Una vida nueva

 

San Francisco ama la creación
San Francisco ama la creación

Este un blog escandaloso, pero necesario, al que le había llegado la hora hace demasiado tiempo. Ahora lo voy escribiendo, hurgando en mi memoria lo que todavía vive y duele y supura pero tiene que ser contado para que sane mi ser. Dios me impulsa y lo lograré. Seré condenada por algunas cosas que digo y no me refiero sólo a lo sexual. Es una existencia que no pedí, que nadie quiso, incluso que quisieron evitar por todos los medios. Pero los intentos de aborto fallaron y nací. Nací porque Cristo lo quiso y tengo una misión: creo que le he ido cumpliendo desde que lo encontré en mi camino, que hasta ese momento estaba lleno de pecado e inconsciencia, pero que cambió radicalmente cuando sentí la Presencia incomparable, misteriosa, maravillosa de Jesús en mi vida. Poco a poco comprendí que debía dar mi testimonio de vida, algo que en mi caso, conlleva una inmensa valentía ante la sociedad, sobre todo siendo yo quien he sido: una periodista relativamente conocida y muy repudiada por mi postura política demócrata en este Miami que era ultraconservador, pero que gracias a Dios cambió para bien a medida que fueron llegando otros cubanos de nuevas generaciones.

Aquí lo cuento todo, ha sido mi vida y mi verdad. Y, como dijo el papa Francisco en su homilía por la Jornada de  Evangeliun Vitae el 13 de junio de 2013:

“El pasaje evangélico de hoy nos hace dar un paso más. Jesús encuentra a una mujer pecadora durante una comida en casa de un fariseo, suscitando el escándalo de los presentes: Jesús deja que se acerque una pecadora, e incluso le perdona los pecados, diciendo: «Sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco» (Lc 7,47). Jesús es la encarnación del Dios vivo, el que trae la vida, ante tantas obras de muerte, ante el pecado, el egoísmo, el cerrarse en sí mismos. Jesús acoge, ama, levanta, anima, perdona y da nuevamente la fuerza para caminar, devuelve la vida. Vemos en todo el Evangelio cómo Jesús trae con gestos y palabras la vida de Dios que transforma. Es la experiencia de la mujer que unge los pies del Señor con perfume: se siente comprendida, amada, y responde con un gesto de amor, se deja tocar por la misericordia de Dios y obtiene el perdón, comienza una vida nueva. Dios el Viviente es misericordioso ¿están de acuerdo? ¡Digámoslo juntos: Dios el Viviente es misericordioso! ¡Dios el Viviente es misericordioso! Otra vez: ¡Dios el Viviente es misericordioso!”

En la Biblia se habla mucho de que Dios no sólo perdona sino que olvida nuestros pecados. “Pero soy yo, sólo yo, el que borro tus crímenes por consideración a mí, y ya no me acordaré de tus pecados.”(Isaías 45,23)

“Porque yo perdonaré sus iniquidades y no me acordaré más de sus pecados” (Hebreos 8,12).

“Yo pondré mis leyes en su corazón y las grabaré en su conciencia, y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades”. (Hebreos 10,17)

El beato Juan Pablo II, decía: “La inmensa alegría del perdón, ofrecido y acogido, sana heridas aparentemente incurables, restablece nuevamente las relaciones y tiene sus raíces en el inagotable amor de Dios”.

“¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado
y liberado de su falta!
¡Feliz el hombre a quien el Señor
no le tiene en cuenta las culpas,
y en cuyo espíritu no hay doblez!”
(Salmo 32, 1-2)

Yo soy esa mujer, pero es necesario para mí narrar esto. En el camino descubriré por qué.

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