Un profeta ante el cisma de la Iglesia católica de EEUU

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Como a todos los profetas bíblicos que los líderes religiosos de su época y tierra rechazaron por predicar verdades insoportables para ellos y por eso los mataron, a James Martin, SJ, lo están haciendo trizas en la Iglesia católica de este país. Su reciente libro Building a Bridge. How the Catholic Church and the LGBT Community Can Enter into a Relationship of Respect, Compassion and Sensitivity (Construir un puente. Cómo la Iglesia católica y la comunidad LGBT pueden establecer una relación de respeto, compasión y sensibilidad), está causando un escándalo nacional, pero no porque lo católicos lo rechacen como quisieran muchos obispos, todo lo contrario. El éxito del libro, convertido en un bestseller de The New York Times, y cuyas críticas favorables y condenatorias muestran el debate transformativo sobre los homosexuales católicos, es precisamente porque reclama la debida aceptación y participación plena de ellos y ellas en la vida de la Iglesia.

En sus páginas los gays católicos hallarán todo lo sabio, compasivo, reconciliador y acogedor que esperaban de la Iglesia católica sin intentar renunciar a su fe ni a su orientación sexual.

Lo curioso dentro del gran cisma que vive la Iglesia es que no se trata solo de obispos que se niegan a aceptar a los gays y los que favorecen –como el papa Francisco– su plena pertenencia a ella, sino la abismal diferencia que existe entre los laicos y los obispos. En una investigación que hizo el Pew Research Center en junio de 2017 se demostró que dos tercios de los católicos (68%) apoya la unión de parejas homosexuales. Pero la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, incluida la Arquidiócesis de Miami, que se niega a aceptarlos, e incluso el arzobispo Thomas Wenski ha amenazado con despedir a quienes trabajen en la Arquidiócesis de Miami y apoyen las uniones homosexuales, se hace de oídos sordos ante el reclamo de la inmensa mayoría de sus fieles. ¿No se están negando esos obispos homófobos a escuchar la voz de Dios expresada no sólo por el papa, sino por la mayoría de los católicos?

“Los despidos masivos que se están llevando a cabo en la Iglesia porque el empleado es gay, hace que me pregunte: ¿Despedimos a divorciados vueltos a casar? ¿Despedimos a heterosexuales que viven en pareja juntos, pero no están casados? ¿Despedimos a católicos adúlteros? ¿Despedimos a los que usan contraceptivos? No, ellos siguen en su trabajo y están faltando a las enseñanzas de la Iglesia, cometiendo el mismo pecado grave que supuestamente cometen los gays que no son célibes, que viven en pareja con su ser amado”, dice el padre Martin en su libro.

“El asunto es que las enseñanzas de la Iglesia son las del Evangelio, y son las que no se practican. Somos selectivos al aplicar esas enseñanzas. Nos enfocamos en un grupo: los homosexuales. La gente straight no tiene una luz condenatoria encima, no sufren despidos de sus trabajos ni discriminación tan cruel como la sufren los gays”.

Habría que entrar de lleno en lo que el papa Francisco llama “la cultura del encuentro”. Es decir, encontrarse con “el otro”, escucharlo, conocerlo para comprenderlo, y así ir transformando los estereotipos anticristianos y construyendo una relación fraterna.

Pero los obispos, en muchos casos, no conocen a los homosexuales, no se juntan con ellos, no los escuchan.

Surge la pregunta de la lógica impecable: ¿Por qué una persona gay sigue siendo católica si sabe que su Iglesia la condena, que su comunidad parroquial lo discrimina, no lo recibe ni acepta que participe en cualquiera de los ministerios que ofrece su parroquia?

La respuesta es un misterio, como la fe o la orientación sexual. Tiene su raíz en lo espiritual, quizá en la formación religiosa de su hogar, en una conversión, en el fondo no es algo racional sino del Espíritu, que habita en ellos, y que le da la dignidad que poseen los hijos de Dios.

Hoy, después del declarado apoyo del papa Francisco a la comunidad LGBT y de la descentralización que está llevando a cabo en la Iglesia, los gays católicos saben que hay muchos sacerdotes y parroquias en los que son bien recibidos con su pareja o sin ella para la celebración de la Eucaristía y la participación en la vida de la iglesia. Y la recepción de la comunión es un aspecto tradicional de la ‘participación en la vida de la Iglesia’.

Este es la tercera semana que escribo acerca del tema que hoy divide a la Iglesia en EEUU. Para un entendimiento más abarcador de lo que sucede, recomiendo la lectura de “Los homosexuales y el cristianismo” (1 de septiembre) y “Una Iglesia que cambia para acoger a los gays” (8 de septiembre).

Ánimo, la apertura de una institución casi inamovible se está dando gracias al liderazgo de otro profeta, el mayor de nuestro tiempo: Jorge Mario Bergoglio, obispo de Roma, papa de la Iglesia católica.

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