Connecting to the Eternal

Contemplation

Richard Rohr’s Daily Meditation

From the Center for Action and Contemplation

Barbara Holmes, one of our CONSPIRE 2018 teachers, writes about the beautiful diversity of contemplative practices as paths toward the source of our being:

Although Africana and European Christians share a common contemplative history, there are specific differences in expectation and practice. . . .

[While] European mystics and contemplatives often lived in community, they tended to focus on the individual experience of encountering the divine presence. African American contemplatives turned the “inward journey” into a communal experience. . . . The word contemplation includes but does not require silence or solitude. Instead, contemplative practices can be identified in public prayers, meditative dance movements, and musical cues that move the entire congregation toward a communal listening and entry into communion with a living God. . . .

When the word contemplation comes to mind I think of Thomas Merton. . . . But I also want to talk about Martin Luther King Jr. and his combination of interiority and activism, Howard and Sue Bailey Thurman and their inward journeys. I want to present Sojourner Truth, Harriet Tubman, Fannie Lou Hamer, Barbara Jordan, and the unknown black congregations that sustained whole communities without fanfare or notice. Like Christianity, contemplative practices come in many forms. . . .

This is how Howard Thurman describes the embodied locus of contemplation:

There is in every person an inward sea, and in that sea is an island and on that island there is an altar and standing guard before that altar is the “angel with the flaming sword.” Nothing can get by that angel to be placed upon that altar unless it has the mark of your inner authority. Nothing passes . . . unless it be a part of the “fluid area of your consent.” This is your crucial link with the Eternal. [1]

. . . As I see it, the human task is threefold. First, the human spirit must connect to the Eternal by turning toward God’s immanence and ineffability with yearning. Second, each person must explore the inner reality of his or her humanity, facing unmet potential and catastrophic failure with unmitigated honesty and grace. Finally, each one of us must face the unlovable neighbor, the enemy outside of our embrace, and the shadow skulking in the recesses of our own hearts. Only then can we declare God’s perplexing and unlikely peace on earth. These tasks require a knowledge of self and others that only comes from the centering down that Thurman advocates. It is not an escape from the din of daily life; rather, it requires full entry into the fray but on different terms. . . . Always, contemplation requires attentiveness to the Spirit of God. . . .

Contemplation is a spiritual practice that has the potential to heal, instruct, and connect us to the source of our being. Thomas Keating describes the shift in reality structures that may occur during contemplative prayer in this way: “our private, self-made worlds come to an end; a new world appears within and around us and the impossible becomes an everyday experience.”[2]

Gateway to Presence:
If you want to go deeper with today’s meditation, take note of what word or phrase stands out to you. Come back to that word or phrase throughout the day, being present to its impact and invitation.

[1] Howard Thurman, Meditations of the Heart (Friends United: 1976), 28.

[2] Thomas Keating, Open Mind, Open Heart: The Contemplative Dimension of the Gospel (Continuum: 1999), 13.

Barbara A. Holmes, Joy Unspeakable: Contemplative Practices of the Black Church, 2nd edition (Fortress Press: 2017), 4-6, 17-18.

Image credit: Dancers in Green and White Dresses, Vinicius Vilela.

Una Iglesia que cambia para acoger a los gays católicos

 

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Católicos LGBT en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, La pastoral New Ways Ministry de su parroquia Sagrado Corazón en Newark, New Jersey es muy activa. 

Lo anuncié y se cumplió, nada nuevo bajo el sol. Me refiero a mi columna publicada el viernes pasado: Los homosexuales y el cristianismo. La iracundia, el rechazo y la discriminación que despertaría lo que escribí en muchos católicos, sobre todo en parte de la jerarquía que margina y desprecia a los homosexuales. Pero no olvidemos jamás que ella es solo parte de la Iglesia, representan más bien a la Institución. La Iglesia la formamos todos por el sacramento del bautismo.

Recibí emails a favor y en contra, y para mi satisfacción fueron más los que apoyaron y agradecieron mi defensa de la comunidad LGBT católica que los que me criticaron. Pero hubo una carta de un sacerdote jesuita que me hirió. Está dirigida a despojar a una persona homosexual de su dignidad como persona. ¿Tan ciego y fanático es que no se dio cuenta que estaba insultando al Espíritu Santo que habita en cada uno de los que amamos a Dios, nos sabemos amados por él y vivimos en coherencia con nuestra fe?

Este pobre hombre es un desgraciado –lo digo literalmente, falta de la gracia de Dios–, utilizó el argumento menos cristiano que conozco para condenar a los homosexuales.

“¡Cuánto lamento que hayas dejado de ser cristiana!”, me dice al inicio de su carta. Me preparé para lo que iba a leer. Pero superó mi imaginación: “Las relaciones entre machos o hembras son pecados contra naturam, apunta el jesuita. “Decir que la sodomía no es pecado equivale a decir que si un hombre copula con una perra, cabra o burra no comete pecado. El segundo pecado contra la naturaleza se llama bestialidad.

“Todo lo que enseña la Iglesia de no discriminar a los homosexuales, ellos y ellas, se refiere a la inclinación, no a los actos.

¿Es cierto que los homosexuales deben abrazar la continencia perfecta? Sí, es cierto. El placer sexual no pertenece a las necesidades absolutas como respirar, comer y dormir”.

Este cura no tiene en cuenta el amor. Habla solo de copular. “El placer sexual no pertenece a las necesidades absolutas como respirar, comer, dormir” ¿Y el amor, no es una necesidad absoluta? ¿No sabe que el amor entre personas del mismo sexo existe con la misma fuerza y pasión y ternura, la necesidad de unión permanente, de comprometerse a vivir en plenitud ese amor como existe entre parejas de heterosexuales? Los gays establecen una relación de pareja en la que el amor, la fidelidad, la comunicación, el darse a la otra persona y querer hacerla feliz, como lo hace una pareja heterosexual que se ama, casada o no, es lo que distingue una relación fundamentalmente cristiana –que es a la que se refiere el papa Francisco en su histórico mensaje que está transformando la Iglesia: “Si una persona busca a Dios, es de buena fe y es gay, ¿quién soy yo para juzgar?”–, de otra que solo quiere tener “placer sexual” llevando una vida promiscua donde no existe el amor.

Invito con caridad a que este jesuita revise su pensamiento y de paso cumpla con uno de sus votos que está desobedeciendo. Además de los votos de pobreza, castidad y obediencia comunes a todas las religiosas y religiosos, los miembros de la Compañía de Jesús, los jesuitas, tienen un cuarto voto: absoluta fidelidad y obediencia al Papa.

En Estados Unidos se está viviendo una profunda crisis espiritual, teológica, pastoral y existencial frustrante o esperanzadora para la comunidad LGBT católica en diócesis y parroquias por ser aceptada en una Iglesia –y de nuevo me refiero a la Institución, no a la Iglesia formada por los hijos de Dios, mucho más humana, verdadera y seguidora de Jesús que la institucional–, de la cual todos somos parte. Esa crisis se vive muy intensamente entre los obispos, enfrentados en una batalla nacional por la defensa o condena de los gays católicos.

La plena acogida de ellos va en crecimiento asombroso y no tiene vuelta atrás. Hay muchos ejemplos pero carezco de espacio para informarlo. Cito uno: El cardenal de Newark recién nombrado por el papa Francisco, Josph E. Tobin, celebró una misa en junio para los miembros de la pastoral gay A imagen de Dios (In God’s Image) de la parroquia Sagrado Corazón, en esa ciudad en Nueva Jersey. El cardenal “encantado” de oficiar misa para ellos y darles la comunión, los fue recibiendo en la puerta y dándoles la mano a medida que entraban. Eran muchos, porque además habían asistido otros grupos gays católicos de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. La eucaristía concelebrada por cinco otros sacerdotes, hizo noticia en todo el país al tratarse de un cardenal que anuncia la buena noticia de que en su diócesis los gays católicos cuentan con una iglesia que los ama y los recibe con respeto, amor y solidaridad.

Links donde encontrarán ayuda:

In God’s Image

New Ways Ministry – con una lista de las parroquias que en cada estado celebran misa para los gays católicos

Pastoral de la diversidad sexual, CVX de Santiago, Chile, 

Les recomiendo la lectura del libro James Martin, SJ Building a Bridge. How the Catholic Church and the LGBT Community Can Enter into a Relationship of Respect, Compassion, and Sensitivity.

Un profeta ante el cisma de la Iglesia católica de EEUU

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Como a todos los profetas bíblicos que los líderes religiosos de su época y tierra rechazaron por predicar verdades insoportables para ellos y por eso los mataron, a James Martin, SJ, lo están haciendo trizas en la Iglesia católica de este país. Su reciente libro Building a Bridge. How the Catholic Church and the LGBT Community Can Enter into a Relationship of Respect, Compassion and Sensitivity (Construir un puente. Cómo la Iglesia católica y la comunidad LGBT pueden establecer una relación de respeto, compasión y sensibilidad), está causando un escándalo nacional, pero no porque lo católicos lo rechacen como quisieran muchos obispos, todo lo contrario. El éxito del libro, convertido en un bestseller de The New York Times, y cuyas críticas favorables y condenatorias muestran el debate transformativo sobre los homosexuales católicos, es precisamente porque reclama la debida aceptación y participación plena de ellos y ellas en la vida de la Iglesia.

En sus páginas los gays católicos hallarán todo lo sabio, compasivo, reconciliador y acogedor que esperaban de la Iglesia católica sin intentar renunciar a su fe ni a su orientación sexual.

Lo curioso dentro del gran cisma que vive la Iglesia es que no se trata solo de obispos que se niegan a aceptar a los gays y los que favorecen –como el papa Francisco– su plena pertenencia a ella, sino la abismal diferencia que existe entre los laicos y los obispos. En una investigación que hizo el Pew Research Center en junio de 2017 se demostró que dos tercios de los católicos (68%) apoya la unión de parejas homosexuales. Pero la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, incluida la Arquidiócesis de Miami, que se niega a aceptarlos, e incluso el arzobispo Thomas Wenski ha amenazado con despedir a quienes trabajen en la Arquidiócesis de Miami y apoyen las uniones homosexuales, se hace de oídos sordos ante el reclamo de la inmensa mayoría de sus fieles. ¿No se están negando esos obispos homófobos a escuchar la voz de Dios expresada no sólo por el papa, sino por la mayoría de los católicos?

“Los despidos masivos que se están llevando a cabo en la Iglesia porque el empleado es gay, hace que me pregunte: ¿Despedimos a divorciados vueltos a casar? ¿Despedimos a heterosexuales que viven en pareja juntos, pero no están casados? ¿Despedimos a católicos adúlteros? ¿Despedimos a los que usan contraceptivos? No, ellos siguen en su trabajo y están faltando a las enseñanzas de la Iglesia, cometiendo el mismo pecado grave que supuestamente cometen los gays que no son célibes, que viven en pareja con su ser amado”, dice el padre Martin en su libro.

“El asunto es que las enseñanzas de la Iglesia son las del Evangelio, y son las que no se practican. Somos selectivos al aplicar esas enseñanzas. Nos enfocamos en un grupo: los homosexuales. La gente straight no tiene una luz condenatoria encima, no sufren despidos de sus trabajos ni discriminación tan cruel como la sufren los gays”.

Habría que entrar de lleno en lo que el papa Francisco llama “la cultura del encuentro”. Es decir, encontrarse con “el otro”, escucharlo, conocerlo para comprenderlo, y así ir transformando los estereotipos anticristianos y construyendo una relación fraterna.

Pero los obispos, en muchos casos, no conocen a los homosexuales, no se juntan con ellos, no los escuchan.

Surge la pregunta de la lógica impecable: ¿Por qué una persona gay sigue siendo católica si sabe que su Iglesia la condena, que su comunidad parroquial lo discrimina, no lo recibe ni acepta que participe en cualquiera de los ministerios que ofrece su parroquia?

La respuesta es un misterio, como la fe o la orientación sexual. Tiene su raíz en lo espiritual, quizá en la formación religiosa de su hogar, en una conversión, en el fondo no es algo racional sino del Espíritu, que habita en ellos, y que le da la dignidad que poseen los hijos de Dios.

Hoy, después del declarado apoyo del papa Francisco a la comunidad LGBT y de la descentralización que está llevando a cabo en la Iglesia, los gays católicos saben que hay muchos sacerdotes y parroquias en los que son bien recibidos con su pareja o sin ella para la celebración de la Eucaristía y la participación en la vida de la iglesia. Y la recepción de la comunión es un aspecto tradicional de la ‘participación en la vida de la Iglesia’.

Este es la tercera semana que escribo acerca del tema que hoy divide a la Iglesia en EEUU. Para un entendimiento más abarcador de lo que sucede, recomiendo la lectura de “Los homosexuales y el cristianismo” (1 de septiembre) y “Una Iglesia que cambia para acoger a los gays” (8 de septiembre).

Ánimo, la apertura de una institución casi inamovible se está dando gracias al liderazgo de otro profeta, el mayor de nuestro tiempo: Jorge Mario Bergoglio, obispo de Roma, papa de la Iglesia católica.

La política de la posverdad

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Dora Amador| 20/4/2017


El estado de la nación me obsesiona y repele a la vez. Tengo la certeza de que veo la verdad y la defiendo, a pesar de las mil y una distracciones y distorsiones con que nos quieren engatusar desde la Casa Blanca; de las estupideces y vilezas de esta administración republicana.

Decía un comentarista político a quien estaban entrevistando la otra tarde en MSNBC que estaba convencido de que a la Casa Blanca podrían entrar millones y millones de dólares manchados en sangre y que los republicanos mirarían hacia otro lado encogiéndose de hombros. Coincido con el comentarista. Bienvenidos al gobierno de la posverdad.

“En esta era de la política de la posverdad, un mentiroso sinvergüenza puede ser rey. Cuanto más audaz es su deshonestidad, menos le importa que lo cojan con las manos en la masa, más puede él prosperar”, dice el periodista Jonathan Freedland. “Y esos pedantes que todavía se dejan llevar por hechos y pruebas y esas cosas tan aburridas, que se queden en el polvo. Apenas se han terminado de abrochar los zapatos, ya la mentira se ha extendido por medio mundo”. (Los políticos de la posverdad como Donald Trump y Boris Johnson no son broma”. The Guardian, 13 de mayo de 2016).

La perversidad a la que han llegado el presidente y sus cuates, como diría un mexicano, podría ser la causa del estado de conciencia en que me hallo. Es una conciencia alterada, en lucha consigo misma porque la realidad me rebasa.

Y he ahí mi dilema: soy periodista, valoro y busco la verdad, y padezco de la necesidad de difundirla. Pero estoy pegada a Twitter y a los medios como si mi vida dependiera de esa marabunta. Y con una capacidad tope de tolerancia de información, con el deseo de que republicanos de buena voluntad crean a través de lo que expongo la atroz verdad que no ven, que están destruyendo su partido al ser víctimas de la estafa posverdad.

Me aferro a la esperanza de que a partir de la semana que viene, cuando los congresistas regresen de sus vacaciones, se inicie el fin de la más fraudulenta y plutócrata administración que ha tenido esta nación. Entonces el FBI y los Comités de Inteligencia del Senado y la Cámara, con la participación de agencias de inteligencia, incluyendo la CIA, irán desenmascarando a cada uno de los que colaboraron con Rusia en la campaña electoral de 2016 para que ganara las elecciones Donald Trump.

En el tablero se cuenta con suficientes movidas como para dar jaque mate. Me refiero a la colaboración trumpista con Rusia, que sin duda es lo más grave. Pero hay otros elementos peligrosos, como los conflictos de intereses y ciertas decisiones que se han tomado en secreto.

El viernes el gobierno anunció que ya no haría públicos los registros de visitantes de la Casa Blanca. Antes de hacía. Pero Trump no quiere que la gente sepa con quiénes él y sus compinches hacen negocios: dinero, miles de millones de dólares, que para eso aspiró a la presidencia e intentó vender su patria y la democracia.

Pero quien ignore el rechazo, los abucheos, la ira de los votantes republicanos cuando sus representantes fueron a sus ayuntamientos en estos días, está ajeno a la realidad o colabora a conciencia con la catástrofe nacional.

Los conflicto de intereses que confrontan el presidente y su familia al no renunciar a sus empresas millonarias a la vez que dirigen la política exterior y doméstica del país les importan poco, aunque el mundo entero los esté mirando. El día de la cena en Mar-a-Lago con el presidente chino, Xi Jinping, a la compañía de Ivanka Trump se le aprobaran los derechos de venta de su marca en China en varios renglones del mercado: carteras, joyas y servicios de belleza. Sabemos, Ivanka es asesora de su padre y tiene su oficina en la Casa Blanca, pero no cobra un centavo por su trabajo.

Las marchas de protesta en casi todo el país el pasado fin de semana exigiéndole a Trump que enseñe sus contribuciones de impuestos le tiene sin cuidado. No las hará públicas, siendo presidente, insiste, no tiene por qué hacerlo.

El Trump Hotel Washington, D.C se ha hecho sede de miles de reuniones, fiestas y hospedaje de políticos y empresarios de todo el mundo que quieren acercarse al dueño. Y Mar-a-Lago? Hasta la fecha los viajes a su lugar de ocio favorito en Palm Beach, adonde va casi todos los fines de semana a jugar golf, le ha costado a los contribuyentes más de $25 millones. Mientras, hizo recortes drásticos en el presupuesto a los más esenciales servicios alimenticios, educativos y de salud a los más necesitados.

Le pido a los periodistas y a todo amante de la verdad que lean “Posverdad” en Wikipedia. Y que no me venga ninguno a reclamar que esta no es una enciclopedia veraz.

 

El nombre del hombre

 

La Danza Divina

Richard Rohr, cómo me has enseñado. La transformación espiritual tan necesitada y buscada en mi interior la has provocado tú, y te he seguido como discípula que no quiere perderse una sola palabra escrita o dicha por su maestro, del cual depende grandemente su total entrega a un Dios redescubierto, el Dios que es la Trinidad. Ando leyendo lenta y gozosamente tu último y magnifico libro The Divine Dance. The Trinity and your Transformation. Motivo de esta entrevista que regalo a los lectores de este blog que quiere ser tantas cosas. Lo son, mi caminar diario, mis caídas y mi recuperación para levantarme, no sola, con la ayuda de la Trinidad de la cual descubro soy parte.

Richard Rohr, llegué a ti después del despertar que me causó Thomas Merton y Thomas Keating. Los tres más grandes místicos de Estados Unidos, sin duda. Qué suerte tuve de llegar  los tres. O no ha sido suerte, claro, el por donde me ha guiado el Espíritu sin yo darme cuenta, es seguir tu propio ritmo interior, andar sabiendo que te conducen, siempre confiando. Confiar y amar, ahí radica todo, que te conduce  hacer el bien, todo el bien de que seas capaz.

 

Estrellita

“En el principio existía la Palabra…”

Natividad de Nuestro Señor

Un hijo nos ha sido dado (Is. 9,5)

jesu

 

Estamos convocados a celebrar en Navidad el misterio incomprehensible de un Dios que decide hacerse hombre, para salvar a los hombres que se han alejado de Él. Sin embargo, Isaías, el profeta que nos ha enseñado que el nombre de Dios es Emanuel, el Señor con nosotros, nos confía un secreto que es al mismo tiempo, una prueba de amor y un desafío: Jesús, el hijo de la Virgen inmaculada, es “un hijo que nos es dado”. El Hijo del Padre eterno, el Verbo encarnado, el hijo de María, nos es dado como hijo.

Somos llamados a quererlo, cuidarlo, escucharlo, llevarlo, de igual manera que queremos, cuidamos, escuchamos y llevamos a un hijo.

Navidad es el tiempo para conmemorar este misterio. Misterio que la liturgia nos propone contemplar, meditar, durante las tres semanas en las que las fiestas se suceden para que podamos gustarlas: la natividad, la celebración de la Sagrada Familia, la maternidad divina, la manifestación a los paganos, la presentación al pueblo elegido en el borde del Jordán.

La alegría de los pastores de Belén, la veneración de los magos y la presteza de los primeros discípulos, revelan las distintas actitudes que Navidad puede hacer crecer en nosotros.En todo caso, en primer lugar, hay que recibir al Hijo del Padre eterno como a un hijo…

 

Libro de Isaías 52,7-10.

¡Qué hermosos son sobre las montañas
los pasos del que trae la buena noticia,
del que proclama la paz,
del que anuncia la felicidad,
del que proclama la salvación,
y dice a Sión: “¡Tu Dios reina!”.
¡Escucha! Tus centinelas levantan la voz,
gritan todos juntos de alegría,
porque ellos ven con sus propios ojos
el regreso del Señor a Sión,
¡Prorrumpan en gritos de alegría,
ruinas de Jerusalén,
porque el Señor consuela a su Pueblo,
Él redime a Jerusalén!
El Señor desnuda su santo brazo
a la vista de todas las naciones,
verán la salvación de nuestro Dios.

Salmo 98(97),1.2-3ab.3cd-4.5-6.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.

Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey.

Carta a los Hebreos 1,1-6.

Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras,
ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.
El es el resplandor de su gloria y la impronta de su ser. El sostiene el universo con su Palabra poderosa, y después de realizar la purificación de los pecados, se sentó a la derecha del trono de Dios en lo más alto del cielo.
Así llegó a ser tan superior a los ángeles, cuanto incomparablemente mayor que el de ellos es el Nombre que recibió en herencia.
¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?” ¿Y de qué ángel dijo: “Yo seré un padre para él y él será para mi un hijo?”
Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice: “Que todos los ángeles de Dios lo adoren.”

Evangelio según San Juan 1,1-18.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: “Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”.
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

 

Reflexión del papa Francisco en este día de Navidad:

Queridos hermanos y hermanas, feliz Navidad. Hoy la Iglesia revive el asombro de la Virgen María, de san José y de los pastores de Belén, contemplando al Niño que ha nacido y que está acostado en el pesebre: Jesús, el Salvador.

En este día lleno de luz, resuena el anuncio del Profeta: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: Maravilla del Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz» (Is 9, 5).

El poder de un Niño, Hijo de Dios y de María, no es el poder de este mundo, basado en la fuerza y en la riqueza, es el poder del amor. Es el poder que creó el cielo y la tierra, que da vida a cada criatura: a los minerales, a las plantas, a los animales; es la fuerza que atrae al hombre y a la mujer, y hace de ellos una sola carne, una sola existencia; es el poder que regenera la vida, que perdona las culpas, reconcilia a los enemigos, transforma el mal en bien.

Es el poder de Dios. Este poder del amor ha llevado a Jesucristo a despojarse de su gloria y a hacerse hombre; y lo conducirá a dar la vida en la cruz y a resucitar de entre los muertos. Es el poder del servicio, que instaura en el mundo el reino de Dios, reino de justicia y de paz. Por esto el nacimiento de Jesús está acompañado por el canto de los ángeles que anuncian: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama» (Lc 2,14).

Hoy este anuncio recorre toda la tierra y quiere llegar a todos los pueblos, especialmente los golpeados por la guerra y por conflictos violentos, y que sienten fuertemente el deseo de la paz. Paz a los hombres y a las mujeres de la martirizada Siria, donde demasiada sangre ha sido derramada.

Sobre todo en la ciudad de Alepo, escenario, en las últimas semanas, de una de las batallas más atroces, es muy urgente que se garanticen asistencia y consolación a la extenuada población civil, respetando el derecho humanitario.

Es hora de que las armas callen definitivamente y la comunidad internacional se comprometa activamente para que se logre una solución negociable y se restablezca la convivencia civil en el País.

Paz para las mujeres y para los hombres de la amada Tierra Santa, elegida y predilecta por Dios. Que los Israelíes y los Palestinos tengan la valentía y la determinación de escribir una nueva página de la historia, en la que el odio y la venganza cedan el lugar a la voluntad de construir conjuntamente un futuro de recíproca comprensión y armonía.

Que puedan recobrar unidad y concordia Irak, Libia y Yemen, donde las poblaciones sufren la guerra y brutales acciones terroristas. Paz a los hombres y mujeres en las diferentes regiones de África, particularmente en Nigeria, donde el terrorismo fundamentalista explota también a los niños para perpetrar el horror y la muerte.

Paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo, para que se curen las divisiones y para que todos las personas de buena voluntad se esfuercen para iniciar nuevos caminos de desarrollo y de compartir, prefiriendo la cultura del diálogo a la lógica del enfrentamiento.

Paz a las mujeres y hombres que todavía padecen las consecuencias del conflicto en Ucrania oriental, donde es urgente una voluntad común para llevar alivio a la población y poner en práctica los compromisos asumidos.

Pedimos concordia para el querido pueblo colombiano, que desea cumplir un nuevo y valiente camino de diálogo y de reconciliación. Dicha valentía anime también la amada Venezuela para dar los pasos necesarios con vistas a poner fin a las tensiones actuales y a edificar conjuntamente un futuro de esperanza para la población entera.

Paz a todos los que, en varias zonas, están afrontando sufrimiento a causa de peligros constantes e injusticias persistentes. Que Myanmar pueda consolidar los esfuerzos para favorecer la convivencia pacífica y, con la ayuda de la comunidad internacional, pueda dar la necesaria protección y asistencia humanitaria a los que tienen necesidad extrema y urgente.

Que pueda la península coreana ver superadas las tensiones que atraviesan en un renovado espíritu de colaboración. Paz a los que han perdido a un ser querido debido a viles actos de terrorismo que han sembrado miedo y muerte en el corazón de tantos países y ciudades.

Paz —no de palabra, sino eficaz y concreta— a nuestros hermanos y hermanas que están abandonados y excluidos, a los que sufren hambre y los que son víctimas de violencia. Paz a los prófugos, a los emigrantes y refugiados, a los que hoy son objeto de la trata de personas. Paz a los pueblos que sufren por las ambiciones económicas de unos pocos y la avaricia voraz del dios dinero que lleva a la esclavitud.

Paz a los que están marcados por el malestar social y económico, y a los que sufren las consecuencias de los terremotos u otras catástrofes naturales. Paz a los niños, en este día especial en el que Dios se hace niño, sobre todo a los privados de la alegría de la infancia a causa del hambre, de las guerras y del egoísmo de los adultos.

Paz sobre la tierra a todos los hombres de buena voluntad, que cada día trabajan, con discreción y paciencia, en la familia y en la sociedad para construir un mundo más humano y más justo, sostenidos por la convicción de que sólo con la paz es posible un futuro más próspero para todos. Queridos hermanos y hermanas: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado»: es el «Príncipe de la paz». Acojámoslo.