Una promesa y un hábito

Image

La Tau franciscana que uso hace años

Hace un mes estaba caminando por el Hospital Jackson Memorial no entre paredes y camas de enfermos, al aire libre pasando las pequeñas plazas con áraboles y edificios que te conducen a tu destino. Yo iba a la farmacia a buscar mis medicinas, que las dan a muy bajo precio para las personas pobres, como yo. Por ejemplo, Lyrica, que tomo para mi padecimiento de Fribomialgia, cuesta normalmente unos $300, en el Jackson las compro a $6.50 para todo el mes. Las visitas al médico, $25. Un verdadero respiro para los que no tienen dinero, o lo tienen para los gastos más elementales, como la renta, la comida, la luz. Allí van muchos homeless –desamparados, sin techo, etc. – también. Siempre es una experiencia valiosa la visita al Jackson, por lo que se ve y se vive en compañía de estas personas. A veces establezco conversación con alguna de ellas interesante sentada cerca de mí, aprendo mucho.

Jackson Memorial Hospital
Jackson Memorial Hospital

Caminaba y hacia mí vi venir a un grupo de enfermeras y enfermeros, todos vestidos de blanco. También se ven médicos, por supuesto, por todas partes. ¿Y cómo sé que son médicos? Por su chaqueta blanca, el nombre bordado en el bolsillo, el estetoscopio que a veces llevan colgado al cuello y otros instrumentos, como un maletín. Me llamaron la atención de modo particular esa mañana. Pensé en lo importante que es el ropaje que se lleva para establecer una identidad. Y enseguida recordé la tienda de uniformes por donde paso cada vez que voy al Jackson. Había entrado un día, atraída desde afuera por un uniforme carmelita, que me trajo a la mente a los franciscanos de Jerusalén.

Este día del que estoy hablando, hace un mes, cuando salí de la farmacia entré en la tienda de uniformes y me compré a un precio módico el uniforme, que llamé hábito religioso, que tenían. Pero debo de decir la verdad, desde que Adel se había enfermado tan gravemente algo me movía en mi oración a hacer algo mayor, como una promesa para que se pusiera bien. Por tanto, mi hábito franciscano estaba ligado a una promesa.

Un grupo de médicos y enfermeras del hospital Jackson: curadores del cuerpo
Un grupo de médicos y enfermeras del hospital Jackson: curadores del cuerpo

Hacía mucho tiempo que quería vestir de color marrón, color de la tierra, la que nos espera cuando muramos. Y con la cruz de tau colgada al cuello. Regalar toda mi ropa y tener unos pocos de estos trajes, más o menos iguales para ponérmelos siempre. Por supuesto, hace muchos años llevo mi crucifijo de madera, además de mis tradicionales medallitas de oro de la Virgen de la Caridad, un pequeño crucifijo y el escapulario en medalla (por un lado el Sagrado Corazón de Jesús y por el otro la Virgen del Carmen), que me impuso un carmelita en la iglesia de Santa Teresita en San Juan, Puerto Rico. Pero considero las medallitas muy íntimas, la de la Caridad y el crucifijo eran de mi madre, que empecé a usar cuando murió. La tau la llevo con gusto por lo que significa y porque quiero ser parte de ese significado.  Quedé enamorada de la vestimenta de los franciscanos en Tierra Santa, tanto hombres como mujeres.

images

1354_small

Quiero que mi ropa sea un signo exterior de mi realidad interior. Que aunque no hable con mi boca, mi forma de vida y de vestir lo hagan, digan que soy una discípula de Jesús. Que vivo la vida evangélica de forma franciscana. ¿Y cuál es mi forma de vida? El mismo día –13 de mayo de 2011– que hice los votos privados ante mis hermanas comunitarias –Ann, Adel, Zoila– en los cuales estaba incluido mi cambio de ropa, decidí adherirme más fielmente a la regla de vida franciscana escrita por Francisco.

antoncich1

Ya antes yo había hecho votos privados con el Padre Ricardo Antoncich, SJ,  quien era mi director espiritual en mis primeros Ejercicios Espirituales de 30 días. Ante él, en la capilla del SEPI, en Miami, hice mis votos privados de pobreza, castidad y obediencia en 1995. Además de los Ejercicios, he tomado clases con él de Ética y Doctrna Social de la Iglesia, La mujer en la Iglesia, y los laicos en la Iglesia. Ricardo ha sido fundamental en mi conversión radical religiosa y en mi formación espiritual inicial. Un hombre que marcó un hito en mi vida y siempre permanecerá en mis oraciones y mi gratitud a Dios.

Como lo deseaba ardientemente, decidí hacer como Francisco, consultar la Biblia para ver qué me decía el Señor, si confirmaba que esto provenía de Dios o no –yo sabía que había también un deseo de promesa: Llevaré este color para que Adel, que estaba muy grave, se salvara, como una especie de promesa, la primera que hice en mi vida– y así acabar de tomar la decisión.

Adelaida González, Adel.
Adelaida González, Adel.

La pregunta no sabía ni cómo plantearla, porque estaba consciente de que iba a ser dificilísimo que encontrara una respuesta que no dejara lugar a dudas de que el Señor confirmaba mi deseo de renovar mis votos privados de pobreza, castidad y obediencia que hice en 1995 en una capilla a solas con el sacerdote Ricardo Antoncich SJ, y hacer otros nuevos de gratitud y servicio, éste último en forma de ayuda a los necesitados, sobre todo enfermos. Además de esto me comprometería a regalar toda mi ropa y a vestirme con algo similar al hábito franciscano –en este caso carmelita, color de la tierra, aunque Francisco se vistió de gris, como las cenizas, y llevar siempre en mi pecho el tau o un pequeño crucifijo de San Damiano–. Pero como sé que Dios nos conoce mejor que nosotras mismas, y sabe lo que deseamos antes que lo expresemos, no importaba si planteaba la pregunta bien, él sabía lo que había en mi corazón, así que con la Biblia en las manos, cerrados los ojos, hice la pregunta. Ante mis ojos apareció

Pablo en Corinto (Hechos de los Apóstoles, 18) Comencé a leer, no encontraba nada que tuviera que ver con mi pregunta, seguí leyendo el capítulo 18, nada, pasé la página y, Dios mío, ahí estaba, en el versículo 18:

Pablo permaneció todavía un cierto tiempo en Corinto. Después se despidió de sus hermanos y se embarcó hacia Siria en compañía de Priscila y de Aquila. En Cencreas, a raíz de un voto que había hecho, se hizo cortar el cabello”. (Hechos 18, 18).

Al leer esto no tuve duda alguna, Pablo hizo votos privados ha raparse la cabeza por algo que no se dice en el texto, en la Biblia Latinoamericana para Formadores, que fue la que usé, dice textualmente:

En el puerto de Cancreas se afeitó la cabeza en cumplimiento de un voto” (Hechos, 18, 19)

Como siempre hago, fui a las notas explicativas al final de la página, y esto era lo que decía:

Pablo había hecho un voto. Se rasura la cabeza como estaba previsto en Num. 6, 5. Todo lo que Pablo escribía para apartar a los paganos convertidos de las prácticas de la Ley, no le impide a él, judío de formación, sentirse a gusto con las formas tradicionales de la piedad judía. Si bien sabía que solamente la fe salva, sin embargo quuiso sellar con un voto muy ‘judío y bíblico’ algún acuerdo secreto que había hecho con el Señor”.

¿Qué duda podía yo tener de que era una confirmación absoluta a mi deseo? ¿Qué posiblidades hay de que una abra la Biblia y aparezca la palabra voto, pero no sólo eso, el hecho de que “Pablo se rapó la cabeza en cumplimiento de un voto”. (Ver esta magnífica página de Visionjournal.es que explica la situación de Pablo en Grecia, recordemos que había salido de Corinto para Éfeso cuando decidió cotarse el pelo en Cáncrea).

No necesitaba leer más. Sin embargo, como el pasaje del voto de Pablo hacía referencia al Libro de los Números, capítulo 6, versículo 5, fui al Antiguo Testamento para leer ese pasaje.

“Mientras esté consagrado por el voto, ninguna navaja tocará su cabeza. Hasta que se cumpla el plazo de su voto al Señor, estará consagrado y se dejará crecer el cabello”. (Num 6, 5).

No quise detenerme aquí, algo me movió a seguir leyendo todo el capítulo 6. Y entonces se cumplió de nuevo lo que nos dice Jesús: “Pidan y se les darábusquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. (Lc, 11, 9-10)… cuánto más el Padre de ustedes que está en el Cielo dará cosas buenas a aquellos que se las pidan”. (Mt 7,11).

Leer como finalizaba el capítulo 6 de Números fue una experiencia de recibir el ciento por uno, siempre Dios nos de mucho más de lo que le pedimos, si lo que pedimos es parte de su plan. Esto fue lo que leí al final de Números, 6:

“El Señor dijo a Moisés: Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán:

Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz”.

¡Es la bendición que usaba siempre San Francisco, él la tomó de aquí! Dios me confirmaba por partida doble que mi deseo era su deseo, ¿qué más necesitaba yo? Todos los franciscanos conocen esta bendición como la bendición de San Francisco. Y heme aquí, pidiendo seguir a San Francisco más fielmente, siguiendo su regla de vida, e incluso vistiendo pobremente como él. Sentí que Dios y Francisco me dieron su bendición. Entonces hablé con Sister Ann, Adel, Zoila y les dije que quería hacer mis votos privados el 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima. Y así fue, nos reunimos esa tarde, hicimos una pequeña invocación y mis amigas se dispusieron a escucharme. Empecé contándoles mi experiencia al consultar la Biblia, estuvieron plenamente de acuerdo conmigo en que había sido una confirmación poderosa. Y es que Dios es como un torrente de amor que nos da mucho más de lo que pedimos, mucho más de los que nos podemos imaginar. Siempre nos sorprende y maravilla.

Esa tarde 13 de mayo renové mis votos privados que hice en 1995 e hice los nuevos:

Gratitud. Por todo lo que el Señor ha hecho y hace por mí cada día, por todo lo que me ha dado. Por su revelación a través de la Palabra.

Servicio: Servir a toda persona que me necesite, especialmente a los enfermos. Ayudar en este momento preciso a Adel, alguien muy frágil y necesitada. En Ella veo  a Cristo.