Por qué me quedo en Cuba II

Imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre junto al altar de la Catedral de Pinar del Río, el 8 de septiembre de 2019. Foto: Dora Amador

Dentro de unos días me mudo para La Habana, donde me quedaré a vivir para siempre. Me parece mentira estarlo diciendo así, con tanta naturalidad. Es que tengo la seguridad, que no sé de dónde nace, porque es la irresolución lo que ha primado en mis viajes a Cuba en los últimos años. Pero este viaje no es como los anteriores, meses antes de venir una voz interior persistente me repetía que ahora era para quedarme, que la hora había llegado. Hubo como un movimiento indicativo de instinto de supervivencia. Y todo apunta a que la voz fue profética, no porque haya iniciado sin vacilación el proceso de  repatriación, sino por mi deseo de quedarme, más transparente y fuerte que nunca.

Yo no sería quien soy si no hubiera residido en Estados Unidos por más de 50 años, incluyendo por supuesto 2019 hasta agosto en que aterricé otra vez en un vuelo de American Airlines procedente de Miami en La Habana. ‘

No sé precisamente cuál es la razón primaria del paso que estoy dando, que necesito dar. Pero tiene que ver más con mi necesidad de Cuba que con mi rechazo a Estados Unidos, que es grande, fue aumentando a medida que descubría el rostro real de lo que hoy es una plutocracia despiadada que no creo que tenga vuelta atrás aunque pierda en las elecciones el presiente actual. De él no escribo nada más. Enough said.

Cuba sin embargo se eleva ante mi mirada como una isla paradisíaca que se está por conocer. Se presiente su asomo y la diviso lejana y me escucho a mí misma gritar: Tierra a la vista! Y tierra firme, la más firme de todas en el planeta. Tierra a la que perteneces, porque se pertenece a alguna siempre, que no todo es levitación o pantano.

Mi espíritu se llena de gozo solo con imaginar que andaré por ella y la iré oteando de Occidente a Oriente, de Norte a Sur. Sin apuro, con el tiempo que me pida cada lugar para observarlo e incluso estudiarlo. La arquitectura, el arte, las ciudades, las aldeas o pueblitos, la flora, la fauna, las costumbres, caminar por los pasillos y salones y patios de La Universidad de La Habana, visitar la tumba de José Martí, adentrarme en los bosques. Quiero entrar en algunos montes y pasar días y noches a solas con la naturaleza, en alguna cabaña, que sé que alquilan. Pasar horas mirando las estrellas, eso lo hice cuando era niña y mi madre, que por un tiempo fue maestra rural, me llevó con ella a un pueblito al que tenía que llegar a caballo desde lo que se llama el Entronque de Herradura. No olvido una noche muy oscura que estaba fuera de la casa, iluminada con velas, piso de tierra, una penumbra maravillosa en que los cuerpos eran sombras. Miré hacia arriba y me quedé extasiada ante la noche estrellada, y había luna, muy fina y arqueada, apenas iluminaba, pero como siempre me sorprendía su belleza, su encanto amoroso que te hacía volver los ojos a ella, para verla una y otra vez hasta despedirla con una última mirada.

Otra razón poderosa es mi necesidad de ser parte de este pueblo que pasa trabajos, carece de cosas esenciales que a mí me han sobrado, que es pobre en su inmensa mayoría. Es el pueblo cubano. Yo quiero ser parte de este pueblo. Vivir y morir aquí.

Al ser una jubilada, como le dicen aquí -allá es retirada- el asunto de la trágica falta de transporte no me golpea tanto, pero me apena la gente desesperada. La carne, todo tipo de carne, me es indiferente, soy casi vegetariana. Aquí donde he estado residiendo, un remanso de paz donde las horas pasan lentas y paseo con mi perro por el barrio al caer la tarde, los dos husmeando todo. Lo disfrutamos ambos. Yo miro las casas con las puertas y ventanas abiertas, las personas mirando las novelas de televisión o conversando en la sala, a veces no veo a nadie. Anoche hubo luna llena, y cuando la vi pensé de inmediato recordé las que veía allá en mi barrio miamense cuando salía a pasear con mi perro de noche, como aquí. Varias veces la retraté. Pensé, es la misma luna que en esta hora exacta estarán algunos admirando en Miami.

En esta casa, que puedo afirmar que es como todas, de pueblo, sin pobreza pero mucho menos riqueza, normal casa cubana,  en las comidas se sirve pollo, picadillo de carne o de pavo, ensaladas de tomate, lechucha, pepinos, etc., bistec de puerco  salchichas, pescado, colas de langosta -tan preciadas allá, aquí se consiguen con facilidad en el puerto de La Coloma, muy cerca de la ciudad de Pinar del Río, observe el mapa-. Lo que falta bastante es la carne de res, pero también se consigue con divisa, es decir la moneda llamada CUC. En Cuba hay doble moneda, una para el pueblo cubano, que se llama CUP o peso, y esa otra, que es para turistas y otros extranjeros.
Para intentar asfixiar al pueblo cubano es por lo que se ha lanzado la última medida de limitar el envío de remesas de los cubanos residentes en Estados Unidos a sus familiares en la isla, para que los cubanos no coman ni un pedacito de carne. Eso se lo debemos a los congresistas cubanoamericanos de allá, que sí comen suculentos steaks en sus restaurantes de Washington, DC. Y dicen querer apoyar a los cubanos de a pie. Hipócritas.

La comida cubana que como día a día me encanta. Plátanos preparados de varias formas deliciosas, malanga, aguacates riquísimos, los mejores, arroz y frijoles naturalmente, harina con huevos fritos arriba, tamales como jamás los había probado, boniato, yuca, fruta bomba hecha dulce, batido o en trozos naturales, casquitos de guayaba con queso, platanitos manzanos, natilla con una capa de caramelo arriba, pastelitos. Son los alimentos cotidianos de Pinar del Río. Y el café no falta nunca, riquísimo. El desayuno es como en casi todas partes: café con leche y pan, yo no como mantequilla, pero la hay, y jaleas de frutas de España.

Hay varios Minimax, en la Calle José Martí o Calle Real de productos de España e Italia principalmente, donde se encuentra lo que busque alguien que quiera preparar platos más comunes al gusto estadounidense o europeo. Hay de todo. E incluyo no solo carnes de varios tipos y quesos, también embutidos, pastas, chorizos, cereales, leche, vinos, bebida, cervezas, unos frascos plásticos de piña colada o daiquirí, que bien fríos son la vida, productos de limpieza y aseo personal, galleticas, helados, etcétera. Quise retratar los anaqueles llenos pero no me lo permitieron. No creo que pierda el tiempo mencionando esto, porque los cubanos de Miami que no han venido a Cuba pero que no paran de criticarla no saben muchas cosas que cambiaría su opinión si tienen contacto con el pueblo, caminan por sus calles y comprueban que todo no es tan espantoso como lo pintan, sobre todo los derechistas republicanos que no tienen familia aquí y les importa muy poco el devenir de este pueblo noble, alegre, valiente.

Cierto, hay falta de muchas cosas vitales, como petróleo, y ya anunciaron que vienen apagones (desde que llegué hace tres semanas no ha habido uno, y el día antes de irme de Miami me llenaron la cabeza de alarmas ante la situación “en candela” que iba a enfrentar. Bien, yo afirmo que estoy dispuesta a confrontar las situaciones que vengan. Qué tal eso? Me siento más feliz con estas faltas que en la abundancia de Miami. Decidí dejar el país del descarte por el de la carencia. Me siento muy bien con esa decisión, aunque me sentiría mucho más feliz si eliminan el bloqueo lo antes posible y podemos tener un nivel y una calidad de vida mejor.

En cuanto a la política no pienso en ella. Me afectan las decisiones de los políticos, las medidas y leyes que se aprueban, claro, como a todo ciudadano. Pero vivo el ahora de cada día en gratitud por todo lo que Dios me ha dado y da. Y no me siento en ánimo de condenar ni criticar al presidente Díaz Canel, que por cierto, me cae bien, ni a los ministros, ni a nadie. He estado viendo la Mesa Redonda, veo los noticieros, como los veía en Miami. Eso sí, programas culturales y películas mucho mejores que las que transmiten los canales hispanos de allá.

Soy ciudadana de dos países enemigos. Aunque no hay duda de que Estados Unidos es más enemigo de Cuba que Cuba de Estados Unidos. Me he colocado del lado de Cuba, que sufre diariamente la crueldad impuesta a ellos por sus hermanos cubanoamericanos congresistas y una piña descarada de micrófono abierto, que da asco. Les divierte y se sienten orgullosos de que se “aprieten las medidas contra Cuba”. Hay que vivirlo para saber lo que es.

Hace un rato entré en Facebook y vi las colas y los molotes de gente formados alrededor de carros pidiendo transporte. En Miami hay muchos que gozan de lo lindo viendo eso. Yo no. El embargo hiere directamente al pueblo, no a los gobernantes. Ellos tienen transporte y comida, no carecen de nada. Pero el pueblo cubano sufre mucho. Sé bien de su insensibilidad para con sus hermanos cubanos de la isla, pero ellos ignoran la gran verdad que muchos sabemos y que dijo la senadora aspirante a presidenta Elizabeth Warren en el debate de los candidatos demócratas hace dos noches en Texas: “La mejor manera de promover un cambio es empoderando al pueblo cubano, no castigándolo”.

Y por último, pero no por eso de mínima importancia en la toma de mi decisión, está mi situación económica. El dinero que recibo del Seguro Social y de mi pensión no me alcanza prácticamente para vivir en Miami. Tenía una casa propia, pero la vendí, regalé casi todo lo que poseía y me fui de Estados Unidos como misionera a América Latina. Una aventura muy valiosa, de gran aprendizaje que me preparó bien para lo que viviría después, sin yo saberlo. He sido aventurera nada me pesa. No ahorré para el tiempo del retiro, gasté lo que ganaba en lo que cuesta vivir, mantenerse y en vacaciones por tres semanas anuales en suficientes ciudades hermosas. Hay una realidad, en Estados Unidos, a no ser que seas rico, o tengas un salario descomunal, que aunque alto lo tuve pero no tanto, o ahorras o vives cómodamente y viajas. Yo elegí vivir. Y vivo.

Soy la hija pródiga, por eso soy tan agradecida. Constatar con cada amanecer, cuando abro los ojos que estoy en Cuba, no es razón inmensa para vivir en constante estado de gratitud a Dios? Lo es. Lo es! Lo sé, aunque vaya contra todo lo que piense, diga, condene la nación cubana en la diáspora.

2 comentarios en “Por qué me quedo en Cuba II

  1. Maravilloso. Me identifico y estoy de acuerdo con todo lo que relatas, también me alegro que hayas cumplido tus sueños. El castigo constante que lleva sufriendo Cuba bajo el embargo, más las sanciones por la administración Trump, son extremadamente injustas porque impide el progreso y maltrata a los cubanos. ¡Mucha suerte!
    Gladys Cañizares

  2. Señora Amador no sabe la satisfacción que me dio el leer su comentario .. es una pena no haberla conocido aquí en Miami , piensa usted muy parecido a mi sentir es que vivimos situaciones bien parecidas vine al finales de los 60 y siento muy parecido a usted . La única razón que no he regresado como digo yo y votaría el pasaporte es que tengo un hijo todavía que depende de mi. Soy retirada también y mi sueño sería algún día regresar para nunca jamás irme.. bendiciones y mucha salud para que disfrute nuestra islita.
    Gloria Granco
    Email: gcfranco4@gmail.com

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