El juicio del presidente

Nancy Pelosi, presidente de la Cámara
de Representantes
Debajo: Charles Schumer, líder de la
minoría del Senado
Debajo: el Presidente Donald Trump y el Presidente del Senado, Mitch McConnell.

Los hombres se dividen en dos bandos, dijo José Martí, los que aman y fundan, los que odian y deshacen. Esta verdad dicha como muchas otras por nuestro liberador y poeta cubano, la recordé observando la violenta turbulencia que estamos atravesando. La comparo a un avión cuando está en medio de una tormenta anunciada para que nos abrochemos los cinturones, y no deja de dar saltos súbitos hacia arriba y hacia abajo en cuestión de segundos, miras a tu alrededor, ves los ojos cerrados y la expresión de horror de los pasajeros, y ya das por seguro que la nave se va a estrellar, a hundir en el mar.

No encuentro mejor símil, porque es una experiencia que conozco y me da  pánico, como el que ahora siento ante el futuro inmediato de Estados Unidos. ¿Caerá la nación en el precipicio o se salvará? Contrario a un accidente aéreo, depende de quienes ganen la batalla decisiva. Los que aman y fundan o los que odian y deshacen.

William Webster, presidente del Consejo Asesor del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, exdirector del FBI (1978-1987) y de la CIA (1987-1991) y el exjuez federal que logró acabar con la mafia de Nueva York bajo el gobierno de Jimmy Carter, escribió una columna de opinión el lunes 16 de diciembre en The New York Times titulada: “Dirigí el FBI y la CIA: Hay una amenaza urgente al país que amo”. En ella el respetado conocedor de eso que se llama peligro, el experimentado y alto dirigente de nuestra Inteligencia nos lo advierte: hay que sacar a Donald Trump de la presidencia, estamos al borde de caer en una dictadura bajo el mando de un monarca, déspota o tirano.

Webster es uno entre más de mil profesionales, funcionarios y distinguidos servidores públicos en varias ramas del saber y del gobierno, que han lanzado la voz de alarma desde hace tiempo. Más de 550 abogados firmaron una carta pidiendo que se destituya al presidente; cientos de psiquiatras y psicólogos hicieron público un documento en el que afirman que Donald Trump padece de trastornos mentales serios. El mismo lunes más de 700 profesores de historia publicaron un documento firmado en el que exponen sus razones por las cuales el presidente debe ser sacado de su cargo.

Los periódicos de la nación cuyos editoriales piden el impeachment aumentan casi a diario. Solo en esta última semana los siguientes rotativos han publicado la visión de su junta editorial: The New York TimesWashington PostUSA TodayLos Angeles TimesSaltLake TribuneTampa Bay TimesOrlando SentinelBoston GlobeNew York Daily NewsChicago Sun-TimesPhiladelphia InquirerSan Francisco Chronicle. Y se sumarán otros. Ni The Miami Herald ni El Nuevo Herald han publicado un editorial, como era de esperar en Miami. Los voceros cubanoamericanos trumpistas están entre comisionados de la ciudad, otros son intimidados en las ondas radiales y la prensa en general se deja intimidar aun cuando el caso es tan grave para conservar la democracia de Estados Unidos. Pero ese tema merece un artículo aparte.

La OTAN, la Unión Europea y organizaciones nacionales importantes han expresado su preocupación con la presente administración. Entre ellos casi todo el Pentágono, que ha ido alarmándose ante las decisiones de Trump y ha denunciado públicamente varias veces la errada política exterior del presidente, que en muchas ocasiones favorecen a Rusia en lugar de a Estados Unidos. Digamos que la gota que colmó la copa y que incluso provocó la renuncia de altos mandos del ejército fue la orden sin consulta previa al Congreso de retirar las tropas estadounidenses de Siria. Ese repudiable acto le dejó a Turquía libre la frontera, densamente poblada por los kurdos. Ni un minuto perdieron los turcos en comenzar la matanza de kurdos, cuyo territorio, Kurdistán, tiene fronteras con Turquía, Irán, Irak y Siria. El vacío dejado por las tropas de EE. UU. les dio luz verde a las tropas turcas, pero no sólo eso, favoreció en alto grado a Putin y lo peor quizá, ha hecho posible el resurgimiento de los terroristas islamistas.

Trump traicionó a los kurdos, y se ha dado crédito, como suele hacer, de la eliminación de los terroristas. Pero la verdad es que sin la guerra sin cuartel de los kurdos los terroristas no habrían sido tan debilitados y el Califato Islámico todavía tendría territorios en el Medio Oriente. Súmesele a esto que fueron los kurdos los que localizaron e hicieron posible el asesinato del líder máximo de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi. 

El magistral Informe Mueller, en el que se evidencia la obstrucción de la justicia y la confabulación de la campaña presidencial de Trump con Rusia para que este ganara las elecciones, dio como resultado la acusación, condena y encarcelamiento de los hombres más ligados a su campaña presidencial y a su presidencia. Todos acusados de crímenes graves, incluyendo a los que están libres todavía, pero que han sido condenados y esperan sentencia. Evito escribir los nombres de todos los implicados el capítulo de esta saga criminal, porque son muchos los delincuentes con estrechos vínculos con el presidente Trump. Lo haré cuando sea estrictamente necesario.

Existen decenas de motivos por los cuales hace tiempo el Congreso, como rama del gobierno con poder de destituir y enjuiciar a un presidente, pudo haber iniciado un proceso contra él. Se esperó a que estuviera listo el Informe Mueller. Sabemos que después del despido de varios miembros de alto rango del FBI, como su exdirector, James Comey, del ex fiscal general Jeff Sessions (porque se había excluido de la investigación de la trama rusa, algo que molestó al presidente, porque confiaba que Sessions le sería leal a él y no a la verdad, Trump nombró como fiscal general, al frente del Departamento de Justicia, la tercera rama del poder del Estado, a William Barr, y este sí sigue las órdenes del presidente ignorando su deber al jurar por la defensa de la democracia y la Constitución y no al presidente, Barr es un cómplice y lacayo de Trump.

En suma, el Informe Mueller evidencia, y así lo corroboró el mismo Mueller ante la audiencia del Congreso cuando fue llamado a testificar, que hubo abuso de poder, obstrucción de la justicia y conspiración entre la campaña presidencial y los rusos.

La Inteligencia y otros expertos en política exterior han escrito o aparecido en televisión diciendo por las claras que el presidente Donald Trump es el peligro mayor que confronta la seguridad nacional.

Fue el quid pro quo que intentó llevar a cabo Trump con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, lo que finalmente le dio al Comité Judicial de la Cámara dos causas para la destitución del presidente: abuso de poder y obstrucción del Congreso, considerados crímenes graves en el Artículo II de la Constitución, donde se indica que es motivo para el impeachment del presidente. Ha quedado ampliamente evidenciado por los testimonios de los implicados directa o indirectamente el intento de soborno y extorsión cometido por el presidente Trump. Para aclarar: Ucrania fue y sigue siendo invadida por Rusia para anexarla a su territorio como hizo con Crimea. Zelensky necesitaba la ayuda económica de Estados Unidos con urgencia, ayuda que ya había sido aprobada por el Congreso para comprar armamentos para la defensa del país. Trump la detuvo y condicionó esa ayuda a cambio de que Zelensky investigara e hiciera públicos elementos dañinos sobre Joseph Biden y su hijo, Hunter. Es decir, negociaba la política exterior del país a cambio de sacar ventajas personales para su campaña presidencial. Eso se llama abuso de poder, pero lo que es peor, es que más tarde se descubrió que había un plan maestro ideado por Putin y promulgado aquí por Trump, que había sido Ucrania y no Rusia la que había intervenido en las elecciones de Estados Unidos en 2016. Trump, en uno de sus impulsos incontenibles, dijo que era verdad, porque “Putin me lo dijo”.

¿A quién conviene que Ucrania no esté armada? ¿A quién le conviene que se crea que fue Ucrania la que intervino en las elecciones? A Vladimir Putin, y Donald Trump es su lacayo.

El estudioso de la Constitución, Noah Feldman dijo ante el Comité que “sin la destitución (incluida en la Constitución), el presidente hubiese sido un monarca electo, con la destitución es un presidente que no está por encima de la ley”.

Ya la Cámara de Representantes votó a favor de la destitución. En enero se celebrará el juicio en el Senado, donde si gana el voto a favor, Trump deja de ser presidente de inmediato.

Pero eso, como sabemos, es difícil que suceda. Porque el aliado más importante que tiene el presidente para poder permanecer en el poder hasta las elecciones de 2020 es el presidente del Senado, Mitch McConnell, que presidirá también el juicio. Este hombre de probados actos de corrupción dijo públicamente lo siguiente: “No hay diferencia entre la posición del presidente y nuestra posición (los republicanos) en cuanto a cómo manejar esto. No existe la posibilidad de que el Senado vote a favor de condenar al presidente”.

Por un instante mediten en esas palabras: quien preside el jurado senatorial anuncia antes del juicio que no va a ser imparcial, lo admitió públicamente llamándole a este proceso un juicio político iniciado por los demócratas.

Pero ese ha sido un error grave del camaján político Mitch McConnell, porque la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, al terminar la votación en la Cámara donde se destituyó por mayoría a Trump el miércoles 18 de diciembre, dio una conferencia de prensa. Y ahí cambió de súbito las reglas del simulacro que iban a llevar a cabo los republicanos liderados por McConnell.

Como ha quedado en manos de la Cámara de Representantes defender la Constitución y la República, y lo hace, con creces, al argumento republicano de que no hay suficiente evidencia de que Trump cometió abuso de poder y obstrucción del Congreso, el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, ha pedido formalmente que vayan a testificar al juicio algunos de los altos funcionarios de la Casa Blanca, testigos directos, oculares, presentes en el crimen. Estos son: Mick Mulvaney, jefe de Gabinete de la Casa Blanca; John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional; Robert Blair, jefe de personal de la Casa Blanca y Michael Duffey, jefe de presupuesto para la seguridad nacional. Mike Pompeo, secretario de Estado, John Bolton, ex asesor de seguridad nacional y otros. Pero el presidente les ha prohibido testificar. Ahí radica la obstrucción del Congreso, en que en todo momento Trump ha impedido que testifiquen algunas personas citadas por la Cámara, ha intimidado a los que han tenido el valor de ir, y los ha descalificado y calumniado por medio de tuits.

McConnell también se niega a que haya testigos en el juicio, ni que se presenten documentos que están en el poder de Trump altamente incriminatorios, no quiere emails, grabaciones, fotos, no quiere nada. Un juicio rápido y que exonere de toda culpa al presidente. ¿No se da cuenta el senador de Kentucky que tiene que jurar antes de comenzar el juicio y en ese juramento aparecen como sagradas las palabras que dicen que será imparcial al ejercer su función? Sería un perjurio, que se paga con cárcel. Es tan torpe lo que hacen los republicanos que no tienen argumentos para defender a Trump que a la vez que se quejan de que no hay pruebas de su culpabilidad, impiden a testigos de primera que asistan al juicio. Es transparente el juicio fraudulento, el delito que están dispuestos a cometer con tal de defender a Donald Trump de todos los desmanes y crímenes que ha cometido y sigue cometiendo siendo presidente.

¿Cómo entender lo que ha sucedido con el Partido Republicano? ¿Qué les ha pasado? Algún día sabremos si fue uno de esos raros fenómenos de culto a la personalidad que a veces aqueja a un pueblo o un partido por el carisma de su líder. Pero, ¿tiene carisma Trump? No lo tiene, pero se ha convertido en  el símbolo de todo lo que han ansiado y ansían la mayoría de los republicanos y la sociedad de consumo, convertida ya en una plutocracia: símbolo poderoso del dinero, poder, codicia, desprecio por las clases pobres, a quienes ocupan por su pobreza (recomiendo el libro Not a Crime to Be Poor. The Criminalization of Poverty in America, de Peter Edelman. El autor es abogado, estudioso y asesor de políticas públicas y profesor de Derecho en el Centro de Leyes de la Universidad de Georgetown. Se especializa en los campos de la pobreza, asistencia pública, justicia juvenil y ley constitucional).

En esta lucha sin precedentes en la historia de esta nación, se ha entrado en un período de estancamiento, de tregua que durará hasta enero, cuando regresen los congresistas de las vacaciones de estos días de fiesta y año nuevo. Se fijará entonces la fecha del juicio. Pero las circunstancias serán muy diferentes. Porque Pelosi decidió retener en la Cámara de Representantes los documentos-artículos de la destitución del presidente hasta no tener la garantía por parte de Mitch McConnell de que se presentarán algunos de los testigos clave que ellos –Pelosi y Schummer–piden: Bolton, Mulvaney, Pompeo, por ejemplo, y todos los documentos pertinentes. Si Trump o McConnell quieren añadir testigos, los demócratas, que han cumplido con su deber ciudadano y de servidores públicos al cumplir con el mandato de la Constitución, no se opondrán.

¿Por qué si el presidente es inocente no quiere que sus asistentes más cercanos, implicados cada uno –hay evidencias y hasta la confesión pública de Mulvaney de que sí hubo soborno y fraude en el caso de Ucrania–, testifiquen en su juicio?

¿Por qué no quieren Mitch McConnell ni Donald Trump que estos cómplices del crimen testifiquen bajo juramento en el juicio contra el presidente?

Porque sería destituido de inmediato. Al fin los ciudadanos sabrían que se hizo justicia: Donald J. Trump saldría de la Casa Blanca al terminar el juicio.

Nota:

Esta es mi primera columna en el periódico online los7dias.com, con el que estaré colaborando, como otros periodistas que los hacían para El Nuevo Herald que ahora han fundado este medio, los7dias.com., Trabajé muchos años en ENH, pero fue decayendo en calidad, credibilidad y ética periodística. El último año, 2017, en que publique ahí todos los viernes, fue difícil. Tuve la suerte, el don de contar con un editor magnifico, Andrés Hernández Alende, director de la sección Perspectiva, Pero aunque no hablábamos de esto, bien sabía yo que la sala de redacción y la dirección del periódico eran republicanos trumpistas, yo empecé a ser una espina muy incómoda en esa publicación. Nunca fui censurada, y se lo debo y agradezco al director de la sección de Opiniones, Hernández Alende, que renunció al Herald al poco tiempo de yo dejarlo y ahora trabaja en los7dias.com, cómo otros buenos columnistas, entre ellos, Otto Rodríguez. Hace mucho tiempo que otros columnista se fueron del Herald a otros medios. 
Pensar que recortaron a una pagina la sección de Opiniones y destacaban a todo dar los horóscopos de Walter Mercado, que en los momentos que atraviesa Estados Unidos, los titulares sobre las investigaciones, evidencias de la intervención de Rusia en las elecciones de 2016 a favor de Trump ocupaban y siguen ocupando un titular mínimo en el quinto o sexto lugar de la noticias. Mientras predominaba la superficialidad y los titulares de primera sobre el noticias mucho menos importantes, el chisme farandulero y evitar por todos los medios actuar como un diario serio sobre lo que es asunto de primera plana en todos los medios estadounidenses y del mundo. No así en El Nuevo Herald. Se prueba la falta de rigor periodístico que tuvo. Una verdadera pena. Pero todo termina y todo comienza. El silencio, la desinformación u ocultamiento de lo que en verdad está sucediendo en este país ahora sigue siendo noticia carente de la importancia que urge para mantener informada a la comunidad hispana. Es una vergüenza para la prensa hispana, El Nuevo Herald se comporta igual a los trumpistas, ya no los voy a llamar republicanos, porque Trump destruyó a ese partido. Se ha convertido en el partido de Trump, como se han quejado varios republicanos que saben y tienen la conciencia de que ellos hicieron un juramento a la Constitución no a un presidente. Los trumpistas que escriben en opiniones, editores y la directiva de El Nuevo Herald, son astutos y oportunistas, insisten en esconder con los malabarismos de otras”noticias”, la grave, gravísima situación que atraviesa Estados Unidos y los crímenes más que comprobados del presidente Donald Trump. Ahí tenemos el Informe Mueller, los testimonios, los documentos, emails, grabaciones y ahora la destitución por parte del Comité Judicial de la Cámara, cuyas audiencias fueron evidencias constantes de que Trump violó la Constitución, es un delincuente que abusó del poder y obstruyó al Congreso. 
Hoy, domingo, The New York Times publica la noticia de que salieron a la luz unos email donde se ordena por parte de Trump la detención de la ayuda a Ucrania, esto sucede a solo 90 minutos de que Trump hablara con el presidente de Ucrania. El artículo se titula: Officials Discussed Hold on Ukraine Aid After Trump Spoke With Country’s Leader. Sabemos que tenía planeado no darle la ayuda a Ucrania hasta que el presidente no investigara y dijera en público todo lo “sucio” que tenían en Ucrania Joseph Biden y su hijo. En otras palabras, detener la ayuda urgente que necesita Ucrania par defenderse de la invasión de Rusia a cambio de ganancia política personal. En todo siempre, ayudando a Putin,se sospecha, de hecho, que trabaja para el monarca ruso.

Ven

La noche es buena. En el desvelo de la madrugada sin haber dormido un minuto se aprecia mejor la presencia de la noche, tan distinta al día. El silencio y la soledad me acompañan en esta vigilia inesperada que acojo con asombro y gozo. Hay cierto encanto en el entorno, está en penumbra todo y se ilumina u oscurece al compás de la llama que tengo encendida en mi pequeño altar. La desolación se ha ido, no está. Me habita la espera sosegada de alguien que está por revelarse o por llegar. Siento la cercanía del que trae la alegría y una paz como ninguna. Qué belleza la de este misterio que lo ha ido envolviendo todo y no intento descifrar. Es misterio para vivirse, no para indagar. No podría, es sagrado. Y se va revelando en la experiencia, no en la visión ni el entendimiento. Solo se siente, se vive y sin apenas notarlo te va transformando. Seré dichosa? Cómo no serlo si me ha elegido a mí, a mí, mínima mujer de heridas que renace. Soy una nueva creación.

Es el Amor el que se acerca, es la bondad, la belleza, la fidelidad, la ternura, todas ellas en una. Pero además trae la fuerza y el poder para protegerme. Nada ni nadie me hará más daño, me va a amparar, es mi refugio seguro contra toda intemperie o pérdida de rumbo. Me va a cuidar, me cuida mucho ya y me quiere. Me quiere tanto que le duele. Y aunque esta noche es todo gozo por su llegada sé que, además de dolerle su amor, va a morir por mí. No existe amor así. Y me lo está dando constantemente a mi. Yo no esperé nunca esto que me estremece, me sacude por dentro, me colma hasta llegar a una felicidad –es esa la palabra?– nunca conocida. Noche bendita que me advierte que habrá que inventar un lenguaje nuevo, el encuentro es inefable.

Va a estar a mi lado siempre, infinitamente. Nunca me abandonará. Y cuando me lo dice le creo: La fugacidad ha muerto y las despedidas, como lo perecedero. He entrado en la eternidad porque creo. 

El amor con que llega es incondicional, todo me lo da, se lo doy todo. Y mi amor se fundirá en el suyo formando con los otros un cosmos ardiente que avanza inconmensurable hacia el bien. El mal será aniquilado, no existirá.

La alegría de mi alma se halla muy dentro de mí, entre latido y latido de mi corazón. Ahí radica la esperanza que no defrauda, la que me abraza esta noche de vigilia.

Y quién es el que viene, cómo se llama ese que llamo Amor? ? Es Jesús, la imagen visible del Dios invisible, para eso fue la Encarnación, para que conociera a Dios, mi Padre. El principal mensaje que nos envió con su Hijo, el que en el pasado no quisieron obedecer ni escuchar a través de la ley y los profetas: que me ama, que él es el camino, la verdad y la vida, y quién crea en él no perecerá. 

Me vino a decir algo extraordinario, y es el mensaje en que se fundamenta el Reino: tengo vida eterna. La muerte ha sido abolida. Cristo resucitó, yo también resucitaré. 

El viene para liberarme y darme la dignidad que nadie puede quitarme, me la dio antes de yo nacer, desde que estaba en el seno materno. Nací con ella y con una búsqueda ardiente en el pecho. Comprendo lo que está por pasar? No del todo, me sobrepasa en esta noche de vigilia a la espera de ese que llega. Y estoy contenta, y porque estoy contenta sé que mi espíritu está lleno de gratitud. 

Porque llega el que me salva, me celebra, me canta, me bendice. Llega para que tenga vida abundante y ría de alegría. No es maravilloso? Ese que llena todos los sinsentidos, los vacíos de la vida, el que una vez llamé desde el fondo de un precipicio a gritos y plegarias presintiéndolo. Desde entonces, cuando lo encontré, Cristo vive en mí y únicamente por eso permanezco viva, a pesar de los golpes, las caídas, las noches oscuras de alma. 

Casi estamos en Navidad. Es el motivo de mi dicha, inmensa palabra que significa lo que solo Cristo me da.

Una nueva teología

La visión y la teología de El Cristo universal, el último libro del fraile franciscano Richard Rohr, ha influido mucho en mí, es una obra liberadora y transformadora, como fue La danza divina. La Trinidad y tu transformación, que precedió a este último. 

Lo que han leído arriba es la narración de una experiencia real que tuve esta semana. Fue el martes por la noche que no pude dormir. Cuando me sucede eso, pocas veces, no trato de quedare dormida luchando contra lo imposible. Me levanto y hago algo: escribo, leo, oigo música, limpio, hasta que me rindo. 

Esa noche no fue distinta. Me puse a escribir. Lo hice en primera persona, adueñándome del universo, puedo, soy parte de él. 
Quiero compartir con los lectores la reseña que acabo de encontrar de esa obra. Richard tiene 76 años, llevo muchos leyéndolo, como 10. Recibo por correo sus meditaciones diarias, que son parte de mi oración de la mañana, escucho algunas de sus conferencias ya sea en un webinar que él dé, o conferencias transmitidas por Youtube, uno de sus podcasts, etc., y claro, leo sus libros. 

‘El Cristo universal’, un libro del franciscano Richard Rohr

Escrito por Redaccion de iviva, el 2 de abril, 2019

¡Que bueno que en la Iglesia Católica surjan nuevas teologías (intellectum quaerens fidem, Modelos para explicar hoy la fe) y nadie las intente sofocar! El nuevo libro de Richard Rohr‘El Cristo universal’, parece que es una importante aportación a esta reavivación de una fe paulina cósmica y global hoy en día. Traducimos aquí lo que sobre él  escribe Cathleen Falsani, en National Catholic Reporter. IV.

ALBUQUERQUE, N.M. – A lo largo de un tranquilo tramo de Five Points Road en el barrio más antiguo de la ciudad más grande de Nuevo México, a una cuadra de la clínica de metadona y de una casa que los Trabajadores Católicos comparten con gente sin hogar, vive uno de los místicos modernos más famosos del mundo –un fraile franciscano contagioso, jovial y con franela, con un gozo infantil por decirle al mundo que Jesucristo ama a todo el mundo y está en todo.

Es una idea simple, aunque radical. Y una que algunos críticos de Richard Rohr, el franciscano de 76 años que fundó el Centro de Acción y Contemplación en Albuquerque hace 32 años, han descrito como “peligrosa” e incluso “herética”.

Rohr, uno de los contemplativos cristianos más influyentes del siglo pasado, no se asusta ante tales críticas de lo que él cree que es el fundamento teológico para una “reforma de la fe cristiana”. Desembala esta idea, defendiéndola teológica, histórica y bíblicamente, en su nuevo libro, “El Cristo Universal”: Cómo una realidad olvidada puede cambiar todo lo que vemos, esperamos y creemos”.

“Esto no es herejía, universalismo o una versión barata del unitarianismo”, escribe Rohr. “Este es el Cristo Cósmico, que siempre fue, que se encarnó en el tiempo, y que todavía está siendo revelado.”

Mientras que el Cristo Cósmico o Universal puede ser una idea nueva para muchos cristianos contemporáneos, Rohr insiste en que es antigua– parte de la “tradición perenne”, que enseña que toda la sabiduría y el conocimiento en las religiones y filosofías mundiales están enraizadas en la misma fuente universal.

La tradición perenne “te entrena para conectar los puntos y ver qué temas se repiten” en la Escritura, dijo.

Antiguo o nuevo, peligroso o revolucionario, “El Cristo Universal” ha encontrado un público entusiasta. Lanzado a principios de marzo, el libro debutó recientemente en el No. 12 de la lista de best-sellers de no ficción del New York Times.

Un autor prolífico con más de 30 libros impresos, Rohr dice que “El Cristo Universal” es la culminación de todo lo demás que ha escrito, enseñado y predicado en una vida de ministerio y práctica contemplativa. Es su obra maestra, por así decirlo.

También espera que sea su último libro.

Mientras que por todas las apariencias Rohr parece enérgico e incluso robusto, hace 15 meses sufrió un ataque al corazón, que fue consecuencia de una batalla exitosa con el cáncer de próstata en 2015.

Recientemente, sin embargo, el cáncer retrocedió, aunque sigue el tratamiento.

“Tomo cuatro píldoras de caballo cada día que equivalen a quimioterapia oral”, dijo Rohr a Religion News Service en una mañana fría mientras paseaba por los terrenos del CAC a finales de marzo. “¿Cómo es que puedo tener dos cosas que normalmente serían fatales y seguir sentado aquí? No, estoy más que agradecido por el milagro de la medicina moderna”.

Mientras dice alegremente que nunca esperó vivir hasta los 76 años, Rohr asegura a su visitante que su muerte no es inminente.

“No tengo ese presentimiento, gracias a Dios”, dijo. “Sólo sé que, si soy realista, estoy en la última etapa de mi vida, sea lo que sea que eso signifique”.

Aunque dice que “El Cristo Universal” es su última gran obra impresa, Rohr espera escribir un breve tomo, una monografía, sobre la comprensión del pecado de San Pablo.

Rohr comenzó a escribir “El Cristo Universal” hace dos años.

“Fue el libro más difícil que he escrito. … Sabía que tenía que decir esto y no tengo nada que perder a mi edad”, dijo, deteniéndose para saludar a varios miembros de su personal de cuatro docenas de personas, la oficina de CAC llena de actividad en preparación para la conferencia de Cristo Universal en el Centro de Convenciones de Albuquerque.

La conferencia, que comenzó el jueves (28 de marzo), es el evento más grande de la historia del centro, con un participación de 2,200 personas inscritas.

A lo largo de los siglos, gran parte del cristianismo ha perdido la pista de la parte “Cristo” de Jesucristo, argumenta Rohr en “El Cristo Universal”.

Según la teología de la Trinidad –Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo– Jesús era plenamente humano y divino. No mitad y mitad. Completamente ambos. Al minimizar o ignorar la identidad de Jesús como el Cristo, cree Rohr, el cristianismo ha perdido un mensaje central del evangelio: que a través de Jesucristo, Dios ama y redime “cada uno” y “cada cosa”.

“Si todo esto es cierto”, escribe, “tenemos una base teológica para una religión muy natural que incluye a todos. El problema se resolvió desde el principio. ¡Quita tu cabeza cristiana, sacúdela salvajemente y vuelve a ponértela!”

Basándose en Escrituras tales como Colosenses 3:11 – “Sólo existe Cristo. Él es todo y está en todo” – y Colosenses 1:19-20 – “Por medio de él todas las cosas son reconciliadas, todo lo que está en el cielo y todo lo que está en la tierra” – Rohr cree que “todo, sin excepción, es la efusión de Dios”.

Una ballena jorobada. El zumbido de una lavadora. Un soldado lejos de casa. La Nebulosa Carina y el Telescopio Espacial Hubble. Una mujer marchando en las calles por sus derechos civiles. Una familia de solicitantes de asilo separados en la frontera. Café. Oreos. Una puesta de sol. La risa.

O el amado perro labrador negro de Rohr, Venus –su compañero constante durante 15 años, fallecido hace dos años– a quien dedicó “El Cristo Universal”.

“Sin ninguna disculpa, teología ligera, o miedo a la herejía, puedo decir apropiadamente que Venus también fue Cristo para mí,” escribió.

De vuelta en su oficina en CAC, mientras sostenía una fotografía enmarcada de Venus, explicó: “Todo lo que te evoca el flujo de amor está operando como Cristo para ti”.

Todo el mundo y todo.

Mientras caminaba desde las oficinas de CAC, que se encuentran en un edificio de adobe de más de 100 años de antigüedad, hasta el centro de visitantes a una décima de milla de distancia, es obvio que Rohr se deleita en su entorno, ya sea natural o hecho por el hombre. Destaca las flores blancas de un peral y los edificios –algunos de ellos centenarios – comunes a la comunidad Barelas de Albuquerque, establecida formalmente en 1662 y donde ha vivido desde 1986.

Se detiene cerca de un estrecho acueducto que discurre entre las propiedades del CAC para explicar un poco la historia y la función de estas “acequias”.

Las acequias, que son administradas por las comunidades individuales a través de las cuales fluyen, tienen compuertas que controlan los niveles del agua que proviene del Río Grande para ayudar a irrigar las tierras de cultivo. El sistema de acequias, que probablemente fue excavado por los nativos americanos, se expandió durante el período colonial español en los siglos XVII y XVIII.

En su libro “Acequia de Cultura“, el historiador José Rivera describe cómo los acueductos juegan un importante papel cultural e incluso espiritual en Nuevo México, donde las bendiciones anuales de las acequias a menudo combinan elementos católicos y paganos.

“La cultura de la acequia también demuestra un gran arraigo al lugar – como el agua, la cultura se extiende profundamente en la tierra”, escribió Rivera.

Las acequias de Barelas siguen en uso hasta el día de hoy.

“¿No son encantadorea?” Rohr dijo, claramente cautivado por toda la empresa.

Nacido en Topeka, Kansas, Rohr ingresó a los franciscanos en 1961 cuando tenía apenas 18 años, comenzando sus estudios teológicos en serio justo cuando el Concilio Vaticano II se reunía en Roma.

“Fueron los maravillosos años 60”, recordó, riéndose entre dientes. “El momento perfecto para ser educados, para que se les dé una mente crítica, pero luego se les dé buena filosofía y teología para saber cómo procesarla –toda la negatividad por la que nuestro país pasó entonces y que ha vuelto a ser 10 veces peor”.

Rohr fue ordenado sacerdote católico en 1970 y obtuvo una maestría en teología de la Universidad de Dayton ese mismo año. En 1971, fundó la Comunidad de la Nueva Jerusalén (una comunidad intencional que, al menos por un tiempo, logró combinar los movimientos carismático y de justicia social) en Cincinnati, donde vivió y trabajó durante 15 años antes de trasladarse a Nuevo México.

Conecta los puntos a través de su vida de activismo contemplativo, místico y de justicia social –llevado por “el flujo del Amor Divino”– de regreso a su primera “experiencia impresionante” con Dios en la granja de sus primos en el oeste de Kansas cuando tenía 13 años de edad.

“Estoy tumbado en la hierba aterciopelada, mirando a todas las estrellas”, recordó Rohr. “Tengo la sensación personal de que el universo era un lugar seguro, un buen lugar, y que yo era parte de él.”

Poco después, decidió ir al seminario.

“Desde entonces lo he llamado mi “lugar hermoso””, dijo, y agregó que siempre que regresa a Kansas, trata de visitar el lugar. “Todavía me gustaría volver allí otra vez.”

La visión inicial que experimentó cuando era un niño yaciendo en un campo de Kansas todavía inspira a Rohr hoy en día.

Él cree que el tema predominante que corre a través de la Escritura y la tradición es la gracia, que Rohr describe como una especie de compuesto divino de espaciamiento que Dios usa para llenar los vacíos entre todo en toda la creación.

“Si algo viene hacia ti con gracia y puede pasar a través de ti y hacia otros con gracia, puedes confiar en él como la voz de Dios”, dijo. “Renuncia a todo excepto al Dios que es la gracia misma, el que llena los huecos.”

El que viene

La gran tentación es la desesperanza, concluir que todo está perdido, nada qué hacer. Y no hacer nada. Ya cedí a ella en el caso de Cuba, la di por ahogada, triturada y tragada por los tiburones totalitarios, y se me fue apagando la hoguera que siempre estuvo ardiendo en mi corazón. Estas páginas son testigos de ese amor inexplicable por un país del que salí hace muchos años, depositario de denuncias apasionadas e inútiles por más de 20 años con el ilusorio fin de ayudar a difundir las injusticias, la miseria y el crimen que el comunismo había llevado al país donde nací. En vano todo.

Y ahora el hielo insiste en esparcirse dentro de mi alma al ver con ojos llenos de tristeza y desengaño en lo que se ha convertido Estados Unidos. Mi segundo país se ha convertido en una cloaca capitalista, oligarquía del obsceno 0.1 por ciento de la población, que domina el Congreso, Wall Street, la venta industrial de armas, la esclavitud de millones de hombres y mujeres que trabajan para las compañías americanas establecidas en sus países. ¿Cómo no ceder a la desolación y la amarga corroboración diaria del triunfo de la codicia, la apetencia de poder y el cinismo?

Dice San Ignacio de Loyola –maestro en desolaciones y consolaciones–, fundador de la Compañía de Jesús –los jesuitas– en el siglo XVI, en lo que se conoce como el Principio y Fundamento, base para practicar los Ejercicios Espirituales:

“1. El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, consistiendo en esto la realización de su persona.

2. Y las otras cosas que están sobre la tierra, son creadas para el hombre, para que le ayuden a conseguir el fin para el que es creado.

3. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas cuando le ayuden para su fin, y tanto las ha de dejar cuanto para ese fin le impiden.

4. Por lo tanto, es necesario hacernos libres (indiferentes) ante todo, de tal manera que no queramos, de nuestra parte, más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y así en todo lo demás.

5. Solamente deseando y eligiendo lo que más me conduce para llegar al fin para el que somos creados” (lo que Dios quiere de mí).

Son muy fuertes estos fundamentos, difíciles de vivirlos fielmente, porque exigen un cambio radical de vida, una conversión tan profunda que no me cabe duda: solo la gracia de Dios la puede impulsar y sostener. Los hombres y mujeres de fe somos seres elegidos –nos llamó Dios desde el vientre materno, nuestro nombre está escrito allá arriba, en el Libro de la Vida (Apocalipsis 20; 12,15. Ap. 21; 27. Daniel 12;1-2. Filipenses 4; 2-3. Lucas; 10, 20)–, lo que no impide el sufrimiento y las lágrimas, es una de los grandes enigmas con que Dios nos envuelve la vida.

Así fue con María, la joven judía de la ciudad de Nazaret, en Galilea, a quien un día se le apareció el ángel Gabriel y le dijo aquello: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” y le anunció que tendría un hijo a quien le pondría por nombre Jesús. “¿Cómo será eso, si no he conocido varón?”, preguntó ella. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Ya el ángel le había dicho, cuando María se asustó con su llegada y sus primeras palabras, “No temas, María”. Y así fue como llena de gracia y de fe, María asintió al gran misterio: “Sí”, dijo, “que se haga en mí según la Palabra del Señor”. Y así aconteció la Encarnación.

Así, como con María, debe ser con nosotros, los cristianos, la fe y la gracia nos deben llevar a no ceder a la tentación de la desesperanza, la depresión paralizante de no hacer nada por cambiar este mundo, para lo mejor, siguiendo a Jesús.

¿Era mejor la situación social, política, económica que les tocó vivir a María y a Jesús? ¿Había paz, justicia, no existían dictadores ni asesinos, no se mentían y mataban los hombres? ¿No había ambición de poder y dinero? Era, igual que ahora, un mundo podrido.

Entonces, ¿cómo no prepararnos para la llegada de Cristo? Porque eso es lo que estamos anticipando, la celebración del nacimiento de Jesús. Es Adviento. Y el que viene nos da la fortaleza.

Ayúdanos, Dios nuestro, a enseñar el mensaje de la Encarnación para que nosotros, los portadores de la imagen de Dios hagamos más visible el amor en la tierra.

El nombre y el rostro del Mal

El hombre es malvado, mucho más de lo que hemos podido comprobar hasta ahora. Como evidencia, baste citar las siguientes medidas que han sido ordenadas por él: más de 100,000 niños inmigrantes permanecen en centros de detención en todo el país después de haber sido separados de sus padres en la frontera, según un estudio de Naciones Unidas dado a conocer el martes 19 de noviembre de 2019; otros miles de inmigrantes adultos continúan asinados en casas de campañas y en jaulas como animales; la privatización de las cárceles y centros de detención ha aumentado como nunca antes, por tanto, a más presos y detenidos, más ganancia económica para los dueños las cárceles, casi todos seguidores de Trump; se ha tolerado y promovido el activismo criminal de los supremacistas nacionalistas y de los nazis; el equipo de campaña presidencial, dirigido tras bastidores por Trump, conspiró con una potencia extranjera enemiga, en este caso Rusia, para obtener información sucia sobre la opositora Hillary Clinton y así, lograr que Donad Trump, el favorito de Putin, ganara las elecciones; intentó sobornar y extorsionar el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, reteniendo la ayuda económica y militar que necesitaba con urgencia para defenderse de la intervención militar rusa hasta que no investigara y le suministrara información dañina del candidato a la presidencia, Joe Biden y su hijo, Hunter, razón esta por la que el presidente está siendo investigado por el Comité Judicial de la Cámara de Representantes para destituirlo de su cargo, es un crimen constitucional; ha lavado millones de dólares de la droga vendiendo apartamentos del Trump Tower de Panamá; ha cometido el crimen constitucional de obstrucción de justicia al despedir de sus cargos al exdirector del FBI, James Comey y otros conocedores de sus intenciones de impedir que se investigara la trama rusa; ha abusado, violado y acosado sexualmente a más de 14 mujeres que han dado sus testimonios creíbles de lo que fueron víctimas; se retiró del Acuerdo de París, lo cual demuestra que no leinteresa el calentamiento global  ni la terrible crisis medioambiental que nos acecha, aunque el gobierno cuenta con amplia evidencia científica de que el peligro inminente que corre el planeta es causado por el ser humano; intentó por todos los medios enemistarse con los grandes aliados de Estados Unidos que forman  la OTAN, para complacer a Vladimir Putin, su héroe y para quien se sospecha que trabaja como agente; utilizó millones de dólares de la Fundación Trump, una organización caritativa creada por él, a la que personas y entidades privadas donaban su dinero, pero que Trump lo utilizaba para pagar cuentas personales, mandarse a hacer retratos al óleo;  no ha pagado impuestos sobre los ingresos por años; desfalcó a cientos de estudiantes que se matricularon en una farsa llamada Universidad Trump; no le ha pagado el salario  a cientos de empleados en sus casinos y hoteles. Por varios de estos escándalos financieros ha sido demandado ante cortes judiciales y hay casos están pendientes, pero por algunos en que fue hallado cupable,  ha tenido que pagar millones de dólares, como es el caso de la universidad falsa y de los salarios de los empleados de los casinos.

Creo que podría continuar añadiendo crímenes cometidos por el actual presidente de Estados Unidos –antes y después de ocupar el cargo–-,  pero se ha hecho larga la lista y quiero detenerme en los que ha llevado a cabo en las últimas semanas. Son de una crueldad tan inmensa que puedo citar con absoluta certeza la frase del papa Juan Pablo II –”El Mal siempre tiene un nombre y un rostro”– que encarna a la perfección Donald Trump. Porque el Mal, así, con mayúscula, que proviene del Maligno, no es una abstracción que no sabemos bien cómo definir o si en realidad existe. Sí, existe, y en este, como en muchos otros casos en la historia, vive dentro de un hombre o una mujer que se dedica a hacer daño, mucho daño,  a herir, a destruir, a  que sucumbamos ante la indignidad.

Uno de los actos más miserables cometidos por el presidente fue traicionar –algo que hace con prácticamente todo el mundo, aun los spuestos amigos– a los kurdos, que fueron los mejores y más efectivos aliados de Estados Undos en la epopéyica lucha por derrotar a los terroristas de ISIS, cuyo poder invasor y actos de terror, incluyendo la masacre de miles de personas, fue de tal magnitud que llegaon a fundar el Califato Islámico. En su máxima expansión territorial controló gran parte de Irak y Siria, y ciudades tan importantes históricamente como Mosul. 

Sin el arriesgado, arduo e incesante combate militar de los kurdos, que formaban parte vital de las Fuerzas de Liberación de Siria, el Califato quizá no habría sido desmembrado todavía y los terroristas de ISIS probablemente no habrían sido derrotados.

Lo que ha hecho el presidente no es solo un acto de traición, es poner en alto peligro la seguridad nacional. De acuerdo con un informe del Pentágono de este martes 19 de noviembre, la orden de Trump de retirar las tropas estadounidenses de Siria en octubre proporcionó al Estado Islámico (ISIS) una oportunidad para reconstruirse, dándole al grupo terrorista “tiempo y espacio” para atacar a Occidente.

La Agencia de Inteligencia de Defensa le dijo al inspector general del Pentágono que ISIS ha aprovechado la retirada de Estados Unidos y la posterior incursión de Turquía en Siria. La decisión de Trump provocó fuertes críticas bipartidistas por eliminar la presión militar sobre el Estado Islámico y abandonar a las fuerzas kurdas que habían trabajado con las tropas estadounidenses para revertir las ganancias logradas por los terroristas. Hoy la población kurda que vivía en la parte de su país que tiene frontera con Turquía, desapareció y está siendo asesinada mientras intentan huir adentrándose en otras partes de su territorio.

El informe detalla las consecuencias de la decisión de Trump del 6 de octubre cuando permitió que las fuerzas turcas y los grupos paramilitares ocuparan partes de Siria que habían sido patrulladas conjuntamente por las fuerzas estadounidenses y las fuerzas democráticas sirias dominadas por los kurdos. Turquía quería con la invasión a Siria eliminar  a la población kurda. Punto.  El presidente estadounidense, gran admirador de algunos dictadores enemigos de EE. UU., le dejó el campo abierto a los turcos para la invasión y la matanza de kurdos, después de que, como dije, fueron los que además de derribar el Califato,  apresar cientos de terrorisas islámicos, eliminar a la inmensa mayoría de los teroristas, y algo sumamente importante: darle las pistas a los bombarderos estadounidenses para que localizaran y pudieran matar al líder máximo de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi hace tres semanas. 

Esta traición abominable de Trump tiene consecuencias devastadoras. “ISIS explotó la incursión turca y la posterior retirada de las tropas estadounidenses para reconstituir capacidades y recursos dentro de Siria y fortalecer su capacidad para planificar ataques en el extranjero”, dijo el inspector general del Pentágono en el informe dado a conocer.

La semana pasada, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, estuvo en la Casa Blanca para una reunión con Trump. Turquía, bajo su gobierno dictatorial, es uno de los países más corruptos del Medio Oriente, no es de extrañar que Trump le rinda pleitesia admirado, ese es el tipo de gobernante que él ha querido ser desde que asumió la presidencia, pero aunque casi lo logra, no pudo. Los republicanos se han hecho cómplices de Trump, la mayoría por dinero, por supuesto, un magnífico ejemplo es el líder del Senado, Mitch McConnell, difícil hallar un reptil tan venenoso como él en el Congreso. Su fortuna ha aumentado en más de $30 mllones en pocos años y es defensor de las causas más inmundas que se legislan en ese lugar que se supone sea el segundo poder de los tres poderes separados, pilaes de la democracia: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. El Partido Republicano se convirtió en el Partido de Trump, de ahí que podemos confirmar que ese segundo poder ya está bajo el total dominio del aspirante a autócrata que ocupa la Casa Blanca.

El Poder Judicial, que dirige el otro corrupto y vendido al presidente, William Barr, fiscal general de Estados Unidos, también está subordinado al Poder Ejecutivo. Ha mentido al presentar el informe preparado por el investigador especial Robert Mueller, sobre la intervención rusa en las elecciones, en su mentirosa confesión de que no sabía nada de la trama de Ucrania, etc. En otras palabras la separación de poderes de una república democrática que llama a contar a alguno de los otros poderes por desmanes, delitos por cometer o cometidos, no lo ha hecho, pero sí se han convertido en astutos cómplices los tres, lo apoyan y mienten sin temor alguno, al creerse con poderes casi omnímodos.

Pero en ese Poder Legislativo se encuentran los demócratas, y estos han actuado como corresponde: son servidores públicos que juraron por la Constitución defender a esta nación no a un presidente, que se cree por encima de la ley. Los republicanos juraron, pero defienden sus bolsillos y sus intereses propios.

Así las cosas, entonces todavía tenemos esperanza de salvar esta democracia (lo que queda de ella, pues se ha ido convirtiendo en una deshumanizante plutocracia desde la década de los 70) gracias a la brillante y gigantesca obra que han llevado a cabo los demócratas en el Congreso, dirigidos por Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, y Adam Schiff, presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representntes,  que está dirigiendo el proceso de investigación para la destitución del presidente. Y aunque desde hace años han recibido amenazas e intimidaciones del mismo presidente o llamadas advertencias de republicanos trumpistas, no se han dejado amedrentar. Aplaudo con orgullo de ciudadana que ama esta nación, que lucha por la justicia y la paz y la libertad, a los demócratas del Congreso que no descansan en su esfuerzo titánico por salvar a Estados Unidos y la democracia.

Pero un aparte de trascendencia inédita hay que hacer en esta convulsa era que nos ha tocado vvir, para mencionar –merece un artículo aparte que me comprometo con gusto a escribir en los próximos días– a la excepcional obra que ha llevado a cabo la prensa estadounidense. Me atrevo a decir que gracias a los periodistas que han estado investigado a fondo,  revelado sin o con miedo por sus vidas los horrores de este gobierno no sé si ya no hubiésemos caído bajo una dictadura por primera vez, organizada y dirigida por Vladimir Putin a través de su marioneta, Donald Trump.

Pero pasemos a otra decisión de política exterior tan detestable como peligrosa para la seguridad nacional que acaba de anunciar el secretario de Estado, Mike Pompeo, por órdenes del presidente Trump.

El secretario de Estado anunció el lunes que Estados Unidos ya no consideraría los asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada como “incompatibles con el derecho internacional”. Esto marca una clara desviación de décadas de las políticas de las administraciones anteriores y una propuesta legal del Departamento de Estado de 1978 emitida bajo la administración del ex presidente Jimmy Carter. Los asentamientos israelíes se encuentran entre los temas más candentes en asuntos exteriores, y este cambio podría descarrilar cualquier esperanza de paz y la solución al conflicto entre Palestina e Israel y la creación de dos estados, lo que queremos todos, menos la ultraderecha judía liderada por Benjamín Netanyahu.

Y hoy, miércoles 20 de noviembre, se acaba de saber que el secretario de Defensa, Mike Pompeo, va a renunciar a su puesto “porque el presidente está dañando mi reputación”, dijo. Y me pregunto, cómo verá el mundo lo que está sucediendo en Estados Unidos en estos precisos momentos?

Nos hallamos al borde de un abismo. Lo único que nos puede salvar es la destitución del presidente lo antes posible, antes que siga implementando medidas con la única intención de destruir a este país y si puede, al mundo. Que saquen al mentiroso patológico, al hombre que da fuertes indicios de padecer algún tipo de demencia, además de una maldad incalculable. Y que sea antes de las elecciones en noviembre del 2020, porque lo que más me ha asombrado de este país, lo que me ha dado un pavor inusitado es la cantidad de ciudadanos republicanos que todavía creen y siguen al actual presidente y confiesan que votarán por él. Cómo pueden? Qué habita en su cerebro?

Cierto, no debería sorprenderme, ahí tenemos el casos de la culta Alemania: la mayoría de la población admiró y respaldó a Adolfo Hitler hasta la II Guerra Mundial.

Cierto también que los demócratas están ganando en todas las elecciones a la gobernación de varios estados y a puestos legislativos estatales que se han estado realizando. Y todas las encuestas indican que la mayoría de la población en estos momentos votará demócrata. Pero esos eran los resultados de las encuestas en las eleccones de 2016. Hillary Clinton sería la presidenta. En cuestión de una hora o quizá menos, la nación tuvo un inesperado cambio, una convulsión, una conmoción. Todo cambió súbitamente de rumbo y aquí estamos en esta tragedia nacional.

El Califato Islámico en el momento de su mayor expansión en febrero de 2015.

Miami o La Habana?

Miami.

Regresé a Miami el 20 de octubre, vuelvo a La Habana dentro de unos meses cuando me recupere de una operación de la rodilla programada para enero de 2020, no puede ser antes. Tenía muy pocos deseos de venir. La Habana me secuestró el corazón, me enamoré de ella. Algo que nunca he sentido por Miami, aunque me gusta la ciudad y la he llegado a querer. Qué dos situaciones existenciales tan diferentes. Me he estado preguntando en cuál de las dos me quedaría a vivir para siempre, es decir, hasta mi muerte. El tiempo se acaba, estoy vieja. Pero me siento bien a pesar de los dolores y cierta fragilidad normales de mi edad. Sin embargo, cuento con energías internas, salud, ánimo y deseos fuertes de vivir los años que me queden dándome a la experiencia de cada día prestándole atención, conciencia del valor del momento presente. Los momentos son todo lo que tengo, el futuro es ahora y estoy implicada (a estas alturas todavía) en una tarea fuerte pero fecunda, porque voy viendo resultados: que el pasado interfiera lo menos posible en el presente. Bastante daño me ha hecho. El pasado hay que dejarlo ir y seguir el camino día a día sin mirar atrás. Es muy peligroso, se corre el riesto de morir convertida en una estatua de sal, como le pasó a la mujer de Lot, o perder el Reino de Dios, como nos advirtió Jesús: “Quien toma el arado y mira hacia atrás no es digno del Reino de los Cielos”.

Tan grave y peligroso es vivir aferrada a un pasado, lejano por nostalgia o cercano por algo que ha terminado, se ha ido, ha muerto, digamos una relación amorosa. Dejar ir las horas como si no tuvieran fin, como si esta corta vida fuera eterna, malgastando el ahora en recuerdos dolorosos o hermosos, que no vuelven por más que queramos. Nada vuelve. Todo pasa. Lo descubrí tarde, ha sido una desgracia vivir de nostalgia en nostalgia, se achicaba una se agrandaba otra, la evocación, la angustia casi perennes. Cierto, la muerte de los familiares y amigos más amados, que tu existencia sea la de una desterrada, lo digo con el peso de la palabra, fuera de tu tierra, que no hayas crecido, estudiado, hecho tu vida, vivir dentro de tu cultura, tu patria, en la que te sientes a plenitud con tu identidad; un amor no correspondido, otra relación que termina, las decepciones en la vida profesional, los momentos felices que se terminan y lo sabes mientras los estás viviendo, y ahora darle la cara y el alma a la vejez, a la disminución, a la invisibilidad. Todo esto es ineludible, acuden a la memoria súbitos flashbacks o un recuerdo que nace espontáneamente por algo que lo trae a la mente, una melodía, una fragancia, tantas cosas. Cómo borrarlo? No se puede, pero sí se puede con voluntad, disciplina y sobre todo la oración, irlos dejando atrás, hasta dejarlos ir. Let go.

Nunca es del todo tarde si contamos con la gracia de Dios. Compruebo que voy logrando vivir el aquí y el ahora sin mirar atrás por largas horas y aun días. En lograr esa victoria contra lo que fue es también vital lo poderosas que pueden ser las experiencias que se van teniendo. Como por ejemplo, mi descubrimiento de La Habana en estos meses de septiembre y octubre. Fue una epifanía que no acababa, un milagro que me hizo renacer porque todo me hablala de mi pertenencia identitaria a esa ciudad, que me sedujo de tal manera que no hubo espacio ni tiempo en mi corazón, mis ojos, mis sentimientos para recuerdos ni nostalgias. Nostalgia de qué, si estaba allí? De pronto el entorno completo se volvió presente en una maravillosa sensación de identidad y ser recuperados. Un renacer a la verdadera persona que soy, que fui, que seré. No hay vuelta atrás. Y no voy a hablar ahora de la belleza de la ciudad. He viajado, he visto muchas, La Habana es la más bella de todas.

El dilema no es grave. Porque la política ha dejado de importarme, en ese aspecto me da igual vivir aquí o allá. Dejé de ser solidaria con el sufrimiento y la lucha de los opositores al comunismo? A la plutocracia y la enorme desigualdad que es la otra cara de la moneda materialista: comunismo-neoliberalismo? No dejé de serlo, me siento hermanada con los que sufren el abuso despiadado de ambos sistemas, pero ahí me quedo. Rezo por ellos y por la justicia y la paz. La oración tiene fuerza, mucha fuerza, yo sola no, yo no puedo hacer nada para cambiar el mundo. Ay!, dirán alarmados algunos. Sí, cada uno de nosotros puede hacer algo para cambiar este mundo en política, el calentamiento global, la pobreza, el abuso de menores, de mujeres, racismo, corrupción, etcétera. Cierto, cada uno puede y debe hacer algo y si todos lo hacemos se cambia. Pero para mí, ya es tarde, no por edad, sino por cansancio y decepción. Digamos que en ese campo existencial estoy casi vencida. Estudiemos un poco la historia de la humanidad. Hemos adelantado en el sentido plenamente humano? Somos mejores? Más generosos, solidarios, servidores, ayudamos a los viejos solos, a los niños abandonados, a los que sufren, los presos, los rechazados por la sociedad? En todo caso, somos peores que antes, pero no es el tema de hoy, es tema de otro artículo.

Durante décadas viví entregada en cuerpo y alma al periodismo serio, con un compromiso ético con la verdad y mis principios inviolable, aunque me costara el puesto de trabajo, y estuve en peligro varias veces de perderlo en documentales que sacudieron por su cruda verdad al exilio retrógrado en su tiempo y en El Nuevo Herald, el diario donde más tiempo trabajé y más audaz fui, sobran los ejemplos que no daré aquí de más de 25 años escribiendo columnas de opinión semanales.

Le di demasiada energía y tiempo, sueños y horas a una lucha inútil, creyendo que escribir, denunciar, acusar, condenar, defender, difundir, solidarizarse ayudarían a cambiar las cosas, y pasó el tiempo. La democracia murió, no existe. El comunismo murió, no existe. Las dictaduras de las plutocracias, el repugnante neoliberalismo, la corrupción y la mentira son las que dominan ambos universos, el de Cuba y el de Estados Unidos.

Algo pasó. Vi con toda claridad que el amor está por encima de la política, el amor a Dios y a la familia, el amor dado y recibido en una relación romántica, el amor a la vida, que está hecha de tiempo y este se va como agua entre los dedos.

Dije que el dilema no era grave, porque no me detendría en mi decisión de mudarme a La Habana para siempre vivir bajo el gobierno actual, puedo hacerlo con tranquilidad, aunque carezca, viva en relativa pobreza (económicamente nunca más que en Miami, por cierto, aunque tenga mi retiro de Seguro Social y una buena pensión del periódico, porque Miami se ha convertido en una de las ciudades más caras de Estados Unidos), no exista la democracia como la creemos conocer aquí o en Francia, o España, Suiza, Finlandia etc. Aunque no se respeten los derechos humanos tal como están plasmados magníficamente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos firmada por Naciones Unidas en 1948. Aunque prácticamente no tenga familia en Cuba, porque han muerto muchos y los primos y primas que quedan son de mi edad, más o menos. Ya varios han muerto también. Me mudaría para La Habana sin pensarlo, porque mucho lo he pensado y he viajado por cinco años seguidos a Cuba. Nunca fui con la idea de explorar terreno, con mi sentir bastaba, pero inevitablemente se vive en el terreno, sin duda minado. Y qué?

En cuando a Miami, qué decir? Mi residencia ha sido esta por 38 años, mi tiempo en la diáspora, 57, ha sido en varias ciudades de Puerto Rico, Nueva York, Boston, Madrid, Santiago de Chile. Si me preguntan dónde he sido más feliz fuera de Cuba respondo que en Puerto Rico y Nueva York. En Miami es otra historia, es la vida amorosa también, la plenamente profesional, de viajes y peregrinaciones, de conversión religiosa, de lucha sin tregua por un ideal, una utopía, de alejarme de la institución y la estructura religiosa y los dogmas, aunque siga siendo católica. La política de Estados Unidos me es casi indiferente, pero vivo aquí, y voto por derecho y deber ciudadanos. Es decir, todavía creo que es posible de alguna lejana manera algún cambio a favor del bien común.

Miami o La Habana? me preguntaba. Pero es que no había decidido y estaba logrando vivir el momento presente, que solo es el ahora? No existe semejante dilema. Y me siento enteramente feliz, como una pluma en el aire llevada suavemente por el viento, que sopla dónde quiere, pero no sabemos ni adónde va ni de donde viene. Pero, Oh, misterio! Ha surgido algo imprevisto que ha abierto de par en par la posibilidad de que se cumpla en el momento presente un deseo que ha ido cobrando fuerza con los años, y que no está ni en Miami ni en La Habana.

Al amanecer

El portal que encuentro y siempre miro cuando saco a mi perro a caminar antes del amanecer. Me gusta mucho este portal, se aprecia menos en foto.

Tiene una penunmbra especial. Y en La Habana no ha amanecido casi, porque salgo a eso de las 6:30, y camino como media hora, pero este lugar siempre me detiene un poco. He visto tantas cosas lindas, sobre todo antiguas: los arcos sobre las puertas, las cerraduras, las celosías, los escalones de mármol antiguo, los pisos, los espacios. No sabía que me gustaría tanto. Hay algo de extraño en todo esto, como si fuera parte de mí, pero de un “mí” que no reconozco.

Mi padre tenía dos agencias de ventas de autos aquí en el Vedado, una se llamaba Ambar Motors y la otra Presidential. Solo veníamos a esta ciudad para visitarlo y recordarle que era su deber enviarnos algo de dinero, mi madre era maestra, y no alcanzaba su salario para dos hijas, una casa, etc. Y mi padre era un hombre de mucho dinero.

Entonces no nos lo enviaba, claro, y de vez en cuando venía mi madre con nosotras niñas a recordárselo. Mi madre, tomadas a sus hijas cada una con una mano. Mi padre entonces nos llevaba a restaurantes de lujo, y a pasear en su carro. Era importador de Chevrolet y Cadillac a Cuba. Pero nosotras no vimos nunca parte de ese dinero, ni me importa, por supuesto. Tuvimos todo lo necesario y más: amor en nuestro hogar en Pinar del Río, educación, una familia linda, donde todos nos sentábamos a la mesa a almorzar y a comer. Entonces había esa práctica, que todavía existe.

Recuerdo aquellos viajes a la capital. Venía por la antigua carretera central que era mi gozo total. Grandes tramos de carretera cubierta como con un techo de ramas tupidas de árboles.

Pero cuando llegaba aquí me gustaba también, porque era el olor a transporte, y veía a mi padre, tan elegante siempre, y nos montábamos en su lujoso auto.

Miro atrás, inevitablemente y me doy cuenta de la tragedia que aquello significaba, tragedia que se vive día a día en Estados Unidos y se llama alimony? Que los padres se niegan a dar su parte de la manutención de sus hijos cuando abandonan a su mujer y su propia descendencia. Qué indecencia.

No sé dónde viviría mi padre, nunca nos llevó a su casa, estaría con su otra mujer. Que fueron muchas. Eso sí, comíamos cosas muy distintas en aquellos restaurantes y aquellas tardes lujosas que duraban solo un día.

Regresábamos a Pinar del Río asegurada mi madre, por lo menos, de que tendríamos zapatos para estrenar en el nuevo curso escolar. En nuestro hogar, donde habitaban solo mujeres, comida no faltó. Amor tampoco. Pero el abandono deja un pozo profundo vacío, no se llena. El abandono, cualquier abandono de un ser humano a otro es horrible. Comprendo que no siempre es culpable quien abandona. Hay muchas razones, es complicado.

Pero en el caso del divorcio de mi madre y mi padre sí fue culpa de él, que no le importaba nada ni nadie. Solo él, y su dinero.

Confieso algo: cuando murió, que fui a Miami para el velorio (vivíamos entonces en Puerto Rico), mi madrastra me dijo aparte que me quedara porque tenía unos papeles para mí, mi padre aparentemente me había dejado dinero, parte de una herencia supongo, no pregunté qué papeles eran. Me fui del cementerio directo al aeropuerto. La herencia completa la cogió mi medio hermano (cuando mi padre murió él tenía tres años), que vive en Sunny Isles. Y cuando creció, siendo un adulto casado, estando yo de visita en su casa, me dijo: “Tengo tanto, pero tanto real state”. Que le vaya bien, y que disfrute lo más que pueda su vida.

Querido Peter, te deseo salud y amor. No sé por qué me viene esto a la mente ahora.

A de ser porque me encuentro en un área algo conocida a la que venía de niña. Ahora soy vieja, y no me interesa nada más que vivir el momento feliz, como decía el Benny. Sabes, Peter, quién es Benny Moré? Supongo que no, eres americano, naciste en Nueva York y no hablas español.

Cosas de la diáspora cubana.

Conexiones

En uno de los comodísimos sofás del lobby del hotel Habana Libre me hallo sentada. A mi lado mi laptop y mi iPhone, mis tarjetas de wifi y pasando o sentados cerca, turistas que observo por breves momentos. El lobby es grande, acogedor, y a unos pasos está la cafetería La Rampa, donde me tomé un cortadito coronado de espuma exquisito. No me puedo quejar. La Habana me acoge y se empeña en enseñarme siempre algún callejón, verja, ventanas, celosías, puertas, casas, edificios que me pillan y embelesan por antiguos y a la vez novedosos a mis ojos curiosos ante absolutamente todo.

A la espera del que quiera verla, está ella, para sentirla, saborearla con espíritu de apertura y también de acogida, acoger con amor La Habana, incluso sus ruinas, que las hay, pero las he visto tantas veces en la TV y vídeos en Miami, que nunca pensé hallar tanta belleza construida, en buen estado, reconstruyéndose, recién pintada o sencillamente siendo lo que es, una ciudad en la que no todo es escombros. La capital cubana es muy hermosa y me gustaría no haberme ido nunca de este país. Vivir ahora aquí. Que sea parte de mí y yo parte de ella.

En este mismo hotel donde me encuentro ahora estuve una imborrable noche del 1 de abril de 1962. Esa noche nos quedamos a cenar y dormir aquí mi madre, mi hermana y algunos otros miembros de mi familia que habían venido a despedirnos. Al otro día, 2 de abril a las 11 de la mañana salía el vuelo de Pan American que nos llevaría a mi hermana y a mí a Miami.

Esa noche, todos bajaron de sus habitaciones, incluyendo mi hermana que era mayor de edad, tenía 19 años a festejar en un cabaret del hotel. Yo me quedé en el cuarto, alfombrado, lujoso, frío. Recuerdo poco, pero ese poco fue y sigue siendo muy poderoso. Cuando fui a descorrer las cortinas y vi ante mi ojos el Malecón, el mar. Y empecé a llorar por primera vez desde que nos había llegado el telegrama de salida. Fui de los amplios cristales que daban al Malecón y me senté en el borde de la cama, y sollocé mucho, con un nudo que se me hizo en la garganta que bien recuerdo, casi no podía tragar. Yo nunca había llorado así. De pronto adquirí cierta consciencia de que me iba y de todo lo que se quedaba. Que mi vida se estaba partiendo en dos. Algo muy decisivo y definitorio se estaba muriendo dentro de mí. Y en efecto, murió, pero lo vine a saber, a comprender en toda su terrible hondura muchos años después.

Pensé en mi abuela, mi madrina, que era como mi madre, y vivíamos todas juntas en un hogar feliz que nunca olvidé. Me vino a la mente mi escuela, mis primas y primos y amigos, todo como una sola y múltiple imagen al mismo tiempo, no hubo secuencia, no lo creo, fue muy raro.

Sentí la soledad por primera vez esa noche, mientras mi familia celebraba. Pero yo sé que mi madre no celebraba nada. Estaba más destrozada que yo, más que nadie. Lo pude ver al otro día, temprano en la llamada “pecera” en el aeropuerto, un gran salón de cristal donde estaban dentro todos los que se iban para Miami y afuera sus familiares. Quién olvida ese instante? Quién ha podido?

Lloraban, se besaban los de adentro y los de afuera con el cristal de por medio. Manos y labios se grababan empañando el enemigo cristal. Se decían adiós mil veces con las manos. Se miraban sin abrir la boca. Vi a un señor abrazar a su mujer que tenía parece un ataque de nervios llorando y fuera de sí mientras su hijo, un muchacho adolescente miraba el cuadro aquel encerrado en la pecera serio, sin llorar, solo los miraba.

Yo miraba a mi madre y ella a nosotras dos. Lloraba también. Pero vi que quería aparentar ante nosotras que estaba bien. Después supe que cuando el avión se elevó ella se echó a correr por el parqueo del aeropuerto gritando “Mis hijas, mis hijas!”

No cuento más de mi llegada a Miami y el resto.  

Han pasado muchos años de aquel 2 de abril de 1962. Hoy es 7 de octubre de 2019. Estoy en el mismo hotel, Habana Libre. Mirando a mi alrededor, sola, como aquella noche, la primera vez que me sentí sola en la vida, pero no supe descifrar el sentimiento de la soledad. Ahora lo conozco muy bien, tan bien que es como parte de mí. Casi no la siento. Pero a veces se hace presente, demoledoramente.

Ahora estoy contenta, digamos. Me gusta donde me hallo. Por días fui a uno de los mejores puntos de wifi de la ciudad que es la heladería Coppelia. Pero es muy incómodo, muchos muros que hacen de asientos sin espaldar, donde una se sienta con su celular o tableta o laptop y se conecta y conversa. Decenas de personas en lo mismo. Los que tenemos suerte nos sentamos debajo a la sombra de unos grandes árboles. El resto, al sol. Pero al rato, mi espalda se queja, lanza punzadas hasta que si persisto en quedarme en esa posición horripilante, tengo que levantar la tienda de campaña y regresar a casa. Ya para entonces me duele la rodilla, la espalda y la caminata es larga.

Aquí en el Habana Libre, aunque es más caro (cuesta dos CUC la hora de conexión), estoy inmensamente a gusto y además no sufro dolor alguno. Son mullidos los cojines grandes que abrazan mi pobre espalda, recostada estoy y conectada.

Afortunada la mañana, sin tristezas, sin soledades, solo interrumpió o fue parte del proceso, la conexión que hice de aquella noche de hace 57 años y la que hago ahora, con mis amigos de Miami y de Cuba a través de Facebook, y me entero de las últimas noticias por Twitter, leo cosas que me interesan en la prensa, y paso el rato enterada, acompañada en estos inciertos días.

Por qué inciertos? A medida que voy conociendo la ciudad, más me gusta, más la quiero, pero es un gusto muy particular. No es como París o Venecia o Madrid, o Barcelona o Roma o Jerusalén (mis dos ciudades más queridas, las que más me atraen, tanto que hubiera querido vivir en ellas, sobre todo Jerusalén, mi favorita entre las favoitas), para mencionar algunos de los lugares en que he estado mientras ha durado esta larga diáspora. La Habana es única, impar. Pero tengo que volver a Miami en unos meses.

Regresaré a La Habana para siempre, como ha sido y sigue siendo mi deseo? Llegué muy tarde, vieja ya. Pero llegué y cada día salgo temprano a andar La Habana, adónde me lleven mis sentidos, la historia, mis pies, los taxis, los transportes llamados Taxis ruteros. Y quién puede asegurar nada del mañana? Cuento con el ahora y me basta.

Buscando transporte, buscando comida

Salgo temprano de donde me estoy hospedando en el Vedado para la Calzada del Cerro y Boyeros, donde vive mi familia. Ni soñar con coger una guagua aunque vivo al lado de una importante parada en G y 23 donde se detienen varias rutas. La falta de petróleo ha hecho muy difícil el transporte en Cuba, pero más que una frase harto repetida y supongo causante de satisfacción en ámbitos cubanoamericanos de Miami, hay que vivirlo para como lo vivo yo aquí para saber lo que es. Circulan además de las guaguas, los abundantes vanes amarillos estatales, los taxis particulares, los boteros o almendrones particulares o del Estado, y claro siempre se ve por ahí algún medio de transporte improvisado que ayuda. Entre las medidas tomadas por el gobierno para palear la grave crisis, el presidente Miguel Díaz-Canel ordenó que todo carro que lleve chapa con la letra B, que quiere decir que es del Estado, está obligado a parar para recoger a todos los que quepan que vayan para algún lugar que coincida con la ruta del chofer. Yo tuve que esperar más de una hora para tomar un taxi que me llevó lo más cerca posible de dónde iba. Le pagué cinco pesos cubanos. Me bajé en un complicado cruce de avenidas amplias con bastante tráfico y empecé a buscar para donde caminar que me llevara a dónde vive mi prima. Llegué, y la alegría de volver a verlos, todos muy bien, cambió enseguida mi estado de ánimo, de cierto temor que tenía por andar sola por primera vez en La Habana a la seguridad de estar en casa familiar.

Al rato salí con Roly, mi primo, incansable trabajador, generoso y un pícaro insuperable a la hora de llevar a cabo la labor más ardua y requerida de astucia en Cuba: “resolver”. Salimos a buscar ciertos alimentos que necesitaba y que por donde él vive se encuentran. No en el elegante Vedado, donde no hay ni un solo supermercado adónde se pueda ir a pie.

Empezamos por un CUPET, lugares en los que se vende petróleo que cuentan con un mercadito de algunos alimentos y otros artículo básicos, poquísimos en general, los conozco de antes. Después de una cola de más de una hora bajo el sol al fin pudimos entrar (el local no permite más de dos a la vez) para no encontrar nada. Neveritas, estantes, vitrinas vacías, solo vi muy pocas cosas y todas innecesarias.

Seguimos para un supermercado nuevo, muy bueno y surtido, me dijo, que queda en 51 y 26. Partimos para allá a pie, naturalmente. Mi primo, habanero de pura cepa, cuando le preguntaba que a qué distancia quedaba del lugar me decía “Ahí, al doblar de la esquina”. Comprendí que esa frase significaba cinco o seis cuadras más. Después de llegar de la larga caminata y hacer otra cola, sorpresa:  el gran local tenía todos los anaqueles vacíos, no había nada qué comprar. Yo no salía de mi asombro. No lo podía creer, si apenas era la una de la tarde. Una de las empleadas me dijo que se había acabado todo desde temprano. Arrasaron. Conste, se paga en divisa, CUC. Lo único que encontramos fueron unas galleticas, algunos paquetes de bolitas de chocolate, leche evaporada cubana, que abunda por todos lados y líquidos de limpieza. Punto. Solo compré los chocolates y galleticas para mi prima, ya bastante mayor, que tiene delirio con dulces y chocolates.

Por fin entramos a un llamado “agro” en plena ciudad. Allí sí pudimos encontrar algo: viandas, cebollas diminutas (no hay cebollas grandes en Cuba), del tamaño de un ajo. Las frutabombas hermosas y grandes, pero podridas, melones, vegetales para ensaladas. Nada más. Al doblar hallamos un puesto de venta de cerdo trozado fresco, sin grasa. Nos llevamos todo el que había para casa de mi primo y para la mía, bistecs de puerco, ya eso era algo.

En todos lados busqué jugos, algún refresco, agua. No había. En ningún lado que paramos había refrescos o jugos. Y como había pasado una semana con un grave problema estomacal ni pensar en tomar agua ni coctel de frutas picaditas naturales, que vendían en los puestos que se hallaban. Mi primo se dio gusto. En su casa están inmunes a todo, hasta el agua la toman sin hervir. A nadie le ha caído mal nunca. Yo pude comprobar que aun hervida y pasada por un filtro, como se hace por rutina donde vivo, me hizo daño, lo cual causó el desajuste de me duró cinco días. Entonces decidí hacer lo que vi donde me quedé en Pinar del Río: hierves bien el agua y después la cuelas poniendo sobre el colador un pañuelo fino o varias capas de gaza, estos bien limpios, previamente hervidos también. Resolví el problema con eso y mis botellas de Ciego Montero, agua de manantial que se consiguen. Pero este sábado fatal no la había en ningún lugar.

La sed, el cansancio, el dolor de espalda y de rodilla, el calor, la frustración por no encontrar nada en varios supermercados y centros más pequeños de alimentos, me hicieron rogarle a Roly que nos fuéramos, mi cuerpo no daba más.

Nos paramos junto a un grupo de personas en una avenida de bastante tráfico, no recuerdo su nombre. Pasaban autobuses, minivans, carros particulares y estatales, algunos vacíos, otros apiñados. Los taxis no paraban, estaban todos ocupados. A medida que fue pasando el tiempo, la gente se iba amontonando y colocándose más a la izquierda, para poder tomar un taxi o lo que fuera antes que los que quedábamos a la derecha. El molote se hizo impresionante.

Entonces llegó una perseguidora con dos policías. Salieron de la patrulla, y colocándose casi en medio de la avenida empezaron a detener a todo auto que podían. En menos de una hora (ya llevábamos más de media en la parada, uno de los policías detuvo otro de los muchos carros que tuvieron que parar para montar a la gente y llevarla, y al fin nos tocó a nosotros, se detuvo un señor que venía en esta dirección con el carro vacío. Se lo llenamos en un instante. No cobró nada.

Y fue así que entrando en mi lugar alquilado, pasé veloz a la ducha empapada de sudor, muerta del cansancio, desfallecida por el dolor de espalda. El agua casi fría por largo rato bajándome desde la cabeza a los pies (boca cerrada, es agua de pila) me reavivó algo, pero tuve que lanzarme sobre la cama desnuda, el ventilador del techo a máxima velocidad. Cerré los ojos, recorrí brevemente el día, eran pasadas las seis de la tarde. Yo misma me pregunté por qué me sentía complacida después de semejante ordalía. Había sido parte legítima de la vida cotidiana de este pueblo sobreviviente. Había sido parte de una Cuba que no conocía, la real, la que duele, la que padecen los cubanos.

Hay inmensos errores que ha cometido el gobierno comunista y parte de este martirio se debe a ellos. Sin embargo afirmo sin albergar una sola duda de que el causante principal es el bloqueo de Estados Unidos contra este país. Y lo más trágico y detestable de todo es que hace muchos años los máximos culpables del sufrimiento del pueblo cubano son sus hermanos cubanoamericanos que ejercen el repugnante cargo de congresistas que definen la política criminal sobre Cuba. Lo he denunciado mucho en la prensa y donde quiera que he podido, lo hice siempre por razones éticas, humanas, de solidaridad porque ha sido siempre claro para mí y la mayoría de los cubanos en Miami y los estadounidenses (más de un 65 por ciento apoya el levantamiento del embargo) que el bloqueo a quien castiga y hace padecer duramente es a este pueblo, no a los dirigentes, a los que gobiernan. Es inhumano lo que hacen estos legisladores de ascendencia cubana de derecha, aunque el demócrata Mel Martínez, para no desentonar, siendo demócrata también lo apoya. Vergüenza debía darte, Mel.

Ya no les doy el beneficio de la duda a ninguno de ellos de que no saben en realidad el daño que le han hecho y le hacen a los ciudadanos cubanos que alegan defender. El hambre, la miseria, las muertes que ha causado su tan manipulado y obsesivo embargo es una prueba de que carecen de compasión, ni de amor a Cuba. Todo es mentira, todo es politiquería para supuestamente ganar votos.

Hoy, viviendo aquí, siendo parte integral del cubano de a pie, padeciendo lo que padecen ellos, aunque cuento con el privilegio de tener moneda convertible, CUC, que tampoco sirve para nada dado el cerco de muerte tendido por el presidente de Estados Unidos, el delincuente Donald Trump, guiado por el senador Marco Rubio, a cargo de la política hacia Cuba, reafirmo más que nunca mi cercanía y solidaridad con el pueblo cubano y mi rechazo y condena a la política de los congresistas cubanoamericanos y la administración corrupta, brutal y fascista que defienden como cómplices del presidente que espero sea juzgado y hallado culpable de múltiples crímenes ya evidenciados.

La Habana y la fe poética

Dijo Coleridge que la fe poética es una voluntaria suspensión de la incredulidad. Eso permite, por ejemplo, abandonarse a un texto digamos voluntariamente visionario como La Divina Comedia de Dante, y leerlo con fe poética. Borges, que leyó la obra maestra del gran poeta florentino muchas veces y todas las interpretaciones y comentarios sobre la obra que hallaba, aseveró que “No creo que Dante fue un visionario. Una visión es breve. Es imposible una visión tan larga como la Comedia. La visión fue voluntaria. Debemos abandonarnos a ella y leerla con fe poética”. (Peregrinaje de Borges por los laberintos de Dante, pag. 18. Arassay Carralero, Ed. Letras Cubanas, 2016).

A mí me parece extraordinario eso de que un ateo, agnóstico, escéptico o increyente, como quiera llamarse a sí mismo un lector que no cree en Dios, por amor a la literatura y el arte, decida abandonarse al placer inmenso que puede dar una obra religiosa o espiritual, dejándose llevar por la belleza del texto para poder apreciar un poema, un ensayo, una novela cuyo tema central es la fe, que es siempre un misterio, como la poesía. Y eso precisamente le pido yo al lector de esta reflexión que intenta narrar brevemente, cómo los renglones torcidos de Dios, que escribe recto, me trajeron al lugar que más he soñado desde que me fui de él hace más de cinco décadas: La Habana, Cuba. Ha terminado mi diáspora?

Llegó la hora que en la historia de mi vida quería el Creador. Vuelve a zarandearme el Señor de las Sorpresas para quien el tiempo ni el espacio existen, para Dios un día es como mil años y mil años es como un día.

La magnífica ciudad se presenta ante mis ojos inadvertidos como el hallazgo de un caudal en el que confluyen belleza e historia, persistente y agotada supervivencia y la vida normal del ajetreado ir y venir de trabajadores, niños, estudiantes, gente, la mayoría a pie que va de un lado para el otro, parada a la espera de autobuses llenos, pero con suficientes taxis de variados tipos y muchos más carros de los que antes había visto por las calles en mis anteriores viajes de pasada por esta ciudad en la que nunca me había quedado, siempre iba del aeropuesto a mi provincia. Nunca había sido mi destino. Hasta ahora. La Habana está llena de vida e invita con su agitación cotidiana a ser parte de ella.  

No puedo describir, nombrar lo que está siendo y haciendo en mí esta ciudad que me seduce. Voy caminando por sus avenidas y sus calles, y pienso que la brisa de la tarde o de la noche que me acaricia cuando doy mis paseos por el centro de la Avenida de los Presidentes, Calle G del Vedado, donde resido, es la misma o similar brisa que refrescaba a otros cubanos de pasadas e incluso remotas generaciones, que como estos de hoy están sentados conversando, riendo, , discutiendo acaloradamente, gesticulando como hacen los cubanos. Cuántas cosas ha visto y vivido esta Habana que está por cumplir sus 500 años de fundada. La Habana enamora, la frase es una realidad que compruebo cada día, a veces cada hora. Y ahora llego con 71 años, con la determinación e inmensa ilusión de conocerla, vivirla, sufrirla, amarla toda.

Tarde te conocí, Habana de mis lecturas literarias e históricas. No me fui de aquí con la amargura que muchos partieron y conservan. Yo era una niña. Y si no me hubieran enviado a Estados Unidos nunca? Cómo habría sido mi vida en mi país? No sé, pero sí sé que jamás montaría en un avión a una niña sola, sin su madre a un país extraño sin saber si la volvería a ver. Era 1962, mi pasaporte de entonces que aún guardo, está sellado: salida definitiva, sin regreso. Dios mío, y lo hicieron, con su mejor intención! “Para salvarnos”, qué error tan caro, qué error!

Por qué ahora, cuando no tengo las fuerzas que necesito para recorrer y cantar La Habana? Para amar y ser amada ahora, aquí, entregándome sin temor, con total arrojo a la pasión y la imprudencia que me darían 30, 20 años menos? Sé que puedo amar y la amo, a esta ciudad sin que tenga que ir acompañado o compartido por otro que contenga al importuno Eros. Pero es que en mi inconsciente a través de los años fuera de mi país, de esta tierra donde he sido feliz, en mi infancia y pubertad me adentré en los juegos y retozos propios de esa etapa, yo fui construyendo ─y lo vine a descubrir hace poco─ la imprecisa idea o la visión de que era en Cuba, solo en Cuba, donde de verdad el placer del amor humano, carnal, el que se da y se recibe con el alma y el ardiente sexo, es donde se podría alcanzar la unión con lo divino, ese amor total al que solo se podría llegar, digamos, en un éxtasis supremo, bestial o místico. Por supuesto que estaba equivocada, fue parte de la nostalgia, de la utopía. Ya pasó.

Llegué vieja a La Habana y con un largo y doloroso pasado. Sí, también tengo memoria de los instantes en que la alegría lo llenaba todo, y la consciencia de que eso no vuelve. La melancolía, las heridas, el luto interior que no muere de tus seres queridos idos para siempre. Vivir desterrada anhelando siempre el regreso, eso son pocos los que lo sienten hasta casi morir en el deseo. Relaciones amorosas dichosas y fracasadas, una vida profesional dedicada al periodismo puro y duro que me trajo triunfos y premios vacuos, críticas y condenas a veces peligrosas ─en Miami ser mujer homosexual, católica, demócrata liberal y periodista comprometida con la verdad puede ser letal emocional y físicamente─, el estrés acumulado deja huellas y se las cobra, todo eso lo traigo en mi ligero equipaje, que se resume en una sola frase: No he sido feliz.

Ante esta incertidumbre a la que no le falta la terca esperanza, aunque esté frágil ─camino despacio e insegura─, cargada de dolores, sin porvenir, me viene a la memoria uno de los pasajes bíblicos más significativos y hermosos: el llamado de Dios a Abram:

       “Yahvé dijo a Abram: “Deja tu país, a los de tu raza y a la familia de tu padre, y anda a la tierra que yo te mostraré… Partió Abram, tal como se lo había dicho Yahvé, y Lot se fue también con él. Abram tenía 75 años de edad cuando salió de Jarán”. (Génesis, 12, 1-5).

Abraham, que fue el nuevo nombre que Dios le dio al padre de la fe de las tres religiones monoteístas ─judía, cristiana y musulmana─ fundó el pueblo de los creyentes en Dios. Su mujer Sara se creía estéril y era una anciana cuando Dios le anunció a Abraham la Tierra Prometida y que Sara tendría un hijo. Y así fue, la vieja Sara dio a luz a Isaac.

Yo no fundaré nada, no daré a luz, pero eso sí, he llegado a mi Canaán.

Estoy consciente, no obstante, de lo asombrosos que son los designios de Dios y sé que es posible que me suceda como a Moisés, que divisó la Tierra Prometida, pero no pudo morar en ella.

Aunque ahora esté en La Habana, en una mañana gloriosa del 1 de octubre de 2019. Y por esto, nada más que por esto, doy gracias infinitas a Dios.

Ser nada y ser todo

La modorra de este pueblo comienza como a las dos y cuarto de la tarde, lo he notado. Te va rindiendo con lentitud los miembros del cuerpo, empezando por el cerebro, hasta que caes sumida en un sopor invencible. Suele durar unas dos horas, quizá algo más o menos. Todo ese tiempo hay un silencio absoluto, lo que espesa esa especie de nube flotante y vaga en la que te hallas. No piensas pero tampoco duermes, por lo menos yo no. Creo que se alcanza un estado poco inferior al de “la nada” divina que el poeta místico español San Juan de la Cruz tanto buscó y halló.

No hay esfuerzo, no hay mantra, no hay propósito. No hay nada. No se oye ladrar ni un perro callejero, de los varios que pasean por las calles del barrio, que ya los conozco. Flacos, de mirada triste, como derribados caminando despacio por los mismos lugares el día entero. Me dan tanta lástima, los acogería a todos.

Me he dado cuenta de que ni los pregoneros pasan durante ese lapso somnífero cotidiano anunciando lo que llevan, que por la mañana no paran de pasar con su voces entonando en gritos cortos lo que venden. Es por el sol de esas horas que asa la piel y el calor, que solo se tolera en las casas con ventiladores a máxima velocidad y sin girar, fijos en ti, porque podrías desfallecer en los segundos que gira sus aspas hacia otro lado.

Ay, ternura tranquila, mi existencia está abandonada a un sosiego desconocido. Que perduren estos días de letargo en los que no ansío ni recuerdo nada, nada. Solo ser, solo estar en este instante infinito, en este lugar que quiero y ha abolido el espacio que me separaba, que siempre me separó. Ya no. Pertenezco a esta isla y a este tiempo que continuará su andadura antes perpleja, ahora no, es mi eterno presente en una tierra y un cielo que me abrazan y susurran: me perteneces. No te irás más. Y yo mansa, le respondo: No, no me iré más.