El juicio del presidente

Nancy Pelosi, presidente de la Cámara
de Representantes
Debajo: Charles Schumer, líder de la
minoría del Senado
Debajo: el Presidente Donald Trump y el Presidente del Senado, Mitch McConnell.

Los hombres se dividen en dos bandos, dijo José Martí, los que aman y fundan, los que odian y deshacen. Esta verdad dicha como muchas otras por nuestro liberador y poeta cubano, la recordé observando la violenta turbulencia que estamos atravesando. La comparo a un avión cuando está en medio de una tormenta anunciada para que nos abrochemos los cinturones, y no deja de dar saltos súbitos hacia arriba y hacia abajo en cuestión de segundos, miras a tu alrededor, ves los ojos cerrados y la expresión de horror de los pasajeros, y ya das por seguro que la nave se va a estrellar, a hundir en el mar.

No encuentro mejor símil, porque es una experiencia que conozco y me da  pánico, como el que ahora siento ante el futuro inmediato de Estados Unidos. ¿Caerá la nación en el precipicio o se salvará? Contrario a un accidente aéreo, depende de quienes ganen la batalla decisiva. Los que aman y fundan o los que odian y deshacen.

William Webster, presidente del Consejo Asesor del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, exdirector del FBI (1978-1987) y de la CIA (1987-1991) y el exjuez federal que logró acabar con la mafia de Nueva York bajo el gobierno de Jimmy Carter, escribió una columna de opinión el lunes 16 de diciembre en The New York Times titulada: “Dirigí el FBI y la CIA: Hay una amenaza urgente al país que amo”. En ella el respetado conocedor de eso que se llama peligro, el experimentado y alto dirigente de nuestra Inteligencia nos lo advierte: hay que sacar a Donald Trump de la presidencia, estamos al borde de caer en una dictadura bajo el mando de un monarca, déspota o tirano.

Webster es uno entre más de mil profesionales, funcionarios y distinguidos servidores públicos en varias ramas del saber y del gobierno, que han lanzado la voz de alarma desde hace tiempo. Más de 550 abogados firmaron una carta pidiendo que se destituya al presidente; cientos de psiquiatras y psicólogos hicieron público un documento en el que afirman que Donald Trump padece de trastornos mentales serios. El mismo lunes más de 700 profesores de historia publicaron un documento firmado en el que exponen sus razones por las cuales el presidente debe ser sacado de su cargo.

Los periódicos de la nación cuyos editoriales piden el impeachment aumentan casi a diario. Solo en esta última semana los siguientes rotativos han publicado la visión de su junta editorial: The New York TimesWashington PostUSA TodayLos Angeles TimesSaltLake TribuneTampa Bay TimesOrlando SentinelBoston GlobeNew York Daily NewsChicago Sun-TimesPhiladelphia InquirerSan Francisco Chronicle. Y se sumarán otros. Ni The Miami Herald ni El Nuevo Herald han publicado un editorial, como era de esperar en Miami. Los voceros cubanoamericanos trumpistas están entre comisionados de la ciudad, otros son intimidados en las ondas radiales y la prensa en general se deja intimidar aun cuando el caso es tan grave para conservar la democracia de Estados Unidos. Pero ese tema merece un artículo aparte.

La OTAN, la Unión Europea y organizaciones nacionales importantes han expresado su preocupación con la presente administración. Entre ellos casi todo el Pentágono, que ha ido alarmándose ante las decisiones de Trump y ha denunciado públicamente varias veces la errada política exterior del presidente, que en muchas ocasiones favorecen a Rusia en lugar de a Estados Unidos. Digamos que la gota que colmó la copa y que incluso provocó la renuncia de altos mandos del ejército fue la orden sin consulta previa al Congreso de retirar las tropas estadounidenses de Siria. Ese repudiable acto le dejó a Turquía libre la frontera, densamente poblada por los kurdos. Ni un minuto perdieron los turcos en comenzar la matanza de kurdos, cuyo territorio, Kurdistán, tiene fronteras con Turquía, Irán, Irak y Siria. El vacío dejado por las tropas de EE. UU. les dio luz verde a las tropas turcas, pero no sólo eso, favoreció en alto grado a Putin y lo peor quizá, ha hecho posible el resurgimiento de los terroristas islamistas.

Trump traicionó a los kurdos, y se ha dado crédito, como suele hacer, de la eliminación de los terroristas. Pero la verdad es que sin la guerra sin cuartel de los kurdos los terroristas no habrían sido tan debilitados y el Califato Islámico todavía tendría territorios en el Medio Oriente. Súmesele a esto que fueron los kurdos los que localizaron e hicieron posible el asesinato del líder máximo de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi. 

El magistral Informe Mueller, en el que se evidencia la obstrucción de la justicia y la confabulación de la campaña presidencial de Trump con Rusia para que este ganara las elecciones, dio como resultado la acusación, condena y encarcelamiento de los hombres más ligados a su campaña presidencial y a su presidencia. Todos acusados de crímenes graves, incluyendo a los que están libres todavía, pero que han sido condenados y esperan sentencia. Evito escribir los nombres de todos los implicados el capítulo de esta saga criminal, porque son muchos los delincuentes con estrechos vínculos con el presidente Trump. Lo haré cuando sea estrictamente necesario.

Existen decenas de motivos por los cuales hace tiempo el Congreso, como rama del gobierno con poder de destituir y enjuiciar a un presidente, pudo haber iniciado un proceso contra él. Se esperó a que estuviera listo el Informe Mueller. Sabemos que después del despido de varios miembros de alto rango del FBI, como su exdirector, James Comey, del ex fiscal general Jeff Sessions (porque se había excluido de la investigación de la trama rusa, algo que molestó al presidente, porque confiaba que Sessions le sería leal a él y no a la verdad, Trump nombró como fiscal general, al frente del Departamento de Justicia, la tercera rama del poder del Estado, a William Barr, y este sí sigue las órdenes del presidente ignorando su deber al jurar por la defensa de la democracia y la Constitución y no al presidente, Barr es un cómplice y lacayo de Trump.

En suma, el Informe Mueller evidencia, y así lo corroboró el mismo Mueller ante la audiencia del Congreso cuando fue llamado a testificar, que hubo abuso de poder, obstrucción de la justicia y conspiración entre la campaña presidencial y los rusos.

La Inteligencia y otros expertos en política exterior han escrito o aparecido en televisión diciendo por las claras que el presidente Donald Trump es el peligro mayor que confronta la seguridad nacional.

Fue el quid pro quo que intentó llevar a cabo Trump con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, lo que finalmente le dio al Comité Judicial de la Cámara dos causas para la destitución del presidente: abuso de poder y obstrucción del Congreso, considerados crímenes graves en el Artículo II de la Constitución, donde se indica que es motivo para el impeachment del presidente. Ha quedado ampliamente evidenciado por los testimonios de los implicados directa o indirectamente el intento de soborno y extorsión cometido por el presidente Trump. Para aclarar: Ucrania fue y sigue siendo invadida por Rusia para anexarla a su territorio como hizo con Crimea. Zelensky necesitaba la ayuda económica de Estados Unidos con urgencia, ayuda que ya había sido aprobada por el Congreso para comprar armamentos para la defensa del país. Trump la detuvo y condicionó esa ayuda a cambio de que Zelensky investigara e hiciera públicos elementos dañinos sobre Joseph Biden y su hijo, Hunter. Es decir, negociaba la política exterior del país a cambio de sacar ventajas personales para su campaña presidencial. Eso se llama abuso de poder, pero lo que es peor, es que más tarde se descubrió que había un plan maestro ideado por Putin y promulgado aquí por Trump, que había sido Ucrania y no Rusia la que había intervenido en las elecciones de Estados Unidos en 2016. Trump, en uno de sus impulsos incontenibles, dijo que era verdad, porque “Putin me lo dijo”.

¿A quién conviene que Ucrania no esté armada? ¿A quién le conviene que se crea que fue Ucrania la que intervino en las elecciones? A Vladimir Putin, y Donald Trump es su lacayo.

El estudioso de la Constitución, Noah Feldman dijo ante el Comité que “sin la destitución (incluida en la Constitución), el presidente hubiese sido un monarca electo, con la destitución es un presidente que no está por encima de la ley”.

Ya la Cámara de Representantes votó a favor de la destitución. En enero se celebrará el juicio en el Senado, donde si gana el voto a favor, Trump deja de ser presidente de inmediato.

Pero eso, como sabemos, es difícil que suceda. Porque el aliado más importante que tiene el presidente para poder permanecer en el poder hasta las elecciones de 2020 es el presidente del Senado, Mitch McConnell, que presidirá también el juicio. Este hombre de probados actos de corrupción dijo públicamente lo siguiente: “No hay diferencia entre la posición del presidente y nuestra posición (los republicanos) en cuanto a cómo manejar esto. No existe la posibilidad de que el Senado vote a favor de condenar al presidente”.

Por un instante mediten en esas palabras: quien preside el jurado senatorial anuncia antes del juicio que no va a ser imparcial, lo admitió públicamente llamándole a este proceso un juicio político iniciado por los demócratas.

Pero ese ha sido un error grave del camaján político Mitch McConnell, porque la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, al terminar la votación en la Cámara donde se destituyó por mayoría a Trump el miércoles 18 de diciembre, dio una conferencia de prensa. Y ahí cambió de súbito las reglas del simulacro que iban a llevar a cabo los republicanos liderados por McConnell.

Como ha quedado en manos de la Cámara de Representantes defender la Constitución y la República, y lo hace, con creces, al argumento republicano de que no hay suficiente evidencia de que Trump cometió abuso de poder y obstrucción del Congreso, el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, ha pedido formalmente que vayan a testificar al juicio algunos de los altos funcionarios de la Casa Blanca, testigos directos, oculares, presentes en el crimen. Estos son: Mick Mulvaney, jefe de Gabinete de la Casa Blanca; John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional; Robert Blair, jefe de personal de la Casa Blanca y Michael Duffey, jefe de presupuesto para la seguridad nacional. Mike Pompeo, secretario de Estado, John Bolton, ex asesor de seguridad nacional y otros. Pero el presidente les ha prohibido testificar. Ahí radica la obstrucción del Congreso, en que en todo momento Trump ha impedido que testifiquen algunas personas citadas por la Cámara, ha intimidado a los que han tenido el valor de ir, y los ha descalificado y calumniado por medio de tuits.

McConnell también se niega a que haya testigos en el juicio, ni que se presenten documentos que están en el poder de Trump altamente incriminatorios, no quiere emails, grabaciones, fotos, no quiere nada. Un juicio rápido y que exonere de toda culpa al presidente. ¿No se da cuenta el senador de Kentucky que tiene que jurar antes de comenzar el juicio y en ese juramento aparecen como sagradas las palabras que dicen que será imparcial al ejercer su función? Sería un perjurio, que se paga con cárcel. Es tan torpe lo que hacen los republicanos que no tienen argumentos para defender a Trump que a la vez que se quejan de que no hay pruebas de su culpabilidad, impiden a testigos de primera que asistan al juicio. Es transparente el juicio fraudulento, el delito que están dispuestos a cometer con tal de defender a Donald Trump de todos los desmanes y crímenes que ha cometido y sigue cometiendo siendo presidente.

¿Cómo entender lo que ha sucedido con el Partido Republicano? ¿Qué les ha pasado? Algún día sabremos si fue uno de esos raros fenómenos de culto a la personalidad que a veces aqueja a un pueblo o un partido por el carisma de su líder. Pero, ¿tiene carisma Trump? No lo tiene, pero se ha convertido en  el símbolo de todo lo que han ansiado y ansían la mayoría de los republicanos y la sociedad de consumo, convertida ya en una plutocracia: símbolo poderoso del dinero, poder, codicia, desprecio por las clases pobres, a quienes ocupan por su pobreza (recomiendo el libro Not a Crime to Be Poor. The Criminalization of Poverty in America, de Peter Edelman. El autor es abogado, estudioso y asesor de políticas públicas y profesor de Derecho en el Centro de Leyes de la Universidad de Georgetown. Se especializa en los campos de la pobreza, asistencia pública, justicia juvenil y ley constitucional).

En esta lucha sin precedentes en la historia de esta nación, se ha entrado en un período de estancamiento, de tregua que durará hasta enero, cuando regresen los congresistas de las vacaciones de estos días de fiesta y año nuevo. Se fijará entonces la fecha del juicio. Pero las circunstancias serán muy diferentes. Porque Pelosi decidió retener en la Cámara de Representantes los documentos-artículos de la destitución del presidente hasta no tener la garantía por parte de Mitch McConnell de que se presentarán algunos de los testigos clave que ellos –Pelosi y Schummer–piden: Bolton, Mulvaney, Pompeo, por ejemplo, y todos los documentos pertinentes. Si Trump o McConnell quieren añadir testigos, los demócratas, que han cumplido con su deber ciudadano y de servidores públicos al cumplir con el mandato de la Constitución, no se opondrán.

¿Por qué si el presidente es inocente no quiere que sus asistentes más cercanos, implicados cada uno –hay evidencias y hasta la confesión pública de Mulvaney de que sí hubo soborno y fraude en el caso de Ucrania–, testifiquen en su juicio?

¿Por qué no quieren Mitch McConnell ni Donald Trump que estos cómplices del crimen testifiquen bajo juramento en el juicio contra el presidente?

Porque sería destituido de inmediato. Al fin los ciudadanos sabrían que se hizo justicia: Donald J. Trump saldría de la Casa Blanca al terminar el juicio.

Nota:

Esta es mi primera columna en el periódico online los7dias.com, con el que estaré colaborando, como otros periodistas que los hacían para El Nuevo Herald que ahora han fundado este medio, los7dias.com., Trabajé muchos años en ENH, pero fue decayendo en calidad, credibilidad y ética periodística. El último año, 2017, en que publique ahí todos los viernes, fue difícil. Tuve la suerte, el don de contar con un editor magnifico, Andrés Hernández Alende, director de la sección Perspectiva, Pero aunque no hablábamos de esto, bien sabía yo que la sala de redacción y la dirección del periódico eran republicanos trumpistas, yo empecé a ser una espina muy incómoda en esa publicación. Nunca fui censurada, y se lo debo y agradezco al director de la sección de Opiniones, Hernández Alende, que renunció al Herald al poco tiempo de yo dejarlo y ahora trabaja en los7dias.com, cómo otros buenos columnistas, entre ellos, Otto Rodríguez. Hace mucho tiempo que otros columnista se fueron del Herald a otros medios. 
Pensar que recortaron a una pagina la sección de Opiniones y destacaban a todo dar los horóscopos de Walter Mercado, que en los momentos que atraviesa Estados Unidos, los titulares sobre las investigaciones, evidencias de la intervención de Rusia en las elecciones de 2016 a favor de Trump ocupaban y siguen ocupando un titular mínimo en el quinto o sexto lugar de la noticias. Mientras predominaba la superficialidad y los titulares de primera sobre el noticias mucho menos importantes, el chisme farandulero y evitar por todos los medios actuar como un diario serio sobre lo que es asunto de primera plana en todos los medios estadounidenses y del mundo. No así en El Nuevo Herald. Se prueba la falta de rigor periodístico que tuvo. Una verdadera pena. Pero todo termina y todo comienza. El silencio, la desinformación u ocultamiento de lo que en verdad está sucediendo en este país ahora sigue siendo noticia carente de la importancia que urge para mantener informada a la comunidad hispana. Es una vergüenza para la prensa hispana, El Nuevo Herald se comporta igual a los trumpistas, ya no los voy a llamar republicanos, porque Trump destruyó a ese partido. Se ha convertido en el partido de Trump, como se han quejado varios republicanos que saben y tienen la conciencia de que ellos hicieron un juramento a la Constitución no a un presidente. Los trumpistas que escriben en opiniones, editores y la directiva de El Nuevo Herald, son astutos y oportunistas, insisten en esconder con los malabarismos de otras”noticias”, la grave, gravísima situación que atraviesa Estados Unidos y los crímenes más que comprobados del presidente Donald Trump. Ahí tenemos el Informe Mueller, los testimonios, los documentos, emails, grabaciones y ahora la destitución por parte del Comité Judicial de la Cámara, cuyas audiencias fueron evidencias constantes de que Trump violó la Constitución, es un delincuente que abusó del poder y obstruyó al Congreso. 
Hoy, domingo, The New York Times publica la noticia de que salieron a la luz unos email donde se ordena por parte de Trump la detención de la ayuda a Ucrania, esto sucede a solo 90 minutos de que Trump hablara con el presidente de Ucrania. El artículo se titula: Officials Discussed Hold on Ukraine Aid After Trump Spoke With Country’s Leader. Sabemos que tenía planeado no darle la ayuda a Ucrania hasta que el presidente no investigara y dijera en público todo lo “sucio” que tenían en Ucrania Joseph Biden y su hijo. En otras palabras, detener la ayuda urgente que necesita Ucrania par defenderse de la invasión de Rusia a cambio de ganancia política personal. En todo siempre, ayudando a Putin,se sospecha, de hecho, que trabaja para el monarca ruso.

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