso tener. Qué cosa tan extraña, sí pudiera ser con una mujer. Con esa mujer a la que amo. Digo amo, pero no siento romanticismo ninguno, es cuestión solo de sexo, creo. La quiero conmigo en una cama. ¿Me enamoraré más después si llega a ocurrir? No va a ocurrir, es, como dije un total imposible. ¿Será  pecado?