La política de la posverdad

verdad

Dora Amador| 20/4/2017


El estado de la nación me obsesiona y repele a la vez. Tengo la certeza de que veo la verdad y la defiendo, a pesar de las mil y una distracciones y distorsiones con que nos quieren engatusar desde la Casa Blanca; de las estupideces y vilezas de esta administración republicana.

Decía un comentarista político a quien estaban entrevistando la otra tarde en MSNBC que estaba convencido de que a la Casa Blanca podrían entrar millones y millones de dólares manchados en sangre y que los republicanos mirarían hacia otro lado encogiéndose de hombros. Coincido con el comentarista. Bienvenidos al gobierno de la posverdad.

“En esta era de la política de la posverdad, un mentiroso sinvergüenza puede ser rey. Cuanto más audaz es su deshonestidad, menos le importa que lo cojan con las manos en la masa, más puede él prosperar”, dice el periodista Jonathan Freedland. “Y esos pedantes que todavía se dejan llevar por hechos y pruebas y esas cosas tan aburridas, que se queden en el polvo. Apenas se han terminado de abrochar los zapatos, ya la mentira se ha extendido por medio mundo”. (Los políticos de la posverdad como Donald Trump y Boris Johnson no son broma”. The Guardian, 13 de mayo de 2016).

La perversidad a la que han llegado el presidente y sus cuates, como diría un mexicano, podría ser la causa del estado de conciencia en que me hallo. Es una conciencia alterada, en lucha consigo misma porque la realidad me rebasa.

Y he ahí mi dilema: soy periodista, valoro y busco la verdad, y padezco de la necesidad de difundirla. Pero estoy pegada a Twitter y a los medios como si mi vida dependiera de esa marabunta. Y con una capacidad tope de tolerancia de información, con el deseo de que republicanos de buena voluntad crean a través de lo que expongo la atroz verdad que no ven, que están destruyendo su partido al ser víctimas de la estafa posverdad.

Me aferro a la esperanza de que a partir de la semana que viene, cuando los congresistas regresen de sus vacaciones, se inicie el fin de la más fraudulenta y plutócrata administración que ha tenido esta nación. Entonces el FBI y los Comités de Inteligencia del Senado y la Cámara, con la participación de agencias de inteligencia, incluyendo la CIA, irán desenmascarando a cada uno de los que colaboraron con Rusia en la campaña electoral de 2016 para que ganara las elecciones Donald Trump.

En el tablero se cuenta con suficientes movidas como para dar jaque mate. Me refiero a la colaboración trumpista con Rusia, que sin duda es lo más grave. Pero hay otros elementos peligrosos, como los conflictos de intereses y ciertas decisiones que se han tomado en secreto.

El viernes el gobierno anunció que ya no haría públicos los registros de visitantes de la Casa Blanca. Antes de hacía. Pero Trump no quiere que la gente sepa con quiénes él y sus compinches hacen negocios: dinero, miles de millones de dólares, que para eso aspiró a la presidencia e intentó vender su patria y la democracia.

Pero quien ignore el rechazo, los abucheos, la ira de los votantes republicanos cuando sus representantes fueron a sus ayuntamientos en estos días, está ajeno a la realidad o colabora a conciencia con la catástrofe nacional.

Los conflicto de intereses que confrontan el presidente y su familia al no renunciar a sus empresas millonarias a la vez que dirigen la política exterior y doméstica del país les importan poco, aunque el mundo entero los esté mirando. El día de la cena en Mar-a-Lago con el presidente chino, Xi Jinping, a la compañía de Ivanka Trump se le aprobaran los derechos de venta de su marca en China en varios renglones del mercado: carteras, joyas y servicios de belleza. Sabemos, Ivanka es asesora de su padre y tiene su oficina en la Casa Blanca, pero no cobra un centavo por su trabajo.

Las marchas de protesta en casi todo el país el pasado fin de semana exigiéndole a Trump que enseñe sus contribuciones de impuestos le tiene sin cuidado. No las hará públicas, siendo presidente, insiste, no tiene por qué hacerlo.

El Trump Hotel Washington, D.C se ha hecho sede de miles de reuniones, fiestas y hospedaje de políticos y empresarios de todo el mundo que quieren acercarse al dueño. Y Mar-a-Lago? Hasta la fecha los viajes a su lugar de ocio favorito en Palm Beach, adonde va casi todos los fines de semana a jugar golf, le ha costado a los contribuyentes más de $25 millones. Mientras, hizo recortes drásticos en el presupuesto a los más esenciales servicios alimenticios, educativos y de salud a los más necesitados.

Le pido a los periodistas y a todo amante de la verdad que lean “Posverdad” en Wikipedia. Y que no me venga ninguno a reclamar que esta no es una enciclopedia veraz.

 

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